La siesta es uno de los momentos del día más esperados por quienes se la pueden permitir, ya que este breve paréntesis a mitad del día les ayuda a relajarse y recargar pilas para acabar la jornada con más energía y mejor humor.Dado que es una práctica muy extendida a nivel global, la ciencia ha estudiado sus efectos en profundidad, llegando a la conclusión de que es buena, siempre que haga adecuadamente.Promotora de esta hipótesis es Nuria Roure, psicóloga especializada en sueño, quien se muestra totalmente partidaria de la siesta, aunque matiza que esta «tiene que tener unas características determinadas para que sea útil, para que sea eficaz».Noticia relacionada No No Juan Antonio Madrid, cronobiólogo: «A partir de 35-40 minutos de siesta, empieza un riesgo de diabetes tipo 2» Ana Beatriz MicóLa siesta perfecta: corta y antes de esta horaLa duración y el horario son las claves, según la psicóloga para que la siesta sea beneficiosa: «Tiene que ser corta, 30 minutos como máximo, que es el tiempo que nosotros tardamos en llegar en un sueño profundo. Y, además, tiene que ser antes de las 16.00 horas, porque así también le dejamos tiempo a que vuelva a fabricar sueño antes de llegar a la noche».Cuando se siguen estas pautas, cumple su función de recargar nuestra energía y hacer que nos acostemos por la noche con menos presión. «Lo que hace es refrescar tu mente. Te ayuda, te da un parón, una desconexión para poder llegar a la noche más descansada y con más facilidad, no con tantas ganas de ‘tengo que dormir, tengo que dormir’».En cambio, no todas las siestas son tan reparadoras. Si dormimos demasiado o muy tarde, como suele ocurrir los fines de semana, sus ventajas se diluyen.«Si un domingo nos ponemos en el sofá y nos dormimos a las 16.00, nos levantamos a las 18.00, eso puede hacer que te despiertes un poco con sensación de resaca total», expone Roure.Las personas con insomnio también pueden dormir la siestaLa experta señala, por tanto, que el problema de no dormir por la noche no está en la siesta en sí, sino en el estado mental en el que nos encontramos cuando nos metemos en la cama. «Cuando no dormimos bien, nuestra mente se acelera más», señala.Esa hiperactividad hace que, aunque el cuerpo esté agotado, la cabeza no permita desconectar. Por eso, las personas con insomnio suelen ser incapaces también de dormirse durante el día: «Por muy cansadas que estén, nunca van a hacer una siesta. Tienen la mente muy activada».Ante esta realidad, el objetivo del programa grupal que lleva a cabo la psicóloga es reducir esta hiperactividad mental para que puedan tener siestas reparadoras y, por ende un buen sueño nocturno, aunque pueda parecer contradictorio.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Pablo Ojeda, nutricionista, indica si se debe beber cerveza si se tiene el colesterol alto noticia Si Álvaro Bilbao, neuropsicólogo: «Si tu hijo llora, no le pidas que deje de hacerlo»«Es algo contraintuitivo porque dices: ‘Una persona que no duerme bien, quítale la siesta porque así dormirá mejor por la noche’. Pero no, porque cuando conseguimos que duerman bien, baja la mente, consiguen hacer siesta durante el día, su mente está más relajada y les es mucho más fácil conciliar el sueño por la noche», sentencia. La siesta es uno de los momentos del día más esperados por quienes se la pueden permitir, ya que este breve paréntesis a mitad del día les ayuda a relajarse y recargar pilas para acabar la jornada con más energía y mejor humor.Dado que es una práctica muy extendida a nivel global, la ciencia ha estudiado sus efectos en profundidad, llegando a la conclusión de que es buena, siempre que haga adecuadamente.Promotora de esta hipótesis es Nuria Roure, psicóloga especializada en sueño, quien se muestra totalmente partidaria de la siesta, aunque matiza que esta «tiene que tener unas características determinadas para que sea útil, para que sea eficaz».Noticia relacionada No No Juan Antonio Madrid, cronobiólogo: «A partir de 35-40 minutos de siesta, empieza un riesgo de diabetes tipo 2» Ana Beatriz MicóLa siesta perfecta: corta y antes de esta horaLa duración y el horario son las claves, según la psicóloga para que la siesta sea beneficiosa: «Tiene que ser corta, 30 minutos como máximo, que es el tiempo que nosotros tardamos en llegar en un sueño profundo. Y, además, tiene que ser antes de las 16.00 horas, porque así también le dejamos tiempo a que vuelva a fabricar sueño antes de llegar a la noche».Cuando se siguen estas pautas, cumple su función de recargar nuestra energía y hacer que nos acostemos por la noche con menos presión. «Lo que hace es refrescar tu mente. Te ayuda, te da un parón, una desconexión para poder llegar a la noche más descansada y con más facilidad, no con tantas ganas de ‘tengo que dormir, tengo que dormir’».En cambio, no todas las siestas son tan reparadoras. Si dormimos demasiado o muy tarde, como suele ocurrir los fines de semana, sus ventajas se diluyen.«Si un domingo nos ponemos en el sofá y nos dormimos a las 16.00, nos levantamos a las 18.00, eso puede hacer que te despiertes un poco con sensación de resaca total», expone Roure.Las personas con insomnio también pueden dormir la siestaLa experta señala, por tanto, que el problema de no dormir por la noche no está en la siesta en sí, sino en el estado mental en el que nos encontramos cuando nos metemos en la cama. «Cuando no dormimos bien, nuestra mente se acelera más», señala.Esa hiperactividad hace que, aunque el cuerpo esté agotado, la cabeza no permita desconectar. Por eso, las personas con insomnio suelen ser incapaces también de dormirse durante el día: «Por muy cansadas que estén, nunca van a hacer una siesta. Tienen la mente muy activada».Ante esta realidad, el objetivo del programa grupal que lleva a cabo la psicóloga es reducir esta hiperactividad mental para que puedan tener siestas reparadoras y, por ende un buen sueño nocturno, aunque pueda parecer contradictorio.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Pablo Ojeda, nutricionista, indica si se debe beber cerveza si se tiene el colesterol alto noticia Si Álvaro Bilbao, neuropsicólogo: «Si tu hijo llora, no le pidas que deje de hacerlo»«Es algo contraintuitivo porque dices: ‘Una persona que no duerme bien, quítale la siesta porque así dormirá mejor por la noche’. Pero no, porque cuando conseguimos que duerman bien, baja la mente, consiguen hacer siesta durante el día, su mente está más relajada y les es mucho más fácil conciliar el sueño por la noche», sentencia.
La siesta es uno de los momentos del día más esperados por quienes se la pueden permitir, ya que este breve paréntesis a mitad del día les ayuda a relajarse y recargar pilas para acabar la jornada con más energía y mejor humor.
Dado que … es una práctica muy extendida a nivel global, la ciencia ha estudiado sus efectos en profundidad, llegando a la conclusión de que es buena, siempre que haga adecuadamente.
Promotora de esta hipótesis es Nuria Roure, psicóloga especializada en sueño, quien se muestra totalmente partidaria de la siesta, aunque matiza que esta «tiene que tener unas características determinadas para que sea útil, para que sea eficaz».
La siesta perfecta: corta y antes de esta hora
La duración y el horario son las claves, según la psicóloga para que la siesta sea beneficiosa: «Tiene que ser corta, 30 minutos como máximo, que es el tiempo que nosotros tardamos en llegar en un sueño profundo. Y, además, tiene que ser antes de las 16.00 horas, porque así también le dejamos tiempo a que vuelva a fabricar sueño antes de llegar a la noche».
Cuando se siguen estas pautas, cumple su función de recargar nuestra energía y hacer que nos acostemos por la noche con menos presión.
«Lo que hace es refrescar tu mente. Te ayuda, te da un parón, una desconexión para poder llegar a la noche más descansada y con más facilidad, no con tantas ganas de ‘tengo que dormir, tengo que dormir’».
En cambio, no todas las siestas son tan reparadoras. Si dormimos demasiado o muy tarde, como suele ocurrir los fines de semana, sus ventajas se diluyen.
«Si un domingo nos ponemos en el sofá y nos dormimos a las 16.00, nos levantamos a las 18.00, eso puede hacer que te despiertes un poco con sensación de resaca total», expone Roure.
Las personas con insomnio también pueden dormir la siesta
La experta señala, por tanto, que el problema de no dormir por la noche no está en la siesta en sí, sino en el estado mental en el que nos encontramos cuando nos metemos en la cama. «Cuando no dormimos bien, nuestra mente se acelera más», señala.
Esa hiperactividad hace que, aunque el cuerpo esté agotado, la cabeza no permita desconectar. Por eso, las personas con insomnio suelen ser incapaces también de dormirse durante el día: «Por muy cansadas que estén, nunca van a hacer una siesta. Tienen la mente muy activada».
Ante esta realidad, el objetivo del programa grupal que lleva a cabo la psicóloga es reducir esta hiperactividad mental para que puedan tener siestas reparadoras y, por ende un buen sueño nocturno, aunque pueda parecer contradictorio.
«Es algo contraintuitivo porque dices: ‘Una persona que no duerme bien, quítale la siesta porque así dormirá mejor por la noche’. Pero no, porque cuando conseguimos que duerman bien, baja la mente, consiguen hacer siesta durante el día, su mente está más relajada y les es mucho más fácil conciliar el sueño por la noche», sentencia.
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