Detrás de la imagen de José Mourinho sosteniendo un folio fotocopiado a modo de denuncia se esconde la mejor (o peor) definición del actual Real Madrid: el empleo del tiempo para exculparse de la derrota y no para tratar de evitarla. El equipo que dirige el técnico portugués es, después de siete jornadas de Liga disputadas, cuarto en la clasificación por detrás del Betis, que le ganó (1-0), del Atlético, que hizo lo propio (2-1), y del Barça, líder intratable que ya le mira de lejos a seis puntos, aunque se diría que la distancia futbolística es mucho mayor. El discurso oficial, terco, basado en un complot arbitral y sostenido a través del presidente Florentino Pérez, su televisión y ahora el técnico más conspiranoico del mundo, mantiene que los problemas del Madrid son los árbitros.
Histrionismo ‘vintage’ en la sala de prensa y más de lo mismo en el césped; el madridismo se fractura entre defensores y detractores de la teoría de la conspiración arbitral
Detrás de la imagen de José Mourinho sosteniendo un folio fotocopiado a modo de denuncia se esconde la mejor (o peor) definición del actual Real Madrid: el empleo del tiempo para exculparse de la derrota y no para tratar de evitarla. El equipo que dirige el técnico portugués es, después de siete jornadas de Liga disputadas, cuarto en la clasificación por detrás del Betis, que le ganó (1-0), del Atlético, que hizo lo propio (2-1), y del Barça, líder intratable que ya le mira de lejos a seis puntos, aunque se diría que la distancia futbolística es mucho mayor. El discurso oficial, terco, basado en un complot arbitral y sostenido a través del presidente Florentino Pérez, su televisión y ahora el técnico más conspiranoico del mundo, mantiene que los problemas del Madrid son los árbitros.
En el Metropolitano, Mourinho reclamó (de ahí el folio de marras con las dos imágenes) la expulsión de Cuti Romero por una entrada a Bellingham y otra de Kang-in Lee, que realmente merecía la roja sin discusión, sobre Valverde. Nada más de lo sucedido en el partido le llamó la atención al portugués para ser destacado en una rueda de prensa muy preparada (la tesis más plausible es que pidiera a su equipo de scouting una copia de ambas acciones con una impresora portátil) pero con aroma a naftalina, a caricatura de viejo monarca.
La ‘performance’ del técnico tiene su público y cobertura presidencial
Ninguna referencia hubo sobre si pudo jugar mejor el Madrid once contra once o incluso en inferioridad después de la justa expulsión al despistado Huijsen. Tampoco sobre si debió ser Güler el primer sustituido. O de si es normal que Mbappé y Vinícius sigan corriendo poco o nada para efectuar la presión, elemento básico en el fútbol moderno. O de si el mil veces referido socavón futbolístico dejado por la marcha de Kroos y Modric sigue sin resolverse, agravado por el plantón de Rodri, que escogió nada menos al Barça. Le sigue costando un mundo al Madrid trasladar con cariño la pelota de la defensa a la delantera sin los jugadores bisagra adecuados, y eso repercute en todo, incluida la falta de estructura y la ocupación ordenada de espacios con y sin balón. El Madrid suma cinco victorias y dos derrotas, pero tanto en Cornellà como en Elche anotó el gol de la victoria en el descuento por obra de Espí. Podría estar peor.
¿Convence a todo el madridismo la tesis reduccionista que lo explica todo a través de un supuesto contubernio arbitral? La respuesta es que Mourinho y el aparato propagandístico que ya le precedía tienen su público, en especial entre los consumidores de programas televisivos nocturnos que basan su audiencia en el conflicto más que en otras consideraciones más profundas pero menos rentables, pero se detectan movimientos y opiniones cada vez más disconformes.
Pero el madridismo ha dejado de ser compacto y el Barça de Flick castiga
Florentino Pérez no ganó las pasadas elecciones con la contundencia esperada ante un candidato semidesconocido, Enrique Riquelme (65% para el ganador contra un 35% del aspirante), el Bernabéu ha dejado de ser un estadio dócil (son ya dos temporadas sin ganar títulos, el verbo que más interesa conjugar allí) y, por último, los comentaristas más independientes y menos radicalizados señalan el núcleo del problema en síntomas recurrentes que nada tienen que ver con lo que pitan los árbitros. Los vicios del equipo no son nuevos y exculpar de las derrotas a los jugadores les exime de responsabilidad, una posición cómoda para un vestuario resabiado que va viendo desfilar entrenadores sin pestañear.
Valen como ejemplo de esa disidencia tres opiniones nada sospechosas procedentes de tres jugadores que llevaron la camiseta blanca. “El equipo es débil, no hay plan de juego, no hay absolutamente nada”, criticó Claude Makélélé en ESPN. “El cambio tiene que ser profundo. El Real Madrid es un equipo al que contra rivales de cierto nivel le cuesta robar, un mal heredado de los últimos dos años. Tiene problemas para dar continuidad a la presión y, a la hora de construir, hay problemas”, diagnosticó Álvaro Benito en la Cadena Ser. “Hay razones para la queja arbitral, pero también hay un partido de fútbol que hay que analizar. Como Mourinho dice que no se puede analizar el partido, ¿nos callamos? Hay 20 días de parón y Mourinho tiene la posibilidad de seguir hablando de los árbitros o corregir alguno de los problemas que tiene el Real Madrid y que están siendo muy repetidos”, resumió Jorge Valdano en Movistar.
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