Olor a disolvente, barniz y madera centenaria. Bajo los altos techos de las aulas, 162 jóvenes armados con hisopos, bisturíes y lupas binoculares se enfrentan a diario a la renovación del patrimonio histórico español. En el número 2 de la calle Guillermo Rolland, a espaldas del Senado , se erige la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Comunidad de Madrid, que opera como una auténtica UVI del arte. Este centro público es un referente de la excelencia a nivel nacional en la salvaguarda de nuestro legado cultural. El proyecto que abarca actualmente la absoluta atención y el esfuerzo de los alumnos es la minuciosa restauración de los retablos de la Catedral de Cuenca. No se trata de una intervención esporádica ni de un encargo menor, sino de un empeño mayúsculo y sostenido en el tiempo gracias a la alianza entre tres bandas: la institución académica madrileña , la administración conquense y la Fundación Iberdrola. Este convenio de colaboración institucional, ininterrumpido desde 2017, acaba de renovarse hasta 2028.En los caballetes y mesas de la escuela descansan actualmente piezas importantes que datan de los siglos XVI y XVII: el Retablo de Santa María de Todos los Santos, el de San Fabián y San Sebastián y el Mayor de la Capilla de los Apóstoles. Como detalla Luis, profesor del centro, sobre la magnitud del desafío: «El que hemos hecho ahora y que ya está desmontado, que es el de apóstoles, es un retablo en el arte muy significativo con grandes escultores y pintores». Existe una vocación docente inquebrantable detrás de cada golpe de gubia, de cada limpieza química de una policromía oscurecida por el hollín y de cada reintegración cromática realizada con pulso de cirujano. Luis, que imparte clases de restauración de escultura en madera y atesora 34 años de experiencia en estas aulas, se ha convertido en el alma del proyecto y resume su filosofía de manera tajante: «Aquí no prima el dinero, no prima la comunidad, no prima la catedral, sino que es el salvar el patrimonio bajo el estudio de los alumnos». Para hacer posible esta compleja coreografía, los alumnos de último curso trabajan con obras reales en grupos reducidos. «Es la especialidad ya, el súmmum, de aquí terminan y ya son profesionales», explica el docente. Restaurar uno solo de estos retablos abarca un mínimo de dos cursos académicos completos, paralizándose la intervención durante los meses de descanso estival. Esta lentitud deliberada es la única garantía válida para asegurar que se aplican los tratamientos más idóneos y respetuosos con la pieza original. Rigurosidad científica y tecnología 3DLejos de la improvisación, que en ocasiones ha protagonizado desastres en el patrimonio español, el trabajo desarrollado en estos muros es la antítesis absoluta de las restauraciones fallidas. Todo el proceso está estrictamente reglado por normativas internacionales y sometido a la atenta mirada de los supervisores académicos. Luis lo ilustra con seriedad: «Lo que pretendes es que el alumno coja el máximo conocimiento para no cometer un error. Esto no es una escuela cualquiera, es lo mejorcito que existe». Esta misma exigencia metodológica y científica se traslada a otras áreas del centro, como ocurre en el aula dedicada a la restauración de materiales arqueológicos. En este taller, los estudiantes se enfrentan al complejo reto de recuperar fósiles de extrema fragilidad. Son elementos de un valor incalculable que requieren protocolos de intervención extremadamente cuidadosos, donde cualquier manipulación incorrecta podría ocasionar daños irreversibles en la pieza.Uno de los fósiles recreados con tecnología 3D Tania SieiraPara solucionar este problema, la escuela ha integrado la tecnología mediante la digitalización y reconstrucción previa de los fósiles en modelos tridimensionales. Trabajar primero con estas réplicas impresas en 3D permite a los alumnos manipular las piezas sin riesgo, analizar detalladamente sus grietas, ensayar los encajes de las partes fracturadas y diseñar con precisión la estrategia de ensamblaje. Gracias a este innovador flujo de trabajo en 3D, una vez que los estudiantes abordan la pieza arqueológica original, pueden actuar «a tiro hecho». Conocen con exactitud qué adhesivo aplicar, qué punto de presión ejercer y cómo encajará cada fragmento sin someter la valiosa materia del fósil a tensiones innecesarias. Esta combinación entre tecnología punta y metodología clásica sitúa a la institución madrileña en el grupo de los centros formativos en conservación de bienes culturales a nivel europeo. Reformas para blindar el artePara poder proteger este frágil patrimonio en las mejores condiciones y garantizar la excelencia académica, el edificio debía ponerse a la altura de su contenido. Recientemente se han llevado a cabo trabajos de rehabilitación de las infraestructuras en el inmueble, centrada en la sustitución integral de todos los ventanales y cerramientos de varias plantas. Esta intervención era necesaria para solucionar los graves problemas de humedad y de aislamiento térmico que amenazaban la estabilidad de las maderas, las policromías y los materiales arqueológicos conservados. Con las instalaciones reformadas y los convenios asegurados hasta el 2028, la Escuela Superior de Conservación y Restauración de la Comunidad de Madrid mira hacia el futuro con la confianza renovada. Es un esfuerzo donde el respeto por nuestra historia se moldea cada mañana en las manos manchadas de barniz de los futuros profesionales, asegurando que nuestro patrimonio sobreviva intacto para las siguientes generaciones. Olor a disolvente, barniz y madera centenaria. Bajo los altos techos de las aulas, 162 jóvenes armados con hisopos, bisturíes y lupas binoculares se enfrentan a diario a la renovación del patrimonio histórico español. En el número 2 de la calle Guillermo Rolland, a espaldas del Senado , se erige la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Comunidad de Madrid, que opera como una auténtica UVI del arte. Este centro público es un referente de la excelencia a nivel nacional en la salvaguarda de nuestro legado cultural. El proyecto que abarca actualmente la absoluta atención y el esfuerzo de los alumnos es la minuciosa restauración de los retablos de la Catedral de Cuenca. No se trata de una intervención esporádica ni de un encargo menor, sino de un empeño mayúsculo y sostenido en el tiempo gracias a la alianza entre tres bandas: la institución académica madrileña , la administración conquense y la Fundación Iberdrola. Este convenio de colaboración institucional, ininterrumpido desde 2017, acaba de renovarse hasta 2028.En los caballetes y mesas de la escuela descansan actualmente piezas importantes que datan de los siglos XVI y XVII: el Retablo de Santa María de Todos los Santos, el de San Fabián y San Sebastián y el Mayor de la Capilla de los Apóstoles. Como detalla Luis, profesor del centro, sobre la magnitud del desafío: «El que hemos hecho ahora y que ya está desmontado, que es el de apóstoles, es un retablo en el arte muy significativo con grandes escultores y pintores». Existe una vocación docente inquebrantable detrás de cada golpe de gubia, de cada limpieza química de una policromía oscurecida por el hollín y de cada reintegración cromática realizada con pulso de cirujano. Luis, que imparte clases de restauración de escultura en madera y atesora 34 años de experiencia en estas aulas, se ha convertido en el alma del proyecto y resume su filosofía de manera tajante: «Aquí no prima el dinero, no prima la comunidad, no prima la catedral, sino que es el salvar el patrimonio bajo el estudio de los alumnos». Para hacer posible esta compleja coreografía, los alumnos de último curso trabajan con obras reales en grupos reducidos. «Es la especialidad ya, el súmmum, de aquí terminan y ya son profesionales», explica el docente. Restaurar uno solo de estos retablos abarca un mínimo de dos cursos académicos completos, paralizándose la intervención durante los meses de descanso estival. Esta lentitud deliberada es la única garantía válida para asegurar que se aplican los tratamientos más idóneos y respetuosos con la pieza original. Rigurosidad científica y tecnología 3DLejos de la improvisación, que en ocasiones ha protagonizado desastres en el patrimonio español, el trabajo desarrollado en estos muros es la antítesis absoluta de las restauraciones fallidas. Todo el proceso está estrictamente reglado por normativas internacionales y sometido a la atenta mirada de los supervisores académicos. Luis lo ilustra con seriedad: «Lo que pretendes es que el alumno coja el máximo conocimiento para no cometer un error. Esto no es una escuela cualquiera, es lo mejorcito que existe». Esta misma exigencia metodológica y científica se traslada a otras áreas del centro, como ocurre en el aula dedicada a la restauración de materiales arqueológicos. En este taller, los estudiantes se enfrentan al complejo reto de recuperar fósiles de extrema fragilidad. Son elementos de un valor incalculable que requieren protocolos de intervención extremadamente cuidadosos, donde cualquier manipulación incorrecta podría ocasionar daños irreversibles en la pieza.Uno de los fósiles recreados con tecnología 3D Tania SieiraPara solucionar este problema, la escuela ha integrado la tecnología mediante la digitalización y reconstrucción previa de los fósiles en modelos tridimensionales. Trabajar primero con estas réplicas impresas en 3D permite a los alumnos manipular las piezas sin riesgo, analizar detalladamente sus grietas, ensayar los encajes de las partes fracturadas y diseñar con precisión la estrategia de ensamblaje. Gracias a este innovador flujo de trabajo en 3D, una vez que los estudiantes abordan la pieza arqueológica original, pueden actuar «a tiro hecho». Conocen con exactitud qué adhesivo aplicar, qué punto de presión ejercer y cómo encajará cada fragmento sin someter la valiosa materia del fósil a tensiones innecesarias. Esta combinación entre tecnología punta y metodología clásica sitúa a la institución madrileña en el grupo de los centros formativos en conservación de bienes culturales a nivel europeo. Reformas para blindar el artePara poder proteger este frágil patrimonio en las mejores condiciones y garantizar la excelencia académica, el edificio debía ponerse a la altura de su contenido. Recientemente se han llevado a cabo trabajos de rehabilitación de las infraestructuras en el inmueble, centrada en la sustitución integral de todos los ventanales y cerramientos de varias plantas. Esta intervención era necesaria para solucionar los graves problemas de humedad y de aislamiento térmico que amenazaban la estabilidad de las maderas, las policromías y los materiales arqueológicos conservados. Con las instalaciones reformadas y los convenios asegurados hasta el 2028, la Escuela Superior de Conservación y Restauración de la Comunidad de Madrid mira hacia el futuro con la confianza renovada. Es un esfuerzo donde el respeto por nuestra historia se moldea cada mañana en las manos manchadas de barniz de los futuros profesionales, asegurando que nuestro patrimonio sobreviva intacto para las siguientes generaciones.
Olor a disolvente, barniz y madera centenaria. Bajo los altos techos de las aulas, 162 jóvenes armados con hisopos, bisturíes y lupas binoculares se enfrentan a diario a la renovación del patrimonio histórico español. En el número 2 de la calle Guillermo Rolland, a espaldas … del Senado, se erige la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Comunidad de Madrid, que opera como una auténtica UVI del arte. Este centro público es un referente de la excelencia a nivel nacional en la salvaguarda de nuestro legado cultural.
El proyecto que abarca actualmente la absoluta atención y el esfuerzo de los alumnos es la minuciosa restauración de los retablos de la Catedral de Cuenca. No se trata de una intervención esporádica ni de un encargo menor, sino de un empeño mayúsculo y sostenido en el tiempo gracias a la alianza entre tres bandas: la institución académica madrileña, la administración conquense y la Fundación Iberdrola. Este convenio de colaboración institucional, ininterrumpido desde 2017, acaba de renovarse hasta 2028.
En los caballetes y mesas de la escuela descansan actualmente piezas importantes que datan de los siglos XVI y XVII: el Retablo de Santa María de Todos los Santos, el de San Fabián y San Sebastián y el Mayor de la Capilla de los Apóstoles. Como detalla Luis, profesor del centro, sobre la magnitud del desafío: «El que hemos hecho ahora y que ya está desmontado, que es el de apóstoles, es un retablo en el arte muy significativo con grandes escultores y pintores».
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Existe una vocación docente inquebrantable detrás de cada golpe de gubia, de cada limpieza química de una policromía oscurecida por el hollín y de cada reintegración cromática realizada con pulso de cirujano. Luis, que imparte clases de restauración de escultura en madera y atesora 34 años de experiencia en estas aulas, se ha convertido en el alma del proyecto y resume su filosofía de manera tajante: «Aquí no prima el dinero, no prima la comunidad, no prima la catedral, sino que es el salvar el patrimonio bajo el estudio de los alumnos».
Para hacer posible esta compleja coreografía, los alumnos de último curso trabajan con obras reales en grupos reducidos. «Es la especialidad ya, el súmmum, de aquí terminan y ya son profesionales», explica el docente. Restaurar uno solo de estos retablos abarca un mínimo de dos cursos académicos completos, paralizándose la intervención durante los meses de descanso estival. Esta lentitud deliberada es la única garantía válida para asegurar que se aplican los tratamientos más idóneos y respetuosos con la pieza original.
Rigurosidad científica y tecnología 3D
Lejos de la improvisación, que en ocasiones ha protagonizado desastres en el patrimonio español, el trabajo desarrollado en estos muros es la antítesis absoluta de las restauraciones fallidas. Todo el proceso está estrictamente reglado por normativas internacionales y sometido a la atenta mirada de los supervisores académicos. Luis lo ilustra con seriedad: «Lo que pretendes es que el alumno coja el máximo conocimiento para no cometer un error. Esto no es una escuela cualquiera, es lo mejorcito que existe».
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Esta misma exigencia metodológica y científica se traslada a otras áreas del centro, como ocurre en el aula dedicada a la restauración de materiales arqueológicos. En este taller, los estudiantes se enfrentan al complejo reto de recuperar fósiles de extrema fragilidad. Son elementos de un valor incalculable que requieren protocolos de intervención extremadamente cuidadosos, donde cualquier manipulación incorrecta podría ocasionar daños irreversibles en la pieza.

(Tania Sieira)
Para solucionar este problema, la escuela ha integrado la tecnología mediante la digitalización y reconstrucción previa de los fósiles en modelos tridimensionales. Trabajar primero con estas réplicas impresas en 3D permite a los alumnos manipular las piezas sin riesgo, analizar detalladamente sus grietas, ensayar los encajes de las partes fracturadas y diseñar con precisión la estrategia de ensamblaje.
Gracias a este innovador flujo de trabajo en 3D, una vez que los estudiantes abordan la pieza arqueológica original, pueden actuar «a tiro hecho». Conocen con exactitud qué adhesivo aplicar, qué punto de presión ejercer y cómo encajará cada fragmento sin someter la valiosa materia del fósil a tensiones innecesarias. Esta combinación entre tecnología punta y metodología clásica sitúa a la institución madrileña en el grupo de los centros formativos en conservación de bienes culturales a nivel europeo.
Reformas para blindar el arte
Para poder proteger este frágil patrimonio en las mejores condiciones y garantizar la excelencia académica, el edificio debía ponerse a la altura de su contenido. Recientemente se han llevado a cabo trabajos de rehabilitación de las infraestructuras en el inmueble, centrada en la sustitución integral de todos los ventanales y cerramientos de varias plantas. Esta intervención era necesaria para solucionar los graves problemas de humedad y de aislamiento térmico que amenazaban la estabilidad de las maderas, las policromías y los materiales arqueológicos conservados.
Con las instalaciones reformadas y los convenios asegurados hasta el 2028, la Escuela Superior de Conservación y Restauración de la Comunidad de Madrid mira hacia el futuro con la confianza renovada. Es un esfuerzo donde el respeto por nuestra historia se moldea cada mañana en las manos manchadas de barniz de los futuros profesionales, asegurando que nuestro patrimonio sobreviva intacto para las siguientes generaciones.
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