Israel ha votado, y el resultado es el bloqueo: ni la coalición del primer ministro Beniamin Netanyahu ni la oposición sionista liderada por Gadi Eisenkot disponen de una mayoría suficiente para gobernar.
Una nueva ofensiva ofrecería a Netanyahu la posibilidad de prolongar su estancia en el poder
Israel ha votado, y el resultado es el bloqueo: ni la coalición del primer ministro Beniamin Netanyahu ni la oposición sionista liderada por Gadi Eisenkot disponen de una mayoría suficiente para gobernar.
Pero, paradójicamente, este punto muerto puede acelerar los movimientos en otro escenario: Irán.
Consciente de que su victoria en las urnas no le garantiza un nuevo mandato, es muy posible que Netanyahu decida ahora reanudar la guerra contra el régimen de los ayatolás, en un intento desesperado de prolongar su estancia en el poder.
Como han advertido diversos analistas israelíes, la reactivación del conflicto permitiría al líder del Likud presionar a la oposición para que se sume a un gobierno de unidad nacional liderado por él. Eisenkot, que apoyó en su momento la campaña contra Irán, difícilmente podría resistirse a esa demanda.
Nada impide esa posibilidad: el resultado electoral complica la formación rápida de un nuevo gobierno, y hasta que la oposición no presente una alternativa viable, Netanyahu seguirá ocupando el cargo de primer ministro. Lo hará de manera interina, pero conservando poderes sustanciales, como el de autorizar operaciones militares.

De hecho, el dirigente derechista ya intentó lanzar un ataque contra Irán antes de los comicios del pasado martes, con el claro objetivo de influir en el proceso electoral. Según The New York Times , la ofensiva al final no se llevó a cabo por la resistencia del jefe del Estado Mayor del ejército israelí, el general Eyal Zamir.
Ahora, superadas las elecciones, las autoridades militares podrían mostrarse más receptivas a las demandas de Netanyahu. Sobre todo, si el primer ministro consigue arrastrar de nuevo a EE.UU. a la guerra.
En las últimas semanas, Netanyahu ha multiplicado los contactos con Donald Trump para convencerle de la necesidad de retomar el conflicto. Y el presidente estadounidense parece dispuesto a hacerle caso: “Veréis Irán en un par de semanas”, advirtió el martes durante un mitin en Texas.
El punto de inflexión serán las elecciones de medio mandato del próximo 3 de noviembre. Trump no puede mover ficha hasta entonces, porque sabe que la guerra le hace perder votos. Pero, una vez superada la cita con las urnas, se sentirá libre para hacer lo que quiera.
Según The Wall Street Journal, Washington ya ha avisado a los países del Golfo para que se preparen para una “breve, intensa” ofensiva contra Irán tras las elecciones. De acuerdo con la información del rotativo, el Pentágono está trasladando sistemas Patriot desde Texas a Oriente Medio y está evacuando a parte del personal de las bases militares más vulnerables, en previsión de la escalada.
Asimismo, es bien sabido que la Marina estadounidense está reforzando su presencia en el mar Arábigo. En estos momentos cuenta con dos portaaviones desplegados en la región, el USS George H.W. Bush y el USS George Washington , y en unos días se prevé que llegue un tercero, el USS Theodore Roosevelt , que zarpó de San Diego a finales de septiembre acompañado por sus buques escolta y un grupo anfibio de respuesta rápida que transporta una unidad especial de 2.000 marines. En total, la presencia estadounidense en la región podría superar los 60.000 efectivos. Fuerzas más que suficientes para una operación a gran escala.
Nada de esto se le escapa a Irán, que hace tiempo que se prepara para el regreso de las hostilidades. Ayer, su ministro de Exteriores, Abas Araqchi, dijo que cualquier acción militar “instigada por Israel” en el golfo Pérsico tendría un impacto “devastador” en los mercados internacionales. Y no parece que sea un farol: los estudiosos del régimen iraní llevan meses advirtiendo de que Teherán ha pasado de una doctrina militar defensiva a otra ofensiva. Esto es, cualquier amenaza será respondida de forma más agresiva que antes.
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