Los prados del corredor marítimo de Bushehr vuelven a estar llenos. Ha bajado el calor y el sol empieza a caer sobre las aguas azules del golfo Pérsico. Familias enteras tiran mantas en cualquier espacio libre, preferiblemente debajo de las palmeras. Tienen todo lo necesario para pasar un par de horas disfrutando de la brisa del mar: hornillos de gas en los que calientan la comida que han preparado, termos llenos de té, e incluso hay quienes cargan su pipa de agua. Algunos pocos se han lanzado al mar con sus paracaídas para hacer kitesurf aprovechando la brisa de esta época del año y varios niños juegan en la playa. “Todo parece normal, pero nada lo es”, así lo describe Amin –como quiere que le llamemos–, que nos enseña en Teherán vídeos y fotos tomados en Bushehr hace unos días, cuando ya se había iniciado el alto el fuego.
En las afueras de la ciudad iraní de Bushehr se levanta la única central que produce energía eléctrica en el país
Los prados del corredor marítimo de Bushehr vuelven a estar llenos. Ha bajado el calor y el sol empieza a caer sobre las aguas azules del golfo Pérsico. Familias enteras tiran mantas en cualquier espacio libre, preferiblemente debajo de las palmeras. Tienen todo lo necesario para pasar un par de horas disfrutando de la brisa del mar: hornillos de gas en los que calientan la comida que han preparado, termos llenos de té, e incluso hay quienes cargan su pipa de agua. Algunos pocos se han lanzado al mar con sus paracaídas para hacer kitesurf aprovechando la brisa de esta época del año y varios niños juegan en la playa. “Todo parece normal, pero nada lo es”, así lo describe Amin –como quiere que le llamemos–, que nos enseña en Teherán vídeos y fotos tomados en Bushehr hace unos días, cuando ya se había iniciado el alto el fuego.
Los periodistas extranjeros radicados en Irán todavía no hemos recibido permiso para visitar ciudades atacadas fuera de Teherán.
“La gente está en la calle, pero el comercio está muerto, muchos se han quedado sin trabajo y casi nadie tiene dinero”, sigue contando este empresario local que vive a medio camino entre Bushehr y Teherán. Muchos de sus amigos, relata, han recibido llamadas de sus empleadores para decirles que han perdido el trabajo. Los pescadores estuvieron cuarenta días sin salir al mar y muchos no tenían con qué comer. Los comercios cerraron y el puerto de la ciudad, el que mueve los grandes barcos comerciales, sigue sin operar.
El puerto sigue sin operar y la crisis económica provocada por la guerra ha causado despidos
La situación se complicó aún más desde que Donald Trump anunció un bloqueo para los navíos que lleguen o partan de puertos iraníes, como Bushehr. “Las compañías navieras todavía no anuncian sus nuevos viajes de carga, todos están tomando precauciones”, confirma Amin. Este parón tiene un impacto aún mayor en esta ciudad de cerca de 300.000 habitantes. Muchas familias están viviendo con las pensiones.
Él mismo ha tenido problemas; está pensando en empeñar algunas joyas para sobrevivir lo que llama un “temporal”. “Nunca me había pasado antes”, reconoce Amin que, como otros que colaboraron para este reportaje, ha aceptado ayudar a reconstruir la vida en esta ciudad del golfo Pérsico que ha sido una de las más atacadas durante la guerra.
“Creo que solo Teherán e Isfahán fueron más bombardeadas, pero Bushehr es más pequeña”, cuenta este hombre. De los días de guerra recuerda que los cazas, especialmente los estadounidenses, sobrevolaban la ciudad varias veces al día hasta el punto de que los niños ya jugaban a quién los descubría primero. Al fin y al cabo sus bases estadounidenses en los países del Golfo están a solo kilómetros de distancia de Qatar, Bahréin o Kuwait.
Bushehr es un enclave fundamental en la ruta comercial con los países vecinos
Reconstruye la historia de uno de sus amigos que forma parte de ese sector de la población iraní que quiere el fin de la República Islámica. Bushehr, recuerda el comerciante, no es una excepción en Irán y sus habitantes se dividen entre los que apoyan al sistema y los que han roto filas con la República Islámica. Dentro de este grupo hay decenas de tendencias, pero el amigo de Amin forma parte del que creía que los ataques de Estados Unidos e Israel podrían traer “cambios beneficiosos”.
“Pero un solo detalle lo hizo cambiar de opinión”, explica. Todo sucedió una tarde cuando caminaba junto al mar y sintió un caza en el cielo. Por su rumbo, se intuía que el piloto iba de regreso a su base. De repente empezó a hacer piruetas, como si estuviera disfrutando del momento. “Era como si estuviera feliz por haber cumplido su misión sin entender que abajo vivimos seres humanos”, reconstruye. Desde entonces cambió de opinión y cree que Irán tiene que imponerse ante Donald Trump.
La importancia estratégica de Bushehr está dada por múltiples razones. Primero, es una de las ciudades más importantes de Irán sobre el golfo Pérsico y fundamental en la ruta comercial con los países vecinos, con los que tiene una relación que se remonta a siglos atrás. Algunas familias están divididas entre diferentes países. Las “lanchas”, esos barcos de madera típicos de esta zona del mundo, han navegado históricamente estas aguas llevando y trayendo de un lado a otro del golfo Pérsico vegetales, frutas, pescados y todo tipo de productos.
La ciudad está situada frente a la isla de Jarg, desde donde se exporta el 90% del petróleo iraní
Adicionalmente, Bushehr está situada frente a la isla de Jarg, desde donde se exporta el 90% del petróleo de Irán y acoge múltiples bases del ejército y de la Guardia Revolucionaria iraní. Esto incluye la fuerza aérea y la armada, que tiene puertos cerca de la ciudad. Los mismos que, según aseguran sus habitantes, fueron atacados una y otra vez durante la guerra. Lo mismo sucedió con el aeropuerto, donde la aviación civil y militar comparten pistas. “El vestíbulo del aeropuerto está destruido, lo atacaron y no sabemos la razón”, relata Mehdi, un músico local que acepta hablar por teléfono desde Bushehr.
Pero lo que la convierte en sitio esencial para la seguridad nacional de Irán es que a sus afueras se levanta la única planta nuclear iraní de energía eléctrica, donde los cazas apuntaron permanentemente. Si bien no causaron daños en las instalaciones, sí dispararon muy cerca, y también destruyeron una y otra vez las posiciones de defensa antiaérea situadas en áreas aledañas. La empresa oficial de energía nuclear rusa, Rosatom, que opera la central, decidió evacuar a miles de sus empleados durante la guerra.
Esta decisión de los rusos aumentó la tensión entre la población. El mayor temor que tuvieron sus habitantes durante la guerra fue que la central se viera afectada y hubiera una fuga radiactiva. Rahele, que trabaja en una distribuidora local, dice también por teléfono que el momento más duro fue un día en que una de las cadenas de televisión que emiten en persa desde el extranjero aseguró que había una posibilidad de que la central nuclear fuera atacada. Ese día ella había ido a dar un paseo por el puerto, no muy lejos de donde está la planta. Todos saltaron al coche. “No pensamos, empezamos a conducir, pero no sabíamos hacia donde íbamos, solo escapábamos”, cuenta. Dice que nunca olvidará el momento. “Entendí lo que significa escapar de una guerra sin pensar lo que se deja atrás”, añade.
El mayor temor que tuvieron sus habitantes fue que se produjera una fuga radiactiva
Lo que más le preocupa ahora es lo que pase en los próximos días. “Creo que la guerra no ha terminado, que se reanudará y ninguno de nosotros está preparado para soportar más guerra”, dice. Confirma, eso sí, que con el alto el fuego ha regresado la vida a la ciudad. Que se escucha la música silenciada durante los cuarenta días de duelo por el líder supremo, que el paseo marítimo está lleno y que vuelven a verse algunas sonrisas. “Hay vida, pero la economía está muerta y nadie sabe cómo se recuperará”, concluye.
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