Cuántas veces habrá dicho un espectador las siguientes palabras: “Paso de empezar una serie hasta saber si está renovada o que tiene un final”. El miedo a quedarse tirado en mitad de una narración ha cambiado la confianza de un espectador con demasiadas opciones televisivas como para arriesgarse con una novedad. Así que, si eres de estos espectadores, aquí una buena noticia: Youth, la comedia de Sharon Horgan, ha sido renovada por una segunda temporada después de que HBO Max despidiera la primera este lunes. Significa ya no queda ninguna excusa para dar una oportunidad a esta mirada a la madurez femenina.
Después de años de ver guiones que te chillaban al oído los principios detrás de las cámaras, Sharon Horgan propone una crisis de los 50 desde la naturalidad
Cuántas veces habrá dicho un espectador las siguientes palabras: “Paso de empezar una serie hasta saber si está renovada o que tiene un final”. El miedo a quedarse tirado en mitad de una narración ha cambiado la confianza de un espectador con demasiadas opciones televisivas como para arriesgarse con una novedad. Así que, si eres de estos espectadores, aquí una buena noticia: Youth, la comedia de Sharon Horgan, ha sido renovada por una segunda temporada después de que HBO Max despidiera la primera este lunes. Significa ya no queda ninguna excusa para dar una oportunidad a esta mirada a la madurez femenina.
En estos tiempos de temas masticados, como si la ficción tuviera un deber ideológico de exponer sus tesis con luces de neón y desde el maniqueísmo, Youth es todo lo contrario. La serie no disimula la etapa vital de Alex, la protagonista interpretada por la propia Horgan, pero a su vez no convierte la serie en una hoja de ruta, un decálogo de buenos comportamientos, de principios reivindicados desde la literalidad entre el público y sin capacidad de mostrar virtudes y defectos en todos los personajes y en la mentalidad de todos ellos.
Este retrato sobre una mujer de más de 50 no convierte la serie en una hoja de ruta; todos los personajes tienen virtudes y defectos en sus mentalidades
Alex está lista para tener el nido vacío. Tiene más de 50 años y su teoría es que tiene que encontrar pareja antes de cambiar de década: “¿Alguien ha oído decir a un hombre “mira qué atractiva que es esa mujer” mientras mira a una mujer de 60?”. Pero los elementos se confabulan para que no pueda empezar esta etapa con buen pie. Ruari (Aran Murphy) regresa de la universidad a los pocos días y no solo no se comunica con ella sino que tiene que aguantar su mal humor y desprecio.
El ex, que siempre se negó a ejercer ninguna autoridad, desaparece del país por su trabajo como actor: no solo abandona el continente sino que busca excusas para no llevarse a su hijo. En la editorial donde trabaja, no se siente valorada por su jefa y mejor amiga Sam (Sharlene Whyte), que le niega un ascenso: Alex no quiso trabajar con un escritor machista y baboso que había escrito una novela terrible que resultó ser un best-seller y le toca pagar las consecuencias. Y, para colmo, en una comida se le bloquea la mandíbula y le diagnostican artritis. Adiós al sexo oral.

En 2026 no se puede argumentar que “ya era hora de que se mostrasen los conflictos de las mujeres de cierta edad” porque no han faltado. Sin ir más lejos, en HBO Max pudimos ver tres temporadas de And Just Like That, esa secuela de Sexo en Nueva York que abordaba los dilemas y las vidas de mujeres de la misma edad, y Maribel Verdú destacaba esta misma labor en Furia, de la misma plataforma y que tiene en emisión la segunda temporada. Pero su virtud recae en la naturalidad de mostrar los conflictos.
Alex no es una heroína, no es un paradigma, no es un vehículo a través del que verbalizar frases con potencial de pancarta. Se puede argumentar en numerosas ocasiones que no tiene razón, ya sea en el trabajo o en su relación con sus pretendientes. Otras sí que la tiene. Además, en comparación con ella, los personajes masculinos interpretados por Tim McInnerny y Rupert Friend, no se quedan atrás: ni sirven de saco de boxeo ni son abordados desde el maniqueísmo. Y, con respecto al hijo, se trata con tacto la confusión de un chico joven con la masculinidad, sin eludir realidades y entendiendo los grises.
Youth no es brillante. Lo podría ser si Sharon Horgan afilase mejor las situaciones humorísticas. Pero, entendiendo que el público es adulto, ofrece una propuesta inteligente: una comedia con algo que decir sin chillártelo al oído. Recemos para que este modelo de ficción se imponga otra vez después de que la mirada moralista de los Estados Unidos impregnase la ficción televisiva hasta el punto de convertir las series en ejercicios de virtuosismo moral.
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