«Las garrapatas, inevitablemente, van a estar ahí». Siempre lo han hecho, si bien «es verdad que este cambio de temperatura está determinando cierta deslocalización». Es la advertencia a modo de reflejo de la realidad presente y futura que lanza Rufino Álamo, jefe del Servicio y Respuesta Rápida de la Dirección General de Salud Pública de la Consejería de Sanidad y Bienestar Social de la Junta de Castilla y León, que este año ya ha visto tres casos de Fiebre Hemorrágica Crimea-Congo (FHCC) por este pequeño parásito de apenas unos milímetros cuya picadura puede ser mortal. De hecho, un hombre de 84 años fallecía el pasado mes de julio infectado por el mordisco de la ‘Hyalomma marginatum’, el vector de transmisión de una enfermedad hemorrágica que puede contagiarse también de persona a persona a través de la sangre o fluidos del enfermo y obliga al aislamiento y control de los contactos estrechos. Otro está ingresado desde hace unos días en el hospital Gómez Ulla de Madrid, el de referencia para un mal del que desde 2016 se han diagnosticado 24 casos en España, repasa Álamo. El primero fue un paciente de Ávila infectado en 2013 y diagnosticado de forma retrospectiva. Los últimos cuatro, este año -los mismos que en 2024-, tres de ellos en la provincia de Salamanca. En localidades distintas -de las comarcas de Béjar, Ciudad Rodrigo y Sierra de Francia-, donde como en Ávila y Zamora se presenta un hábitat «propicio para la multiplicación, la presencia y distribución» de esta especie de este parásito, el único capaz de trasmitir la Crimea-Congo, explica el experto. «La distribución de la enfermedad es muy amplia» en todo el territorio nacional -con casos confirmados en hasta cinco comunidades: Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid y Andalucía-, pero en Salamanca «tiene una presencia importante». De las estudiadas a través de las que se retiran en los centros sanitarios, el 30 por ciento pertenecen a esta especie, y otro tanto a la picadura de la garrapata ‘Rhipicephalus sanguineus’. Sin embargo, en Burgos, con un clima más fresco y húmedo, el 60 por ciento de las analizadas son de otra -en Castilla y León hay identificados cinco géneros y «no menos de diez» especies diferentes- y la causante de la FHCC «casi no existe».Aun así, advierte Álamo, se está dando una «deslocalización» , de modo que esta especie, «más propia» de lugares secos y áridos, también está apareciendo en «zonas donde antes no había», como la alta montaña. Uno de los 24 casos diagnosticados en el conjunto de España se localizó en El Bierzo (León). Y es que las altas temperaturas y el cambio climático «están permitiendo que se colonicen lugares más altos donde antes no había», extendiendo también el «problema» a otros puntos. Aunque, matiza este veterinario experto en salud pública, «también los sistemas diagnósticos más precisos están permitiendo hallar cosas que antes pasaban desapercibidas». Es el caso de Salamanca, donde más allá de tener un hábitat propicio, el número de casos detectados determina que hay una buena respuesta del sistema sanitario. «Están muy sensibilizados con el tema y cualquier sospecha se investiga».Lo cierto, recalca Álamo, es que la garrapata «se encuentra ampliamente distribuida» en España -con casos confirmados a lo largo de los diez últimos años en Badajoz, Cáceres, Ciudad Real, Córdoba, León, Madrid, Toledo y Salamanca-, pero «la búsqueda del virus no es fácil». «Sólo se encuentra en aquellos sitios donde se estudia y se busca», apunta.Más allá de la mejora del diagnóstico, las temperaturas más elevadas están favoreciendo una mayor distribución de este parásito de sangre fría cuya actividad «está ligada a las condiciones ambientales», y a más grados, «más actividad». Y ahora, apostilla Álamo, en Castilla y León si antes las heladas frenaban la actividad de las garrapatas y «mataban a un número importante, que morían congeladas y desaparecían », ahora ya no sucede. Las altas temperaturas están permitiendo no sólo que el periodo de actividad sea mayor y, por tanto, el número de ciclos» y la reproducción de estos animales se haya «incrementado». Sino también que «tengan más sed y sólo se alimentan de sangre».«No todas las garrapatas están infectadas y no todas son transmisoras de enfermedades. Ha habido que estudiar miles para encontrar una positiva» Rufino Álamo Jefe de Servicio en la Dirección General de Salud Pública de Castilla y LeónY ahí buscan el hospedador en el que fijarse. En la mayor parte de los casos, la fauna, «otro elemento importante a la hora de que pueda existir mayor número». Pues, la «abundancia» de animales silvestres supone más ‘hogares’ en los que asentarse. «El hecho de que se tengan que alimentar más y que haya más presencia de animales determina que el ciclo epidemiológico pueda ir incrementando progresivamente», resume Álamo.Pese a esa creciente presencia, matiza, «el porcentaje de garrapatas que son positivas a agentes infecciosos, afortunadamente es bajo, y lo es más bajo todavía para ‘Hyalomma marginatum’». «Ha habido que estudiar muchos miles de garrapatas para encontrar alguna positiva. Es decir, que la prevalencia del problema es bajo en la infección en las garrapatas», sostiene. Además, y «muy importante», agrega: «No todas las garrapatas están infectadas y no todas son capaces de transmitir todos los problemas. Hay lo que se llama especificidad».«Ni vuelan ni saltan»En el caso de Fiebre Hemorrágica Crimea-Congo, únicamente la Hyalomma marginatum’ puede transmitirla. Y en caso de picadura y bicho fijado a la piel, es clave la pronta y correcta retirada -«no valen los sistemas tradicionales», recalca-, pues «no damos tiempo a inocular». «Si la retiramos tempranamente y lo hacemos de forma correcta, el riesgo todavía es menor». Claves, «las acciones de protección física» para impedir que se fije, con repelentes, evitando zonas frondosas e ir con el cuerpo bien cubierto, sobre todo desde los pies. «Las garrapatas ni vuelan ni saltan. Lo único que hacen para poder alimentarse es subirse a las partes dominantes de las hierbas y esperar a que pase alguien para dejarse caer sobre él», explica Álamo, quien advierte de que aunque el porcentaje de garrapatas que pueden ocasionar el problema es «reducido», lo que hay que hacer es «ocuparse» más que preocuparse y «tomar medidas preventivas», especialmente en los periodos más activos, coincidentes precisamente con la detección de los casos de esta enfermedad: junio, julio y agosto.En el campo, ganaderos y agricultores lo saben y «suelen darse repelente», salir con botas y pantalón largo… «por costumbre», apunta José Andrés Suárez, alcalde de Villavieja de Yeltes, zona de la provincia de Salamanca donde un hombre de 84 años sufrió una picadura de garrapata que resultó letal. «La gente suele tener cuidado pues garrapatas siempre ha habido», señala. «Normalmente se suele convivir con ellas en los pueblos», señala, aunque este alcalde se queja de la «desinformación total» sobre el caso en concreto, por el que incluso llegó a hablar con alguna de empresa de plagas por si tenía que hacer algún tipo de desinfección. Aunque en el pueblo, como en Ciudad Rodrigo, los vecinos no están alarmados. «Las garrapatas, inevitablemente, van a estar ahí». Siempre lo han hecho, si bien «es verdad que este cambio de temperatura está determinando cierta deslocalización». Es la advertencia a modo de reflejo de la realidad presente y futura que lanza Rufino Álamo, jefe del Servicio y Respuesta Rápida de la Dirección General de Salud Pública de la Consejería de Sanidad y Bienestar Social de la Junta de Castilla y León, que este año ya ha visto tres casos de Fiebre Hemorrágica Crimea-Congo (FHCC) por este pequeño parásito de apenas unos milímetros cuya picadura puede ser mortal. De hecho, un hombre de 84 años fallecía el pasado mes de julio infectado por el mordisco de la ‘Hyalomma marginatum’, el vector de transmisión de una enfermedad hemorrágica que puede contagiarse también de persona a persona a través de la sangre o fluidos del enfermo y obliga al aislamiento y control de los contactos estrechos. Otro está ingresado desde hace unos días en el hospital Gómez Ulla de Madrid, el de referencia para un mal del que desde 2016 se han diagnosticado 24 casos en España, repasa Álamo. El primero fue un paciente de Ávila infectado en 2013 y diagnosticado de forma retrospectiva. Los últimos cuatro, este año -los mismos que en 2024-, tres de ellos en la provincia de Salamanca. En localidades distintas -de las comarcas de Béjar, Ciudad Rodrigo y Sierra de Francia-, donde como en Ávila y Zamora se presenta un hábitat «propicio para la multiplicación, la presencia y distribución» de esta especie de este parásito, el único capaz de trasmitir la Crimea-Congo, explica el experto. «La distribución de la enfermedad es muy amplia» en todo el territorio nacional -con casos confirmados en hasta cinco comunidades: Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid y Andalucía-, pero en Salamanca «tiene una presencia importante». De las estudiadas a través de las que se retiran en los centros sanitarios, el 30 por ciento pertenecen a esta especie, y otro tanto a la picadura de la garrapata ‘Rhipicephalus sanguineus’. Sin embargo, en Burgos, con un clima más fresco y húmedo, el 60 por ciento de las analizadas son de otra -en Castilla y León hay identificados cinco géneros y «no menos de diez» especies diferentes- y la causante de la FHCC «casi no existe».Aun así, advierte Álamo, se está dando una «deslocalización» , de modo que esta especie, «más propia» de lugares secos y áridos, también está apareciendo en «zonas donde antes no había», como la alta montaña. Uno de los 24 casos diagnosticados en el conjunto de España se localizó en El Bierzo (León). Y es que las altas temperaturas y el cambio climático «están permitiendo que se colonicen lugares más altos donde antes no había», extendiendo también el «problema» a otros puntos. Aunque, matiza este veterinario experto en salud pública, «también los sistemas diagnósticos más precisos están permitiendo hallar cosas que antes pasaban desapercibidas». Es el caso de Salamanca, donde más allá de tener un hábitat propicio, el número de casos detectados determina que hay una buena respuesta del sistema sanitario. «Están muy sensibilizados con el tema y cualquier sospecha se investiga».Lo cierto, recalca Álamo, es que la garrapata «se encuentra ampliamente distribuida» en España -con casos confirmados a lo largo de los diez últimos años en Badajoz, Cáceres, Ciudad Real, Córdoba, León, Madrid, Toledo y Salamanca-, pero «la búsqueda del virus no es fácil». «Sólo se encuentra en aquellos sitios donde se estudia y se busca», apunta.Más allá de la mejora del diagnóstico, las temperaturas más elevadas están favoreciendo una mayor distribución de este parásito de sangre fría cuya actividad «está ligada a las condiciones ambientales», y a más grados, «más actividad». Y ahora, apostilla Álamo, en Castilla y León si antes las heladas frenaban la actividad de las garrapatas y «mataban a un número importante, que morían congeladas y desaparecían », ahora ya no sucede. Las altas temperaturas están permitiendo no sólo que el periodo de actividad sea mayor y, por tanto, el número de ciclos» y la reproducción de estos animales se haya «incrementado». Sino también que «tengan más sed y sólo se alimentan de sangre».«No todas las garrapatas están infectadas y no todas son transmisoras de enfermedades. Ha habido que estudiar miles para encontrar una positiva» Rufino Álamo Jefe de Servicio en la Dirección General de Salud Pública de Castilla y LeónY ahí buscan el hospedador en el que fijarse. En la mayor parte de los casos, la fauna, «otro elemento importante a la hora de que pueda existir mayor número». Pues, la «abundancia» de animales silvestres supone más ‘hogares’ en los que asentarse. «El hecho de que se tengan que alimentar más y que haya más presencia de animales determina que el ciclo epidemiológico pueda ir incrementando progresivamente», resume Álamo.Pese a esa creciente presencia, matiza, «el porcentaje de garrapatas que son positivas a agentes infecciosos, afortunadamente es bajo, y lo es más bajo todavía para ‘Hyalomma marginatum’». «Ha habido que estudiar muchos miles de garrapatas para encontrar alguna positiva. Es decir, que la prevalencia del problema es bajo en la infección en las garrapatas», sostiene. Además, y «muy importante», agrega: «No todas las garrapatas están infectadas y no todas son capaces de transmitir todos los problemas. Hay lo que se llama especificidad».«Ni vuelan ni saltan»En el caso de Fiebre Hemorrágica Crimea-Congo, únicamente la Hyalomma marginatum’ puede transmitirla. Y en caso de picadura y bicho fijado a la piel, es clave la pronta y correcta retirada -«no valen los sistemas tradicionales», recalca-, pues «no damos tiempo a inocular». «Si la retiramos tempranamente y lo hacemos de forma correcta, el riesgo todavía es menor». Claves, «las acciones de protección física» para impedir que se fije, con repelentes, evitando zonas frondosas e ir con el cuerpo bien cubierto, sobre todo desde los pies. «Las garrapatas ni vuelan ni saltan. Lo único que hacen para poder alimentarse es subirse a las partes dominantes de las hierbas y esperar a que pase alguien para dejarse caer sobre él», explica Álamo, quien advierte de que aunque el porcentaje de garrapatas que pueden ocasionar el problema es «reducido», lo que hay que hacer es «ocuparse» más que preocuparse y «tomar medidas preventivas», especialmente en los periodos más activos, coincidentes precisamente con la detección de los casos de esta enfermedad: junio, julio y agosto.En el campo, ganaderos y agricultores lo saben y «suelen darse repelente», salir con botas y pantalón largo… «por costumbre», apunta José Andrés Suárez, alcalde de Villavieja de Yeltes, zona de la provincia de Salamanca donde un hombre de 84 años sufrió una picadura de garrapata que resultó letal. «La gente suele tener cuidado pues garrapatas siempre ha habido», señala. «Normalmente se suele convivir con ellas en los pueblos», señala, aunque este alcalde se queja de la «desinformación total» sobre el caso en concreto, por el que incluso llegó a hablar con alguna de empresa de plagas por si tenía que hacer algún tipo de desinfección. Aunque en el pueblo, como en Ciudad Rodrigo, los vecinos no están alarmados.
«Las garrapatas, inevitablemente, van a estar ahí». Siempre lo han hecho, si bien «es verdad que este cambio de temperatura está determinando cierta deslocalización». Es la advertencia a modo de reflejo de la realidad presente y futura que lanza Rufino Álamo, jefe del Servicio … y Respuesta Rápida de la Dirección General de Salud Pública de la Consejería de Sanidad y Bienestar Social de la Junta de Castilla y León, que este año ya ha visto tres casos de Fiebre Hemorrágica Crimea-Congo (FHCC) por este pequeño parásito de apenas unos milímetros cuya picadura puede ser mortal. De hecho, un hombre de 84 años fallecía el pasado mes de julio infectado por el mordisco de la ‘Hyalomma marginatum’, el vector de transmisión de una enfermedad hemorrágica que puede contagiarse también de persona a persona a través de la sangre o fluidos del enfermo y obliga al aislamiento y control de los contactos estrechos.
Otro está ingresado desde hace unos días en el hospital Gómez Ulla de Madrid, el de referencia para un mal del que desde 2016 se han diagnosticado 24 casos en España, repasa Álamo. El primero fue un paciente de Ávila infectado en 2013 y diagnosticado de forma retrospectiva. Los últimos cuatro, este año -los mismos que en 2024-, tres de ellos en la provincia de Salamanca. En localidades distintas -de las comarcas de Béjar, Ciudad Rodrigo y Sierra de Francia-, donde como en Ávila y Zamora se presenta un hábitat «propicio para la multiplicación, la presencia y distribución» de esta especie de este parásito, el único capaz de trasmitir la Crimea-Congo, explica el experto.
«La distribución de la enfermedad es muy amplia» en todo el territorio nacional -con casos confirmados en hasta cinco comunidades: Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid y Andalucía-, pero en Salamanca «tiene una presencia importante». De las estudiadas a través de las que se retiran en los centros sanitarios, el 30 por ciento pertenecen a esta especie, y otro tanto a la picadura de la garrapata ‘Rhipicephalus sanguineus’. Sin embargo, en Burgos, con un clima más fresco y húmedo, el 60 por ciento de las analizadas son de otra -en Castilla y León hay identificados cinco géneros y «no menos de diez» especies diferentes- y la causante de la FHCC «casi no existe».
Aun así, advierte Álamo, se está dando una «deslocalización», de modo que esta especie, «más propia» de lugares secos y áridos, también está apareciendo en «zonas donde antes no había», como la alta montaña. Uno de los 24 casos diagnosticados en el conjunto de España se localizó en El Bierzo (León). Y es que las altas temperaturas y el cambio climático «están permitiendo que se colonicen lugares más altos donde antes no había», extendiendo también el «problema» a otros puntos. Aunque, matiza este veterinario experto en salud pública, «también los sistemas diagnósticos más precisos están permitiendo hallar cosas que antes pasaban desapercibidas».
Es el caso de Salamanca, donde más allá de tener un hábitat propicio, el número de casos detectados determina que hay una buena respuesta del sistema sanitario. «Están muy sensibilizados con el tema y cualquier sospecha se investiga».
Lo cierto, recalca Álamo, es que la garrapata «se encuentra ampliamente distribuida» en España -con casos confirmados a lo largo de los diez últimos años en Badajoz, Cáceres, Ciudad Real, Córdoba, León, Madrid, Toledo y Salamanca-, pero «la búsqueda del virus no es fácil». «Sólo se encuentra en aquellos sitios donde se estudia y se busca», apunta.
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Más allá de la mejora del diagnóstico, las temperaturas más elevadas están favoreciendo una mayor distribución de este parásito de sangre fría cuya actividad «está ligada a las condiciones ambientales», y a más grados, «más actividad». Y ahora, apostilla Álamo, en Castilla y León si antes las heladas frenaban la actividad de las garrapatas y «mataban a un número importante, que morían congeladas y desaparecían», ahora ya no sucede. Las altas temperaturas están permitiendo no sólo que el periodo de actividad sea mayor y, por tanto, el número de ciclos» y la reproducción de estos animales se haya «incrementado». Sino también que «tengan más sed y sólo se alimentan de sangre».
«No todas las garrapatas están infectadas y no todas son transmisoras de enfermedades. Ha habido que estudiar miles para encontrar una positiva»
Rufino Álamo
Jefe de Servicio en la Dirección General de Salud Pública de Castilla y León
Y ahí buscan el hospedador en el que fijarse. En la mayor parte de los casos, la fauna, «otro elemento importante a la hora de que pueda existir mayor número». Pues, la «abundancia» de animales silvestres supone más ‘hogares’ en los que asentarse. «El hecho de que se tengan que alimentar más y que haya más presencia de animales determina que el ciclo epidemiológico pueda ir incrementando progresivamente», resume Álamo.
Pese a esa creciente presencia, matiza, «el porcentaje de garrapatas que son positivas a agentes infecciosos, afortunadamente es bajo, y lo es más bajo todavía para ‘Hyalomma marginatum’». «Ha habido que estudiar muchos miles de garrapatas para encontrar alguna positiva. Es decir, que la prevalencia del problema es bajo en la infección en las garrapatas», sostiene. Además, y «muy importante», agrega: «No todas las garrapatas están infectadas y no todas son capaces de transmitir todos los problemas. Hay lo que se llama especificidad».
«Ni vuelan ni saltan»
En el caso de Fiebre Hemorrágica Crimea-Congo, únicamente la Hyalomma marginatum’ puede transmitirla. Y en caso de picadura y bicho fijado a la piel, es clave la pronta y correcta retirada -«no valen los sistemas tradicionales», recalca-, pues «no damos tiempo a inocular». «Si la retiramos tempranamente y lo hacemos de forma correcta, el riesgo todavía es menor». Claves, «las acciones de protección física» para impedir que se fije, con repelentes, evitando zonas frondosas e ir con el cuerpo bien cubierto, sobre todo desde los pies. «Las garrapatas ni vuelan ni saltan. Lo único que hacen para poder alimentarse es subirse a las partes dominantes de las hierbas y esperar a que pase alguien para dejarse caer sobre él», explica Álamo, quien advierte de que aunque el porcentaje de garrapatas que pueden ocasionar el problema es «reducido», lo que hay que hacer es «ocuparse» más que preocuparse y «tomar medidas preventivas», especialmente en los periodos más activos, coincidentes precisamente con la detección de los casos de esta enfermedad: junio, julio y agosto.
En el campo, ganaderos y agricultores lo saben y «suelen darse repelente», salir con botas y pantalón largo… «por costumbre», apunta José Andrés Suárez, alcalde de Villavieja de Yeltes, zona de la provincia de Salamanca donde un hombre de 84 años sufrió una picadura de garrapata que resultó letal. «La gente suele tener cuidado pues garrapatas siempre ha habido», señala. «Normalmente se suele convivir con ellas en los pueblos», señala, aunque este alcalde se queja de la «desinformación total» sobre el caso en concreto, por el que incluso llegó a hablar con alguna de empresa de plagas por si tenía que hacer algún tipo de desinfección. Aunque en el pueblo, como en Ciudad Rodrigo, los vecinos no están alarmados.
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