Pasada la una de la tarde del lunes 10 de agosto, seis horas después del terremoto, el presidente de la república de Colombia, Abelardo de la Espriella, ofreció la primera rueda de prensa para dar a conocer los datos que hasta ese momento sintetizaban la catástrofe. Apenas acabó de ordenar los documentos sobre el atril, levantó el rostro y lanzó saludos con besos y sonrisas de una estrella pop a una audiencia que lo estaba viendo desde algún corredor de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Fue un instante confuso y fuera de tono, como si todavía siguiera en campaña y no se hubiera vestido el atuendo de jefe de Estado. A esa hora ya se había confirmado que el seísmo había dejado seis ciudades destrozadas y la cuenta iba en 111 muertos y 87 heridos. Al percatarse de la frivolidad en la tarima, el vicepresidente de la república José Manuel Restrepo Abondano le hizo un guiño tras el cual De La Espriella cayó en la cuenta del escenario y configuró un inmediato rictus de seriedad.
El líder ultraderechista exhibe liderazgo pero no acaba de encontrar el tono de gravedad que requiere una tragedia como el seísmo que golpeó el oeste del país
Pasada la una de la tarde del lunes 10 de agosto, seis horas después del terremoto, el presidente de la república de Colombia, Abelardo de la Espriella, ofreció la primera rueda de prensa para dar a conocer los datos que hasta ese momento sintetizaban la catástrofe. Apenas acabó de ordenar los documentos sobre el atril, levantó el rostro y lanzó saludos con besos y sonrisas de una estrella pop a una audiencia que lo estaba viendo desde algún corredor de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Fue un instante confuso y fuera de tono, como si todavía siguiera en campaña y no se hubiera vestido el atuendo de jefe de Estado. A esa hora ya se había confirmado que el seísmo había dejado seis ciudades destrozadas y la cuenta iba en 111 muertos y 87 heridos. Al percatarse de la frivolidad en la tarima, el vicepresidente de la república José Manuel Restrepo Abondano le hizo un guiño tras el cual De La Espriella cayó en la cuenta del escenario y configuró un inmediato rictus de seriedad.
La situación no dejaría de ser anécdota salvo por el hecho de que el actual mandatario de los colombianos creó para su campaña electoral un personaje extravagante y lenguaraz que ahora, a una semana larga de haber tomado posesión del cargo, pareciera no haberlo abandonado. La cosa se torna más inquietante al poner de presente que en su pasado De La Espriella pisó el mundo del espectáculo participando como corista en al menos un video de una canción de vallenato y que en julio de 2026, cuando ya era presidente electo, interpretó con voz de pretensión operística una versión del himno nacional.
El extravagante y lenguaraz personaje que creó para la campaña, no ha abandonado a Espriella
En una sociedad cuya masa votante se encuentra partida en dos mitades casi exactas y del todo opuestas, las maneras de expresarse y de tomar decisiones ejecutivas en público del presidente de Colombia han sido objeto de apoyo y rechazo al mismo tiempo. Un sector de la opinión pública acompañado por un amplio grupo de medios de comunicación oficialistas ha destacado su capacidad de liderazgo para haberse puesto al frente de la atención de la emergencia y para haber hecho pronta presencia en los lugares puntuales del desastre y dar inicio a los Puestos de Mando Unificados (PMU) que obliga la diligencia estatal.
A lo largo de la semana, después del seísmo, el presidente De La Espriella no sólo terminó de visitar a todos los municipios afectados y de sostener reuniones con los gobernantes locales, sino que también firmó las declaratorias de Desastre Nacional y de Emergencia Económica que le permiten al Gobierno disponer de recursos extraordinarios para atender las diferentes fases de la recuperación sin someterse a los procesos jurídicos de contratación y control del dinero público, y saltándose la autorización del Congreso a la hora de crear normas con fuerza de ley.
En una visita a los damnificados, el presidente regaló balones con el logo de su partido a un grupo de niños
La otra mitad de la opinión pública, reforzada por un pequeño grupo de medios de comunicación alternativos y un puñado de intelectuales y académicos, ha cuestionado con insistencia la suspensión del proceso de empalme de la gestión estatal que el equipo de De La Espriella hizo durante los encuentros con los delegados del gobierno anterior. La crítica dice que al haberse levantado de la mesa, a comienzos de julio, el equipo de De La Espriella dificultó la sincronización de las capacidades técnicas del Estado para afrontar crisis como la que deja este seísmo. Para hacerse a una idea: llegado el día del terremoto, De La Espriella no había nombrado director de la UNGRD y durante las primeras horas del caos debió entenderse con el director que venía del Gobierno anterior. El desencuentro de los dos puntos de vista entorpeció la llegada de una escuadra de rescatistas profesionales de México.
Como sea, las consecuencias a largo plazo de la destrucción en las ciudades apenas empiezan a dejarse ver. Y así como el terremoto sorprendió a De La Espriella en apenas su tercer día como presidente, también hay que ver que le restan cuatro años completos para llevar a cabo un buen liderazgo y salir exitoso en el extenso proceso de reconstrucción urbana y social del occidente del país.
La catástrofe sorprendió al recientemente investido presidente sin haber nombrado a un responsable de gestión de desastres
Uno de los retos que como jefe de Estado tiene por delante es el de ganarse el respeto y el corazón de un numeroso sector de la población de la costa pacífica que no le votó y que conforma el grupo más vulnerable entre los damnificados. Pero no lo tiene fácil. El personaje extravagante y lenguaraz que De La Espriella cultiva por dentro a menudo se le sale de control. El pasado 16 de agosto, en una visita al puerto de Buenaventura, el presidente se puso a regalarle balones de fútbol con los logos de su partido político a unos niños. No faltó el ciudadano que le reclamara falta de seriedad para hacerle frente a la crisis. De La Espriella se dejó ver lanzando los balones hacia las personas con unos quiebres de muñeca usuales en baloncesto. El acto trajo el recuerdo de un día, cuando en su primer gobierno, el presidente de Estados Unidos Donal Trump visitó a la isla de Puerto Rico luego de los estragos causados por un huracán y se dejó ver lanzándole paquetes de papel higiénico, con iguales quiebres de muñeca, a los sobrevivientes y damnificados.
En las semanas que vienen este país podrá medir la real capacidad de De La Espriella para ejercer la Presidencia de la República.
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