La expresión es del núcleo duro de Alberto Núñez Feijóo. En Madrid la empezaron a utilizar desde el principio. «Hay que hacer trabajo de lluvia fina en el Congreso». Arrancaba una legislatura muy complicada, tras frustrarse su llegada a la Moncloa contra todo pronóstico por cuatro escaños. Al mismo tiempo, el PP era la primera fuerza de la Cámara y tenía capacidad —como se ha visto con claridad en estos tres años— para armar una mayoría alternativa en muchos asuntos. Paquetes fiscales, enmiendas a políticas energéticas del Gobierno y otras leyes aprobadas en el Senado y que el Congreso veta de manera reiterada. Pero ahora, por primera vez, el PP ha armado una mayoría para exigir la dimisión del presidente —nunca había pasado antes— y pedir a Pedro Sánchez que se someta ya a una cuestión de confianza.Las votaciones de la semana pasada en el Congreso —pasen o no a la historia del parlamentarismo como vaticinó el propio Feijóo — arrojan una realidad indiscutible: estos tres partidos, UPN y Coalición Canaria también, se unieron con la idea de terminar la legislatura. No hay moción de censura —difícilmente la habrá—, pero sí existe una un objetivo político compartido que ha permitido al PP unir al partido de Abascal y a los independentistas sin políticas fiscales de por medio. Esto es otra cosa.El jueves pasado fue un día intenso en el Parlamento. El PP tenía confirmado que Junts no tumbaría su propuesta, a diferencia del PNV. Pero dejaba en el aire si habría una abstención o un voto afirmativo. La ausencia de un diputado de Vox, Javier Ortega Smith, lo complicaba todo aún más. En la dirección nacional del grupo parlamentario respiraron aliviados al ver los puntitos verdes del hemiciclo en la pantalla donde se visualiza el resultado. La apuesta por la votación del jueves había costado mucho. Superar el veto de Francina Armengol primero, y dar con la tecla después para que pudiera votarse. Feijóo quería exhibir que Sánchez había perdido la confianza de la Cámara.Noticia relacionada general No No Feijóo mete presión al PP catalán ante el auge de sus rivales Paloma EstebanJunts es un actor político imprevisible. Pero la realidad es que el PP lleva trabajándose su interlocución toda la legislatura . Ha habido rachas y etapas. Quizá en los últimos meses el acercamiento ha sido mayor. Los independentistas también sufren momentos críticos. La amnistía no ha llegado para Carles Puigdemont, pero no terminan de dejar caer al Gobierno. Las encuestas van mal en favor de Aliança Catalana. Y la estrategia para recomponerse no está ni mucho menos clara. Esa debilidad y la coincidencia con el PP en asuntos programáticos clave ha llevado a contactos fluidos. Esa «lluvia fina» por la que el equipo más cercano a Feijóo, todos de Galicia, apostaron desde el principio y que ha sabido continuar la portavocía de Ester Muñoz , activo político indiscutible en este momento, que se ha visto reforzada con esta nueva estocada a Sánchez. La relación entre PP y Junts es siempre un asunto espinoso. Nadie se atreve a vaticinar cuán profunda es la interlocución, que existe, sobre todo, en el ámbito parlamentario. La sensación es que en este momento la cúpula del PP tiene claro que el futuro gobierno en España pasa por Vox. El bloque de la derecha se ha consolidado con el ciclo autonómico. Pero Feijóo no renuncia a reconstruir , en parte al menos, las relaciones con los grupos políticos que sea posible. Con el PNV ha habido varios intentos, pero en Génova —al menos en privado— han perdido toda esperanza. Todos los caminos señalan a Junts. «Todo el mundo sabe la incompatibilidad que tenemos con ellos. Pero no tiene sentido cerrarnos todas las puertas. En 2023 a Feijóo le faltaron cuatro votos. Si algo así vuelve a suceder, como mínimo, tienes que tener una interlocución y alguna posibilidad de poder pedir apoyo», resumen las voces más pragmáticas dentro del PP.Ese pragmatismo llegó incluso al congreso del PP catalán este fin de semana en Barcelona. La unidad, que en tantas ocasiones ha estado ausente, afloró como nunca. Como si todo el partido hubiera tomado nota de lo que hay realmente en juego. Alejandro Fernández se ahorró los recados que en tantas ocasiones ha enviado a la cúpula. Y Feijóo, que no insistió en el asunto y trató de hacer equilibrios, recordó a su partido que el resultado en Cataluña en unas elecciones generales puede cambiarlo todo . De ahí que instara a los suyos a ponerse las pilas como nunca antes. A no conformarse con el resultado. A proteger a sus electores frente a los competidores, algunos muy, que irrumpen con fuerza.Y aunque los mensajes fueron contenidos, no desaprovechó la oportunidad de volver a mirar a Junts. «Yo reconozco que un partido catalán pidió elecciones ya y se unió a la mayoría», dijo sin mencionar el nombre, consciente de las ampollas que podía levantar. Pero mantuvo el órdago: «Apretar el botón» (que las convoca) «estaría mejor y sería bastante más responsable». Cómo será la cosa que Feijóo llevó la moción de censura al congreso del PP catalán. Lluvia fina hasta el final. La expresión es del núcleo duro de Alberto Núñez Feijóo. En Madrid la empezaron a utilizar desde el principio. «Hay que hacer trabajo de lluvia fina en el Congreso». Arrancaba una legislatura muy complicada, tras frustrarse su llegada a la Moncloa contra todo pronóstico por cuatro escaños. Al mismo tiempo, el PP era la primera fuerza de la Cámara y tenía capacidad —como se ha visto con claridad en estos tres años— para armar una mayoría alternativa en muchos asuntos. Paquetes fiscales, enmiendas a políticas energéticas del Gobierno y otras leyes aprobadas en el Senado y que el Congreso veta de manera reiterada. Pero ahora, por primera vez, el PP ha armado una mayoría para exigir la dimisión del presidente —nunca había pasado antes— y pedir a Pedro Sánchez que se someta ya a una cuestión de confianza.Las votaciones de la semana pasada en el Congreso —pasen o no a la historia del parlamentarismo como vaticinó el propio Feijóo — arrojan una realidad indiscutible: estos tres partidos, UPN y Coalición Canaria también, se unieron con la idea de terminar la legislatura. No hay moción de censura —difícilmente la habrá—, pero sí existe una un objetivo político compartido que ha permitido al PP unir al partido de Abascal y a los independentistas sin políticas fiscales de por medio. Esto es otra cosa.El jueves pasado fue un día intenso en el Parlamento. El PP tenía confirmado que Junts no tumbaría su propuesta, a diferencia del PNV. Pero dejaba en el aire si habría una abstención o un voto afirmativo. La ausencia de un diputado de Vox, Javier Ortega Smith, lo complicaba todo aún más. En la dirección nacional del grupo parlamentario respiraron aliviados al ver los puntitos verdes del hemiciclo en la pantalla donde se visualiza el resultado. La apuesta por la votación del jueves había costado mucho. Superar el veto de Francina Armengol primero, y dar con la tecla después para que pudiera votarse. Feijóo quería exhibir que Sánchez había perdido la confianza de la Cámara.Noticia relacionada general No No Feijóo mete presión al PP catalán ante el auge de sus rivales Paloma EstebanJunts es un actor político imprevisible. Pero la realidad es que el PP lleva trabajándose su interlocución toda la legislatura . Ha habido rachas y etapas. Quizá en los últimos meses el acercamiento ha sido mayor. Los independentistas también sufren momentos críticos. La amnistía no ha llegado para Carles Puigdemont, pero no terminan de dejar caer al Gobierno. Las encuestas van mal en favor de Aliança Catalana. Y la estrategia para recomponerse no está ni mucho menos clara. Esa debilidad y la coincidencia con el PP en asuntos programáticos clave ha llevado a contactos fluidos. Esa «lluvia fina» por la que el equipo más cercano a Feijóo, todos de Galicia, apostaron desde el principio y que ha sabido continuar la portavocía de Ester Muñoz , activo político indiscutible en este momento, que se ha visto reforzada con esta nueva estocada a Sánchez. La relación entre PP y Junts es siempre un asunto espinoso. Nadie se atreve a vaticinar cuán profunda es la interlocución, que existe, sobre todo, en el ámbito parlamentario. La sensación es que en este momento la cúpula del PP tiene claro que el futuro gobierno en España pasa por Vox. El bloque de la derecha se ha consolidado con el ciclo autonómico. Pero Feijóo no renuncia a reconstruir , en parte al menos, las relaciones con los grupos políticos que sea posible. Con el PNV ha habido varios intentos, pero en Génova —al menos en privado— han perdido toda esperanza. Todos los caminos señalan a Junts. «Todo el mundo sabe la incompatibilidad que tenemos con ellos. Pero no tiene sentido cerrarnos todas las puertas. En 2023 a Feijóo le faltaron cuatro votos. Si algo así vuelve a suceder, como mínimo, tienes que tener una interlocución y alguna posibilidad de poder pedir apoyo», resumen las voces más pragmáticas dentro del PP.Ese pragmatismo llegó incluso al congreso del PP catalán este fin de semana en Barcelona. La unidad, que en tantas ocasiones ha estado ausente, afloró como nunca. Como si todo el partido hubiera tomado nota de lo que hay realmente en juego. Alejandro Fernández se ahorró los recados que en tantas ocasiones ha enviado a la cúpula. Y Feijóo, que no insistió en el asunto y trató de hacer equilibrios, recordó a su partido que el resultado en Cataluña en unas elecciones generales puede cambiarlo todo . De ahí que instara a los suyos a ponerse las pilas como nunca antes. A no conformarse con el resultado. A proteger a sus electores frente a los competidores, algunos muy, que irrumpen con fuerza.Y aunque los mensajes fueron contenidos, no desaprovechó la oportunidad de volver a mirar a Junts. «Yo reconozco que un partido catalán pidió elecciones ya y se unió a la mayoría», dijo sin mencionar el nombre, consciente de las ampollas que podía levantar. Pero mantuvo el órdago: «Apretar el botón» (que las convoca) «estaría mejor y sería bastante más responsable». Cómo será la cosa que Feijóo llevó la moción de censura al congreso del PP catalán. Lluvia fina hasta el final.
La expresión es del núcleo duro de Alberto Núñez Feijóo. En Madrid la empezaron a utilizar desde el principio. «Hay que hacer trabajo de lluvia fina en el Congreso». Arrancaba una legislatura muy complicada, tras frustrarse su llegada a la Moncloa contra todo pronóstico por … cuatro escaños. Al mismo tiempo, el PP era la primera fuerza de la Cámara y tenía capacidad —como se ha visto con claridad en estos tres años— para armar una mayoría alternativa en muchos asuntos. Paquetes fiscales, enmiendas a políticas energéticas del Gobierno y otras leyes aprobadas en el Senado y que el Congreso veta de manera reiterada. Pero ahora, por primera vez, el PP ha armado una mayoría para exigir la dimisión del presidente —nunca había pasado antes— y pedir a Pedro Sánchez que se someta ya a una cuestión de confianza.
Las votaciones de la semana pasada en el Congreso —pasen o no a la historia del parlamentarismo como vaticinó el propio Feijóo— arrojan una realidad indiscutible: estos tres partidos, UPN y Coalición Canaria también, se unieron con la idea de terminar la legislatura. No hay moción de censura —difícilmente la habrá—, pero sí existe una un objetivo político compartido que ha permitido al PP unir al partido de Abascal y a los independentistas sin políticas fiscales de por medio. Esto es otra cosa.
El jueves pasado fue un día intenso en el Parlamento. El PP tenía confirmado que Junts no tumbaría su propuesta, a diferencia del PNV. Pero dejaba en el aire si habría una abstención o un voto afirmativo. La ausencia de un diputado de Vox, Javier Ortega Smith, lo complicaba todo aún más. En la dirección nacional del grupo parlamentario respiraron aliviados al ver los puntitos verdes del hemiciclo en la pantalla donde se visualiza el resultado. La apuesta por la votación del jueves había costado mucho. Superar el veto de Francina Armengol primero, y dar con la tecla después para que pudiera votarse. Feijóo quería exhibir que Sánchez había perdido la confianza de la Cámara.
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Junts es un actor político imprevisible. Pero la realidad es que el PP lleva trabajándose su interlocución toda la legislatura. Ha habido rachas y etapas. Quizá en los últimos meses el acercamiento ha sido mayor. Los independentistas también sufren momentos críticos. La amnistía no ha llegado para Carles Puigdemont, pero no terminan de dejar caer al Gobierno. Las encuestas van mal en favor de Aliança Catalana. Y la estrategia para recomponerse no está ni mucho menos clara. Esa debilidad y la coincidencia con el PP en asuntos programáticos clave ha llevado a contactos fluidos. Esa «lluvia fina» por la que el equipo más cercano a Feijóo, todos de Galicia, apostaron desde el principio y que ha sabido continuar la portavocía de Ester Muñoz, activo político indiscutible en este momento, que se ha visto reforzada con esta nueva estocada a Sánchez.
La relación entre PP y Junts es siempre un asunto espinoso. Nadie se atreve a vaticinar cuán profunda es la interlocución, que existe, sobre todo, en el ámbito parlamentario. La sensación es que en este momento la cúpula del PP tiene claro que el futuro gobierno en España pasa por Vox. El bloque de la derecha se ha consolidado con el ciclo autonómico. Pero Feijóo no renuncia a reconstruir, en parte al menos, las relaciones con los grupos políticos que sea posible. Con el PNV ha habido varios intentos, pero en Génova —al menos en privado— han perdido toda esperanza. Todos los caminos señalan a Junts. «Todo el mundo sabe la incompatibilidad que tenemos con ellos. Pero no tiene sentido cerrarnos todas las puertas. En 2023 a Feijóo le faltaron cuatro votos. Si algo así vuelve a suceder, como mínimo, tienes que tener una interlocución y alguna posibilidad de poder pedir apoyo», resumen las voces más pragmáticas dentro del PP.
Ese pragmatismo llegó incluso al congreso del PP catalán este fin de semana en Barcelona. La unidad, que en tantas ocasiones ha estado ausente, afloró como nunca. Como si todo el partido hubiera tomado nota de lo que hay realmente en juego. Alejandro Fernández se ahorró los recados que en tantas ocasiones ha enviado a la cúpula. Y Feijóo, que no insistió en el asunto y trató de hacer equilibrios, recordó a su partido que el resultado en Cataluña en unas elecciones generales puede cambiarlo todo. De ahí que instara a los suyos a ponerse las pilas como nunca antes. A no conformarse con el resultado. A proteger a sus electores frente a los competidores, algunos muy, que irrumpen con fuerza.
Y aunque los mensajes fueron contenidos, no desaprovechó la oportunidad de volver a mirar a Junts. «Yo reconozco que un partido catalán pidió elecciones ya y se unió a la mayoría», dijo sin mencionar el nombre, consciente de las ampollas que podía levantar. Pero mantuvo el órdago: «Apretar el botón» (que las convoca) «estaría mejor y sería bastante más responsable». Cómo será la cosa que Feijóo llevó la moción de censura al congreso del PP catalán. Lluvia fina hasta el final.
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