Existe el riesgo de que se instale en el PSOE un concepto profundamente equivocado: que solo hay unidad si existe apoyo incondicional total y que la autocrítica debilita al partido. Es exactamente lo contrario.La verdadera fortaleza de una organización política no reside en la ausencia de discrepancias, sino en su capacidad para escucharlas, debatirlas y convertirlas en una oportunidad para mejorar.Ser leal no consiste en decir siempre que todo está bien, sino en decir con libertad lo que uno piensa. La pregunta no es si hay que ser leal, sino a qué o a quién hay que serlo: ¿a un líder concreto, a una dirección, a un proyecto determinado o a los valores que compartimos y nos definen?Noticia relacionada general No No Una cita de trámite y sin autocrítica: «Esto no es un Comité Federal, es un Comité Central» Ainhoa MartínezEl Comité Federal, máximo órgano del PSOE entre congresos, debería ser el lugar donde escuchar, debatir y analizar con honestidad la realidad política. Sin embargo, siempre parece haber una buena razón para impedir la reflexión sobre lo que sucede y sobre los errores que podemos cometer. Si la situación es complicada, no toca abrir debates. Si hay elecciones, tampoco. Si acaban de celebrarse, hay que mirar hacia delante. Si todo va bien, no toca ahora estropearlo. Nunca parece ser buen momento para pensar colectivamente cómo vamos y a dónde vamos.Un ejemplo evidente ha sido la ausencia de un análisis profundo de los resultados de las elecciones municipales y autonómicas de 2023 y de las cuatro derrotas electorales sufridas este último año.Aquellas elecciones municipales de 2023 supusieron probablemente el mayor golpe sufrido por el PSOE en décadas a su capacidad para ser útiles para la gente. Es verdad que puede parecer que el partido salió adelante porque consiguió seguir gobernando España. Pero esa imagen oculta una realidad mucho más preocupante. La debilidad se estaba produciendo por debajo, donde menos se ve y donde más duele. El verdadero problema no era quién ocupaba el Gobierno de España, sino la pérdida de representación institucional en los territorios: cientos de concejales, alcaldías de municipios y capitales y buena parte de la estructura política que conecta directamente al PSOE con la ciudadanía se desvaneció. ¿Eran todos estos presidentes/as autonómicos, alcaldes y alcaldesas malos dirigentes? Pues no, al contrario. Las razones del resultado eran ya entonces mucho más profundas. Pero nunca se hizo ese análisis ni se tomaron decisiones al respecto.El PSOE ha demostrado que sabe recuperarse de la pérdida del Gobierno de España y de gobiernos autonómicos. Lo hemos hecho varias veces en las últimas décadas. Pero mucho más difícil es reconstruir una organización cuando pierde su implantación territorial básica. Los gobiernos se ganan y se pierden. Lo que cuesta recuperar son los miles de concejales, alcaldes, alcaldesas y militantes que mantienen vivo y presente un proyecto político y que permiten conocer lo que ocurre en cada rincón de España.Estamos a tiempo de reaccionar antes de las próximas elecciones municipales. Queda un año y yo desde luego no me resigno a pensar que está todo perdido. Lo más importante que tiene el PSOE para ser útil a los españoles en los próximos años son precisamente esos representantes locales, que, además, sostienen al partido en los momentos difíciles. Por supuesto que esto es discutible y habrá quien defienda que el bien máximo a intentar proteger sea otro. Este es precisamente el debate que tendría que estar teniendo el Comité Federal, que debería ser un órgano para escuchar a todos y no para reprender a quienes expresan dudas o hacen propuestas diferentes.Que exista debate y diversidad de opiniones no es una debilidad, como se malinterpreta muchas veces. Al contrario, es una de las mayores fortalezas que podemos tener como organización y como sociedad.Siempre hemos presumido de que el PSOE es el partido que más se parece a España. Pues España es plural y diversa. Y debate. Si queremos volver a parecernos a ella, debemos demostrar que también sabemos convivir con esa pluralidad dentro de nuestra propia organización.Cuando en un partido desaparece la crítica y todo son aplausos tenemos un problema. Generalmente esta circunstancia va aumentando la distancia entre la dirección y quienes están en contacto permanente con la realidad: los militantes y los responsables territoriales. Si quienes mejor conocen lo que sucede en pueblos y barrios dejan de sentirse cómodos expresando sus opiniones, el partido está perdido.Durante mi etapa como secretario general del PSOE de Madrid siempre animé a quienes discrepaban de nuestra gestión a expresar públicamente sus críticas y alternativas. No tuve demasiado éxito. Pero sigo convencido de que un partido que debate con naturalidad transmite vitalidad, confianza, ambición y capacidad para mejorar.El PSOE no tiene que elegir entre unidad o reflexión, entre lealtad o debate crítico. El reto consiste en entender que solo existe unidad real y lealtad duradera cuando hay confianza para discrepar y unos valores compartidos que se respetan. Las direcciones de las organizaciones políticas no se debilitan cuando escuchan otras voces. Se debilitan cuando dejan de hacerlo. Existe el riesgo de que se instale en el PSOE un concepto profundamente equivocado: que solo hay unidad si existe apoyo incondicional total y que la autocrítica debilita al partido. Es exactamente lo contrario.La verdadera fortaleza de una organización política no reside en la ausencia de discrepancias, sino en su capacidad para escucharlas, debatirlas y convertirlas en una oportunidad para mejorar.Ser leal no consiste en decir siempre que todo está bien, sino en decir con libertad lo que uno piensa. La pregunta no es si hay que ser leal, sino a qué o a quién hay que serlo: ¿a un líder concreto, a una dirección, a un proyecto determinado o a los valores que compartimos y nos definen?Noticia relacionada general No No Una cita de trámite y sin autocrítica: «Esto no es un Comité Federal, es un Comité Central» Ainhoa MartínezEl Comité Federal, máximo órgano del PSOE entre congresos, debería ser el lugar donde escuchar, debatir y analizar con honestidad la realidad política. Sin embargo, siempre parece haber una buena razón para impedir la reflexión sobre lo que sucede y sobre los errores que podemos cometer. Si la situación es complicada, no toca abrir debates. Si hay elecciones, tampoco. Si acaban de celebrarse, hay que mirar hacia delante. Si todo va bien, no toca ahora estropearlo. Nunca parece ser buen momento para pensar colectivamente cómo vamos y a dónde vamos.Un ejemplo evidente ha sido la ausencia de un análisis profundo de los resultados de las elecciones municipales y autonómicas de 2023 y de las cuatro derrotas electorales sufridas este último año.Aquellas elecciones municipales de 2023 supusieron probablemente el mayor golpe sufrido por el PSOE en décadas a su capacidad para ser útiles para la gente. Es verdad que puede parecer que el partido salió adelante porque consiguió seguir gobernando España. Pero esa imagen oculta una realidad mucho más preocupante. La debilidad se estaba produciendo por debajo, donde menos se ve y donde más duele. El verdadero problema no era quién ocupaba el Gobierno de España, sino la pérdida de representación institucional en los territorios: cientos de concejales, alcaldías de municipios y capitales y buena parte de la estructura política que conecta directamente al PSOE con la ciudadanía se desvaneció. ¿Eran todos estos presidentes/as autonómicos, alcaldes y alcaldesas malos dirigentes? Pues no, al contrario. Las razones del resultado eran ya entonces mucho más profundas. Pero nunca se hizo ese análisis ni se tomaron decisiones al respecto.El PSOE ha demostrado que sabe recuperarse de la pérdida del Gobierno de España y de gobiernos autonómicos. Lo hemos hecho varias veces en las últimas décadas. Pero mucho más difícil es reconstruir una organización cuando pierde su implantación territorial básica. Los gobiernos se ganan y se pierden. Lo que cuesta recuperar son los miles de concejales, alcaldes, alcaldesas y militantes que mantienen vivo y presente un proyecto político y que permiten conocer lo que ocurre en cada rincón de España.Estamos a tiempo de reaccionar antes de las próximas elecciones municipales. Queda un año y yo desde luego no me resigno a pensar que está todo perdido. Lo más importante que tiene el PSOE para ser útil a los españoles en los próximos años son precisamente esos representantes locales, que, además, sostienen al partido en los momentos difíciles. Por supuesto que esto es discutible y habrá quien defienda que el bien máximo a intentar proteger sea otro. Este es precisamente el debate que tendría que estar teniendo el Comité Federal, que debería ser un órgano para escuchar a todos y no para reprender a quienes expresan dudas o hacen propuestas diferentes.Que exista debate y diversidad de opiniones no es una debilidad, como se malinterpreta muchas veces. Al contrario, es una de las mayores fortalezas que podemos tener como organización y como sociedad.Siempre hemos presumido de que el PSOE es el partido que más se parece a España. Pues España es plural y diversa. Y debate. Si queremos volver a parecernos a ella, debemos demostrar que también sabemos convivir con esa pluralidad dentro de nuestra propia organización.Cuando en un partido desaparece la crítica y todo son aplausos tenemos un problema. Generalmente esta circunstancia va aumentando la distancia entre la dirección y quienes están en contacto permanente con la realidad: los militantes y los responsables territoriales. Si quienes mejor conocen lo que sucede en pueblos y barrios dejan de sentirse cómodos expresando sus opiniones, el partido está perdido.Durante mi etapa como secretario general del PSOE de Madrid siempre animé a quienes discrepaban de nuestra gestión a expresar públicamente sus críticas y alternativas. No tuve demasiado éxito. Pero sigo convencido de que un partido que debate con naturalidad transmite vitalidad, confianza, ambición y capacidad para mejorar.El PSOE no tiene que elegir entre unidad o reflexión, entre lealtad o debate crítico. El reto consiste en entender que solo existe unidad real y lealtad duradera cuando hay confianza para discrepar y unos valores compartidos que se respetan. Las direcciones de las organizaciones políticas no se debilitan cuando escuchan otras voces. Se debilitan cuando dejan de hacerlo.
Existe el riesgo de que se instale en el PSOE un concepto profundamente equivocado: que solo hay unidad si existe apoyo incondicional total y que la autocrítica debilita al partido. Es exactamente lo contrario.
La verdadera fortaleza de una organización política no reside en la … ausencia de discrepancias, sino en su capacidad para escucharlas, debatirlas y convertirlas en una oportunidad para mejorar.
Ser leal no consiste en decir siempre que todo está bien, sino en decir con libertad lo que uno piensa. La pregunta no es si hay que ser leal, sino a qué o a quién hay que serlo: ¿a un líder concreto, a una dirección, a un proyecto determinado o a los valores que compartimos y nos definen?
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El Comité Federal, máximo órgano del PSOE entre congresos, debería ser el lugar donde escuchar, debatir y analizar con honestidad la realidad política. Sin embargo, siempre parece haber una buena razón para impedir la reflexión sobre lo que sucede y sobre los errores que podemos cometer. Si la situación es complicada, no toca abrir debates. Si hay elecciones, tampoco. Si acaban de celebrarse, hay que mirar hacia delante. Si todo va bien, no toca ahora estropearlo. Nunca parece ser buen momento para pensar colectivamente cómo vamos y a dónde vamos.
Un ejemplo evidente ha sido la ausencia de un análisis profundo de los resultados de las elecciones municipales y autonómicas de 2023 y de las cuatro derrotas electorales sufridas este último año.
Aquellas elecciones municipales de 2023 supusieron probablemente el mayor golpe sufrido por el PSOE en décadas a su capacidad para ser útiles para la gente. Es verdad que puede parecer que el partido salió adelante porque consiguió seguir gobernando España. Pero esa imagen oculta una realidad mucho más preocupante. La debilidad se estaba produciendo por debajo, donde menos se ve y donde más duele. El verdadero problema no era quién ocupaba el Gobierno de España, sino la pérdida de representación institucional en los territorios: cientos de concejales, alcaldías de municipios y capitales y buena parte de la estructura política que conecta directamente al PSOE con la ciudadanía se desvaneció. ¿Eran todos estos presidentes/as autonómicos, alcaldes y alcaldesas malos dirigentes? Pues no, al contrario. Las razones del resultado eran ya entonces mucho más profundas. Pero nunca se hizo ese análisis ni se tomaron decisiones al respecto.
El PSOE ha demostrado que sabe recuperarse de la pérdida del Gobierno de España y de gobiernos autonómicos. Lo hemos hecho varias veces en las últimas décadas. Pero mucho más difícil es reconstruir una organización cuando pierde su implantación territorial básica. Los gobiernos se ganan y se pierden. Lo que cuesta recuperar son los miles de concejales, alcaldes, alcaldesas y militantes que mantienen vivo y presente un proyecto político y que permiten conocer lo que ocurre en cada rincón de España.
Estamos a tiempo de reaccionar antes de las próximas elecciones municipales. Queda un año y yo desde luego no me resigno a pensar que está todo perdido. Lo más importante que tiene el PSOE para ser útil a los españoles en los próximos años son precisamente esos representantes locales, que, además, sostienen al partido en los momentos difíciles. Por supuesto que esto es discutible y habrá quien defienda que el bien máximo a intentar proteger sea otro. Este es precisamente el debate que tendría que estar teniendo el Comité Federal, que debería ser un órgano para escuchar a todos y no para reprender a quienes expresan dudas o hacen propuestas diferentes.
Que exista debate y diversidad de opiniones no es una debilidad, como se malinterpreta muchas veces. Al contrario, es una de las mayores fortalezas que podemos tener como organización y como sociedad.
Siempre hemos presumido de que el PSOE es el partido que más se parece a España. Pues España es plural y diversa. Y debate. Si queremos volver a parecernos a ella, debemos demostrar que también sabemos convivir con esa pluralidad dentro de nuestra propia organización.
Cuando en un partido desaparece la crítica y todo son aplausos tenemos un problema. Generalmente esta circunstancia va aumentando la distancia entre la dirección y quienes están en contacto permanente con la realidad: los militantes y los responsables territoriales. Si quienes mejor conocen lo que sucede en pueblos y barrios dejan de sentirse cómodos expresando sus opiniones, el partido está perdido.
Durante mi etapa como secretario general del PSOE de Madrid siempre animé a quienes discrepaban de nuestra gestión a expresar públicamente sus críticas y alternativas. No tuve demasiado éxito. Pero sigo convencido de que un partido que debate con naturalidad transmite vitalidad, confianza, ambición y capacidad para mejorar.
El PSOE no tiene que elegir entre unidad o reflexión, entre lealtad o debate crítico. El reto consiste en entender que solo existe unidad real y lealtad duradera cuando hay confianza para discrepar y unos valores compartidos que se respetan. Las direcciones de las organizaciones políticas no se debilitan cuando escuchan otras voces. Se debilitan cuando dejan de hacerlo.
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