Cada día que pasa, parece más evidente que Donald Trump está dispuesto a dejar caer a Ucrania.
El presidente ruso dice estar dispuesto a reactivar las conversaciones con Kyiv, pero evita hablar de alto el fuego
Cada día que pasa, parece más evidente que Donald Trump está dispuesto a dejar caer a Ucrania.
“Le hemos dado mucho. Ellos no nos han dado nada”, se quejaba el lunes. “Ucrania tiene que querer llegar a un acuerdo porque EE.UU. ha gastado una fortuna, Europa ha gastado una fortuna. Si no llegan a un acuerdo, al final la situación solo empeorará”, lamentaba el martes.
El desapego que el presidente estadounidense siente por Kyiv no es nuevo –basta recordar la encerrona del año pasado en el despacho oval–, pero ahora se ha intensificado por la exigencia de la Casa Blanca de poner fin a los ataques sobre las refinerías rusas, los cuales Trump, muy preocupado por las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre, considera perjudiciales para la economía de su país.
Volodímir Zelenski ha desoído esta petición ante la evidencia de que Moscú no va a detener su ofensiva contra las infraestructuras energéticas, y eso ha dado pie a una brutal campaña de presión por parte de Washington: en la última semana, el Pentágono ha empezado a restringir el intercambio de inteligencia, los satélites de Starlink han dejado de funcionar a pleno rendimiento en territorio ucraniano y han circulado informaciones de que la entrega de interceptores Patriot se ha congelado.
Este maltrato contrasta con la buena sintonía que Trump exhibe con Vladímir Putin. El republicano hace continuas concesiones al que debería ser su enemigo: ha aceptado volver a comprar diésel ruso, ha levantado un paquete de sanciones impuesto a Moscú y está privilegiando el diálogo directo con el Kremlin.
Este miércoles, un día después de haberse reunido con Zelenski en Oslo, Steve Witkoff, el tiburón inmobiliario al que Trump confía las relaciones con Rusia, viajó a San Petersburgo para verse con Putin. El líder ruso le esperaba con un regalo: la liberación del estadounidense Stephen Hubbard, un profesor jubilado que llevaba en prisión desde el 2022, acusado de actuar como mercenario en las filas ucranianas. Witkoff se mostró muy agradecido por la excarcelación, demandada desde hace tiempo por Washington, y aseguró que el gesto demostraba el carácter “humanitario” del autócrata ruso.
Con sus alabanzas, el enviado de Trump buscaba engrasar un encuentro que tenía que servir para dar un impulso a las negociaciones para poner fin a la guerra. Según el Kremlin, el cese de hostilidades es “teóricamente posible” –palabras de su portavoz, Dimitri Peskov–, pero de la teoría a la práctica hay un trecho.
Hoy Putin le dijo a Witkoff que en principio estaría dispuesto a reactivar “en torno al 10 de noviembre” las conversaciones con Ucrania mediadas por EE.UU., paralizadas desde el pasado febrero. La idea, dijo el mandatario, sería centrarse en “el asunto más importante: la creación de un sistema de seguridad para Rusia y Ucrania al término del conflicto”.
Pero, al mismo tiempo, Putin abrió la puerta a una reunión trilateral con Trump y el presidente de China, Xi Jinping, en el marco del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, que se celebrará el 18 y 19 de noviembre en la ciudad de Shenzhen. Un encuentro que podría acabar sirviendo para discutir el futuro de Ucrania sin Ucrania en la mesa.
Propuestas como estas, desligadas de cualquier compromiso de alto el fuego, le bastan a Putin para dar la sensación que la paz está cerca, y así, ganar más tiempo para seguir con su guerra: hoy, al menos cuatro personas –dos de ellas octogenarias– murieron en el enésimo bombardeo nocturno contra territorio ucraniano.
Rusia se ofrece a exportar fertilizante a EE.UU., una idea que seduce a Trump
Y mientras la solución del conflicto no acaba de llegar, Washington y Moscú buscan avances más tangibles en el ámbito de los negocios.
Putin le dijo a Witkoff que quiere restablecer los lazos económicos con EE.UU., y que Rusia está dispuesta a exportar “grandes cantidades” de fertilizantes al mercado norteamericano. A Trump le seduce la idea, ya que su país importa gran parte de los fertilizantes que consume, y estos cada vez son más escasos (y caros) debido a las guerras de Ucrania y de Oriente Medio. El acceso a la producción rusa podría aliviar este problema.
Asimismo, Putin destacó que el acuerdo para volver a vender diésel ruso en EE.UU. ya está teniendo efectos positivos para los bolsillos de los ciudadanos: “Los precios en los mercados mundiales cayeron inmediatamente entre un 5 y un 6%”, aseguró.
Este acercamiento económico amenaza con dejar todavía más fuera de juego a Zelenski, que hoy, coincidiendo con la reunión de San Petersburgo, demandó que su país no sea excluido de las conversaciones de paz.
“Siempre he dicho que estamos abiertos a negociar en cualquier formato y sobre cualquier asunto. Solo pido una cosa: por favor, no hablen de nosotros sin nosotros”, imploró el presidente ucraniano, quien también aseguró que estaría dispuesto a “congelar” temporalmente las líneas del frente para buscar una salida al conflicto. “Creo que esa es la forma real de poner fin a esta guerra”, dijo en la cadena Fox.
El problema es que Putin hace oídos sordos a este tipo de ofertas: él confía en que Zelenski acabe cayendo.
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