«Crecí al lado de un mito». Para escribir de Toni Comín hay que recordar a su padre. Alfonso Carlos Comín fue un marxista cristiano de familia carlista de origen aragonés y diputado autonómico electo del PSUC en 1980. Y, a su vez, del padre de Alfonso, Jesús. Un abogado falangista. Toni no conoció a su abuelo paterno y solo disfrutó de su padre hasta los nueve años. Alfonso murió de cáncer en 1980.Más que «crecer» a su lado, tal y como dijo Toni en una entrevista al ‘Ara’ en 2024, el ex consejero autonómico de Salud (nacido en Barcelona en 1971) recibió la influencia del «mito» creado alrededor de Alfonso Carlos, una vez muerto, pero ya olvidado totalmente en política y cuyo legado ideológico (cristiano de izquierdas) es hoy ‘ciencia ficción’. Este es, a grandes rasgos y muy esquemáticamente, su ADN político.Tras Lluís Puig, el segundo de los compañeros de viaje de Carles Puigdemont desde 2017 que ya ha vuelto a España, una vez que el Tribunal Constitucional, en contra del parecer del Tribunal Supremo, ha borrado legalmente todos los efectos del ‘procés’ secesionista ilegal, incluido la malversación, Comín también ha puesto fin a la fuga, «exilio», según el nacionalismo, para acatar la Constitución hoy y recoger el acta de eurodiputado.De él han dicho su hermana pequeña, Betona, que es una persona con «unas convicciones muy sólidas» y su pareja, Sergi Corbera, que es «una persona valiente». Aunque otros que le han tratado, como el rapero Valtònyc, con quien compartió estancia en Bélgica un tiempo, recomienda que lo alejen de «cualquier organización» porque, entre otras cosas, reincide en «el chantaje emocional». Aquello y esto no es incompatible.Toni Comín, un apasionado del piano y atrapado ideológicamente en lo que rodea al Fórum Social Mundial, se define como un intelectual cristiano de izquierdas. Empezó en la primera línea de la política bajo el paraguas de Pasqual Maragall (federalismo asimétrico), llegando a ser diputado del PSC, y ha acabado al rebufo de Puigdemont (independentismo unilateral), no sin dejar de pasar por ERC entre uno y otro cuando se formó Junts pel Sí. Fue cuota de Oriol Junqueras. Así llegó a la Consejería de Salud en 2016.En 2025 quiso suceder a Puigdemont al frente del Consell de la República y quedó tercero. Puigdemont le dijo que no se presentaraTras su fuga, ERC se ‘deshizo’ de él (no fue militante) y pasó a Junts. En 2019 obtuvo un escaño en el Parlamento Europeo y lo volvió a conseguir en 2024. Para la segunda vez se le requirió en Madrid para acatar la Constitución. Aquella contra la que actuó en 2017. No acudió. Lo hace hoy y se vuelve a Bélgica. Su peculiar visión de la realidad le ha llevado a defender en las últimas horas que, pese a que hoy regresa a España, su «exilio» no acaba hasta dentro de unos días cuando pise Cataluña. Madrid es como París o Roma, capitales de otros países.En cualquier caso, su vida en Lovaina (Bélgica) estos años (que alargará, al menos, mientras sea eurodiputado) será recordada por dos asuntos. Uno de confesionario. Otro, turbio. Los mensajes que le envió Puigdemont en 2018 reconociendo la derrota del independentismo, por un lado, y las acusaciones de acoso y mala praxis económica en el Consell de la República, la entidad creada por Puigdemont para sufragar los gastos de los «exiliados», por otro.En febrero de 2025 quiso suceder a Puigdemont al frente del Consell de la República y quedó tercero. Antes de la votación, Antoni Castellà (Junts) confesó que él y Puigdemont le habían dicho que no se presentara. Su liderazgo, si alguna vez lo tuvo, está en entredicho desde entonces. Seguramente, al hijo de Alfonso todavía le quedan algunos ‘loopings’ políticos. Está por ver si con estos u otros compañeros de viaje. «Crecí al lado de un mito». Para escribir de Toni Comín hay que recordar a su padre. Alfonso Carlos Comín fue un marxista cristiano de familia carlista de origen aragonés y diputado autonómico electo del PSUC en 1980. Y, a su vez, del padre de Alfonso, Jesús. Un abogado falangista. Toni no conoció a su abuelo paterno y solo disfrutó de su padre hasta los nueve años. Alfonso murió de cáncer en 1980.Más que «crecer» a su lado, tal y como dijo Toni en una entrevista al ‘Ara’ en 2024, el ex consejero autonómico de Salud (nacido en Barcelona en 1971) recibió la influencia del «mito» creado alrededor de Alfonso Carlos, una vez muerto, pero ya olvidado totalmente en política y cuyo legado ideológico (cristiano de izquierdas) es hoy ‘ciencia ficción’. Este es, a grandes rasgos y muy esquemáticamente, su ADN político.Tras Lluís Puig, el segundo de los compañeros de viaje de Carles Puigdemont desde 2017 que ya ha vuelto a España, una vez que el Tribunal Constitucional, en contra del parecer del Tribunal Supremo, ha borrado legalmente todos los efectos del ‘procés’ secesionista ilegal, incluido la malversación, Comín también ha puesto fin a la fuga, «exilio», según el nacionalismo, para acatar la Constitución hoy y recoger el acta de eurodiputado.De él han dicho su hermana pequeña, Betona, que es una persona con «unas convicciones muy sólidas» y su pareja, Sergi Corbera, que es «una persona valiente». Aunque otros que le han tratado, como el rapero Valtònyc, con quien compartió estancia en Bélgica un tiempo, recomienda que lo alejen de «cualquier organización» porque, entre otras cosas, reincide en «el chantaje emocional». Aquello y esto no es incompatible.Toni Comín, un apasionado del piano y atrapado ideológicamente en lo que rodea al Fórum Social Mundial, se define como un intelectual cristiano de izquierdas. Empezó en la primera línea de la política bajo el paraguas de Pasqual Maragall (federalismo asimétrico), llegando a ser diputado del PSC, y ha acabado al rebufo de Puigdemont (independentismo unilateral), no sin dejar de pasar por ERC entre uno y otro cuando se formó Junts pel Sí. Fue cuota de Oriol Junqueras. Así llegó a la Consejería de Salud en 2016.En 2025 quiso suceder a Puigdemont al frente del Consell de la República y quedó tercero. Puigdemont le dijo que no se presentaraTras su fuga, ERC se ‘deshizo’ de él (no fue militante) y pasó a Junts. En 2019 obtuvo un escaño en el Parlamento Europeo y lo volvió a conseguir en 2024. Para la segunda vez se le requirió en Madrid para acatar la Constitución. Aquella contra la que actuó en 2017. No acudió. Lo hace hoy y se vuelve a Bélgica. Su peculiar visión de la realidad le ha llevado a defender en las últimas horas que, pese a que hoy regresa a España, su «exilio» no acaba hasta dentro de unos días cuando pise Cataluña. Madrid es como París o Roma, capitales de otros países.En cualquier caso, su vida en Lovaina (Bélgica) estos años (que alargará, al menos, mientras sea eurodiputado) será recordada por dos asuntos. Uno de confesionario. Otro, turbio. Los mensajes que le envió Puigdemont en 2018 reconociendo la derrota del independentismo, por un lado, y las acusaciones de acoso y mala praxis económica en el Consell de la República, la entidad creada por Puigdemont para sufragar los gastos de los «exiliados», por otro.En febrero de 2025 quiso suceder a Puigdemont al frente del Consell de la República y quedó tercero. Antes de la votación, Antoni Castellà (Junts) confesó que él y Puigdemont le habían dicho que no se presentara. Su liderazgo, si alguna vez lo tuvo, está en entredicho desde entonces. Seguramente, al hijo de Alfonso todavía le quedan algunos ‘loopings’ políticos. Está por ver si con estos u otros compañeros de viaje.
«Crecí al lado de un mito». Para escribir de Toni Comín hay que recordar a su padre. Alfonso Carlos Comín fue un marxista cristiano de familia carlista de origen aragonés y diputado autonómico electo del PSUC en 1980. Y, a su vez, del padre … de Alfonso, Jesús. Un abogado falangista. Toni no conoció a su abuelo paterno y solo disfrutó de su padre hasta los nueve años. Alfonso murió de cáncer en 1980.
Más que «crecer» a su lado, tal y como dijo Toni en una entrevista al ‘Ara’ en 2024, el ex consejero autonómico de Salud (nacido en Barcelona en 1971) recibió la influencia del «mito» creado alrededor de Alfonso Carlos, una vez muerto, pero ya olvidado totalmente en política y cuyo legado ideológico (cristiano de izquierdas) es hoy ‘ciencia ficción’. Este es, a grandes rasgos y muy esquemáticamente, su ADN político.
Tras Lluís Puig, el segundo de los compañeros de viaje de Carles Puigdemont desde 2017 que ya ha vuelto a España, una vez que el Tribunal Constitucional, en contra del parecer del Tribunal Supremo, ha borrado legalmente todos los efectos del ‘procés’ secesionista ilegal, incluido la malversación, Comín también ha puesto fin a la fuga, «exilio», según el nacionalismo, para acatar la Constitución hoy y recoger el acta de eurodiputado.
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De él han dicho su hermana pequeña, Betona, que es una persona con «unas convicciones muy sólidas» y su pareja, Sergi Corbera, que es «una persona valiente». Aunque otros que le han tratado, como el rapero Valtònyc, con quien compartió estancia en Bélgica un tiempo, recomienda que lo alejen de «cualquier organización» porque, entre otras cosas, reincide en «el chantaje emocional». Aquello y esto no es incompatible.
Toni Comín, un apasionado del piano y atrapado ideológicamente en lo que rodea al Fórum Social Mundial, se define como un intelectual cristiano de izquierdas. Empezó en la primera línea de la política bajo el paraguas de Pasqual Maragall (federalismo asimétrico), llegando a ser diputado del PSC, y ha acabado al rebufo de Puigdemont (independentismo unilateral), no sin dejar de pasar por ERC entre uno y otro cuando se formó Junts pel Sí. Fue cuota de Oriol Junqueras. Así llegó a la Consejería de Salud en 2016.
En 2025 quiso suceder a Puigdemont al frente del Consell de la República y quedó tercero. Puigdemont le dijo que no se presentara
Tras su fuga, ERC se ‘deshizo’ de él (no fue militante) y pasó a Junts. En 2019 obtuvo un escaño en el Parlamento Europeo y lo volvió a conseguir en 2024. Para la segunda vez se le requirió en Madrid para acatar la Constitución. Aquella contra la que actuó en 2017. No acudió. Lo hace hoy y se vuelve a Bélgica. Su peculiar visión de la realidad le ha llevado a defender en las últimas horas que, pese a que hoy regresa a España, su «exilio» no acaba hasta dentro de unos días cuando pise Cataluña. Madrid es como París o Roma, capitales de otros países.
En cualquier caso, su vida en Lovaina (Bélgica) estos años (que alargará, al menos, mientras sea eurodiputado) será recordada por dos asuntos. Uno de confesionario. Otro, turbio. Los mensajes que le envió Puigdemont en 2018 reconociendo la derrota del independentismo, por un lado, y las acusaciones de acoso y mala praxis económica en el Consell de la República, la entidad creada por Puigdemont para sufragar los gastos de los «exiliados», por otro.
En febrero de 2025 quiso suceder a Puigdemont al frente del Consell de la República y quedó tercero. Antes de la votación, Antoni Castellà (Junts) confesó que él y Puigdemont le habían dicho que no se presentara. Su liderazgo, si alguna vez lo tuvo, está en entredicho desde entonces. Seguramente, al hijo de Alfonso todavía le quedan algunos ‘loopings’ políticos. Está por ver si con estos u otros compañeros de viaje.
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