Silvio Berlusconi murió hace tres años. Pero también hace dos días, cuando sus herederos anunciaron la venta de Villa Certosa. Quizá lo único que pueda alegrar al ex primer ministro italiano desde el más allá sea el nombre del comprador de su gigantesca propiedad en el norte de Cerdeña: una compañía hotelera del jeque qatarí Hamad bin Yasim bin Yaber al Thani, gran admirador de los encantos de la isla mediterránea, que habría desembolsado 350 millones de euros con la intención de convertirla en un resort de ultralujo en uno de los tramos de costa más espectaculares del mundo.
El jeque Al Thani adquiere la mansión sarda de 126 habitaciones, siete piscinas y hasta un volcán artificial donde el ex primer ministro convirtió la vida privada en una extensión de su poder
Silvio Berlusconi murió hace tres años. Pero también hace dos días, cuando sus herederos anunciaron la venta de Villa Certosa. Quizá lo único que pueda alegrar al ex primer ministro italiano desde el más allá sea el nombre del comprador de su gigantesca propiedad en el norte de Cerdeña: una compañía hotelera del jeque qatarí Hamad bin Yasim bin Yaber al Thani, gran admirador de los encantos de la isla mediterránea, que habría desembolsado 350 millones de euros con la intención de convertirla en un resort de ultralujo en uno de los tramos de costa más espectaculares del mundo.
La descripción inmobiliaria, inevitablemente reduccionista para un lugar con semejante historia, impresiona: 4.500 metros cuadrados construidos, un parque de 120 hectáreas, 126 habitaciones, siete piscinas, un spa, campos de fútbol, un campo de golf, un búnker antinuclear e incluso un volcán artificial. “Más grande que el Vaticano”, solía presumir el líder de Forza Italia.
Lo que realmente elevaba el precio, que en realidad habría sido inicialmente de unos 500 millones de euros, era la historia del lugar. En la lista de invitados que pasaron aquí, aunque solo fuera unas horas, figuran Vladimir Putin, George W. Bush, Tony Blair, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. Acudían para reuniones políticas, pero también para entrar en el escenario donde Berlusconi escenificaba su poder.

En el caso de Silvio Berlusconi, hablar simplemente de residencias resulta claramente insuficiente. Durante los años de apogeo del Cavaliere todo se mezclaba: lo público y lo privado, las grises reuniones de partido se alternaban con fiestas desmadradas, las interminables discusiones nocturnas sobre la ley de presupuestos eran precedidas por las llamadas “cenas elegantes”, sobre las que ya existe una abundante literatura judicial y cinematográfica.
El sistema Berlusconi
En la residencia convivían las fiestas desenfrenadas, las cumbres políticas y las visitas de líderes internacionales
Hasta el propio Estado italiano tuvo que adaptarse a esa singularidad. En 2004, Villa Certosa fue clasificada como “sede alternativa de máxima seguridad para la protección del presidente del Consejo de Ministros”. Sin embargo, alguien consiguió vulnerar aquella “máxima seguridad” y mostrar lo que sucedía dentro.
Mucho se fabuló sobre lo que ocurría en la villa, pero la realidad resultó ser aún más extravagante. Lo demostró el fotógrafo sardo Antonello Zappadu, autor de una serie de exclusivas que retrataban a Berlusconi rodeado de chicas muy jóvenes, en situaciones poco institucionales, y también al entonces primer ministro checo Mirek Topolánek completamente desnudo, rodeado de mujeres. Aquellas fotografías tomadas con teleobjetivo desencadenaron una larga batalla judicial: el entorno de Berlusconi demandó al fotoperiodista porque, hasta entonces, nadie había visto aquello de lo que todo el mundo hablaba.
Comenzó así la etapa más descarada de la era Berlusconi, que culminó con la separación de su esposa, Veronica Lario, y, en el plano político, con su dimisión como jefe del Gobierno en 2011, también lastrado por los continuos escándalos sexuales. La revista Oggi publicó parte de aquellas imágenes, pero el Garante de la Privacidad bloqueó nuevas publicaciones. Otras aparecieron parcialmente censuradas en algunos medios extranjeros, entre ellos El País.
El periodista del Corriere della Sera Marco Galluzzo acaba de publicar Berlusconi Confidential. Biografia non autorizzata di 10 anni di potere (editorial Rubettino), un libro que reúne 53 episodios inéditos de la vida política del ex primer ministro, muchos de ellos ocurridos precisamente en Villa Certosa. Entre ellos figura la ocasión en que Putin hizo transportar en avión una limusina ZIL —la llamada Bentley soviética— “para recorrer Cerdeña”, o cuando el presidente ruso estuvo a punto de quemarse porque algunas chispas del volcán artificial cayeron sobre el bajo de sus pantalones.
La propiedad
Con 120 hectáreas, la finca ocupa una superficie casi tres veces mayor que la del Vaticano
“Para el Cavaliere, Villa Certosa era una especie de microcosmos”, explica Galluzzo a La Vanguardia. “Un ecosistema donde podían convivir los paseos con su anciana madre Rosa y un mariposario con el que pretendía impresionar a las chicas”.
También convivían allí las fiestas desenfrenadas y los momentos familiares, dos mundos que a veces chocaban. “Un día su hijo Luigi se rebeló contra su padre, que estaba entreteniendo a unos amigos con técnicas de seducción que había que utilizar en Cerdeña. ‘Papá, ya basta’, le dijo, anticipando de algún modo lo que sucedería después con su madre, Veronica”.
La política iba y venía. “Los parlamentarios de Forza Italia competían por alquilar las villas vecinas”. Ahora podrán ahorrarse el alquiler. O, simplemente, cambiar el destinatario de sus adulaciones: de Berlusconi a Al Thani.
Internacional
