Lo que en Bruselas se conoce como ‘lobby’ marroquí no es una organización definida y registrada con este nombre, pero constituye un elemento activo imposible de ignorar en la política europea. Se trata de una red constituida por actores institucionales, diplomáticos, empresariales, asociativos y políticos que promueven en las instituciones europeas posiciones favorables a los intereses estratégicos de Marruecos, especialmente en materia de relaciones con la UE y más concretamente respecto a cualquier asunto que afecte directa o indirectamente al futuro del Sáhara Occidental. No tiene nada de extraño que un país o una organización ejerza labores de cabildeo en los pasillos del Parlamento Europeo, puesto que es parte de la actividad legislativa. Pero esta está regulada, reglamentada y necesita actuar a la luz del día. El ‘lobby’ marroquí, sin embargo, se caracteriza por su extraordinaria actividad que raras veces se lleva a cabo abiertamente. En este campo, el papel de Marruecos solo puede compararse con el de Israel. La embajada de Marruecos en Bruselas constituye la parte más visible de esa galaxia de actores que tratan de defender los intereses de Rabat en todos los ámbitos. Por eso no resulta extraño que, a pesar de todo lo que se sabe positivamente de lo que sucedió en Ceuta, ningún dirigente de las instituciones europeas haya levantado la voz para señalar a Marruecos.El nombre más repetido (y uno de los pocos elementos visibles) entre la nebulosa de actores promarroquíes es el de Andrea Cozzolino, que fue eurodiputado socialista durante la legislatura 2019–2024 y presidió desde septiembre de 2019 hasta enero de 2023 la Delegación del Parlamento Europeo para las relaciones con los países del Magreb, que incluye la relación parlamentaria UE-Marruecos. Sin embargo, su contacto era el embajador de Marruecos en Polonia, Abderrahim Atmoun, que era el encargado de entregarle los fondos y «regalos» a cambio de influir en las decisiones políticas del Parlamento Europeo a favor de los intereses del país magrebí. El escándalo conocido como «Qatargate» (porque el dinero qatarí era el que se descubrió) reveló también el empleo de estas prácticas por parte de Marruecos y de hecho, la implicación de Rabat en la corrupción de eurodiputado se menciona claramente en la resolución del Parlamento de enero de 2023.En estos momentos, uno de los grandes temas que tiene Marruecos entre manos es la ratificación de la reforma del tratado comercial que ha pactado la Comisión con Marruecos después de la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE que viene a decir que pueden incluir los productos que vengan del Sahara Occidental siempre que quede claro que no es lo mismo que Marruecos y que además los beneficios de ese comercio favorezcan al pueblo saharahui. Ese tratado reformado está en vigor de forma provisional, pero necesita la ratificación en el Parlamento Europeo, donde en estos momentos no está claro que tuviera una mayoría. El responsable de la comisión de Comercio del Parlamento Europeo, el socialista alemán Bernd Lange, ya calificó como «indignante» la manera cómo la Comisión había negociado en el último momento un cambio meramente semántico que probablemente será rechazado otra vez por la justicia. En estos momentos, si el acuerdo con Marruecos se sometiera al voto en la Eurocámara lo más probable es que fuera rechazado, lo que obligaría a cesar su aplicación provisional. Esta situación permite sospechar que en ahora mismo los encargados de defender los intereses marroquíes en Bruselas ya estaban trabajando a toda máquina. Por ahora, esa capacidad de influencia se ha demostrado más eficaz en la Comisión Europea y en el Consejo (los gobiernos nacionales) que en el Parlamento, donde hizo mucho daño que el nombre de Marruecos quedase vinculado al «Qatargate» y sus espectaculares detenciones de eurodiputados con maletas de dinero en efectivo . En las instituciones ejecutivas Rabat ha sabido construir una estructura institucional muy densa de relaciones con la UE, pero en el Parlamento se han visto dañadas por la aparición de esos escándalos de regalos, viajes o privilegios con los que tentaban a los eurodiputados. En enero de 2023, aprovechando el caso del periodista disidente Omar Radi, el Parlamento aprobó con una amplísima mayoría una resolución que expresaba su profunda preocupación por las alegaciones de que las autoridades marroquíes habían corrompido a eurodiputados y pedía que se aplicaran a Marruecos las mismas medidas de protección adoptadas respecto a Qatar. Este martes está previsto que el pleno del Parlamento discuta una resolución sobre la invasión de Ceuta que en principio define lo sucedido como un «ataque híbrido». El enunciado original se refiere a «los recientes ataques híbridos e instrumentalización de migrantes en Ceuta y la necesidad de una respuesta coordinada para proteger las fronteras exteriores de la UE», lo que obliga a establecer que solo puede haber un responsable de esas acciones hostiles y no puede ser otro que Marruecos. En 2021, cuando se produjo una invasión similar de Ceuta, aunque a menor escala, el Parlamento Europeo ya aprobó una resolución en la que quedaba claro que la entrada ilegal de 9.000 personas se había producido después de que la policía marroquí relajase los controles y que un movimiento de personas de esa magnitud difícilmente podía considerarse espontáneo. En aquella ocasión quedó claro que Marruecos estaba usando el control fronterizo y la migración como presión política contra España e incluso identificaba la causa en el contexto de la crisis diplomática por haber acogido al líder saharahui Brahim Ghali. Con una amplísima mayoría el documento fue aprobado con la mención explícita de que la de Ceuta «es una frontera exterior de la UE». Es más que probable que esa resolución sea aprobada, aunque sea con la oposición de los socialistas españoles, que pueden verse obligados a seguir las instrucciones del Gobierno de Pedro Sánchez, que no acaba de explicar las razones por las que no quiere que se señale al régimen de Rabat como responsable de lo que ha sucedido en Ceuta. Como ha sucedido en anteriores ocasiones, si esa órbita de agentes que defienden los intereses marroquíes no puede lograr detener la resolución, intentarán aprovechar la derrota para obtener ventajas en otros campos . La amenaza de una desestabilización de las relaciones entre la UE y Marruecos es una de las peores pesadillas para la UE. Lo que en Bruselas se conoce como ‘lobby’ marroquí no es una organización definida y registrada con este nombre, pero constituye un elemento activo imposible de ignorar en la política europea. Se trata de una red constituida por actores institucionales, diplomáticos, empresariales, asociativos y políticos que promueven en las instituciones europeas posiciones favorables a los intereses estratégicos de Marruecos, especialmente en materia de relaciones con la UE y más concretamente respecto a cualquier asunto que afecte directa o indirectamente al futuro del Sáhara Occidental. No tiene nada de extraño que un país o una organización ejerza labores de cabildeo en los pasillos del Parlamento Europeo, puesto que es parte de la actividad legislativa. Pero esta está regulada, reglamentada y necesita actuar a la luz del día. El ‘lobby’ marroquí, sin embargo, se caracteriza por su extraordinaria actividad que raras veces se lleva a cabo abiertamente. En este campo, el papel de Marruecos solo puede compararse con el de Israel. La embajada de Marruecos en Bruselas constituye la parte más visible de esa galaxia de actores que tratan de defender los intereses de Rabat en todos los ámbitos. Por eso no resulta extraño que, a pesar de todo lo que se sabe positivamente de lo que sucedió en Ceuta, ningún dirigente de las instituciones europeas haya levantado la voz para señalar a Marruecos.El nombre más repetido (y uno de los pocos elementos visibles) entre la nebulosa de actores promarroquíes es el de Andrea Cozzolino, que fue eurodiputado socialista durante la legislatura 2019–2024 y presidió desde septiembre de 2019 hasta enero de 2023 la Delegación del Parlamento Europeo para las relaciones con los países del Magreb, que incluye la relación parlamentaria UE-Marruecos. Sin embargo, su contacto era el embajador de Marruecos en Polonia, Abderrahim Atmoun, que era el encargado de entregarle los fondos y «regalos» a cambio de influir en las decisiones políticas del Parlamento Europeo a favor de los intereses del país magrebí. El escándalo conocido como «Qatargate» (porque el dinero qatarí era el que se descubrió) reveló también el empleo de estas prácticas por parte de Marruecos y de hecho, la implicación de Rabat en la corrupción de eurodiputado se menciona claramente en la resolución del Parlamento de enero de 2023.En estos momentos, uno de los grandes temas que tiene Marruecos entre manos es la ratificación de la reforma del tratado comercial que ha pactado la Comisión con Marruecos después de la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE que viene a decir que pueden incluir los productos que vengan del Sahara Occidental siempre que quede claro que no es lo mismo que Marruecos y que además los beneficios de ese comercio favorezcan al pueblo saharahui. Ese tratado reformado está en vigor de forma provisional, pero necesita la ratificación en el Parlamento Europeo, donde en estos momentos no está claro que tuviera una mayoría. El responsable de la comisión de Comercio del Parlamento Europeo, el socialista alemán Bernd Lange, ya calificó como «indignante» la manera cómo la Comisión había negociado en el último momento un cambio meramente semántico que probablemente será rechazado otra vez por la justicia. En estos momentos, si el acuerdo con Marruecos se sometiera al voto en la Eurocámara lo más probable es que fuera rechazado, lo que obligaría a cesar su aplicación provisional. Esta situación permite sospechar que en ahora mismo los encargados de defender los intereses marroquíes en Bruselas ya estaban trabajando a toda máquina. Por ahora, esa capacidad de influencia se ha demostrado más eficaz en la Comisión Europea y en el Consejo (los gobiernos nacionales) que en el Parlamento, donde hizo mucho daño que el nombre de Marruecos quedase vinculado al «Qatargate» y sus espectaculares detenciones de eurodiputados con maletas de dinero en efectivo . En las instituciones ejecutivas Rabat ha sabido construir una estructura institucional muy densa de relaciones con la UE, pero en el Parlamento se han visto dañadas por la aparición de esos escándalos de regalos, viajes o privilegios con los que tentaban a los eurodiputados. En enero de 2023, aprovechando el caso del periodista disidente Omar Radi, el Parlamento aprobó con una amplísima mayoría una resolución que expresaba su profunda preocupación por las alegaciones de que las autoridades marroquíes habían corrompido a eurodiputados y pedía que se aplicaran a Marruecos las mismas medidas de protección adoptadas respecto a Qatar. Este martes está previsto que el pleno del Parlamento discuta una resolución sobre la invasión de Ceuta que en principio define lo sucedido como un «ataque híbrido». El enunciado original se refiere a «los recientes ataques híbridos e instrumentalización de migrantes en Ceuta y la necesidad de una respuesta coordinada para proteger las fronteras exteriores de la UE», lo que obliga a establecer que solo puede haber un responsable de esas acciones hostiles y no puede ser otro que Marruecos. En 2021, cuando se produjo una invasión similar de Ceuta, aunque a menor escala, el Parlamento Europeo ya aprobó una resolución en la que quedaba claro que la entrada ilegal de 9.000 personas se había producido después de que la policía marroquí relajase los controles y que un movimiento de personas de esa magnitud difícilmente podía considerarse espontáneo. En aquella ocasión quedó claro que Marruecos estaba usando el control fronterizo y la migración como presión política contra España e incluso identificaba la causa en el contexto de la crisis diplomática por haber acogido al líder saharahui Brahim Ghali. Con una amplísima mayoría el documento fue aprobado con la mención explícita de que la de Ceuta «es una frontera exterior de la UE». Es más que probable que esa resolución sea aprobada, aunque sea con la oposición de los socialistas españoles, que pueden verse obligados a seguir las instrucciones del Gobierno de Pedro Sánchez, que no acaba de explicar las razones por las que no quiere que se señale al régimen de Rabat como responsable de lo que ha sucedido en Ceuta. Como ha sucedido en anteriores ocasiones, si esa órbita de agentes que defienden los intereses marroquíes no puede lograr detener la resolución, intentarán aprovechar la derrota para obtener ventajas en otros campos . La amenaza de una desestabilización de las relaciones entre la UE y Marruecos es una de las peores pesadillas para la UE.
Lo que en Bruselas se conoce como ‘lobby’ marroquí no es una organización definida y registrada con este nombre, pero constituye un elemento activo imposible de ignorar en la política europea. Se trata de una red constituida por actores institucionales, diplomáticos, empresariales, asociativos y políticos … que promueven en las instituciones europeas posiciones favorables a los intereses estratégicos de Marruecos, especialmente en materia de relaciones con la UE y más concretamente respecto a cualquier asunto que afecte directa o indirectamente al futuro del Sáhara Occidental.
No tiene nada de extraño que un país o una organización ejerza labores de cabildeo en los pasillos del Parlamento Europeo, puesto que es parte de la actividad legislativa. Pero esta está regulada, reglamentada y necesita actuar a la luz del día. El ‘lobby’ marroquí, sin embargo, se caracteriza por su extraordinaria actividad que raras veces se lleva a cabo abiertamente. En este campo, el papel de Marruecos solo puede compararse con el de Israel.
La embajada de Marruecos en Bruselas constituye la parte más visible de esa galaxia de actores que tratan de defender los intereses de Rabat en todos los ámbitos. Por eso no resulta extraño que, a pesar de todo lo que se sabe positivamente de lo que sucedió en Ceuta, ningún dirigente de las instituciones europeas haya levantado la voz para señalar a Marruecos.
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El nombre más repetido (y uno de los pocos elementos visibles) entre la nebulosa de actores promarroquíes es el de Andrea Cozzolino, que fue eurodiputado socialista durante la legislatura 2019–2024 y presidió desde septiembre de 2019 hasta enero de 2023 la Delegación del Parlamento Europeo para las relaciones con los países del Magreb, que incluye la relación parlamentaria UE-Marruecos. Sin embargo, su contacto era el embajador de Marruecos en Polonia, Abderrahim Atmoun, que era el encargado de entregarle los fondos y «regalos» a cambio de influir en las decisiones políticas del Parlamento Europeo a favor de los intereses del país magrebí.
El escándalo conocido como «Qatargate» (porque el dinero qatarí era el que se descubrió) reveló también el empleo de estas prácticas por parte de Marruecos y de hecho, la implicación de Rabat en la corrupción de eurodiputado se menciona claramente en la resolución del Parlamento de enero de 2023.
En estos momentos, uno de los grandes temas que tiene Marruecos entre manos es la ratificación de la reforma del tratado comercial que ha pactado la Comisión con Marruecos después de la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE que viene a decir que pueden incluir los productos que vengan del Sahara Occidental siempre que quede claro que no es lo mismo que Marruecos y que además los beneficios de ese comercio favorezcan al pueblo saharahui. Ese tratado reformado está en vigor de forma provisional, pero necesita la ratificación en el Parlamento Europeo, donde en estos momentos no está claro que tuviera una mayoría. El responsable de la comisión de Comercio del Parlamento Europeo, el socialista alemán Bernd Lange, ya calificó como «indignante» la manera cómo la Comisión había negociado en el último momento un cambio meramente semántico que probablemente será rechazado otra vez por la justicia. En estos momentos, si el acuerdo con Marruecos se sometiera al voto en la Eurocámara lo más probable es que fuera rechazado, lo que obligaría a cesar su aplicación provisional. Esta situación permite sospechar que en ahora mismo los encargados de defender los intereses marroquíes en Bruselas ya estaban trabajando a toda máquina.
Por ahora, esa capacidad de influencia se ha demostrado más eficaz en la Comisión Europea y en el Consejo (los gobiernos nacionales) que en el Parlamento, donde hizo mucho daño que el nombre de Marruecos quedase vinculado al «Qatargate» y sus espectaculares detenciones de eurodiputados con maletas de dinero en efectivo. En las instituciones ejecutivas Rabat ha sabido construir una estructura institucional muy densa de relaciones con la UE, pero en el Parlamento se han visto dañadas por la aparición de esos escándalos de regalos, viajes o privilegios con los que tentaban a los eurodiputados. En enero de 2023, aprovechando el caso del periodista disidente Omar Radi, el Parlamento aprobó con una amplísima mayoría una resolución que expresaba su profunda preocupación por las alegaciones de que las autoridades marroquíes habían corrompido a eurodiputados y pedía que se aplicaran a Marruecos las mismas medidas de protección adoptadas respecto a Qatar.
Este martes está previsto que el pleno del Parlamento discuta una resolución sobre la invasión de Ceuta que en principio define lo sucedido como un «ataque híbrido». El enunciado original se refiere a «los recientes ataques híbridos e instrumentalización de migrantes en Ceuta y la necesidad de una respuesta coordinada para proteger las fronteras exteriores de la UE», lo que obliga a establecer que solo puede haber un responsable de esas acciones hostiles y no puede ser otro que Marruecos.
En 2021, cuando se produjo una invasión similar de Ceuta, aunque a menor escala, el Parlamento Europeo ya aprobó una resolución en la que quedaba claro que la entrada ilegal de 9.000 personas se había producido después de que la policía marroquí relajase los controles y que un movimiento de personas de esa magnitud difícilmente podía considerarse espontáneo. En aquella ocasión quedó claro que Marruecos estaba usando el control fronterizo y la migración como presión política contra España e incluso identificaba la causa en el contexto de la crisis diplomática por haber acogido al líder saharahui Brahim Ghali. Con una amplísima mayoría el documento fue aprobado con la mención explícita de que la de Ceuta «es una frontera exterior de la UE».
Es más que probable que esa resolución sea aprobada, aunque sea con la oposición de los socialistas españoles, que pueden verse obligados a seguir las instrucciones del Gobierno de Pedro Sánchez, que no acaba de explicar las razones por las que no quiere que se señale al régimen de Rabat como responsable de lo que ha sucedido en Ceuta. Como ha sucedido en anteriores ocasiones, si esa órbita de agentes que defienden los intereses marroquíes no puede lograr detener la resolución, intentarán aprovechar la derrota para obtener ventajas en otros campos. La amenaza de una desestabilización de las relaciones entre la UE y Marruecos es una de las peores pesadillas para la UE.
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