El sector acumula una factura de 130 millones de euros desde que estalló la guerra de Irán, según la patronal Asedas Leer El sector acumula una factura de 130 millones de euros desde que estalló la guerra de Irán, según la patronal Asedas Leer
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Unos 20 millones de euros al mes. Es el sobrecoste que soportan los supermercados españoles por la escalada energética que ha desatado la guerra de Oriente Próximo, y que acumula ya 130 millones de euros desde que estalló el conflicto. Son estimaciones de la patronal Asedas, que agrupa a cadenas como Mercadona, Lidl, Ahorramas o Consum, y que empezó a calcularlo en mayo, después de que el impacto de la guerra se hiciera evidente en las cuentas de resultados de las empresas de distribución.
A la factura de la luz y del gasóleo se suma ahora la de los envases. La guerra ha golpeado a la industria petroquímica, muy concentrada en Oriente Próximo, y las materias primas para fabricar plástico se han encarecido un 25% en el último año, según Asedas. Es un coste que afecta de lleno a los supermercados, porque gran parte de lo que venden va envasado. Y es también el más difícil de medir, por lo que la patronal admite que el sobrecoste real podría ser mayor.
Mes a mes, la cuenta no ha dejado de crecer, y a un ritmo casi constante. Según los datos que maneja la patronal, el sobrecoste acumulado pasó de 51 millones en mayo a 70 en junio, 90 en julio, 110 en agosto y 130 en septiembre. La energía y la logística siguen siendo, según Asedas, los dos focos más relevantes. Los servicios de ajuste, el componente de la factura eléctrica que remunera la estabilidad del sistema, cuestan un 53% más que hace un año. Y el gasóleo se ha disparado un 35,5%, con un efecto en cadena sobre el transporte de mercancías y el abastecimiento de las tiendas.
El IPC de septiembre confirma que la presión no afloja. La inflación escaló seis décimas hasta el 4,9%, la tasa más elevada desde febrero de 2023, con los carburantes de nuevo como principal motor. Tampoco la electricidad ofrece tregua a las empresas, con un encarecimiento del 11,4% anual que, al quedarse por debajo del umbral del 15%, no activa las rebajas automáticas del IVA ni del impuesto eléctrico.Pese a todo, la cesta de la compra resiste. Los alimentos y bebidas no alcohólicas suben un 2,7% interanual, más de dos puntos por debajo del índice general, aunque han repuntado ocho décimas desde junio, cuando marcaron un 1,9%, su tasa más baja desde principios del año pasado.
La patronal atribuye esa contención a la competencia entre cadenas, que hace que las subidas de costes lleguen al consumidor lo más tarde y lo menos posible. También a la variedad de enseñas y formatos, que permite a los hogares cambiar a productos más baratos. Es el llamado downtrading, que según Asedas puede reducir hasta en tres veces el impacto de la inflación en la alimentación.
Lo que el sector no aventura es cuánto tiempo podrá sostener la situación. Asedas evita hacer previsiones sobre los precios por razones de competencia. Ya en junio, en plena tregua, la patronal advertía de que la incertidumbre geopolítica hacía muy difícil anticipar el segundo semestre. Para reducir su exposición, las empresas del sector destinan en torno a 3.000 millones de euros anuales a renovar tiendas y plataformas logísticas, con medidas de eficiencia energética incluidas.
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