Como si no hubiera pasado el tiempo, qué juguetón es el azar, la parroquia del RCTB evoca el pasado a base de ánimos.
El talento madrileño se apropia del primer set pero acaba transigiendo ante el magnífico Arthur Fils, francés en estado de gracia que se jugará el título ante Rublev (3-6, 6-3 y 6-2)
Como si no hubiera pasado el tiempo, qué juguetón es el azar, la parroquia del RCTB evoca el pasado a base de ánimos.
–¡Vamos, Rafa! –se vocea en Pedralbes mientras abajo, sobre la arcilla de la pista Rada Nadal, se maneja este otro Rafa, el nuevo, este Rafa Jódar que ha llegado para quedarse y vaya mandobles suelta con la derecha y cómo se ha ganado a la concurrencia en estos días de orfandad, sin el jubilado Nadal y sin el lesionado Alcaraz.
Poco a poco, se van llenando los palcos y las tribunas.
Los amantes del tenis abandonan la sobremesa en el Hospitality, dejan la servilleta sobre el mantel y comparecen al fin, se rinden a este nuevo icono, este nuevo Rafa, acaso inesperado, desde luego vertiginoso, que ha irrumpido en el circuito.
El título en Marrakech, hace dos semanas, y ahora esta serie de exhibiciones en el Trofeo Godó han excitado a los sabios del tenis, que ya hacen cábalas y profetizan:
–En muy poco tiempo, veremos a Jódar en el Top 10.
Tal vez.
Pero por ahorahay que esperar.
De momento, Jódar es el 42.º, se halla unos pasos por detrás del ruso Andrey Rublev, el ruso que este domingo buscará el título del Trofeo Godó, y del magnífico Arthur Fils, ayer el verdugo del madrileño, que es 29.º y subiendo.
Menudo tren inferior gasta Fils, portento de 21 años que condensa buena parte de las expectativas del tenis francés, tan huérfano como está desde los tiempos de Yannick Noah, allá por los ochenta del siglo pasado.
Esta nueva hornada pisa fuerte, tenemos ya consolidados a Alcaraz, Sinner y Rune, un poco más mayores, y por detrás asoman el mismo Fils, o Jódar o Landaluce, o Fonseca, Tien y Mensik, nuevos nombres van tomando el ranking.
Arthur Fils muestra la tableta de chocolate cuando se levanta la camiseta para secarse el sudor, y luce piernas de mármol, y el cronista se lo imagina levantando centenares de kilos en sentadilla, y con sus columnas se mueve en la pista como lo haría un gato, así es este Fils que de vez en cuando vuelve la mirada hacia su box, donde le contempla Goran Ivanisevic, su director de orquesta, en busca de respuestas.
Pues, por un buen rato, Jódar le tiene con la soga al cuello.
En 43 minutos, Jódar se apropia de la primera manga. Lo hace a golpes de paciencia y perseverancia. Jódar se tira atrás, al fondo de la pista, y desde allí aguijonea al francés: lo tiene como un ventilador, a un lado y al otro, y el hércules galo, a correr.

Fils llega a muchas bolas, llega a casi todas, juega un tenis de pocos matices, muy físico y de intercambio, de pocas subidas a la red y pocas dejadas, así es el nuevo tenis más allá de Alcaraz y Sinner.
Jódar es perseverante y no se arruga. Es un martillo pilón, parece un veterano de 19 años con miles de horas de vuelo, y a los 37 minutos le rompe el servicio al francés por primera vez y a los 43 minutos se apropia de la primera manga.
¿Y entonces?
Tampoco Fils se arruga. Sigue a lo suyo. Fondo de pista, derecha contra el revés del gigante madrileño, mantiene a Jódar alejado de la red, los puntos se alargan y a veces, el francés se tunea la pista:
–¡Vamos! –vocea cuando gana un punto, vocea como si fuera español.
Fils persevera y se aposenta, y golpe a golpe va doblegando a Jódar, cada vez más apurado al servicio, casi rendido cuando pierde el segundo set y desnortado en el último. Todo esto le ha llegado demasiado pronto, o eso hay que creer.
Por ahora, en el RCTB mandan Fils y Rublev.
(La final entre ambos se juega este domingo, a las 16h).
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