En España existen tradicionalmente unos horarios bastante definidos para las principales comidas del día: el desayuno suele hacerse a primeras horas de la mañana, la comida se sitúa habitualmente entre las 14.00 y las 15.30 y la cena suele ser más tardía , alrededor de las 20.30 y las 22.30 aproximadamente.Estos horarios pueden resultar llamativos si se comparan con los de otros países , donde, en muchos casos, la comida principal se realiza antes y la cena comienza a última hora de la tarde, por ejemplo.Estas diferencias responden en buena medida a factores culturales y sociales, como las jornadas laborales, los horarios escolares, las costumbres familiares y la propia organización de la vida cotidiana, por lo que no existe un único horario universalmente correcto para las comidas.Sin embargo, que una costumbre esté extendida no significa necesariamente que sea indiferente para nuestra salud. En el caso de cómo solemos hacerlo en España, cenar muy tarde de forma habitual , especialmente cerca de la hora de acostarse, puede afectar a aspectos como la digestión y el sueño, entre otros factores. Por eso, más que considerar nuestros horarios como buenos o malos en sí mismos, conviene tener en cuenta cuándo se come, cuánto se come, la regularidad de los horarios y cuánto tiempo transcurre entre la cena y el momento de dormir .El experto en longevidad, Marcos Mazzuka, explica por qué no debemos cenar tarde Este tema lo ha tratado el experto en medicina regenerativa y salud integrativa Marcos Mazzuka en una entrevista para el podcast ‘Tengo un plan’ donde habla sobre salud y alimentación.Durante su intervención, el experto en longevidad explica que nuestro cuerpo funciona con «horarios solares o enzimáticos», en los que la producción de ácido clorhídrico y enzimas digestivas sigue tres ventanas horarias naturales a lo largo del día, similar al horario de apertura «de un restaurante». Estos son: de 5.00 a 8.00, de 11.00 a 13.00/13.30, y de 18.00 a 20.00 horas.Centrados en la cena, al tomar esta comida, por ejemplo a las 22.00, ocurre que el tracto digestivo ya ha reducido drásticamente su capacidad enzimática: «Si tú vas fuera de eso que vas a comer a las cuatro de la tarde y vas a cenar a las diez de la noche, la mayor cantidad de esos alimentos van a quedar rezagados en el colon, en el intestino », indicaba. Así, seguía detallando que si no hay enzimas, esos alimentos « se van a pudrir , es decir, va a existir un fenómeno de putrefacción basado en unas bacterias que se llaman clostridium que son los mayores inflamatorios de todo del intestino y del resto de tu cuerpo».Para el Mazzuka, respetar estos horarios biológicos es la intervención más directa para asegurar una « buena digestión de los alimentos […] sin fermentación y sin inflamación», por lo que elegir una hora más temprana para cenar, salvo excepciones por salidas o celebraciones, puede ayudarnos a sentirnos mejor y a evitar ciertos problemas digestivos. En España existen tradicionalmente unos horarios bastante definidos para las principales comidas del día: el desayuno suele hacerse a primeras horas de la mañana, la comida se sitúa habitualmente entre las 14.00 y las 15.30 y la cena suele ser más tardía , alrededor de las 20.30 y las 22.30 aproximadamente.Estos horarios pueden resultar llamativos si se comparan con los de otros países , donde, en muchos casos, la comida principal se realiza antes y la cena comienza a última hora de la tarde, por ejemplo.Estas diferencias responden en buena medida a factores culturales y sociales, como las jornadas laborales, los horarios escolares, las costumbres familiares y la propia organización de la vida cotidiana, por lo que no existe un único horario universalmente correcto para las comidas.Sin embargo, que una costumbre esté extendida no significa necesariamente que sea indiferente para nuestra salud. En el caso de cómo solemos hacerlo en España, cenar muy tarde de forma habitual , especialmente cerca de la hora de acostarse, puede afectar a aspectos como la digestión y el sueño, entre otros factores. Por eso, más que considerar nuestros horarios como buenos o malos en sí mismos, conviene tener en cuenta cuándo se come, cuánto se come, la regularidad de los horarios y cuánto tiempo transcurre entre la cena y el momento de dormir .El experto en longevidad, Marcos Mazzuka, explica por qué no debemos cenar tarde Este tema lo ha tratado el experto en medicina regenerativa y salud integrativa Marcos Mazzuka en una entrevista para el podcast ‘Tengo un plan’ donde habla sobre salud y alimentación.Durante su intervención, el experto en longevidad explica que nuestro cuerpo funciona con «horarios solares o enzimáticos», en los que la producción de ácido clorhídrico y enzimas digestivas sigue tres ventanas horarias naturales a lo largo del día, similar al horario de apertura «de un restaurante». Estos son: de 5.00 a 8.00, de 11.00 a 13.00/13.30, y de 18.00 a 20.00 horas.Centrados en la cena, al tomar esta comida, por ejemplo a las 22.00, ocurre que el tracto digestivo ya ha reducido drásticamente su capacidad enzimática: «Si tú vas fuera de eso que vas a comer a las cuatro de la tarde y vas a cenar a las diez de la noche, la mayor cantidad de esos alimentos van a quedar rezagados en el colon, en el intestino », indicaba. Así, seguía detallando que si no hay enzimas, esos alimentos « se van a pudrir , es decir, va a existir un fenómeno de putrefacción basado en unas bacterias que se llaman clostridium que son los mayores inflamatorios de todo del intestino y del resto de tu cuerpo».Para el Mazzuka, respetar estos horarios biológicos es la intervención más directa para asegurar una « buena digestión de los alimentos […] sin fermentación y sin inflamación», por lo que elegir una hora más temprana para cenar, salvo excepciones por salidas o celebraciones, puede ayudarnos a sentirnos mejor y a evitar ciertos problemas digestivos.

En España existen tradicionalmente unos horarios bastante definidos para las principales comidas del día: el desayuno suele hacerse a primeras horas de la mañana, la comida se sitúa habitualmente entre las 14.00 y las 15.30 y la cena suele ser más tardía, alrededor de las 20.30 y las 22.30 aproximadamente.
Estos horarios pueden resultar llamativos si se comparan con los de otros países, donde, en muchos casos, la comida principal se realiza antes y la cena comienza a última hora de la tarde, por ejemplo.
Estas diferencias responden en buena medida a factores culturales y sociales, como las jornadas laborales, los horarios escolares, las costumbres familiares y la propia organización de la vida cotidiana, por lo que no existe un único horario universalmente correcto para las comidas.
Noticia relacionada
Sin embargo, que una costumbre esté extendida no significa necesariamente que sea indiferente para nuestra salud. En el caso de cómo solemos hacerlo en España, cenar muy tarde de forma habitual, especialmente cerca de la hora de acostarse, puede afectar a aspectos como la digestión y el sueño, entre otros factores.
Por eso, más que considerar nuestros horarios como buenos o malos en sí mismos, conviene tener en cuenta cuándo se come, cuánto se come, la regularidad de los horarios y cuánto tiempo transcurre entre la cena y el momento de dormir.
El experto en longevidad, Marcos Mazzuka, explica por qué no debemos cenar tarde
Este tema lo ha tratado el experto en medicina regenerativa y salud integrativa Marcos Mazzuka en una entrevista para el podcast ‘Tengo un plan’ donde habla sobre salud y alimentación.
Durante su intervención, el experto en longevidad explica que nuestro cuerpo funciona con «horarios solares o enzimáticos», en los que la producción de ácido clorhídrico y enzimas digestivas sigue tres ventanas horarias naturales a lo largo del día, similar al horario de apertura «de un restaurante». Estos son: de 5.00 a 8.00, de 11.00 a 13.00/13.30, y de 18.00 a 20.00 horas.
Centrados en la cena, al tomar esta comida, por ejemplo a las 22.00, ocurre que el tracto digestivo ya ha reducido drásticamente su capacidad enzimática: «Si tú vas fuera de eso que vas a comer a las cuatro de la tarde y vas a cenar a las diez de la noche, la mayor cantidad de esos alimentos van a quedar rezagados en el colon, en el intestino», indicaba.
Así, seguía detallando que si no hay enzimas, esos alimentos «se van a pudrir, es decir, va a existir un fenómeno de putrefacción basado en unas bacterias que se llaman clostridium que son los mayores inflamatorios de todo del intestino y del resto de tu cuerpo».
Para el Mazzuka, respetar estos horarios biológicos es la intervención más directa para asegurar una «buena digestión de los alimentos […] sin fermentación y sin inflamación», por lo que elegir una hora más temprana para cenar, salvo excepciones por salidas o celebraciones, puede ayudarnos a sentirnos mejor y a evitar ciertos problemas digestivos.
RSS de noticias de bienestar

