Parece que en 1957 el dictador Francisco Franco se dio cuenta de que a España le hacían falta unos ministros que supiesen de aquello que gestionaban. Así se dio paso al gobierno de tecnócratas que sustituyó a los falangistas que le habían acompañado en los primeros años de su mandato. Esos tecnócratas se autocalificaban como apolíticos y ponían en valor sus conocimientos y experiencia.En unos años, nuestro país pasó de la autarquía a lo que ha venido a denominarse ‘el milagro económico español’. En poco tiempo, España se convirtió en un país industrial y, en 1970, llegó a ser la duodécima potencia industrial del mundo. Esto se consiguió poniendo al frente de los ministerios a gente competente, que sabía lo que se llevaba entre manos y que, en líneas generales, acertó en las decisiones que había que tomar. Obviamente, no todo fue de color de rosa y también hubo una parte negativa.En la España del socialista Pedro Sánchez, este ha preferido seguir el camino contrario. Tal como cuenta Ketty Garat en este diario , su ministro Óscar Puente ha ido sustituyendo los experimentados cargos técnicos por perfiles afines cuyo mayor mérito, en el mejor de los casos, sería haber gestionado un tren Geyper en su niñez. El Ministerio de Transportes no es un caso aislado, aunque posiblemente sea el más paradigmático de la gestión y el enchufe de amiguetes y afines en diferentes puestos de máxima responsabilidad.Es curioso que el ministro Puente piense que, en algo tan serio como las infraestructuras, da igual contar con un amiguete del partido que con un profesional reconocido que, a lo mejor, podría recordarle aquello de: «Ministro, recuerda que eres mortal y que, si ahorras en seguridad o cambias técnicos por tus amiguetes, se nos puede morir la gente».Pero no ha sido solo él, sino también los voceros que se han puesto a intentar defender una gestión tan indefendible. Para eso, rápidamente han encontrado a la víctima propiciatoria: el trabajador de Adif que dio la orden de que el tren AVE iniciase su recorrido a una velocidad mortal. Ya está: un trabajador se equivoca y, según la progresía, pueden morir cientos de personas en un accidente ferroviario.No importa que hayan fallado los mecanismos de seguridad, que deberían haber sido sustituidos hace años. No importa que todavía no se conozcan las conclusiones del otro accidente mortal ocurrido en Adamuz hace menos de un año. El Gobierno socialista de Sánchez es incapaz de solucionar los problemas del deterioro de nuestro país, pero es muy hábil a la hora de distraer a la opinión pública. Y así es nuestro presente: un desastre tapa el anterior, y así llevamos unos cuantos. Pero lo cierto es que el partido del amor, como se autocalifica el PSOE, se ha convertido en el partido de la muerte.Los tecnócratas de Franco también se encontraron con problemas derivados de sus medidas, pero estos fueron silenciados por la prensa sometida al control de la dictadura. No había otra opción. Ahora, en democracia, sí la hay, y todavía hay medios que tratan de culpar a un trabajador y siguen diciendo que Puente siempre está al pie del cañón.Me da igual que el ministro dé el pésame a las víctimas del accidente o que comparezca ante los periodistas para volver a mentir, tal como hiciera tras el desastre de Adamuz. Yo quiero saber por qué defenestró a los técnicos competentes y los cambió por afines. O dónde estaba cuando se discutía la actualización de las medidas de seguridad de las infraestructuras.Quiero saber qué acciones tomó tras el desastre de Adamuz; no se conoce ninguna. O qué hizo cuando le llegaron avisos de que la seguridad de las vías se estaba degradando. Seguramente no estaría en su despacho trabajando. En vez de eso, es posible que estuviese en un restaurante al estilo de El Ventorro, negociando a saber qué cosas o lanzando su enésimo ataque a la oposición o a algún periodista a través de las redes sociales.Cuando escribo estas líneas, Óscar Puente sigue siendo ministro del Gobierno de Sánchez y cabeza de lista por la provincia de Valladolid. No me sorprende nada. Pilar Bernabé, tras su horrible gestión de la dana, es la cabeza de lista del PSOE por Valencia. Marlaska y Robles, tras su desastrosa y todavía no explicada gestión de la invasión de Ceuta, van en puestos de privilegio en la lista del PSOE por Madrid. Parece que la ministra Aagesen ha preferido no seguir, ya que, con su perfil algo tecnócrata, prefiere no continuar por un camino que podría conducirla a seguir los pasos de Ábalos. Por cierto, otra que todavía no ha explicado lo del apagón.Hay quien dice que España no tiene solución. Yo creo que sí la tiene. Es curioso que Franco encontrase una solución a la pobreza de la España de 1957 y, posiblemente, también a la supervivencia de su régimen. Se dice que, sin los tecnócratas, es posible que el régimen hubiese caído antes. Yo no quiero volver a ninguna dictadura, pero sí quiero que los tecnócratas vuelvan al poder y, si el Gobierno quiere algún ministro tuitero y peleón, que lo nombre ministro sin cartera. Parece que en 1957 el dictador Francisco Franco se dio cuenta de que a España le hacían falta unos ministros que supiesen de aquello que gestionaban. Así se dio paso al gobierno de tecnócratas que sustituyó a los falangistas que le habían acompañado en los primeros años de su mandato. Esos tecnócratas se autocalificaban como apolíticos y ponían en valor sus conocimientos y experiencia.En unos años, nuestro país pasó de la autarquía a lo que ha venido a denominarse ‘el milagro económico español’. En poco tiempo, España se convirtió en un país industrial y, en 1970, llegó a ser la duodécima potencia industrial del mundo. Esto se consiguió poniendo al frente de los ministerios a gente competente, que sabía lo que se llevaba entre manos y que, en líneas generales, acertó en las decisiones que había que tomar. Obviamente, no todo fue de color de rosa y también hubo una parte negativa.En la España del socialista Pedro Sánchez, este ha preferido seguir el camino contrario. Tal como cuenta Ketty Garat en este diario , su ministro Óscar Puente ha ido sustituyendo los experimentados cargos técnicos por perfiles afines cuyo mayor mérito, en el mejor de los casos, sería haber gestionado un tren Geyper en su niñez. El Ministerio de Transportes no es un caso aislado, aunque posiblemente sea el más paradigmático de la gestión y el enchufe de amiguetes y afines en diferentes puestos de máxima responsabilidad.Es curioso que el ministro Puente piense que, en algo tan serio como las infraestructuras, da igual contar con un amiguete del partido que con un profesional reconocido que, a lo mejor, podría recordarle aquello de: «Ministro, recuerda que eres mortal y que, si ahorras en seguridad o cambias técnicos por tus amiguetes, se nos puede morir la gente».Pero no ha sido solo él, sino también los voceros que se han puesto a intentar defender una gestión tan indefendible. Para eso, rápidamente han encontrado a la víctima propiciatoria: el trabajador de Adif que dio la orden de que el tren AVE iniciase su recorrido a una velocidad mortal. Ya está: un trabajador se equivoca y, según la progresía, pueden morir cientos de personas en un accidente ferroviario.No importa que hayan fallado los mecanismos de seguridad, que deberían haber sido sustituidos hace años. No importa que todavía no se conozcan las conclusiones del otro accidente mortal ocurrido en Adamuz hace menos de un año. El Gobierno socialista de Sánchez es incapaz de solucionar los problemas del deterioro de nuestro país, pero es muy hábil a la hora de distraer a la opinión pública. Y así es nuestro presente: un desastre tapa el anterior, y así llevamos unos cuantos. Pero lo cierto es que el partido del amor, como se autocalifica el PSOE, se ha convertido en el partido de la muerte.Los tecnócratas de Franco también se encontraron con problemas derivados de sus medidas, pero estos fueron silenciados por la prensa sometida al control de la dictadura. No había otra opción. Ahora, en democracia, sí la hay, y todavía hay medios que tratan de culpar a un trabajador y siguen diciendo que Puente siempre está al pie del cañón.Me da igual que el ministro dé el pésame a las víctimas del accidente o que comparezca ante los periodistas para volver a mentir, tal como hiciera tras el desastre de Adamuz. Yo quiero saber por qué defenestró a los técnicos competentes y los cambió por afines. O dónde estaba cuando se discutía la actualización de las medidas de seguridad de las infraestructuras.Quiero saber qué acciones tomó tras el desastre de Adamuz; no se conoce ninguna. O qué hizo cuando le llegaron avisos de que la seguridad de las vías se estaba degradando. Seguramente no estaría en su despacho trabajando. En vez de eso, es posible que estuviese en un restaurante al estilo de El Ventorro, negociando a saber qué cosas o lanzando su enésimo ataque a la oposición o a algún periodista a través de las redes sociales.Cuando escribo estas líneas, Óscar Puente sigue siendo ministro del Gobierno de Sánchez y cabeza de lista por la provincia de Valladolid. No me sorprende nada. Pilar Bernabé, tras su horrible gestión de la dana, es la cabeza de lista del PSOE por Valencia. Marlaska y Robles, tras su desastrosa y todavía no explicada gestión de la invasión de Ceuta, van en puestos de privilegio en la lista del PSOE por Madrid. Parece que la ministra Aagesen ha preferido no seguir, ya que, con su perfil algo tecnócrata, prefiere no continuar por un camino que podría conducirla a seguir los pasos de Ábalos. Por cierto, otra que todavía no ha explicado lo del apagón.Hay quien dice que España no tiene solución. Yo creo que sí la tiene. Es curioso que Franco encontrase una solución a la pobreza de la España de 1957 y, posiblemente, también a la supervivencia de su régimen. Se dice que, sin los tecnócratas, es posible que el régimen hubiese caído antes. Yo no quiero volver a ninguna dictadura, pero sí quiero que los tecnócratas vuelvan al poder y, si el Gobierno quiere algún ministro tuitero y peleón, que lo nombre ministro sin cartera.
Parece que en 1957 el dictador Francisco Franco se dio cuenta de que a España le hacían falta unos ministros que supiesen de aquello que gestionaban. Así se dio paso al gobierno de tecnócratas que sustituyó a los falangistas que le habían acompañado en los … primeros años de su mandato. Esos tecnócratas se autocalificaban como apolíticos y ponían en valor sus conocimientos y experiencia.
En unos años, nuestro país pasó de la autarquía a lo que ha venido a denominarse ‘el milagro económico español’. En poco tiempo, España se convirtió en un país industrial y, en 1970, llegó a ser la duodécima potencia industrial del mundo. Esto se consiguió poniendo al frente de los ministerios a gente competente, que sabía lo que se llevaba entre manos y que, en líneas generales, acertó en las decisiones que había que tomar. Obviamente, no todo fue de color de rosa y también hubo una parte negativa.
En la España del socialista Pedro Sánchez, este ha preferido seguir el camino contrario. Tal como cuenta Ketty Garat en este diario, su ministro Óscar Puente ha ido sustituyendo los experimentados cargos técnicos por perfiles afines cuyo mayor mérito, en el mejor de los casos, sería haber gestionado un tren Geyper en su niñez. El Ministerio de Transportes no es un caso aislado, aunque posiblemente sea el más paradigmático de la gestión y el enchufe de amiguetes y afines en diferentes puestos de máxima responsabilidad.
Es curioso que el ministro Puente piense que, en algo tan serio como las infraestructuras, da igual contar con un amiguete del partido que con un profesional reconocido que, a lo mejor, podría recordarle aquello de: «Ministro, recuerda que eres mortal y que, si ahorras en seguridad o cambias técnicos por tus amiguetes, se nos puede morir la gente».
Pero no ha sido solo él, sino también los voceros que se han puesto a intentar defender una gestión tan indefendible. Para eso, rápidamente han encontrado a la víctima propiciatoria: el trabajador de Adif que dio la orden de que el tren AVE iniciase su recorrido a una velocidad mortal. Ya está: un trabajador se equivoca y, según la progresía, pueden morir cientos de personas en un accidente ferroviario.
No importa que hayan fallado los mecanismos de seguridad, que deberían haber sido sustituidos hace años. No importa que todavía no se conozcan las conclusiones del otro accidente mortal ocurrido en Adamuz hace menos de un año. El Gobierno socialista de Sánchez es incapaz de solucionar los problemas del deterioro de nuestro país, pero es muy hábil a la hora de distraer a la opinión pública. Y así es nuestro presente: un desastre tapa el anterior, y así llevamos unos cuantos. Pero lo cierto es que el partido del amor, como se autocalifica el PSOE, se ha convertido en el partido de la muerte.
Los tecnócratas de Franco también se encontraron con problemas derivados de sus medidas, pero estos fueron silenciados por la prensa sometida al control de la dictadura. No había otra opción. Ahora, en democracia, sí la hay, y todavía hay medios que tratan de culpar a un trabajador y siguen diciendo que Puente siempre está al pie del cañón.
Me da igual que el ministro dé el pésame a las víctimas del accidente o que comparezca ante los periodistas para volver a mentir, tal como hiciera tras el desastre de Adamuz. Yo quiero saber por qué defenestró a los técnicos competentes y los cambió por afines. O dónde estaba cuando se discutía la actualización de las medidas de seguridad de las infraestructuras.
Quiero saber qué acciones tomó tras el desastre de Adamuz; no se conoce ninguna. O qué hizo cuando le llegaron avisos de que la seguridad de las vías se estaba degradando. Seguramente no estaría en su despacho trabajando. En vez de eso, es posible que estuviese en un restaurante al estilo de El Ventorro, negociando a saber qué cosas o lanzando su enésimo ataque a la oposición o a algún periodista a través de las redes sociales.
Cuando escribo estas líneas, Óscar Puente sigue siendo ministro del Gobierno de Sánchez y cabeza de lista por la provincia de Valladolid. No me sorprende nada. Pilar Bernabé, tras su horrible gestión de la dana, es la cabeza de lista del PSOE por Valencia. Marlaska y Robles, tras su desastrosa y todavía no explicada gestión de la invasión de Ceuta, van en puestos de privilegio en la lista del PSOE por Madrid. Parece que la ministra Aagesen ha preferido no seguir, ya que, con su perfil algo tecnócrata, prefiere no continuar por un camino que podría conducirla a seguir los pasos de Ábalos. Por cierto, otra que todavía no ha explicado lo del apagón.
Hay quien dice que España no tiene solución. Yo creo que sí la tiene. Es curioso que Franco encontrase una solución a la pobreza de la España de 1957 y, posiblemente, también a la supervivencia de su régimen. Se dice que, sin los tecnócratas, es posible que el régimen hubiese caído antes. Yo no quiero volver a ninguna dictadura, pero sí quiero que los tecnócratas vuelvan al poder y, si el Gobierno quiere algún ministro tuitero y peleón, que lo nombre ministro sin cartera.
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