Hungría no es un país de gran relevancia en Europa. Ni económicamente ni geopolíticamente. Tiene un PIB modesto dentro de la UE, una enorme dependencia del capital extranjero y tampoco goza de una potencia militar destacada. Sin embargo, la capacidad de incidencia que ha tenido en la derecha europea el primer ministro húngaro en funciones, Viktor Orbán, supera con creces la que debería haber sido su influencia real en el Viejo Continente.
La ultraderecha pierde a Orbán y el PPE saca pecho de la victoria de Magyar
Hungría no es un país de gran relevancia en Europa. Ni económicamente ni geopolíticamente. Tiene un PIB modesto dentro de la UE, una enorme dependencia del capital extranjero y tampoco goza de una potencia militar destacada. Sin embargo, la capacidad de incidencia que ha tenido en la derecha europea el primer ministro húngaro en funciones, Viktor Orbán, supera con creces la que debería haber sido su influencia real en el Viejo Continente.
La derrota del mandatario más longevo del Consejo Europeo –llevaba dieciséis años en el poder– ha puesto a las fuerzas conservadoras europeas frente al espejo. La ultraderecha no solo ha perdido un sitio clave con capacidad de veto en el Consejo Europeo. También un líder moral, de gran inspiración simbólica, que había agolpado a otros líderes y partidos ultranacionalistas con su retórica antimigratoria explícitamente islamófoba y sus mensajes redundantes en defensa de la familia tradicional y de las raíces cristianas de Occidente. Mucho antes de que llegara Donald Trump a la Casa Blanca, Orbán ya inspiraba a los partidos autodenominados patriotas en el espectro más radical de la derecha europea.
“Ha habido una injerencia evidente de Bruselas… vamos a ver ahora qué hace Péter Magyar, si se somete a las instrucciones del que le ha apoyado o mantiene una autonomía política”, denuncia el jefe de la delegación de Vox en el Parlamento Europeo, Jorge Buxadé, que minimiza la derrota de Orbán y argumenta que un resultado superior al 40% no puede ser visto como un fracaso.
¿Ha tocado techo el crecimiento de los partidos de ultraderecha con la derrota de Orbán? El año que viene se esperan unas elecciones clave en Francia, donde el partido de Marine Le Pen amenaza con tomar el Elíseo por primera vez. También en España Vox sigue en ascenso y condiciona al PP de Alberto Núñez Feijóo por la derecha. En Italia ya gobierna con más mano izquierda Giorgia Meloni –que se despidió afectuosamente del halcón húngaro–, pero acaba de sufrir una dolorosa derrota en el referéndum de su reforma judicial, al que había dedicado un gran capital político.
“El cambio de era política que estamos viviendo es algo que va a perdurar en el tiempo…, no ha tocado techo”, avisa el enviado de Santiago Abascal en Bruselas. “No, no podemos decir que es el final de la progresión de los partidos de ultraderecha en Europa”, coincide el investigador del Instituto de Bruselas para Geopolítica (BIG) Thomas Laffitte. La fama de Orbán es mucho mayor que el poder real de Hungría. El estudioso Ivan Krastev dijo que “era un poco como Fidel Castro en Cuba, porque Cuba es un poder geopolítico insignificante, pero, en cambio, la proyección de los Castro fue enorme en todo el mundo”.
Vox, principal fuerza en el grupo ultra del Parlamento Europeo, achaca a Bruselas la derrota de Orbán
La coyuntura es propicia para el Partido Popular Europeo (PPE). La victoria de Péter Magyar no solamente ha sido amplificada por la épica de poner fin al larguísimo sistema iliberal implantado por Orbán, que salió del PPE tras años de una agonía pública. También es otro sitio más en un Consejo Europeo en el que ya tenía una cómoda mayoría. Los populares ya son los más numerosos en el Parlamento Europeo y también han perfilado la actual Comisión Europea de Ursula von der Leyen, por ejemplo, rebajando algunas exigencias de la agenda verde para alcanzar los objetivos de competitividad.
La número dos del PPE es ahora catalana. Dolors Montserrat, secretaria general del partido, defiende que con el triunfo de Magyar su formación “es la única que frena a los enemigos de la democracia y a los euroescépticos”, mientras el socialismo “desaparece” en Europa, dice, citando los ejemplos en Francia y Polonia, por su “sectarismo ideológico e inmovilismo”. “De la misma manera que el PPE ha frenado a Orbán, ganaremos y gobernaremos España frenando el populismo de Sánchez”, insiste Montserrat.
En los últimos años, Budapest se había convertido en una meca de peregrinación de la extrema derecha mundial. Incluso de América Latina: el argentino Javier Milei y el chileno José Antonio Kast son de los últimos líderes mundiales que han viajado hasta la capital húngara. Y, en el Parlamento Europeo, Fidesz tejió a su alrededor el grupo de los Patriotas, del que forma parte Vox, ahora uno de los más numerosos de la Eurocámara y con el que el PPE ha votado algunas decisiones de gran trascendencia, como el último reglamento para deportar migrantes, un texto durísimo que, entre otras cosas, alarga las detenciones de los migrantes en situación irregular hasta dos años o permite retirarles las prestaciones sociales y los controles de identidad.
La pregunta ahora es si, tras esta derrota de Orbán, esta dinámica de acercamiento cambiará en Bruselas. El canciller alemán, Friedrich Merz, dio un toque de atención al líder del grupo parlamentario, Manfred Weber, tras revelarse unos chats de asesores durante esta negociación con la extrema derecha alemana. En cambio, Montserrat niega pactos con la extrema derecha, argumentando que, si otras fuerzas apoyan “el programa” de su partido, “es porque el socialismo se ha vuelto inflexible, no porque el PPE busque a la derecha radical”.
“Para el PPE, que tiene vocación de pactar con la derecha iliberal, esta victoria de Magyar puede también ser un problema, porque ha venido para combatir la ideología de la derecha que en España representa Vox,”, señala el experto de EsadeGeo Juan Moscoso del Prado.
El Partido Popular Europeo se pone la medalla de frenar “a los enemigos de la democracia”
Derrocado el orbanismo, otra incógnita a despejar es quién va a heredar la corona como el nuevo líder de la ultraderecha en Europa, si será una figura como la italiana Meloni –que ha moderado el tono desde que accedió al poder– o surgirá otro líder díscolo dispuesto a poner a la Comisión Europea contra las cuerdas. O si este grupo de partidos se alejará de una vez por todas del universo MAGA de Donald Trump, visto el escaso favor que le hizo a Fidesz la injerencia de J.D. Vance yendo a Budapest. La ultraderecha alemana, francesa y también la gran aliada de Trump en el Viejo Continente, Giorgia Meloni, ya están poniendo distancias con Washington. “La victoria de Magyar es un hito histórico y constituye un cambio de tendencia absoluto en el voto de la derecha europea, pero hay que darle tiempo a Magyar para implementar sus reformas”, avisa Moscoso del Prado.
Internacional
