Castilla y León es una auténtica potencia en producción agroalimentaria. Nuestra región es un referente por el volumen producido pero también por la calidad de unos productos reconocidos dentro y fuera de nuestras fronteras. La marca ‘Tierra de sabor’ supo conjugar todo lo anterior y convertirse en un eslogan que ha permitido durante años identificar buena parte de lo bueno que se hace en estas tierras. Nuestros agricultores y ganaderos continúan siendo los mismos pero desde esta semana disponen de una nueva herramienta para que todo eso que saben hacer de forma excelente les permita aumentar su volumen de negocio a través de la venta directa. El proyecto ya es una realidad y se llama ‘Origen: Aquí’. Una marca auspiciada por la Junta de Castilla y León que permitirá a los productores vender directamente en su entorno o a través, como máximo, de un intermediario en forma de establecimiento hostelero o tienda en la zona de referencia. Muchos podrán pensar que el nuevo marchamo será simplemente una marca más, pero la iniciativa habrá de servir para muchas cosas. La primera de ellas será ofrecer un nuevo espacio para la diversificación de la actividad de agricultores y ganaderos. Es cierto que nuestras tierras y nuestras granjas producen lo mejor de lo mejor pero nadie puede olvidar que en una economía globalizada como la actual, la posibilidad de diversificar la actividad empresarial es sustancial. Heredera directa de esta realidad es la de la generación de empleo en el propio entorno de las explotaciones. Este presunto plan de negocio se encuentra de inmediato con el drama de la falta de mano de obra en el medio rural para atender, precisamente, a esos productores que ahora aspiran a comercializar sus productos. Es cierto, la falta de mano de obra es un problema, pero si en un pueblo se logra una oferta diversa de puestos de trabajo las posibilidades de fijación de población aumentan de forma exponencial. Nuestros agricultores y ganaderos no van a vivir de lo que vendan en la puerta de su explotación, ni del restaurante de la cabecera de comarca donde les compren sus productos, pero lograr un enfoque diferente en lo empresarial nos permitirá actualizarnos mucho más allá de lo meramente económico. Ninguno de esos ganaderos o agricultores merecerán que les castiguemos con el adjetivo de «emprendedores» pero se garantizarán que su actividad económica deje de verse como algo arcaico para instalarse en el concepto actual de negocio sin reparar en si es urbano o rural. El distintivo ‘Origen: Aquí’ no va a cambiar la calidad de los productos, pero si va a permitir que los consumidores puedan ser consecuentes en sus hábitos de compra. Las redes sociales, las conversaciones de padres a las puertas de los colegios y hasta las campañas electorales se llenan últimamente de gentes que ponen el grito en el cielo por los riesgos para la salud de aquello que comen nuestros hijos. No son pocos los que, además, claman por la contaminación y lo que supone para el cambio climático los combustibles fósiles. Negacionistas aparte, no hace falta ser muy sagaz para darse cuenta de que traer un kilo de fruta del otro lado del mundo no puede ser ni muy barato, ni muy sano. Frente a la retahíla de soflamas progres y frustraciones ultras, ahora tendremos la oportunidad de comprar lo que produce la gente de aquí y con calidades sólo equiparables a las que disfrutábamos en las siempre tan añoradas casas de las abuelas. Cuando llegue la hora de pagar, en muchas ocasiones, nos daremos cuenta de que sin tantos intermediarios la cosa se abarata bastante y aunque eso no ocurra, siempre podremos leer la lista de ingredientes y en los céntimos que aparecen después del euro del precio descubrir dónde queremos que vayan a parar nuestros exiguos sueldos y si merece la pena pagar más o pagar menos por lo que comemos. Castilla y León es una auténtica potencia en producción agroalimentaria. Nuestra región es un referente por el volumen producido pero también por la calidad de unos productos reconocidos dentro y fuera de nuestras fronteras. La marca ‘Tierra de sabor’ supo conjugar todo lo anterior y convertirse en un eslogan que ha permitido durante años identificar buena parte de lo bueno que se hace en estas tierras. Nuestros agricultores y ganaderos continúan siendo los mismos pero desde esta semana disponen de una nueva herramienta para que todo eso que saben hacer de forma excelente les permita aumentar su volumen de negocio a través de la venta directa. El proyecto ya es una realidad y se llama ‘Origen: Aquí’. Una marca auspiciada por la Junta de Castilla y León que permitirá a los productores vender directamente en su entorno o a través, como máximo, de un intermediario en forma de establecimiento hostelero o tienda en la zona de referencia. Muchos podrán pensar que el nuevo marchamo será simplemente una marca más, pero la iniciativa habrá de servir para muchas cosas. La primera de ellas será ofrecer un nuevo espacio para la diversificación de la actividad de agricultores y ganaderos. Es cierto que nuestras tierras y nuestras granjas producen lo mejor de lo mejor pero nadie puede olvidar que en una economía globalizada como la actual, la posibilidad de diversificar la actividad empresarial es sustancial. Heredera directa de esta realidad es la de la generación de empleo en el propio entorno de las explotaciones. Este presunto plan de negocio se encuentra de inmediato con el drama de la falta de mano de obra en el medio rural para atender, precisamente, a esos productores que ahora aspiran a comercializar sus productos. Es cierto, la falta de mano de obra es un problema, pero si en un pueblo se logra una oferta diversa de puestos de trabajo las posibilidades de fijación de población aumentan de forma exponencial. Nuestros agricultores y ganaderos no van a vivir de lo que vendan en la puerta de su explotación, ni del restaurante de la cabecera de comarca donde les compren sus productos, pero lograr un enfoque diferente en lo empresarial nos permitirá actualizarnos mucho más allá de lo meramente económico. Ninguno de esos ganaderos o agricultores merecerán que les castiguemos con el adjetivo de «emprendedores» pero se garantizarán que su actividad económica deje de verse como algo arcaico para instalarse en el concepto actual de negocio sin reparar en si es urbano o rural. El distintivo ‘Origen: Aquí’ no va a cambiar la calidad de los productos, pero si va a permitir que los consumidores puedan ser consecuentes en sus hábitos de compra. Las redes sociales, las conversaciones de padres a las puertas de los colegios y hasta las campañas electorales se llenan últimamente de gentes que ponen el grito en el cielo por los riesgos para la salud de aquello que comen nuestros hijos. No son pocos los que, además, claman por la contaminación y lo que supone para el cambio climático los combustibles fósiles. Negacionistas aparte, no hace falta ser muy sagaz para darse cuenta de que traer un kilo de fruta del otro lado del mundo no puede ser ni muy barato, ni muy sano. Frente a la retahíla de soflamas progres y frustraciones ultras, ahora tendremos la oportunidad de comprar lo que produce la gente de aquí y con calidades sólo equiparables a las que disfrutábamos en las siempre tan añoradas casas de las abuelas. Cuando llegue la hora de pagar, en muchas ocasiones, nos daremos cuenta de que sin tantos intermediarios la cosa se abarata bastante y aunque eso no ocurra, siempre podremos leer la lista de ingredientes y en los céntimos que aparecen después del euro del precio descubrir dónde queremos que vayan a parar nuestros exiguos sueldos y si merece la pena pagar más o pagar menos por lo que comemos.
Castilla y León es una auténtica potencia en producción agroalimentaria. Nuestra región es un referente por el volumen producido pero también por la calidad de unos productos reconocidos dentro y fuera de nuestras fronteras. La marca ‘Tierra de sabor’ supo conjugar todo lo anterior y … convertirse en un eslogan que ha permitido durante años identificar buena parte de lo bueno que se hace en estas tierras. Nuestros agricultores y ganaderos continúan siendo los mismos pero desde esta semana disponen de una nueva herramienta para que todo eso que saben hacer de forma excelente les permita aumentar su volumen de negocio a través de la venta directa. El proyecto ya es una realidad y se llama ‘Origen: Aquí’. Una marca auspiciada por la Junta de Castilla y León que permitirá a los productores vender directamente en su entorno o a través, como máximo, de un intermediario en forma de establecimiento hostelero o tienda en la zona de referencia.
Muchos podrán pensar que el nuevo marchamo será simplemente una marca más, pero la iniciativa habrá de servir para muchas cosas. La primera de ellas será ofrecer un nuevo espacio para la diversificación de la actividad de agricultores y ganaderos. Es cierto que nuestras tierras y nuestras granjas producen lo mejor de lo mejor pero nadie puede olvidar que en una economía globalizada como la actual, la posibilidad de diversificar la actividad empresarial es sustancial. Heredera directa de esta realidad es la de la generación de empleo en el propio entorno de las explotaciones. Este presunto plan de negocio se encuentra de inmediato con el drama de la falta de mano de obra en el medio rural para atender, precisamente, a esos productores que ahora aspiran a comercializar sus productos. Es cierto, la falta de mano de obra es un problema, pero si en un pueblo se logra una oferta diversa de puestos de trabajo las posibilidades de fijación de población aumentan de forma exponencial.
Nuestros agricultores y ganaderos no van a vivir de lo que vendan en la puerta de su explotación, ni del restaurante de la cabecera de comarca donde les compren sus productos, pero lograr un enfoque diferente en lo empresarial nos permitirá actualizarnos mucho más allá de lo meramente económico. Ninguno de esos ganaderos o agricultores merecerán que les castiguemos con el adjetivo de «emprendedores» pero se garantizarán que su actividad económica deje de verse como algo arcaico para instalarse en el concepto actual de negocio sin reparar en si es urbano o rural.
El distintivo ‘Origen: Aquí’ no va a cambiar la calidad de los productos, pero si va a permitir que los consumidores puedan ser consecuentes en sus hábitos de compra. Las redes sociales, las conversaciones de padres a las puertas de los colegios y hasta las campañas electorales se llenan últimamente de gentes que ponen el grito en el cielo por los riesgos para la salud de aquello que comen nuestros hijos. No son pocos los que, además, claman por la contaminación y lo que supone para el cambio climático los combustibles fósiles. Negacionistas aparte, no hace falta ser muy sagaz para darse cuenta de que traer un kilo de fruta del otro lado del mundo no puede ser ni muy barato, ni muy sano.
Frente a la retahíla de soflamas progres y frustraciones ultras, ahora tendremos la oportunidad de comprar lo que produce la gente de aquí y con calidades sólo equiparables a las que disfrutábamos en las siempre tan añoradas casas de las abuelas. Cuando llegue la hora de pagar, en muchas ocasiones, nos daremos cuenta de que sin tantos intermediarios la cosa se abarata bastante y aunque eso no ocurra, siempre podremos leer la lista de ingredientes y en los céntimos que aparecen después del euro del precio descubrir dónde queremos que vayan a parar nuestros exiguos sueldos y si merece la pena pagar más o pagar menos por lo que comemos.
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