Aprovechando la coyuntura que brinda la publicación del libro de Rafael Vallbona -titulado Catalunya flamenca-, en donde se constata que el flamenco también forma parte de la identidad catalana, ¿por qué no hacer algo parecido con los toros? Si Rafael Vallbona nos abre el paso al tablao catalán, ¿por que no abrir el camino que nos conduce al ruedo o coso catalán que se nos está ocultando? Para ello, como ocurre con el flamenco, recurramos a la historia y los libros.Cataluña -con las Vascongadas y Navarra-, contrariamente a lo que suele creerse, es uno de los primeros lugares en donde aparecen las corridas de toros y los correbous. En Barcelona (1387) se celebra la primera corrida de toros en la Plaza del Rey y es en Cardona (1409) en donde está documentado el primer correbous. A ellos, le sucedió una corrida en Lérida (1585).A estos datos -obtenidos por A. González en ‘Bous, Toros i Braus’ (1966) y J. Barraycoa en ‘Historias ocultadas del nacionalismo catalán’ (2011)-, hay que añadir otro especialmente significativo: las primeras ganaderas surgen en Cataluña a principios del siglo XIX como señala R. Felices en ‘Catalunya taurina. Una historia de la tauromaquía catalana de la Edad Media a nuestros días’ (2010). El apellido de las ganaderías: Subirats, Murall, Piñol, Macià, Forcadell y Fumadó. Unos ganaderos que vendían las reses a los pueblos para correrlas o lidiarlas en las fiestas populares.No cabe olvidar que Barcelona es/era uno de los centros taurinos más importantes con tres plazas de toros -la única del mundo con tres siendo la primera de 1834- en funcionamiento: el Torín de la Barceloneta, las Arenas y la Monumental. Tampoco cabe olvidar que la segunda plaza más antigua de España es la de Olot en Gerona.Nadie puede negar la tradición taurina de Cataluña y los catalanes. Tampoco se puede negar que, visto lo visto, el toreo formaba parte de la identidad catalana. ¿En qué momento se jodió el Perú?, como se pregunta Mario Vargas Llosa en las primeras líneas de Conversación en la catedral. Cuando la Renaixença expulsó el toreo de la identidad catalana al considerarlo andaluz/español. Una expulsión que revalidó y revalida todavía -con la colaboración del animalismo- el nacionalismo catalán. Ahora, hay que torear con el sectarismo y la ignorancia. Aprovechando la coyuntura que brinda la publicación del libro de Rafael Vallbona -titulado Catalunya flamenca-, en donde se constata que el flamenco también forma parte de la identidad catalana, ¿por qué no hacer algo parecido con los toros? Si Rafael Vallbona nos abre el paso al tablao catalán, ¿por que no abrir el camino que nos conduce al ruedo o coso catalán que se nos está ocultando? Para ello, como ocurre con el flamenco, recurramos a la historia y los libros.Cataluña -con las Vascongadas y Navarra-, contrariamente a lo que suele creerse, es uno de los primeros lugares en donde aparecen las corridas de toros y los correbous. En Barcelona (1387) se celebra la primera corrida de toros en la Plaza del Rey y es en Cardona (1409) en donde está documentado el primer correbous. A ellos, le sucedió una corrida en Lérida (1585).A estos datos -obtenidos por A. González en ‘Bous, Toros i Braus’ (1966) y J. Barraycoa en ‘Historias ocultadas del nacionalismo catalán’ (2011)-, hay que añadir otro especialmente significativo: las primeras ganaderas surgen en Cataluña a principios del siglo XIX como señala R. Felices en ‘Catalunya taurina. Una historia de la tauromaquía catalana de la Edad Media a nuestros días’ (2010). El apellido de las ganaderías: Subirats, Murall, Piñol, Macià, Forcadell y Fumadó. Unos ganaderos que vendían las reses a los pueblos para correrlas o lidiarlas en las fiestas populares.No cabe olvidar que Barcelona es/era uno de los centros taurinos más importantes con tres plazas de toros -la única del mundo con tres siendo la primera de 1834- en funcionamiento: el Torín de la Barceloneta, las Arenas y la Monumental. Tampoco cabe olvidar que la segunda plaza más antigua de España es la de Olot en Gerona.Nadie puede negar la tradición taurina de Cataluña y los catalanes. Tampoco se puede negar que, visto lo visto, el toreo formaba parte de la identidad catalana. ¿En qué momento se jodió el Perú?, como se pregunta Mario Vargas Llosa en las primeras líneas de Conversación en la catedral. Cuando la Renaixença expulsó el toreo de la identidad catalana al considerarlo andaluz/español. Una expulsión que revalidó y revalida todavía -con la colaboración del animalismo- el nacionalismo catalán. Ahora, hay que torear con el sectarismo y la ignorancia.
Aprovechando la coyuntura que brinda la publicación del libro de Rafael Vallbona -titulado Catalunya flamenca-, en donde se constata que el flamenco también forma parte de la identidad catalana, ¿por qué no hacer algo parecido con los toros? Si Rafael Vallbona nos abre el paso … al tablao catalán, ¿por que no abrir el camino que nos conduce al ruedo o coso catalán que se nos está ocultando? Para ello, como ocurre con el flamenco, recurramos a la historia y los libros.
Cataluña -con las Vascongadas y Navarra-, contrariamente a lo que suele creerse, es uno de los primeros lugares en donde aparecen las corridas de toros y los correbous. En Barcelona (1387) se celebra la primera corrida de toros en la Plaza del Rey y es en Cardona (1409) en donde está documentado el primer correbous. A ellos, le sucedió una corrida en Lérida (1585).
A estos datos -obtenidos por A. González en ‘Bous, Toros i Braus’ (1966) y J. Barraycoa en ‘Historias ocultadas del nacionalismo catalán’ (2011)-, hay que añadir otro especialmente significativo: las primeras ganaderas surgen en Cataluña a principios del siglo XIX como señala R. Felices en ‘Catalunya taurina. Una historia de la tauromaquía catalana de la Edad Media a nuestros días’ (2010). El apellido de las ganaderías: Subirats, Murall, Piñol, Macià, Forcadell y Fumadó. Unos ganaderos que vendían las reses a los pueblos para correrlas o lidiarlas en las fiestas populares.
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No cabe olvidar que Barcelona es/era uno de los centros taurinos más importantes con tres plazas de toros -la única del mundo con tres siendo la primera de 1834- en funcionamiento: el Torín de la Barceloneta, las Arenas y la Monumental. Tampoco cabe olvidar que la segunda plaza más antigua de España es la de Olot en Gerona.
Nadie puede negar la tradición taurina de Cataluña y los catalanes. Tampoco se puede negar que, visto lo visto, el toreo formaba parte de la identidad catalana. ¿En qué momento se jodió el Perú?, como se pregunta Mario Vargas Llosa en las primeras líneas de Conversación en la catedral. Cuando la Renaixença expulsó el toreo de la identidad catalana al considerarlo andaluz/español. Una expulsión que revalidó y revalida todavía -con la colaboración del animalismo- el nacionalismo catalán. Ahora, hay que torear con el sectarismo y la ignorancia.
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