El doctor Rafael Rubio Díaz, médico de Urgencias del Hospital Universitario de Toledo, ha relatado este viernes, tras el minuto de silencio por las víctimas del accidente ferroviario de Urda, cómo se organizó la atención a los heridos y la respuesta de los profesionales del centro. A él le correspondía la jefatura de guardia de Urgencias durante la tarde del miércoles, después de su compañera, la doctora Inma Martín.Rubio ha destacado que la movilización comenzó desde el primer momento. Acudieron trabajadores que acababan de terminar su turno, compañeros que todavía no habían podido salir del hospital, personal que estaba de vacaciones e incluso profesionales del centro que se encontraban en Madrid y se ofrecieron a regresar. También se sumaron médicos residentes y estudiantes de Medicina.«Todo el hospital se volcó», ha resumido. Una respuesta que permitió organizar en muy poco tiempo un dispositivo específico para atender a los pacientes más graves y agilizar la asistencia al resto.En el box vital se habilitaron cuatro puestos con equipos multidisciplinares , integrados por urgenciólogos, intensivistas, traumatólogos, cirujanos, personal de enfermería, técnicos en cuidados auxiliares de enfermería y radiólogos a pie de cama, que podían realizar ecografías para una primera valoración rápida.Además, se prepararon otros seis puntos de atención rápida en la zona de boxes, también con profesionales de distintas especialidades, entre ellos cardiólogos, para intervenir si era necesario realizar alguna maniobra específica.El médico ha definido el operativo como «un caos organizado», aunque se ha mostrado «tremendamente orgulloso» de lo que consiguieron poner en marcha en tan poco tiempo. También ha querido reconocer la colaboración de servicios que habitualmente no participan directamente en la atención clínica, como cafetería, limpieza y mantenimiento. «Estuvo todo el hospital a una», ha señalado. La implicación fue tal que, en un momento dado, tuvieron que pedir a algunos voluntarios que regresaran a sus puestos, con la indicación de que volverían a ser llamados si hacían falta.El impacto tras la emergenciaRubio ha reconocido que los profesionales todavía están intentando asimilar lo ocurrido. «Estamos un poco en la nube», ha explicado, antes de señalar que muchos no han podido descansar bien porque, una vez en casa, la cabeza empieza a repasar lo sucedido: «Si se pudo hacer mejor, si había algún fallo, los aciertos que hemos tenido». El hospital tiene previsto realizar en las próximas semanas una revisión del operativo para analizar cómo funcionó y detectar posibles aspectos de mejora.El facultativo también ha puesto en valor el apoyo del servicio de Salud Mental, cuyos psiquiatras y psicólogos atendieron tanto a familiares como a los propios trabajadores, así como la labor del servicio de Humanización. Se habilitó un dispositivo para acompañar a los familiares y se ofreció apoyo a los sanitarios después de la emergencia.El médico ha recordado que los profesionales están preparados para afrontar situaciones de este tipo y que forman parte de su trabajo, pero ha distinguido tres momentos: la preparación, cuando se repasan mentalmente los protocolos; la asistencia, durante la que toda la atención se concentra en el paciente; y un tercer momento, cuando termina la actividad y llega el tiempo de pensar en lo vivido.«No somos héroes, es nuestro trabajo», ha afirmado. Pero, según ha explicado, «el más duro» es precisamente ese último momento: «Cuando te paras, reflexionas y piensas en todo lo que has visto». El doctor Rafael Rubio Díaz, médico de Urgencias del Hospital Universitario de Toledo, ha relatado este viernes, tras el minuto de silencio por las víctimas del accidente ferroviario de Urda, cómo se organizó la atención a los heridos y la respuesta de los profesionales del centro. A él le correspondía la jefatura de guardia de Urgencias durante la tarde del miércoles, después de su compañera, la doctora Inma Martín.Rubio ha destacado que la movilización comenzó desde el primer momento. Acudieron trabajadores que acababan de terminar su turno, compañeros que todavía no habían podido salir del hospital, personal que estaba de vacaciones e incluso profesionales del centro que se encontraban en Madrid y se ofrecieron a regresar. También se sumaron médicos residentes y estudiantes de Medicina.«Todo el hospital se volcó», ha resumido. Una respuesta que permitió organizar en muy poco tiempo un dispositivo específico para atender a los pacientes más graves y agilizar la asistencia al resto.En el box vital se habilitaron cuatro puestos con equipos multidisciplinares , integrados por urgenciólogos, intensivistas, traumatólogos, cirujanos, personal de enfermería, técnicos en cuidados auxiliares de enfermería y radiólogos a pie de cama, que podían realizar ecografías para una primera valoración rápida.Además, se prepararon otros seis puntos de atención rápida en la zona de boxes, también con profesionales de distintas especialidades, entre ellos cardiólogos, para intervenir si era necesario realizar alguna maniobra específica.El médico ha definido el operativo como «un caos organizado», aunque se ha mostrado «tremendamente orgulloso» de lo que consiguieron poner en marcha en tan poco tiempo. También ha querido reconocer la colaboración de servicios que habitualmente no participan directamente en la atención clínica, como cafetería, limpieza y mantenimiento. «Estuvo todo el hospital a una», ha señalado. La implicación fue tal que, en un momento dado, tuvieron que pedir a algunos voluntarios que regresaran a sus puestos, con la indicación de que volverían a ser llamados si hacían falta.El impacto tras la emergenciaRubio ha reconocido que los profesionales todavía están intentando asimilar lo ocurrido. «Estamos un poco en la nube», ha explicado, antes de señalar que muchos no han podido descansar bien porque, una vez en casa, la cabeza empieza a repasar lo sucedido: «Si se pudo hacer mejor, si había algún fallo, los aciertos que hemos tenido». El hospital tiene previsto realizar en las próximas semanas una revisión del operativo para analizar cómo funcionó y detectar posibles aspectos de mejora.El facultativo también ha puesto en valor el apoyo del servicio de Salud Mental, cuyos psiquiatras y psicólogos atendieron tanto a familiares como a los propios trabajadores, así como la labor del servicio de Humanización. Se habilitó un dispositivo para acompañar a los familiares y se ofreció apoyo a los sanitarios después de la emergencia.El médico ha recordado que los profesionales están preparados para afrontar situaciones de este tipo y que forman parte de su trabajo, pero ha distinguido tres momentos: la preparación, cuando se repasan mentalmente los protocolos; la asistencia, durante la que toda la atención se concentra en el paciente; y un tercer momento, cuando termina la actividad y llega el tiempo de pensar en lo vivido.«No somos héroes, es nuestro trabajo», ha afirmado. Pero, según ha explicado, «el más duro» es precisamente ese último momento: «Cuando te paras, reflexionas y piensas en todo lo que has visto».
El doctor Rafael Rubio Díaz, médico de Urgencias del Hospital Universitario de Toledo, ha relatado este viernes, tras el minuto de silencio por las víctimas del accidente ferroviario de Urda, cómo se organizó la atención a los heridos y la respuesta de los profesionales … del centro. A él le correspondía la jefatura de guardia de Urgencias durante la tarde del miércoles, después de su compañera, la doctora Inma Martín.
Rubio ha destacado que la movilización comenzó desde el primer momento. Acudieron trabajadores que acababan de terminar su turno, compañeros que todavía no habían podido salir del hospital, personal que estaba de vacaciones e incluso profesionales del centro que se encontraban en Madrid y se ofrecieron a regresar. También se sumaron médicos residentes y estudiantes de Medicina.
«Todo el hospital se volcó», ha resumido. Una respuesta que permitió organizar en muy poco tiempo un dispositivo específico para atender a los pacientes más graves y agilizar la asistencia al resto.
En el box vital se habilitaron cuatro puestos con equipos multidisciplinares, integrados por urgenciólogos, intensivistas, traumatólogos, cirujanos, personal de enfermería, técnicos en cuidados auxiliares de enfermería y radiólogos a pie de cama, que podían realizar ecografías para una primera valoración rápida.
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Además, se prepararon otros seis puntos de atención rápida en la zona de boxes, también con profesionales de distintas especialidades, entre ellos cardiólogos, para intervenir si era necesario realizar alguna maniobra específica.
El médico ha definido el operativo como «un caos organizado», aunque se ha mostrado «tremendamente orgulloso» de lo que consiguieron poner en marcha en tan poco tiempo. También ha querido reconocer la colaboración de servicios que habitualmente no participan directamente en la atención clínica, como cafetería, limpieza y mantenimiento. «Estuvo todo el hospital a una», ha señalado. La implicación fue tal que, en un momento dado, tuvieron que pedir a algunos voluntarios que regresaran a sus puestos, con la indicación de que volverían a ser llamados si hacían falta.
El impacto tras la emergencia
Rubio ha reconocido que los profesionales todavía están intentando asimilar lo ocurrido. «Estamos un poco en la nube», ha explicado, antes de señalar que muchos no han podido descansar bien porque, una vez en casa, la cabeza empieza a repasar lo sucedido: «Si se pudo hacer mejor, si había algún fallo, los aciertos que hemos tenido». El hospital tiene previsto realizar en las próximas semanas una revisión del operativo para analizar cómo funcionó y detectar posibles aspectos de mejora.
El facultativo también ha puesto en valor el apoyo del servicio de Salud Mental, cuyos psiquiatras y psicólogos atendieron tanto a familiares como a los propios trabajadores, así como la labor del servicio de Humanización. Se habilitó un dispositivo para acompañar a los familiares y se ofreció apoyo a los sanitarios después de la emergencia.
El médico ha recordado que los profesionales están preparados para afrontar situaciones de este tipo y que forman parte de su trabajo, pero ha distinguido tres momentos: la preparación, cuando se repasan mentalmente los protocolos; la asistencia, durante la que toda la atención se concentra en el paciente; y un tercer momento, cuando termina la actividad y llega el tiempo de pensar en lo vivido.
«No somos héroes, es nuestro trabajo», ha afirmado. Pero, según ha explicado, «el más duro» es precisamente ese último momento: «Cuando te paras, reflexionas y piensas en todo lo que has visto».
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