La vuelta del verano, al igual que ocurre cada 1 de enero, suele marcar el pistoletazo de salida para comenzar una dieta estricta que ponga un rápido remedio a esos kilos de más que se han ganado en unas semanas en las que se han roto los buenos hábitos. Sin embargo, Julia Fernández-Renau , autora de ‘A la mierda la dieta’, no es nada partidaria de someterse a una restricción severa de alimentos de una manera prolongada en el tiempo con el objetivo de adelgazar. La nutricionista ‘antidietas’, como le gusta autodenominarse, considera que la mayoría de mujeres han hecho una, o todas, durante su vida: la de los puntos, la del melón, la intermitente, la Dukan… Y, aún así, siguen sin conseguir su objetivo. «No logran perder peso, no por falta de fuerza de voluntad, sino porque las dietas no solucionan el problema de fondo. De hecho -matiza-, creo que forman parte de él, por priorizar la estética por encima del bienestar. Hemos asociado perder peso con estar más sanas y, muchas veces, conseguimos justo lo contrario. De cada dieta sales con más hambre, con menos confianza en ti misma y con más miedo a la comida».Esta experta considera, además, que ponerse a dieta produce determinados cambios en el cerebro, en el comportamiento y en la relación con la comida. En cuanto al primero, explica que ocurre lo siguiente:-Mayor reactividad del sistema de recompensa : el cerebro va a responder con más intensidad a señales de comida y «por eso eres más sensible a olores y piensas más en los alimentos. De hecho, áreas como la amígdala muestran más activación, lo que aumenta los antojos», apunta.- La corteza prefrontal, clave en autocontrol y toma de decisiones, reduce su actividad cuando el cerebro detecta este déficit calórico. «Entonces, esto va a dificultar mucho la restricción y a incrementar la probabilidad de comer ‘cosas que no debes’ (esto último lo dice medio en broma).-Alteración en neurotransmisores : experimentamos una bajada de serotonina (la hormona de la felicidad), lo que causa más ansiedad, irritabilidad y bajo estado de ánimo. De igual modo, se producen cambios en la dopamina, lo que impulsará una búsqueda compulsiva de alimentos.Al igual que el cerebro sufre modificaciones, hacer dieta también cambia el comportamiento y la relación con la comida. «Nacemos sabiendo identificar nuestras señales de hambre, de saciedad y nuestras apetencias. Son las dietas las que nos desconectan», advierte mientras asegura ha identificado en muchas de las mujeres con las que trabajo un patrón muy similar:-Pensamientos obsesivos con la comida: Después de seguir unas normas tan estrictas respecto a qué o cuándo comer, una vez que dejas la dieta, ya no sabes qué es lo quieres, qué o cuánto está «bien» comer. Todo ello se torna una preocupación constante. Al margen, por la propia restricción de ciertos alimentos, estos te van a apetecer mucho más, peroen esto ya profundizaremos más adelante.-Desconexión de las señales de hambre y de saciedad: Te enseñan a ignorar tu hambre, a intentar disimularla bebiendo vasos de agua e infusiones o comiendo chicles. Te enseñan a asociar tener hambre con algo negativo. Por ello, muchas mujeres, cuando quieren ponerle solución a este problema, se dan cuenta de que no tienen ni idea de cuándo tienen hambre.-Mayor riesgo de atracones o conductas compulsivas: Siempre que privamos al cerebro de comida, este va a empujarte a comer mucho más de lo normal cuando por fin te concedas el permiso de comer. No es «falta de fuerza de voluntad», sino una respuesta adaptativa.-Conductas compensatorias o rígidas: Todas las creencias de dieta te hacen creer que te tienes que «ganar» la comida o que sí o sí debes quemar todo lo que comes. Esto se traduce en hacer ejercicio excesivo cuando pensamos que hemos comido demasiado, en saltarnos comidas o incluso en ocasiones se llega a otro tipo de compensaciones más preocupantes.Para reflexionarDespués de mostrar todo el impacto que tiene el hecho de restringir alimentos con el propósito de perder peso, esta nutricionista lamenta que «estos efectos secundarios estén normalizados», e invita a toda aquella persona que esté pensando en ponerse a dieta a plantearse una serie de cuestiones para reflexionar y darse cuenta de a qué se está sometiendo a su cuerpo. Para ello en primer lugar considera que es importante pensar en la primera dieta que uno decidió realizar, a qué edad comenzó y si se consiguió la meta propuesta. Otras cuestiones clave-¿Recuperaste el peso que habías perdido o lo mantuviste?-¿Cuál ha sido tu experiencia respecto a las dietas a lo largo de tu vida? ¿Cuántas has realizado?-¿Cómo te ha afectado hacer dieta? ¿Notaste algún cambio en tu relación con la comida? ¿En tu vida social? ¿En tu humor? ¿En tu energía?-¿Qué emociones recuerdas haber sentido al empezar y al abandonar una dieta?-¿Qué mensajes sobre las dietas recibiste de tu entorno (familia, amistades, redes sociales, profesionales de la salud)?-Si miras hacia atrás, ¿qué has ganado y qué has perdido con las dietas?-¿Qué pasaría si nunca volvieras a hacer dieta? ¿Quémiedos aparecen y qué posibilidades nuevas se te vienen a la cabeza?-¿Qué necesitarías para confiar en tu cuerpo sin recurrir a una dieta?MÁS INFORMACIÓN noticia Si Así recomienda comer en vacaciones un entrenador para no tirar por la borda el esfuerzo de todo el año noticia Si Oler chocolate antes de hacer ejercicio: el rocambolesco truco para mejorar el entrenamiento noticia Si Esto es lo que tarda en verse en tu cuerpo el exceso de comida que acabas de ingerir-Si pudieras volver hacia atrás y llegar al momento de antes de empezar tu primera dieta, ¿qué te dirías? La vuelta del verano, al igual que ocurre cada 1 de enero, suele marcar el pistoletazo de salida para comenzar una dieta estricta que ponga un rápido remedio a esos kilos de más que se han ganado en unas semanas en las que se han roto los buenos hábitos. Sin embargo, Julia Fernández-Renau , autora de ‘A la mierda la dieta’, no es nada partidaria de someterse a una restricción severa de alimentos de una manera prolongada en el tiempo con el objetivo de adelgazar. La nutricionista ‘antidietas’, como le gusta autodenominarse, considera que la mayoría de mujeres han hecho una, o todas, durante su vida: la de los puntos, la del melón, la intermitente, la Dukan… Y, aún así, siguen sin conseguir su objetivo. «No logran perder peso, no por falta de fuerza de voluntad, sino porque las dietas no solucionan el problema de fondo. De hecho -matiza-, creo que forman parte de él, por priorizar la estética por encima del bienestar. Hemos asociado perder peso con estar más sanas y, muchas veces, conseguimos justo lo contrario. De cada dieta sales con más hambre, con menos confianza en ti misma y con más miedo a la comida».Esta experta considera, además, que ponerse a dieta produce determinados cambios en el cerebro, en el comportamiento y en la relación con la comida. En cuanto al primero, explica que ocurre lo siguiente:-Mayor reactividad del sistema de recompensa : el cerebro va a responder con más intensidad a señales de comida y «por eso eres más sensible a olores y piensas más en los alimentos. De hecho, áreas como la amígdala muestran más activación, lo que aumenta los antojos», apunta.- La corteza prefrontal, clave en autocontrol y toma de decisiones, reduce su actividad cuando el cerebro detecta este déficit calórico. «Entonces, esto va a dificultar mucho la restricción y a incrementar la probabilidad de comer ‘cosas que no debes’ (esto último lo dice medio en broma).-Alteración en neurotransmisores : experimentamos una bajada de serotonina (la hormona de la felicidad), lo que causa más ansiedad, irritabilidad y bajo estado de ánimo. De igual modo, se producen cambios en la dopamina, lo que impulsará una búsqueda compulsiva de alimentos.Al igual que el cerebro sufre modificaciones, hacer dieta también cambia el comportamiento y la relación con la comida. «Nacemos sabiendo identificar nuestras señales de hambre, de saciedad y nuestras apetencias. Son las dietas las que nos desconectan», advierte mientras asegura ha identificado en muchas de las mujeres con las que trabajo un patrón muy similar:-Pensamientos obsesivos con la comida: Después de seguir unas normas tan estrictas respecto a qué o cuándo comer, una vez que dejas la dieta, ya no sabes qué es lo quieres, qué o cuánto está «bien» comer. Todo ello se torna una preocupación constante. Al margen, por la propia restricción de ciertos alimentos, estos te van a apetecer mucho más, peroen esto ya profundizaremos más adelante.-Desconexión de las señales de hambre y de saciedad: Te enseñan a ignorar tu hambre, a intentar disimularla bebiendo vasos de agua e infusiones o comiendo chicles. Te enseñan a asociar tener hambre con algo negativo. Por ello, muchas mujeres, cuando quieren ponerle solución a este problema, se dan cuenta de que no tienen ni idea de cuándo tienen hambre.-Mayor riesgo de atracones o conductas compulsivas: Siempre que privamos al cerebro de comida, este va a empujarte a comer mucho más de lo normal cuando por fin te concedas el permiso de comer. No es «falta de fuerza de voluntad», sino una respuesta adaptativa.-Conductas compensatorias o rígidas: Todas las creencias de dieta te hacen creer que te tienes que «ganar» la comida o que sí o sí debes quemar todo lo que comes. Esto se traduce en hacer ejercicio excesivo cuando pensamos que hemos comido demasiado, en saltarnos comidas o incluso en ocasiones se llega a otro tipo de compensaciones más preocupantes.Para reflexionarDespués de mostrar todo el impacto que tiene el hecho de restringir alimentos con el propósito de perder peso, esta nutricionista lamenta que «estos efectos secundarios estén normalizados», e invita a toda aquella persona que esté pensando en ponerse a dieta a plantearse una serie de cuestiones para reflexionar y darse cuenta de a qué se está sometiendo a su cuerpo. Para ello en primer lugar considera que es importante pensar en la primera dieta que uno decidió realizar, a qué edad comenzó y si se consiguió la meta propuesta. Otras cuestiones clave-¿Recuperaste el peso que habías perdido o lo mantuviste?-¿Cuál ha sido tu experiencia respecto a las dietas a lo largo de tu vida? ¿Cuántas has realizado?-¿Cómo te ha afectado hacer dieta? ¿Notaste algún cambio en tu relación con la comida? ¿En tu vida social? ¿En tu humor? ¿En tu energía?-¿Qué emociones recuerdas haber sentido al empezar y al abandonar una dieta?-¿Qué mensajes sobre las dietas recibiste de tu entorno (familia, amistades, redes sociales, profesionales de la salud)?-Si miras hacia atrás, ¿qué has ganado y qué has perdido con las dietas?-¿Qué pasaría si nunca volvieras a hacer dieta? ¿Quémiedos aparecen y qué posibilidades nuevas se te vienen a la cabeza?-¿Qué necesitarías para confiar en tu cuerpo sin recurrir a una dieta?MÁS INFORMACIÓN noticia Si Así recomienda comer en vacaciones un entrenador para no tirar por la borda el esfuerzo de todo el año noticia Si Oler chocolate antes de hacer ejercicio: el rocambolesco truco para mejorar el entrenamiento noticia Si Esto es lo que tarda en verse en tu cuerpo el exceso de comida que acabas de ingerir-Si pudieras volver hacia atrás y llegar al momento de antes de empezar tu primera dieta, ¿qué te dirías?
La vuelta del verano, al igual que ocurre cada 1 de enero, suele marcar el pistoletazo de salida para comenzar una dieta estricta que ponga un rápido remedio a esos kilos de más que se han ganado en unas semanas en las que se han … roto los buenos hábitos. Sin embargo, Julia Fernández-Renau, autora de ‘A la mierda la dieta’, no es nada partidaria de someterse a una restricción severa de alimentos de una manera prolongada en el tiempo con el objetivo de adelgazar.
La nutricionista ‘antidietas’, como le gusta autodenominarse, considera que la mayoría de mujeres han hecho una, o todas, durante su vida: la de los puntos, la del melón, la intermitente, la Dukan… Y, aún así, siguen sin conseguir su objetivo. «No logran perder peso, no por falta de fuerza de voluntad, sino porque las dietas no solucionan el problema de fondo. De hecho -matiza-, creo que forman parte de él, por priorizar la estética por encima del bienestar. Hemos asociado perder peso con estar más sanas y, muchas veces, conseguimos justo lo contrario. De cada dieta sales con más hambre, con menos confianza en ti misma y con más miedo a la comida».
Esta experta considera, además, que ponerse a dieta produce determinados cambios en el cerebro, en el comportamiento y en la relación con la comida. En cuanto al primero, explica que ocurre lo siguiente:
-Mayor reactividad del sistema de recompensa: el cerebro va a responder con más intensidad a señales de comida y «por eso eres más sensible a olores y piensas más en los alimentos. De hecho, áreas como la amígdala muestran más activación, lo que aumenta los antojos», apunta.
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Julia Fernández-Renau, nutricionista
Laura Peraita
–La corteza prefrontal, clave en autocontrol y toma de decisiones, reduce su actividad cuando el cerebro detecta este déficit calórico. «Entonces, esto va a dificultar mucho la restricción y a incrementar la probabilidad de comer ‘cosas que no debes’ (esto último lo dice medio en broma).
-Alteración en neurotransmisores: experimentamos una bajada de serotonina (la hormona de la felicidad), lo que causa más ansiedad, irritabilidad y bajo estado de ánimo. De igual modo, se producen cambios en la dopamina, lo que impulsará una búsqueda compulsiva de alimentos.
Al igual que el cerebro sufre modificaciones, hacer dieta también cambia el comportamiento y la relación con la comida. «Nacemos sabiendo identificar nuestras señales de hambre, de saciedad y nuestras apetencias. Son las dietas las que nos desconectan», advierte mientras asegura ha identificado en muchas de las mujeres con las que trabajo un patrón muy similar:
-Pensamientos obsesivos con la comida: Después de seguir unas normas tan estrictas respecto a qué o cuándo comer, una vez que dejas la dieta, ya no sabes qué es lo quieres, qué o cuánto está «bien» comer. Todo ello se torna una preocupación constante. Al margen, por la propia restricción de ciertos alimentos, estos te van a apetecer mucho más, peroen esto ya profundizaremos más adelante.
-Desconexión de las señales de hambre y de saciedad: Te enseñan a ignorar tu hambre, a intentar disimularla bebiendo vasos de agua e infusiones o comiendo chicles. Te enseñan a asociar tener hambre con algo negativo. Por ello, muchas mujeres, cuando quieren ponerle solución a este problema, se dan cuenta de que no tienen ni idea de cuándo tienen hambre.
-Mayor riesgo de atracones o conductas compulsivas: Siempre que privamos al cerebro de comida, este va a empujarte a comer mucho más de lo normal cuando por fin te concedas el permiso de comer. No es «falta de fuerza de voluntad», sino una respuesta adaptativa.
-Conductas compensatorias o rígidas: Todas las creencias de dieta te hacen creer que te tienes que «ganar» la comida o que sí o sí debes quemar todo lo que comes. Esto se traduce en hacer ejercicio excesivo cuando pensamos que hemos comido demasiado, en saltarnos comidas o incluso en ocasiones se llega a otro tipo de compensaciones más preocupantes.
Para reflexionar
Después de mostrar todo el impacto que tiene el hecho de restringir alimentos con el propósito de perder peso, esta nutricionista lamenta que «estos efectos secundarios estén normalizados», e invita a toda aquella persona que esté pensando en ponerse a dieta a plantearse una serie de cuestiones para reflexionar y darse cuenta de a qué se está sometiendo a su cuerpo. Para ello en primer lugar considera que es importante pensar en la primera dieta que uno decidió realizar, a qué edad comenzó y si se consiguió la meta propuesta.
Otras cuestiones clave
-¿Recuperaste el peso que habías perdido o lo mantuviste?
-¿Cuál ha sido tu experiencia respecto a las dietas a lo largo de tu vida? ¿Cuántas has realizado?
-¿Cómo te ha afectado hacer dieta? ¿Notaste algún cambio en tu relación con la comida? ¿En tu vida social? ¿En tu humor? ¿En tu energía?
-¿Qué emociones recuerdas haber sentido al empezar y al abandonar una dieta?
-¿Qué mensajes sobre las dietas recibiste de tu entorno (familia, amistades, redes sociales, profesionales de la salud)?
-Si miras hacia atrás, ¿qué has ganado y qué has perdido con las dietas?
-¿Qué pasaría si nunca volvieras a hacer dieta? ¿Quémiedos aparecen y qué posibilidades nuevas se te vienen a la cabeza?
-¿Qué necesitarías para confiar en tu cuerpo sin recurrir a una dieta?
-Si pudieras volver hacia atrás y llegar al momento de antes de empezar tu primera dieta, ¿qué te dirías?
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