Los totalitarios, en su ansia por controlar absolutamente todo, llegan a desafiar las leyes de la física y la gravedad. Y en los dibujos animados descubren la elasticidad ilimitada que sueñan para sus policías, sus tanques y sus torturas.
Los totalitarios, en su ansia por controlar absolutamente todo, llegan a desafiar las leyes de la física y la gravedad. Y en los dibujos animados descubren la elasticidad ilimitada que sueñan para sus policías, sus tanques y sus torturas.Seguir leyendo…
Los totalitarios, en su ansia por controlar absolutamente todo, llegan a desafiar las leyes de la física y la gravedad. Y en los dibujos animados descubren la elasticidad ilimitada que sueñan para sus policías, sus tanques y sus torturas.

Alerta con los ratoncitos que se cuelan en la mente de los tiranos.
Cuando las llamas devoraron –hace dos semanas– el Nido del Águila que Hitler construyó en los Alpes bávaros, recordé el menú infantil que ofrecía su restaurante el día en que lo visité: “Pequeño escalope vienés de tierna carne de cerdo, patatas fritas, ketchup y una dulce sorpresa”.
Al Führer no le hubiera apetecido esa oferta para criaturas. No por infantil, sino porque él era vegetariano. Decía que comer carne es como “comer un cadáver”, aunque a veces hacía de caníbal y mordisqueaba a algún difunto , como las salchichas bávaras, para no quedar mal en las comilonas arias.
Quizá no la tierna carne de cerdo con ketchup, pero a Hitler le hubiera encantado el nombre de ese menú infantil en su nido wagneriano, y el careto que lo acompañaba: Mickey Mouse. Era en el año 2008 y el menú costaba 7,9 euros. Lo sé porque me llevé físicamente la carta para, en el futuro, estar seguro de que no lo había soñado.
De hecho, nada nuevo en el Nido del Águila. “Le he regalado al Führer por Navidad 12 películas de Mickey Mouse con un maravilloso álbum de arte. Se ha alegrado mucho. Está totalmente feliz con este tesoro”, escribió Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda del Tercer Reich, el 22 de diciembre de 1937 en su diario personal.
No solo Mickey. De Disney, a Hitler (está documentado) le encantaba Blancanieves y los siete enanitos. Y a Stalin, Los tres cerditos : lo proyectó en el Kremlin en una velada con su hija, su torturador de cabecera –Beria– y el hijo de este. Y ordenó que se creara la misma fantasía pero en plan soviet, de la misma manera que Hitler ordenó crear un Disney en modo nazi. ¿Qué les fascinaba de los dibujos animados?
Como en tantas cosas, la hemeroteca de La Vanguardia nos da pistas. Diez días antes del estallido de la guerra civil española, el crítico de cine de nuestro diario escribía sobre el avance técnico y creativo que Pat Sullivan había logrado con Félix el Gato.
“Sullivan –decía fascinado Francisco Carrasco de la Rubia– descubre un mundo novísimo del que han sido deportados, por cavernícolas, doña Lógica, doña Ley de Gravitación y todos los tiránicos conceptos de penetrabilidad de los cuerpos, elasticidad limitada…”.
“¿Cuántas veces –se preguntaba– hemos visto en las hazañas del ratón Mickey la realización feliz y perfecta de un deseo que largamente atormentó nuestro espíritu, de una aspiración a la que renunciamos por imposible?”.
Es Disney, y en dibujos animados, quien mejor ha explicado nunca cómo los tiranos penetran y doman la mente de las personas: lo hizo en La razón y la emoción , un mítico corto de 1943 con Hitler de protagonista. Y, en la dirección contraria, el ansia por controlar absolutamente todo empuja a los totalitarios a desafiar las leyes físicas, y en los dibujos animados descubren la elasticidad ilimitada que sueñan para sus represiones internas y sus expansiones externas. Se acaban creyendo lo del globo terráqueo de Chaplin haciendo de dictador: con una suave patadita puedes mover el mundo a tu antojo.
Soldados de fantasía contra las fuerzas de la lógica y la gravedad. Putin, por ejemplo, y los dibujos animados que se proyectó en la cabeza convencido de la elasticidad ilimitada de sus tanques para tomar Kyiv en pocos días.
Más fantasías animadas: hace un par de semanas, el presidente finlandés y el primer ministro noruego hablaron por teléfono con Putin para tantear un final a la guerra en Ucrania. La conversación debía durar media hora, pero se prolongó una hora y media. El ruso se pasó la mayor parte de la conversación dando vueltas a la historia medieval de los eslavos con la imaginación de Disney cuando reinventó la durísima biografía de la nativa americana Pocahontas.
Pero siempre hay dibujos animados que bordan la realidad: el coyote Putin intentando, una y otra vez, comerse al correcaminos Zelenski. Como el coyote Trump intentando, una y otra vez, también inútilmente, comerse al correcaminos Jamenei… mec, mec .
No es casualidad que el único analista que predijo la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos fueran unos dibujos animados, en el año 2000: Los Simpson , en el episodio Bart to the future . “Como saben, heredamos un agujero presupuestario bastante grande del presidente Trump”, dice su sucesora, la presidenta Lisa Simpson. Matt Groening, el creador, imaginó a Trump en la Casa Blanca porque era “lo peor que podía pasar”.
Pero ni el padre de Los Simpson llegó a imaginar que, en el último mitin de unas midterms , Trump propondría rebautizar el estanque del Mall de Washington como Estanque Reflectante Donald Trump. O que sus primeras declaraciones tras la derrota –el miércoles– las haría en las obras de construcción del inmenso salón de baile rococó que, contra la fuerza de la gravedad histórica, está levantando pegado a la Casa Blanca. ¿Hay algún edificio estatal en construcción hoy en el mundo que tenga tanto de princesita Disney?
Pero la elasticidad nunca es ilimitada. El punto de ruptura siempre acaba llegando. Thats all, folks, para Trump. Konets para Putin. Y una bala de fusil para el periodista de La Vanguardia fascinado por Félix el Gato.
Francisco Carrasco de la Rubia, reportero anarquista, fue ejecutado en el Camp de la Bota el 13 de mayo de 1939. En la playa de Barcelona, con la extraña luz de la primera alba.
Tenía 34 años y fama de guapo. Un fulminante The End contra toda lógica y toda gravitación.
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