El supuesto caso de peste pulmonar en un laboratorio de Irkutsk, en Siberia, sigue rodeado de incógnitas. Mientras las autoridades rusas sostienen que la investigadora Daria Shipilova murió de una neumonía «de origen desconocido» y aseguran que en las muestras analizadas no se han encontrado microorganismos relacionados con su actividad profesional, dos expertos estadounidenses en epidemiología y bioseguridad han puesto el foco en las circunstancias que rodean la respuesta, a su entender desmesurada, desplegada por Rusia.La disparidad entre la versión oficial y la magnitud de la respuesta es precisamente lo que ha llamado la atención de dos especialistas estadounidenses en enfermedades infecciosas y bioseguridad, aunque desde posiciones diferentes.El investigador del MIT Kevin Esvelt ha cuestionado específicamente las medidas adoptadas en Irkutsk. A su juicio, la combinación de la cuarentena de cinco hospitales, la participación del FSB y el supuesto empleo de equipos Hazmat tras la muerte de una sola investigadora no encaja fácilmente con el escenario de una infección convencional de peste adquirida en un laboratorio. En un apunte en X consultado por ABC Esvelt parte de una consideración básica: una exposición a ‘Yersinia pestis’ puede abordarse mediante profilaxis antibiótica de los contactos potencialmente expuestos. Por ello, considera difícil de explicar que se haya recurrido a una respuesta de semejante escala si las autoridades hubieran identificado simplemente una infección accidental por peste.El investigador plantea además una pregunta clave: si Rusia hubiera identificado el patógeno, ¿por qué no se ha hecho pública su secuenciación? En su interpretación, la combinación de aislamiento físico y medidas extraordinarias podría ser compatible con un agente que no respondiera a la profilaxis habitual o, sencillamente, con una enfermedad distinta de la peste. En sus comentarios desliza que puede tratarse de un patógeno diseñado. «El confinamiento físico indica que no puede controlarse con antibióticos profilácticos, lo que implica una panresistencia diseñada genéticamente o que no se trata de peste en absoluto», asegura.¿Por qué no se ha hecho pública su secuenciación?Esvelt sostiene que estas medidas apuntan a algo más difícil de controlar que una peste convencional. «Nada de esto significa que el patógeno de Irkutsk vaya a provocar una pandemia»,puntializa. «Pero la respuesta indica claramente que Rusia cree que existe la posibilidad de una epidemia y que el agente responsable probablemente sea un arma pandémica o algo que resulte de algún otro modo embarazoso para el Gobierno», añade el científico.Rusia mantiene que Shipilova murió de una neumonía «de etiología desconocida y Rospotrebnadzor ha asegurado que las muestras analizadas no contenían microorganismos relacionados con su actividad profesional.Más prudente es la lectura de Saskia Popescu , epidemióloga estadounidense especializada en enfermedades infecciosas, bioseguridad y preparación hospitalaria ante amenazas biológicas. Su primera advertencia es precisamente que existen «muchas incógnitas», incluida la más elemental: si realmente se trata de peste.Fallos en el protocolo de seguridadPopescu, que actualmente dirige la Global Health Security Network , recuerda que las medidas de aislamiento hospitalario tampoco constituyen por sí solas una prueba de que se haya producido un brote de peste neumónica. ¿Una persona enferma puede acudir a un hospital sin conocer todavía el origen de su enfermedad y exponer a profesionales sanitarios o a otros pacientes?, se pregunta. Además, advierte de que el término «cuarentena» se utiliza a veces de manera genérica para describir distintas actuaciones de respuesta, como el rastreo de contactos o la administración de profilaxis.La especialista introduce así un elemento de cautela frente a las interpretaciones más alarmistas. La peste neumónica es una enfermedad potencialmente mortal, pero es tratable con antibióticos, especialmente cuando se identifica de forma temprana. Por tanto, el aislamiento y la vigilancia de contactos son compatibles con una respuesta sanitaria ordinaria ante una sospecha de peste y no demuestran que el agente sea resistente o extraordinariamente peligroso.Donde Popescu sí sitúa el foco es en la bioseguridad del laboratorio. Si finalmente se demostrara que Shipilova contrajo una infección relacionada con su trabajo, considera esencial esclarecer cómo se produjo la exposición y si existió algún fallo en los protocolos de seguridad del centro. El supuesto caso de peste pulmonar en un laboratorio de Irkutsk, en Siberia, sigue rodeado de incógnitas. Mientras las autoridades rusas sostienen que la investigadora Daria Shipilova murió de una neumonía «de origen desconocido» y aseguran que en las muestras analizadas no se han encontrado microorganismos relacionados con su actividad profesional, dos expertos estadounidenses en epidemiología y bioseguridad han puesto el foco en las circunstancias que rodean la respuesta, a su entender desmesurada, desplegada por Rusia.La disparidad entre la versión oficial y la magnitud de la respuesta es precisamente lo que ha llamado la atención de dos especialistas estadounidenses en enfermedades infecciosas y bioseguridad, aunque desde posiciones diferentes.El investigador del MIT Kevin Esvelt ha cuestionado específicamente las medidas adoptadas en Irkutsk. A su juicio, la combinación de la cuarentena de cinco hospitales, la participación del FSB y el supuesto empleo de equipos Hazmat tras la muerte de una sola investigadora no encaja fácilmente con el escenario de una infección convencional de peste adquirida en un laboratorio. En un apunte en X consultado por ABC Esvelt parte de una consideración básica: una exposición a ‘Yersinia pestis’ puede abordarse mediante profilaxis antibiótica de los contactos potencialmente expuestos. Por ello, considera difícil de explicar que se haya recurrido a una respuesta de semejante escala si las autoridades hubieran identificado simplemente una infección accidental por peste.El investigador plantea además una pregunta clave: si Rusia hubiera identificado el patógeno, ¿por qué no se ha hecho pública su secuenciación? En su interpretación, la combinación de aislamiento físico y medidas extraordinarias podría ser compatible con un agente que no respondiera a la profilaxis habitual o, sencillamente, con una enfermedad distinta de la peste. En sus comentarios desliza que puede tratarse de un patógeno diseñado. «El confinamiento físico indica que no puede controlarse con antibióticos profilácticos, lo que implica una panresistencia diseñada genéticamente o que no se trata de peste en absoluto», asegura.¿Por qué no se ha hecho pública su secuenciación?Esvelt sostiene que estas medidas apuntan a algo más difícil de controlar que una peste convencional. «Nada de esto significa que el patógeno de Irkutsk vaya a provocar una pandemia»,puntializa. «Pero la respuesta indica claramente que Rusia cree que existe la posibilidad de una epidemia y que el agente responsable probablemente sea un arma pandémica o algo que resulte de algún otro modo embarazoso para el Gobierno», añade el científico.Rusia mantiene que Shipilova murió de una neumonía «de etiología desconocida y Rospotrebnadzor ha asegurado que las muestras analizadas no contenían microorganismos relacionados con su actividad profesional.Más prudente es la lectura de Saskia Popescu , epidemióloga estadounidense especializada en enfermedades infecciosas, bioseguridad y preparación hospitalaria ante amenazas biológicas. Su primera advertencia es precisamente que existen «muchas incógnitas», incluida la más elemental: si realmente se trata de peste.Fallos en el protocolo de seguridadPopescu, que actualmente dirige la Global Health Security Network , recuerda que las medidas de aislamiento hospitalario tampoco constituyen por sí solas una prueba de que se haya producido un brote de peste neumónica. ¿Una persona enferma puede acudir a un hospital sin conocer todavía el origen de su enfermedad y exponer a profesionales sanitarios o a otros pacientes?, se pregunta. Además, advierte de que el término «cuarentena» se utiliza a veces de manera genérica para describir distintas actuaciones de respuesta, como el rastreo de contactos o la administración de profilaxis.La especialista introduce así un elemento de cautela frente a las interpretaciones más alarmistas. La peste neumónica es una enfermedad potencialmente mortal, pero es tratable con antibióticos, especialmente cuando se identifica de forma temprana. Por tanto, el aislamiento y la vigilancia de contactos son compatibles con una respuesta sanitaria ordinaria ante una sospecha de peste y no demuestran que el agente sea resistente o extraordinariamente peligroso.Donde Popescu sí sitúa el foco es en la bioseguridad del laboratorio. Si finalmente se demostrara que Shipilova contrajo una infección relacionada con su trabajo, considera esencial esclarecer cómo se produjo la exposición y si existió algún fallo en los protocolos de seguridad del centro.
El supuesto caso de peste pulmonar en un laboratorio de Irkutsk, en Siberia, sigue rodeado de incógnitas. Mientras las autoridades rusas sostienen que la investigadora Daria Shipilova murió de una neumonía «de origen desconocido» y aseguran que en las muestras analizadas no se … han encontrado microorganismos relacionados con su actividad profesional, dos expertos estadounidenses en epidemiología y bioseguridad han puesto el foco en las circunstancias que rodean la respuesta, a su entender desmesurada, desplegada por Rusia.
La disparidad entre la versión oficial y la magnitud de la respuesta es precisamente lo que ha llamado la atención de dos especialistas estadounidenses en enfermedades infecciosas y bioseguridad, aunque desde posiciones diferentes.
El investigador del MIT Kevin Esvelt ha cuestionado específicamente las medidas adoptadas en Irkutsk. A su juicio, la combinación de la cuarentena de cinco hospitales, la participación del FSB y el supuesto empleo de equipos Hazmat tras la muerte de una sola investigadora no encaja fácilmente con el escenario de una infección convencional de peste adquirida en un laboratorio.
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En un apunte en X consultado por ABC Esvelt parte de una consideración básica: una exposición a ‘Yersinia pestis’ puede abordarse mediante profilaxis antibiótica de los contactos potencialmente expuestos. Por ello, considera difícil de explicar que se haya recurrido a una respuesta de semejante escala si las autoridades hubieran identificado simplemente una infección accidental por peste.
El investigador plantea además una pregunta clave: si Rusia hubiera identificado el patógeno, ¿por qué no se ha hecho pública su secuenciación? En su interpretación, la combinación de aislamiento físico y medidas extraordinarias podría ser compatible con un agente que no respondiera a la profilaxis habitual o, sencillamente, con una enfermedad distinta de la peste. En sus comentarios desliza que puede tratarse de un patógeno diseñado. «El confinamiento físico indica que no puede controlarse con antibióticos profilácticos, lo que implica una panresistencia diseñada genéticamente o que no se trata de peste en absoluto», asegura.
¿Por qué no se ha hecho pública su secuenciación?
Esvelt sostiene que estas medidas apuntan a algo más difícil de controlar que una peste convencional. «Nada de esto significa que el patógeno de Irkutsk vaya a provocar una pandemia»,puntializa. «Pero la respuesta indica claramente que Rusia cree que existe la posibilidad de una epidemia y que el agente responsable probablemente sea un arma pandémica o algo que resulte de algún otro modo embarazoso para el Gobierno», añade el científico.
Rusia mantiene que Shipilova murió de una neumonía «de etiología desconocida y Rospotrebnadzor ha asegurado que las muestras analizadas no contenían microorganismos relacionados con su actividad profesional.
Más prudente es la lectura de Saskia Popescu, epidemióloga estadounidense especializada en enfermedades infecciosas, bioseguridad y preparación hospitalaria ante amenazas biológicas. Su primera advertencia es precisamente que existen «muchas incógnitas», incluida la más elemental: si realmente se trata de peste.
Fallos en el protocolo de seguridad
Popescu, que actualmente dirige la Global Health Security Network, recuerda que las medidas de aislamiento hospitalario tampoco constituyen por sí solas una prueba de que se haya producido un brote de peste neumónica. ¿Una persona enferma puede acudir a un hospital sin conocer todavía el origen de su enfermedad y exponer a profesionales sanitarios o a otros pacientes?, se pregunta. Además, advierte de que el término «cuarentena» se utiliza a veces de manera genérica para describir distintas actuaciones de respuesta, como el rastreo de contactos o la administración de profilaxis.
La especialista introduce así un elemento de cautela frente a las interpretaciones más alarmistas. La peste neumónica es una enfermedad potencialmente mortal, pero es tratable con antibióticos, especialmente cuando se identifica de forma temprana. Por tanto, el aislamiento y la vigilancia de contactos son compatibles con una respuesta sanitaria ordinaria ante una sospecha de peste y no demuestran que el agente sea resistente o extraordinariamente peligroso.
Donde Popescu sí sitúa el foco es en la bioseguridad del laboratorio. Si finalmente se demostrara que Shipilova contrajo una infección relacionada con su trabajo, considera esencial esclarecer cómo se produjo la exposición y si existió algún fallo en los protocolos de seguridad del centro.
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