Se ha acabado el culebrón del Balón de Oro. Ya les doy por anticipado la bienvenida a la campaña del 2027, que empezará cualquier día, cuando menos se lo esperen, a traición y con nocturnidad y alevosía. La gala se hizo en Londres y no en París, en teoría, como homenaje al primer ganador (inglés), y resulta que ganaron Kane (otro inglés) y Alexia (que ahora vive en la capital inglesa).
Se ha acabado el culebrón del Balón de Oro. Ya les doy por anticipado la bienvenida a la campaña del 2027, que empezará cualquier día, cuando menos se lo esperen, a traición y con nocturnidad y alevosía. La gala se hizo en Londres y no en París, en teoría, como homenaje al primer ganador (inglés), y resulta que ganaron Kane (otro inglés) y Alexia (que ahora vive en la capital inglesa).Seguir leyendo…
Se ha acabado el culebrón del Balón de Oro. Ya les doy por anticipado la bienvenida a la campaña del 2027, que empezará cualquier día, cuando menos se lo esperen, a traición y con nocturnidad y alevosía. La gala se hizo en Londres y no en París, en teoría, como homenaje al primer ganador (inglés), y resulta que ganaron Kane (otro inglés) y Alexia (que ahora vive en la capital inglesa).
Pero lo más inquietante de la noche del pasado lunes fue la homogeneización que sufrieron los premios durante la ceremonia. Los trofeos, que antes tenían formas y nombres específicos, eran todos iguales, coincidiendo con la entrada de la UEFA en la coorganización de la velada.
No hubo ni rastro de Kopa (mejor joven), Gerd Müller (máximo goleador), Johan Cruyff (mejor entrenador) o Yashin (mejor portero) en el London Palladium. La revista France Football había ido bautizado los diferentes galardones que había ido creando con nombres de exfutbolistas que habían hecho historia. Son leyendas que todos relacionan con la excelencia del fútbol, que cuentan con un espacio propio en el imaginario de los amantes de este deporte. Pero por arte de birlibirloque, han sido borrados de un día para otro con la connivencia del padre de la criatura.
El único que se mantiene en vigor es el apelativo de Sócrates, el rebelde doctor brasileño, que reconoce a la causa solidaria. No se atrevieron con él.
No fue la única falta de coherencia que hubo. La siguiente la supimos el viernes al hacerse públicas las votaciones. Durante las dos últimas décadas hizo fortuna el axioma de que, mientras juegue, el Balón de Oro debería ser para Leo Messi. Pues llega el papelito y solo los periodistas de Argentina, Brasil, Bielorrusia, China, los Emiratos Árabes y Panamá colocan en el primer puesto al capitán de la albiceleste en el Mundial. Mis respetos a los más consecuentes del lugar.
En Catalunya, que es agradecida y donde Messi regó de alegría a mucha gente, hay más de 6.000 niños que nacieron entre el 2009 y el 2025 y se llaman Leo.
Los nombres no hacen al monje. Pero pueden dar un empujoncito al vástago. Pablo Sarabia decidió llamar Eder a su hijo en honor al delantero del Brasil de 1982 (jugó con Sócrates), y ahora es el entrenador del Espanyol. Es cuestión de probar.
En Estados Unidos no piensan lo mismo. En el equipo de baloncesto de la universidad de Vanderbilt juega un alero de dos metros que responde a Chandler Bing, textual, como el personaje de Matthew Perry en Friends. Lleva el 7 y asegura que sus padres no eran fans de la serie (ya, claro). En su primer año promedió 3,6 puntos en 15 minutos. Yo solo espero que llegue a la NBA y encuentre a sus Joey y Ross.
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