Acaba de pasar el mediodía y la palabra que más se escucha en el barrio de la Fuensanta es vergüenza . La repiten quienes pasan por la Cuesta de la Pólvora, en la parte que esta más cerca del corazón del barrio, y quienes después descienden hasta la plaza del Pocito por la calle Venerable Juan de Santiago.En las dos vías hay sendos grupos de contenedores que tienen mucha más basura dentro que fuera. Los orificios por donde se introducen las bolsas están colmatados y parecen no tener capacidad para más. Por ese motivo, los demás se han quedado fuera y allí permanecen, en una escena que empieza a ser preocupante para la salud pública.Los dos contenedores de la Cuesta de la Pólvora son de resto y de envases y el olor muestra que las bolsas no contendrían residuos orgánicos , que son los que dan mal olor y pueden ocasionar problemas de salud, pero llaman la atención dos bolsas con comida. Son piezas de pan en blanco, precocidas y preparadas para calentarse en un horno.Noticia relacionada general No No Sadeco recoge más de 300 toneladas de residuos hasta el miércoles de Feria, un 4,7% más que en 2025 ABC CórdobaHay varias decenas, están en el suelo y podrían ser un foco que atrajera a animales en busca de alimento, aunque por el momento parecen intactas. Los vecinos pasan y comentan lo mal que les parece la situación, que es el ejemplo de un problema que ha obligado a actuar al Ayuntamiento de Córdoba.Es el que viene dado por la falta de vehículos de la empresa municipal Saneamientos de Córdoba ( Sadeco ) y también por los problemas generados por el diseño de los nuevos contenedores, que tienen un orificio muy pequeño que provoca que las bolsas puedan bloquearlo.Ante eso ha tenido que intervenir el Ayuntamiento de Córdoba, que ha anunciado cambios en los contenedores de basura para que en el futuro se evite este problema, que por el momento sigue muy patente en las calles.Se ve con más estridencia en la calle Venerable Juan de Santiago, ya a pocos metros del Pocito y del santuario de la Virgen de la Fuensanta. Hay no menos de treinta bolsas de basura alrededor de los contenedores y los vecinos no necesitan que les hagan preguntas para hablar de ello.Los residentes ven el problema de los contenedores, pero muchos critican a sus convecinos por no hacer lo posible para no dejar la basura fuera«Es una vergüenza», dice una mujer que atiende con prisa, porque va camino del trabajo. Cuenta que no es el único lugar del barrio, que lo mismo sucede todas las tardes junto a las piscinas de Santuario, muy concurridas en la época que acaba de comenzar. Y eso atrae a las ratas, que esperan escondidas la noche para buscar comida. «Ya verá el mal olor, con el calor, cuando llegan las cuatro de la tarde», resume.No hay vecino que pase que no hable de los problemas que crea la situación y algunos se hacen la pregunta: «¿Sadeco está de huelga?». Conchi Jiménez atraviesa la zona y dice que ya se repite desde hace semanas y que en los contenedores apenas hay sitio para todo lo que necesita. Dice que es una situación mala para la salud.Al poco aparece por la calle un camión de Sadeco y los vecinos que están en la calle hacen señales para que se detenga a llevarse todo lo que está en la calle. No llegan a increpar, pero sí a pedir que se actúe a la vista de la situación. El vehículo en cuestión vuelva los contenedores de resto, pero deja todos los demás.Uno de los vecinos interviene y señala a las bolsas que no están dentro, sino fuera: «Esto no se puede quitar con un camión de carga lateral, sino con uno de carga trasera. El conductor no se va a bajar». Y así sucede: la situación ha tenido muy poco alivio.Porque uno de los contenedores de resto, precisamente los más difíciles de comprender para los ciudadanos cuando ya han pasado unos años desde que se instalaron en toda la ciudad. Ahí está una de las claves de lo que está sucediendo, y lo han denunciado todos los vecinos en muchos lugares. Los contenedores tienen agujeros con gomas flexibles por los que se introduce la bolsa. Son pequeños y en muchas ocasiones la bolsa queda atrapada o en la parte anterior. Es lo que cuenta Fernando Martínez, vecino del barrio de Nuevo Poniente, donde también se sufren los efectos de esta situación, y que aunque reconoce los problemas creados por el nuevo sistema, también critica a los propios ciudadanos. «A algunos sólo les falta tirar la basura desde su casa», dice.Tampoco «se les ocurre empujar» para hacer sitio a la bolsa que tienen que llegar, y mucho menos abrir por detrás y encontrar una zona con mucha capacidad, incluso vacía, en ocasiones. En los contenedores antiguos había unas asas para hacerlo. «Algunos dicen que pueden pasar los coches y por eso no lo hacen», dice.Arriba, cartones frente a un contenedor. Debajo, basura en un parque y cajas en la acera Rafael CarmonaEl caso es que la bolsa queda fuera y eso que relata el vecino de Nuevo Poniente es lo que sucede en la Fuensanta. Una de las bolsas queda prendida en la zona inferior del contenedor. Se eleva y después, al bajar cae, y queda debajo. «Allí puede haber un foco para atraer ratas », dice.Es decir: las bolsas que se quedan fuera no tienen manera, por el momento de desaparecer del lugar. Por la Fuensanta está también Manolo Torregrosa, que dice que la situación no es nueva, que se ha prolongado durante «un año o más», pero que también insiste en la responsabilidad de los vecinos.Y por eso habla con otros residentes de la zona y entre todos llegan a una conclusión: «El que quiera ser limpio lo es, y algunos se comportan como sucios». No en vano, a lo largo de la conversación llegan bolsas de basura a pesar de estar fuera del horario.Las calles, eso sí, están algo más limpias y también las aceras, pero no siempre se puede decir lo mismo en todas las calles de Nuevo Poniente . En los alcorques de los árboles ha crecido la vegetación espontánea y la maleza, pero también tienen problemas con los contenedores.Para empezar, hay menos contenedores que en otros lugares. Lo achacan los vecinos al hecho de que cuando el barrio se planificó estaba vigente el plan de recogida neumática de basuras, después desechado por el propio Ayuntamiento.Lo dice Rafael Martínez, vecino de la zona, que explica cómo hay dos contenedores para unos 600 residentes, en la urbanización Panorama, y donde hay además hay varios supermercados, restaurantes y todos los espacios del centro comercial Open Arena. «No es sólo que sean pocos, sino que están mal distribuidos », afirma Rafael Martínez, que igual que habla de la actitud de los ciudadanos, tampoco exime al Ayuntamiento de su responsabilidad. EnseresLa presidenta de los vecinos del barrio, Antonia Nieto , insiste en los mismos problemas y recuerda que en ocasiones hay acumulación de suciedad en los contenedores más próximos a los supermercados, porque se colmatan. No ayuda tampoco la situación con los enseres, con aquellos residuos como restos de muebles, cajones o hasta sillas que quedan fuera y con los que nadie sabe qué hacer. «Los puntos limpios tienen a veces un horario muy limitado», advierte.Llama la atención sobre las sopladoras, que son lo que mueve los residuos que están en la calle y cuestiona su eficacia: «Hacen mucho ruido, pero después vemos que una parte de la suciedad permanece, así que hay que pensar si son de verdad eficaces».Otro factor en la zona son las obras . Lo dice José Almendros, que atiende a ABC mientras disfruta de un desayuno en el amplio bulevar que sirve como eje a la zona meridional de un barrio que se planteó hace veinte años, pero que por la crisis no se pudo desarrollar al ritmo que se esperaba.Y eso es visible, porque los trabajos de construcción y de pintura dejan restos que en muchas ocasiones permanecen en las aceras, o dificultan por sí mismo el trabajo habitual de los operarios de Sadeco. Como recuerda, también hay más vecinos y eso aumenta la presencia de residuos, en lógica proporción. Un simple paseo muestra que en algunas calles incluso hay árboles muertos que todavía no se han retirado.No lejos de allí, en Poniente, también hay restos de colillas, paquetes de tabaco y muestras de actitud incívica por parte de las personas que viven en el barrio o pasan por allí.El barrio de Ciudad Jardín es desde hace décadas uno de los que presenta más problemas de limpieza. La desaparición de una gran parte del comercio y la degradación de una parte de sus calles y bloques ha ido en paralelo a la falta de limpieza.En algunas zonas, como Nuevo Poniente, el problema está en la distribución, que deja a grandes bloques con muy poca dotación de contenedoresLa presidenta de la asociación de vecinos de Ciudad Jardín, Pilar García , tiene en la limpieza una de sus grandes preocupaciones. Está acostumbrada a hablar con Sadeco y cuenta cómo el trabajo en las grandes vías, especialmente la calle Antonio Maura que vertebra todo el barrio, es más frecuente, mientras que en las demás se intenta que sea durante una semana.En muchas calles, como en Infanta Doña María, es frecuente encontrar papeles, latas y restos debajo de los coches, en huecos que rara vez se quedan libres por el poco aparcamiento de la zona. Las calles no están mejor debido al efecto de las basuras.Y en esa misma calle, José Carlos Martín se queja de que, con todos los locales comerciales que ahora están libres y sin actividad, sea precisamente el contenedor que está delante de su cerrajería el que presente un estado más sucio, con muchas bolsas en los alrededores.La descripción no es distinta de lo que sucede en otros barrios: la basura se acumula fuera y crea un mal olor que parece muy difícil de resistir para los profesionales que prestan servicio en una empresa con 23 años de vida. «Últimamente ha ido a peor. Escribo mucho a Sadeco y no me hacen caso», explica, mientras se queja de la situación.Las próximas medidas del Ayuntamiento, con la adquisición de nuevos caminos y los cambios en los contenedores, tienen que ser la solución a problemas que para los vecinos empiezan a ser acuciantes, y que han llevado a la Federación de Consumidores Facua incluso a llevar el asunto al Defensor del Pueblo Andaluz. Acaba de pasar el mediodía y la palabra que más se escucha en el barrio de la Fuensanta es vergüenza . La repiten quienes pasan por la Cuesta de la Pólvora, en la parte que esta más cerca del corazón del barrio, y quienes después descienden hasta la plaza del Pocito por la calle Venerable Juan de Santiago.En las dos vías hay sendos grupos de contenedores que tienen mucha más basura dentro que fuera. Los orificios por donde se introducen las bolsas están colmatados y parecen no tener capacidad para más. Por ese motivo, los demás se han quedado fuera y allí permanecen, en una escena que empieza a ser preocupante para la salud pública.Los dos contenedores de la Cuesta de la Pólvora son de resto y de envases y el olor muestra que las bolsas no contendrían residuos orgánicos , que son los que dan mal olor y pueden ocasionar problemas de salud, pero llaman la atención dos bolsas con comida. Son piezas de pan en blanco, precocidas y preparadas para calentarse en un horno.Noticia relacionada general No No Sadeco recoge más de 300 toneladas de residuos hasta el miércoles de Feria, un 4,7% más que en 2025 ABC CórdobaHay varias decenas, están en el suelo y podrían ser un foco que atrajera a animales en busca de alimento, aunque por el momento parecen intactas. Los vecinos pasan y comentan lo mal que les parece la situación, que es el ejemplo de un problema que ha obligado a actuar al Ayuntamiento de Córdoba.Es el que viene dado por la falta de vehículos de la empresa municipal Saneamientos de Córdoba ( Sadeco ) y también por los problemas generados por el diseño de los nuevos contenedores, que tienen un orificio muy pequeño que provoca que las bolsas puedan bloquearlo.Ante eso ha tenido que intervenir el Ayuntamiento de Córdoba, que ha anunciado cambios en los contenedores de basura para que en el futuro se evite este problema, que por el momento sigue muy patente en las calles.Se ve con más estridencia en la calle Venerable Juan de Santiago, ya a pocos metros del Pocito y del santuario de la Virgen de la Fuensanta. Hay no menos de treinta bolsas de basura alrededor de los contenedores y los vecinos no necesitan que les hagan preguntas para hablar de ello.Los residentes ven el problema de los contenedores, pero muchos critican a sus convecinos por no hacer lo posible para no dejar la basura fuera«Es una vergüenza», dice una mujer que atiende con prisa, porque va camino del trabajo. Cuenta que no es el único lugar del barrio, que lo mismo sucede todas las tardes junto a las piscinas de Santuario, muy concurridas en la época que acaba de comenzar. Y eso atrae a las ratas, que esperan escondidas la noche para buscar comida. «Ya verá el mal olor, con el calor, cuando llegan las cuatro de la tarde», resume.No hay vecino que pase que no hable de los problemas que crea la situación y algunos se hacen la pregunta: «¿Sadeco está de huelga?». Conchi Jiménez atraviesa la zona y dice que ya se repite desde hace semanas y que en los contenedores apenas hay sitio para todo lo que necesita. Dice que es una situación mala para la salud.Al poco aparece por la calle un camión de Sadeco y los vecinos que están en la calle hacen señales para que se detenga a llevarse todo lo que está en la calle. No llegan a increpar, pero sí a pedir que se actúe a la vista de la situación. El vehículo en cuestión vuelva los contenedores de resto, pero deja todos los demás.Uno de los vecinos interviene y señala a las bolsas que no están dentro, sino fuera: «Esto no se puede quitar con un camión de carga lateral, sino con uno de carga trasera. El conductor no se va a bajar». Y así sucede: la situación ha tenido muy poco alivio.Porque uno de los contenedores de resto, precisamente los más difíciles de comprender para los ciudadanos cuando ya han pasado unos años desde que se instalaron en toda la ciudad. Ahí está una de las claves de lo que está sucediendo, y lo han denunciado todos los vecinos en muchos lugares. Los contenedores tienen agujeros con gomas flexibles por los que se introduce la bolsa. Son pequeños y en muchas ocasiones la bolsa queda atrapada o en la parte anterior. Es lo que cuenta Fernando Martínez, vecino del barrio de Nuevo Poniente, donde también se sufren los efectos de esta situación, y que aunque reconoce los problemas creados por el nuevo sistema, también critica a los propios ciudadanos. «A algunos sólo les falta tirar la basura desde su casa», dice.Tampoco «se les ocurre empujar» para hacer sitio a la bolsa que tienen que llegar, y mucho menos abrir por detrás y encontrar una zona con mucha capacidad, incluso vacía, en ocasiones. En los contenedores antiguos había unas asas para hacerlo. «Algunos dicen que pueden pasar los coches y por eso no lo hacen», dice.Arriba, cartones frente a un contenedor. Debajo, basura en un parque y cajas en la acera Rafael CarmonaEl caso es que la bolsa queda fuera y eso que relata el vecino de Nuevo Poniente es lo que sucede en la Fuensanta. Una de las bolsas queda prendida en la zona inferior del contenedor. Se eleva y después, al bajar cae, y queda debajo. «Allí puede haber un foco para atraer ratas », dice.Es decir: las bolsas que se quedan fuera no tienen manera, por el momento de desaparecer del lugar. Por la Fuensanta está también Manolo Torregrosa, que dice que la situación no es nueva, que se ha prolongado durante «un año o más», pero que también insiste en la responsabilidad de los vecinos.Y por eso habla con otros residentes de la zona y entre todos llegan a una conclusión: «El que quiera ser limpio lo es, y algunos se comportan como sucios». No en vano, a lo largo de la conversación llegan bolsas de basura a pesar de estar fuera del horario.Las calles, eso sí, están algo más limpias y también las aceras, pero no siempre se puede decir lo mismo en todas las calles de Nuevo Poniente . En los alcorques de los árboles ha crecido la vegetación espontánea y la maleza, pero también tienen problemas con los contenedores.Para empezar, hay menos contenedores que en otros lugares. Lo achacan los vecinos al hecho de que cuando el barrio se planificó estaba vigente el plan de recogida neumática de basuras, después desechado por el propio Ayuntamiento.Lo dice Rafael Martínez, vecino de la zona, que explica cómo hay dos contenedores para unos 600 residentes, en la urbanización Panorama, y donde hay además hay varios supermercados, restaurantes y todos los espacios del centro comercial Open Arena. «No es sólo que sean pocos, sino que están mal distribuidos », afirma Rafael Martínez, que igual que habla de la actitud de los ciudadanos, tampoco exime al Ayuntamiento de su responsabilidad. EnseresLa presidenta de los vecinos del barrio, Antonia Nieto , insiste en los mismos problemas y recuerda que en ocasiones hay acumulación de suciedad en los contenedores más próximos a los supermercados, porque se colmatan. No ayuda tampoco la situación con los enseres, con aquellos residuos como restos de muebles, cajones o hasta sillas que quedan fuera y con los que nadie sabe qué hacer. «Los puntos limpios tienen a veces un horario muy limitado», advierte.Llama la atención sobre las sopladoras, que son lo que mueve los residuos que están en la calle y cuestiona su eficacia: «Hacen mucho ruido, pero después vemos que una parte de la suciedad permanece, así que hay que pensar si son de verdad eficaces».Otro factor en la zona son las obras . Lo dice José Almendros, que atiende a ABC mientras disfruta de un desayuno en el amplio bulevar que sirve como eje a la zona meridional de un barrio que se planteó hace veinte años, pero que por la crisis no se pudo desarrollar al ritmo que se esperaba.Y eso es visible, porque los trabajos de construcción y de pintura dejan restos que en muchas ocasiones permanecen en las aceras, o dificultan por sí mismo el trabajo habitual de los operarios de Sadeco. Como recuerda, también hay más vecinos y eso aumenta la presencia de residuos, en lógica proporción. Un simple paseo muestra que en algunas calles incluso hay árboles muertos que todavía no se han retirado.No lejos de allí, en Poniente, también hay restos de colillas, paquetes de tabaco y muestras de actitud incívica por parte de las personas que viven en el barrio o pasan por allí.El barrio de Ciudad Jardín es desde hace décadas uno de los que presenta más problemas de limpieza. La desaparición de una gran parte del comercio y la degradación de una parte de sus calles y bloques ha ido en paralelo a la falta de limpieza.En algunas zonas, como Nuevo Poniente, el problema está en la distribución, que deja a grandes bloques con muy poca dotación de contenedoresLa presidenta de la asociación de vecinos de Ciudad Jardín, Pilar García , tiene en la limpieza una de sus grandes preocupaciones. Está acostumbrada a hablar con Sadeco y cuenta cómo el trabajo en las grandes vías, especialmente la calle Antonio Maura que vertebra todo el barrio, es más frecuente, mientras que en las demás se intenta que sea durante una semana.En muchas calles, como en Infanta Doña María, es frecuente encontrar papeles, latas y restos debajo de los coches, en huecos que rara vez se quedan libres por el poco aparcamiento de la zona. Las calles no están mejor debido al efecto de las basuras.Y en esa misma calle, José Carlos Martín se queja de que, con todos los locales comerciales que ahora están libres y sin actividad, sea precisamente el contenedor que está delante de su cerrajería el que presente un estado más sucio, con muchas bolsas en los alrededores.La descripción no es distinta de lo que sucede en otros barrios: la basura se acumula fuera y crea un mal olor que parece muy difícil de resistir para los profesionales que prestan servicio en una empresa con 23 años de vida. «Últimamente ha ido a peor. Escribo mucho a Sadeco y no me hacen caso», explica, mientras se queja de la situación.Las próximas medidas del Ayuntamiento, con la adquisición de nuevos caminos y los cambios en los contenedores, tienen que ser la solución a problemas que para los vecinos empiezan a ser acuciantes, y que han llevado a la Federación de Consumidores Facua incluso a llevar el asunto al Defensor del Pueblo Andaluz.
Acaba de pasar el mediodía y la palabra que más se escucha en el barrio de la Fuensanta es vergüenza. La repiten quienes pasan por la Cuesta de la Pólvora, en la parte que esta más cerca del corazón del barrio, y quienes después … descienden hasta la plaza del Pocito por la calle Venerable Juan de Santiago.
En las dos vías hay sendos grupos de contenedores que tienen mucha más basura dentro que fuera. Los orificios por donde se introducen las bolsas están colmatados y parecen no tener capacidad para más. Por ese motivo, los demás se han quedado fuera y allí permanecen, en una escena que empieza a ser preocupante para la salud pública.
Los dos contenedores de la Cuesta de la Pólvora son de resto y de envases y el olor muestra que las bolsas no contendrían residuos orgánicos, que son los que dan mal olor y pueden ocasionar problemas de salud, pero llaman la atención dos bolsas con comida. Son piezas de pan en blanco, precocidas y preparadas para calentarse en un horno.
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Hay varias decenas, están en el suelo y podrían ser un foco que atrajera a animales en busca de alimento, aunque por el momento parecen intactas. Los vecinos pasan y comentan lo mal que les parece la situación, que es el ejemplo de un problema que ha obligado a actuar al Ayuntamiento de Córdoba.
Es el que viene dado por la falta de vehículos de la empresa municipal Saneamientos de Córdoba (Sadeco) y también por los problemas generados por el diseño de los nuevos contenedores, que tienen un orificio muy pequeño que provoca que las bolsas puedan bloquearlo.
Ante eso ha tenido que intervenir el Ayuntamiento de Córdoba, que ha anunciado cambios en los contenedores de basura para que en el futuro se evite este problema, que por el momento sigue muy patente en las calles.
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Se ve con más estridencia en la calle Venerable Juan de Santiago, ya a pocos metros del Pocito y del santuario de la Virgen de la Fuensanta. Hay no menos de treinta bolsas de basura alrededor de los contenedores y los vecinos no necesitan que les hagan preguntas para hablar de ello.
Los residentes ven el problema de los contenedores, pero muchos critican a sus convecinos por no hacer lo posible para no dejar la basura fuera
«Es una vergüenza», dice una mujer que atiende con prisa, porque va camino del trabajo. Cuenta que no es el único lugar del barrio, que lo mismo sucede todas las tardes junto a las piscinas de Santuario, muy concurridas en la época que acaba de comenzar. Y eso atrae a las ratas, que esperan escondidas la noche para buscar comida. «Ya verá el mal olor, con el calor, cuando llegan las cuatro de la tarde», resume.
No hay vecino que pase que no hable de los problemas que crea la situación y algunos se hacen la pregunta: «¿Sadeco está de huelga?». Conchi Jiménez atraviesa la zona y dice que ya se repite desde hace semanas y que en los contenedores apenas hay sitio para todo lo que necesita. Dice que es una situación mala para la salud.
Al poco aparece por la calle un camión de Sadeco y los vecinos que están en la calle hacen señales para que se detenga a llevarse todo lo que está en la calle. No llegan a increpar, pero sí a pedir que se actúe a la vista de la situación. El vehículo en cuestión vuelva los contenedores de resto, pero deja todos los demás.
Uno de los vecinos interviene y señala a las bolsas que no están dentro, sino fuera: «Esto no se puede quitar con un camión de carga lateral, sino con uno de carga trasera. El conductor no se va a bajar». Y así sucede: la situación ha tenido muy poco alivio.
Porque uno de los contenedores de resto, precisamente los más difíciles de comprender para los ciudadanos cuando ya han pasado unos años desde que se instalaron en toda la ciudad. Ahí está una de las claves de lo que está sucediendo, y lo han denunciado todos los vecinos en muchos lugares.
Los contenedores tienen agujeros con gomas flexibles por los que se introduce la bolsa. Son pequeños y en muchas ocasiones la bolsa queda atrapada o en la parte anterior. Es lo que cuenta Fernando Martínez, vecino del barrio de Nuevo Poniente, donde también se sufren los efectos de esta situación, y que aunque reconoce los problemas creados por el nuevo sistema, también critica a los propios ciudadanos. «A algunos sólo les falta tirar la basura desde su casa», dice.
Tampoco «se les ocurre empujar» para hacer sitio a la bolsa que tienen que llegar, y mucho menos abrir por detrás y encontrar una zona con mucha capacidad, incluso vacía, en ocasiones. En los contenedores antiguos había unas asas para hacerlo. «Algunos dicen que pueden pasar los coches y por eso no lo hacen», dice.
(Rafael Carmona)
El caso es que la bolsa queda fuera y eso que relata el vecino de Nuevo Poniente es lo que sucede en la Fuensanta. Una de las bolsas queda prendida en la zona inferior del contenedor. Se eleva y después, al bajar cae, y queda debajo. «Allí puede haber un foco para atraer ratas», dice.
Es decir: las bolsas que se quedan fuera no tienen manera, por el momento de desaparecer del lugar. Por la Fuensanta está también Manolo Torregrosa, que dice que la situación no es nueva, que se ha prolongado durante «un año o más», pero que también insiste en la responsabilidad de los vecinos.
Y por eso habla con otros residentes de la zona y entre todos llegan a una conclusión: «El que quiera ser limpio lo es, y algunos se comportan como sucios». No en vano, a lo largo de la conversación llegan bolsas de basura a pesar de estar fuera del horario.
Las calles, eso sí, están algo más limpias y también las aceras, pero no siempre se puede decir lo mismo en todas las calles de Nuevo Poniente. En los alcorques de los árboles ha crecido la vegetación espontánea y la maleza, pero también tienen problemas con los contenedores.
Para empezar, hay menos contenedores que en otros lugares. Lo achacan los vecinos al hecho de que cuando el barrio se planificó estaba vigente el plan de recogida neumática de basuras, después desechado por el propio Ayuntamiento.
Lo dice Rafael Martínez, vecino de la zona, que explica cómo hay dos contenedores para unos 600 residentes, en la urbanización Panorama, y donde hay además hay varios supermercados, restaurantes y todos los espacios del centro comercial Open Arena.
«No es sólo que sean pocos, sino que están mal distribuidos», afirma Rafael Martínez, que igual que habla de la actitud de los ciudadanos, tampoco exime al Ayuntamiento de su responsabilidad.
Enseres
La presidenta de los vecinos del barrio, Antonia Nieto, insiste en los mismos problemas y recuerda que en ocasiones hay acumulación de suciedad en los contenedores más próximos a los supermercados, porque se colmatan.
No ayuda tampoco la situación con los enseres, con aquellos residuos como restos de muebles, cajones o hasta sillas que quedan fuera y con los que nadie sabe qué hacer. «Los puntos limpios tienen a veces un horario muy limitado», advierte.
Llama la atención sobre las sopladoras, que son lo que mueve los residuos que están en la calle y cuestiona su eficacia: «Hacen mucho ruido, pero después vemos que una parte de la suciedad permanece, así que hay que pensar si son de verdad eficaces».
Otro factor en la zona son las obras. Lo dice José Almendros, que atiende a ABC mientras disfruta de un desayuno en el amplio bulevar que sirve como eje a la zona meridional de un barrio que se planteó hace veinte años, pero que por la crisis no se pudo desarrollar al ritmo que se esperaba.
Y eso es visible, porque los trabajos de construcción y de pintura dejan restos que en muchas ocasiones permanecen en las aceras, o dificultan por sí mismo el trabajo habitual de los operarios de Sadeco. Como recuerda, también hay más vecinos y eso aumenta la presencia de residuos, en lógica proporción. Un simple paseo muestra que en algunas calles incluso hay árboles muertos que todavía no se han retirado.
No lejos de allí, en Poniente, también hay restos de colillas, paquetes de tabaco y muestras de actitud incívica por parte de las personas que viven en el barrio o pasan por allí.
El barrio de Ciudad Jardín es desde hace décadas uno de los que presenta más problemas de limpieza. La desaparición de una gran parte del comercio y la degradación de una parte de sus calles y bloques ha ido en paralelo a la falta de limpieza.
En algunas zonas, como Nuevo Poniente, el problema está en la distribución, que deja a grandes bloques con muy poca dotación de contenedores
La presidenta de la asociación de vecinos de Ciudad Jardín, Pilar García, tiene en la limpieza una de sus grandes preocupaciones. Está acostumbrada a hablar con Sadeco y cuenta cómo el trabajo en las grandes vías, especialmente la calle Antonio Maura que vertebra todo el barrio, es más frecuente, mientras que en las demás se intenta que sea durante una semana.
En muchas calles, como en Infanta Doña María, es frecuente encontrar papeles, latas y restos debajo de los coches, en huecos que rara vez se quedan libres por el poco aparcamiento de la zona. Las calles no están mejor debido al efecto de las basuras.
Y en esa misma calle, José Carlos Martín se queja de que, con todos los locales comerciales que ahora están libres y sin actividad, sea precisamente el contenedor que está delante de su cerrajería el que presente un estado más sucio, con muchas bolsas en los alrededores.
La descripción no es distinta de lo que sucede en otros barrios: la basura se acumula fuera y crea un mal olor que parece muy difícil de resistir para los profesionales que prestan servicio en una empresa con 23 años de vida. «Últimamente ha ido a peor. Escribo mucho a Sadeco y no me hacen caso», explica, mientras se queja de la situación.
Las próximas medidas del Ayuntamiento, con la adquisición de nuevos caminos y los cambios en los contenedores, tienen que ser la solución a problemas que para los vecinos empiezan a ser acuciantes, y que han llevado a la Federación de Consumidores Facua incluso a llevar el asunto al Defensor del Pueblo Andaluz.
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