El último informe PISA ha encendido las alarmas a escala global, confirmando un declive educativo generalizado. La drástica caída de 14 puntos de media en comprensión lectora —la competencia base sobre la que se asienta cualquier aprendizaje— reflejan que la crisis educativa es ya un temporal de dimensión planetaria. Sin embargo, dentro de esta marejada global, el sistema educativo español se sitúa en un escenario de auténtica emergencia, tras firmar los peores resultados de su historia y registrar su retroceso más abrupto.Para Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE y considerado el cerebro tras el informe PISA, la clave del éxito internacional reside en aprender de modelos con fortalezas bien consolidadas.De los países asiáticos, dijo Schleicher a ABC, España debe recuperar la fe en el potencial incondicional de cada alumno y el compromiso total del profesorado, que ejerce de docente, mentor y trabajador social. Del Reino Unido, el camino a seguir es el rigor y la evidencia científica en la enseñanza, como demuestra su método riguroso y basado en datos para la adquisición de la lectura. De Suiza conviene extraer la capacidad para conectar las aulas con el mundo real, haciendo que la formación sea atractiva y relevante para unos jóvenes que, en nuestro país, sienten con frecuencia que la escuela no les abre las puertas del futuro.Esta es la hoja de ruta para rescatar al sistema educativo español de la deriva. Reino Unido, entre los diez mejores del mundo en ciencias, matemáticas y lecturaEn ArtsEd, un centro de enseñanza secundaria de Londres especializado además en artes escénicas, la respuesta a uno de los grandes problemas de la educación contemporánea resulta sorprendentemente analógica. Lo llaman «20 minute lock in»: veinte minutos durante los cuales los estudiantes leen o escriben sin ningún tipo de distracción o interrupción. Según su directora de Enseñanza y Aprendizaje, Charlotte Swingler, la práctica ha producido «un aumento significativo en la capacidad de concentración de los alumnos» y ha mejorado sus competencias de alfabetización.La escena adquiere una dimensión especial a la luz de los últimos resultados de PISA, publicados esta semana por la OCDE, que sitúan el rendimiento medio en sus niveles más bajos registrados. En ese contexto, Reino Unido aparece entre los diez mejores sistemas del mundo en ciencias, matemáticas y lectura.Dentro del Reino Unido destaca Inglaterra, donde empiezan a verse los frutos de decisiones mantenidas durante más de una década. No hubo una única reforma milagrosa, sino un cambio de filosofía: devolver el conocimiento al centro del currículo, elevar las expectativas académicas, enseñar a leer mediante fonética sistemática y reforzar la fluidez en matemáticas.Peter Middleton, director de ArtsEd, explica a ABC que «una cosa que el sistema educativo inglés ha conservado, en términos generales, es la convicción de que los estándares académicos importan». «Ha habido un énfasis sostenido en la lectura, el vocabulario y el conocimiento de las materias, y eso proporciona a los estudiantes una base sólida para sus estudios futuros».Peter Middleton, director de ArtsEdDetrás de ese giro están las reformas iniciadas por los conservadores en 2010. Uno de sus principales artífices fue Nick Gibb, secretario de Estado de colegios durante más de una década entre 2010 y 2023. «Queríamos asegurarnos de que nuestros colegios utilizaran la evidencia tanto en su enfoque del currículo como en la forma de enseñar», detalla Gibb en entrevista con este diario. «Cambiamos la ley para exigir la enseñanza mediante fonética», recuerda. «Los colegios», complementa Swingler, «enseñan a leer de manera explícita, con atención al vocabulario, el conocimiento, la inferencia y las estrategias de comprensión». En matemáticas, Inglaterra miró hacia sistemas como los de Singapur o Hong Kong. Y, por encima de estos cambios, recuperó un currículum que volvía a situar los contenidos académicos en el centro. «Si quieres que los niños sean capaces de pensar, necesitan conocimientos», sostiene Gibb, quien defiende que el pensamiento crítico y la resolución de problemas no se desarrollan en el vacío, sino a partir de lo aprendido y asimilado previamente.El problema es que ese aprendizaje compite hoy con un entorno digital que hace cada vez más difícil sostener la atención. «Muchos estudiantes están acostumbrados a recibir información en ráfagas cortas, y mantener la atención sobre una tarea exigente durante un periodo prolongado puede resultar más difícil que hace una década», reconoce Middleton.ArtsEd intenta construir deliberadamente el entorno contrario. «Ya sea ensayando una actuación, analizando un texto o preparando un trabajo, aprenden que mejorar requiere tiempo y concentración». Las artes escénicas tienen además una ventaja: los alumnos deben «estar plenamente presentes», escuchar, responder, colaborar y reflexionar. «Esas experiencias no pueden reproducirse haciendo scroll en una pantalla», afirma el director. Por ello, los móviles desaparecen durante la jornada escolar. Los estudiantes guardan sus dispositivos en fundas de seguridad que permanecen bloqueadas todo el día para que, explica Middleton, «las clases y el tiempo social no estén constantemente interrumpidos por las notificaciones o por la necesidad de comprobar el dispositivo». Su caso no es una excepción. Según PISA, el 80% de los alumnos británicos estudia en centros donde no se permite utilizar el móvil, frente al 49% de media de la OCDE.Swingler observa las consecuencias de esa batalla por la atención en la lectura. Frente al hábito de consumir contenidos deprisa, sostiene que la capacidad de detenerse ante un texto también debe entrenarse. «Desarrollar la capacidad de concentración requiere práctica». De ahí también el «20 minute lock in» con el que comienza esta historia. El reto, sostiene, es enseñarles «cómo concentrarse, pensar profundamente y enfrentarse a ideas complejas durante periodos prolongados». La inteligencia artificial plantea ahora un nuevo desafío. «La IA ha venido para quedarse, por lo que los colegios tienen que ayudar a los estudiantes a utilizarla de manera inteligente», afirma Middleton. «Nuestro énfasis consiste en asegurarnos de que puedan cuestionar, evaluar y pensar críticamente sobre la información que reciben».Para Gibb, la IA hace todavía más importante la filosofía que inspiró las reformas iniciadas por los conservadores en 2010. Si una máquina puede proporcionar información y producir textos en segundos, sostiene, la escuela debe garantizar que los jóvenes desarrollen al máximo su propia capacidad cognitiva. «No podemos crear, por culpa de la IA, una generación de personas incapaces de pensar», advierte.Y para los entrevistados, hay otra pieza esencial: la disciplina. Gibb defiende un modelo conocido como «warm-strict behaviour«, («disciplina cálida pero estricta»), que combina reglas y límites muy claros con profesores que se preocupan genuinamente por sus alumnos, a quienes «quieren de verdad y quieren que les vaya bien». Es una filosofía que Middleton reconoce desde la experiencia cotidiana de ArtsEd y que resume en una fórmula sencilla: «Cuando a los jóvenes se les plantean expectativas altas, rutinas claras y el apoyo adecuado, generalmente están a la altura del desafío»Suiza, el país de los profesores bien pagadosSuiza es uno de los 20 países con mejor rendimiento en el Estudio Pisa 2025, con una posición destacada en ciencias naturales y casi 20 puntos más que la media de la OCDE. Christophe Darbellay, Consejero de Estado de Valais y presidente de la Conferencia Suiza de Directores Cantonales de Instrucción Pública, lo atribuye a un cúmulo de factores, desde las altas expectativas académicas a la excelente formación docente, pasando por un sistema de FP dual muy exigente, la autonomía local con estándares nacionales claros y una cultura social que valora la disciplina, el esfuerzo y la precisión.Aun así, insiste en la necesidad de seguir mejorando en matemáticas y lectura, «volviendo a los fundamentos: lápiz y papel, leer, escribir, calcular y retrasar el uso de pantallas», además de mayores aportaciones presupuestarias. Suiza dedica actualmente el 5,5 % del PIB y el 18 % del gasto público total a la educación.El sistema educativo suizo se caracteriza por la estabilidad y la descentralización, pero con estándares nacionales comunes (HarmoS), una combinación que genera coherencia sin rigidez. Pero el verdadero elemento distintivo es que tiene uno de los sistemas de formación de docentes más exigentes de Europa. Los profesores cumplen con una formación universitaria especializada en Pedagía (Pädagogische Hochschulen), con prácticas largas obligatorias y supervisadas, capacitación para gestionar aulas diversas y para aplicar según su juicio diferentes métodos pedagógicos, además de una formación continua obligatoria durante toda su carrera.El acceso a esta formación del profesorado no está al alcance de cualquiera. Se requiere un expediente escolar alto, con nota mínima de 4,5 sobre 6, que en España equivaldría a un bachillerato con media de entre 7,5 y 8,5. Se valoran especialmente las notas más altas en alemán/francés/italiano, matemáticas y ciencias. Además, es necesario superar una serie de pruebas específicas de aptitud y entrevistas personales. Entre las pruebas de aptitud obligatorias hay test de lengua, matemáticas y evaluación de competencias sociales y de comunicación, a las que se añaden en algunos cantones pruebas de música y motricidad. En la selección de candidatos, se tiene muy en cuenta la «declaración motivacional».El profesorado suizo está además muy motivado con altos salarios y prestigio social. Un profesor de primaria en Suiza ganó en 2025 alrededor de 82.500 como media nacional, cerca de 90.000 euros, aunque en algunos cantones como Ginebra o Zúrich se alcanzan los 110.000. Las administraciones regionales compiten entre ellas por fichar a los mejores.El sistema impone como prioridades las matemáticas fuertes desde primaria, la lectura profunda y comprensión de textos largos y las ciencias con enfoque experimental, además de un multilingüismo estructurado (alemán/francés/italiano + inglés). En ese mismo nivel de prioridad, figuran valores como la puntualidad, la responsabilidad y la autonomía, el trabajo bien hecho y el respeto. Hay tareas para casa regulares y la cultura social refuerza la cultura escolar, a pesar de que un 26% de la población es de origen extranjero, el nivel de integración es muy alto.La educación pública suiza ofrece apoyo lingüístico a hijos de inmigrantes, refuerzo individual en lectura y matemáticas a los alumnos que lo necesitan y un equipo permanente en los colegios de psicopedagogos y logopedas. Las autoridades educativas someten a una evaluación continua a centros, docentes, programas y resultados cantonales en inspecciones a partir de las cuales se articulan las reformas.Los países asiáticos: altos recursos, altas oportunidades y alta presiónSale un nuevo informe PISA y, como de costumbre, el mundo mira con admiración hacia Asia: siete de los ocho primeros clasificados proceden de la región. Destaca en particular Singapur , instalado año tras año en lo más alto de la tabla. En esta ocasión el país aparece en primera posición en lectura y en segunda en ciencias, matemáticas y resolución computacional de problemas. «No es fácil identificar con precisión las razones que explican el rendimiento sistemáticamente elevado de Singapur en PISA, cualquier explicación tiene cierto componente de conjetura», advierte Jaston Tan, profesor del Instituto Nacional de Educación de la Universidad Tecnológica de Nanyang.«Por un lado, hay factores universales como la abundancia de recursos destinados al sistema educativo, tanto en infraestructuras como en formación del profesorado, y el esfuerzo del ministerio de Educación por mantenerse al día de las tendencias internacionales en la materia, como demuestra la atención prestada recientemente a la irrupción de la inteligencia artificial», explica. «Aunque también hay factores específicos. Uno, sin duda, es el reducido tamaño del país. Hablamos de unas 350 escuelas y algo más de 400.000 alumnos de primaria y secundaria. Singapur es, también, un país relativamente libre de las grandes brechas entre zonas urbanas y rurales o entre distintas regiones que sí existen en otros sistemas educativos. Todo ello facilita que la formulación y aplicación de las políticas resulte más sencilla y fluida».En Singapur, además, la educación representa un ascensor social de excepcional dinamismo. El Gobierno mantiene un generoso programa de becas que identifica a los mejores estudiantes desde secundaria y financia sus estudios universitarios en los mejores centros del mundo a condición de que, tras su graduación, se incorporen durante al menos un lustro al sector público. Esto genera un cuerpo de funcionarios de élite, característica esencial del modelo tecnocrático adoptado por el país mejor administrado del mundo, según índices del Banco Mundial.«Singapur es un país muy pequeño sin petróleo ni tierra agrícola, no tenemos más recursos que nuestra gente. Por eso, solo podemos invertir en nuestra gente para que nuestro país pueda prosperar », apunta Ee Ling Low, decana del Instituto Nacional de Educación y una de las expertas que ha asesorado a las autoridades educativas en el diseño de sus políticas.Ahora bien: un sistema orientado hacia la excelencia en el que las oportunidades se reparten a una edad temprana no está exento de externalidades negativas. «Existe una gran preocupación a nivel nacional por el impacto de la excesiva competencia en las escuelas. Diversas encuestas sobre bienestar mental han revelado tendencias preocupantes entre los jóvenes de Singapur, con problemas de ansiedad, depresión e ideaciones suicidas », alerta Tan. «Desde hace dos décadas existe un debate constante sobre el equilibrio adecuado entre los resultados académicos y otros aspectos de la formación», añade. «Las autoridades han adoptado distintas medidas para aliviar la presión académica. Entre ellas figuran la eliminación de los exámenes de mitad de curso en las principales etapas educativas y la introducción de criterios no estrictamente académicos en los procesos de admisión». Sin embargo, estos intentos bienintencionados en ocasiones han generado el resultado opuesto. Sucede, por ejemplo, con los deportes. A medida que estos se han convertido en un criterio relevante, cada vez son más las familias que han comenzado a contratar entrenadores personales para mejorar el rendimiento de sus hijos. «En mi opinión, PISA constituye una buena referencia para Singapur, pero no es nuestro boletín de notas. El sistema educativo singapurense no es perfecto y nuestro contexto, nuestra historia y nuestra trayectoria son diferentes de los de otros países. En muchos ámbitos, seguimos tratando de aprender de otros países», concluye Low, con la actitud del buen estudiante.Más allá de las circunstancias específicas de Singapur, un sustrato cultural común contribuye al éxito general de las naciones desarrolladas de Asia, también aquellas con una mayor complejidad sociodemográfica. No es casualidad que en lo más alto de la lista se sucedan China continental –representada de manera parcial y engañosa por Pekín, Shanghái y dos de sus provincias más prósperas, Jiangsu y Zhejiang–, Macao, Taiwán, Japón, Corea del Sur –aquí se cuela Estonia, el primer país no asiático– y Hong Kong. Todos estos sistemas comparten factores como la importancia concedida a la educación, la estrecha colaboración entre familias y colegios , así como la elevada consideración del profesorado y su sólida formación.«Los resultados educativos de Japón no deben explicarse únicamente por el aprendizaje de matemáticas o lectura. Un elemento distintivo es el equilibrio entre la formación cognitiva y no cognitiva, expresada especialmente a través de la filosofía educativa conocida como ‘Tokkatsu’ », explica Jakeline Lagones, profesora de la Universidad Kansai Gaidai. «Dos ejemplos representativos son la limpieza de las aulas por los propios estudiantes y su participación en la organización y distribución del almuerzo escolar», incide. «A diferencia de otros países, en Japón estas actividades forman parte del proceso educativo. A través de ellas, los niños desarrollan cooperación, disciplina, responsabilidad y perseverancia, convirtiendo progresivamente estas prácticas en hábitos que pueden mantenerse durante la vida adulta. Esta formación se relaciona, además, con el contexto social y cultural japonés, donde el cuidado del hogar, del barrio y de los espacios comunes constituye una responsabilidad compartida».Riho Sakurai, profesora de la Universidad de Hiroshima, destaca asimismo el éxito de Japón a la hora de gestionar la irrupción de la IA y buscar soluciones que no pasen por la prohibición generalizada. «Pese al elevado nivel de alfabetización digital, el uso de herramientas de inteligencia artificial con fines educativos sigue siendo relativamente limitado entre los estudiantes de 15 años en comparación con otros países: un 43,8% afirma no recurrir a ellas, el porcentaje más alto entre los países analizados».Este esquema retroalimentado de altos recursos, altas oportunidades y alta presión se reproduce de manera unánime entre estos países. «El éxito educativo de Corea del Sur se explica en buena medida por un fenómeno cultural singular conocido como ‘gyoyuk-yeol’, o ‘fiebre por la educación’. Históricamente, la educación ha desempeñado en el país dos funciones fundamentales», aduce Jina Ro, profesora de la Universidad Sungkyunkwan.Jina Ro, profesora de la Universidad Sungkyunkwan en Corea del Sur«Para el Estado, constituyó un proyecto nacional decisivo para la reconstrucción tras la ocupación colonial japonesa y la guerra de Corea, y en la actualidad sigue siendo un instrumento esencial para formar la mano de obra cualificada que sustenta el crecimiento económico. Para los individuos y las familias, en cambio, la educación representa la principal vía de movilidad socioeconómica», prosigue.«Como consecuencia, los padres invierten grandes cantidades de recursos en la formación de sus hijos y ejercen una intensa presión para que destaquen académicamente. Este profundo sustrato social, cultural e histórico convierte el éxito académico en una prioridad para los estudiantes surcoreanos y ayuda a explicar sus resultados sistemáticamente elevados en evaluaciones internacionales como PISA». El último informe PISA ha encendido las alarmas a escala global, confirmando un declive educativo generalizado. La drástica caída de 14 puntos de media en comprensión lectora —la competencia base sobre la que se asienta cualquier aprendizaje— reflejan que la crisis educativa es ya un temporal de dimensión planetaria. Sin embargo, dentro de esta marejada global, el sistema educativo español se sitúa en un escenario de auténtica emergencia, tras firmar los peores resultados de su historia y registrar su retroceso más abrupto.Para Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE y considerado el cerebro tras el informe PISA, la clave del éxito internacional reside en aprender de modelos con fortalezas bien consolidadas.De los países asiáticos, dijo Schleicher a ABC, España debe recuperar la fe en el potencial incondicional de cada alumno y el compromiso total del profesorado, que ejerce de docente, mentor y trabajador social. Del Reino Unido, el camino a seguir es el rigor y la evidencia científica en la enseñanza, como demuestra su método riguroso y basado en datos para la adquisición de la lectura. De Suiza conviene extraer la capacidad para conectar las aulas con el mundo real, haciendo que la formación sea atractiva y relevante para unos jóvenes que, en nuestro país, sienten con frecuencia que la escuela no les abre las puertas del futuro.Esta es la hoja de ruta para rescatar al sistema educativo español de la deriva. Reino Unido, entre los diez mejores del mundo en ciencias, matemáticas y lecturaEn ArtsEd, un centro de enseñanza secundaria de Londres especializado además en artes escénicas, la respuesta a uno de los grandes problemas de la educación contemporánea resulta sorprendentemente analógica. Lo llaman «20 minute lock in»: veinte minutos durante los cuales los estudiantes leen o escriben sin ningún tipo de distracción o interrupción. Según su directora de Enseñanza y Aprendizaje, Charlotte Swingler, la práctica ha producido «un aumento significativo en la capacidad de concentración de los alumnos» y ha mejorado sus competencias de alfabetización.La escena adquiere una dimensión especial a la luz de los últimos resultados de PISA, publicados esta semana por la OCDE, que sitúan el rendimiento medio en sus niveles más bajos registrados. En ese contexto, Reino Unido aparece entre los diez mejores sistemas del mundo en ciencias, matemáticas y lectura.Dentro del Reino Unido destaca Inglaterra, donde empiezan a verse los frutos de decisiones mantenidas durante más de una década. No hubo una única reforma milagrosa, sino un cambio de filosofía: devolver el conocimiento al centro del currículo, elevar las expectativas académicas, enseñar a leer mediante fonética sistemática y reforzar la fluidez en matemáticas.Peter Middleton, director de ArtsEd, explica a ABC que «una cosa que el sistema educativo inglés ha conservado, en términos generales, es la convicción de que los estándares académicos importan». «Ha habido un énfasis sostenido en la lectura, el vocabulario y el conocimiento de las materias, y eso proporciona a los estudiantes una base sólida para sus estudios futuros».Peter Middleton, director de ArtsEdDetrás de ese giro están las reformas iniciadas por los conservadores en 2010. Uno de sus principales artífices fue Nick Gibb, secretario de Estado de colegios durante más de una década entre 2010 y 2023. «Queríamos asegurarnos de que nuestros colegios utilizaran la evidencia tanto en su enfoque del currículo como en la forma de enseñar», detalla Gibb en entrevista con este diario. «Cambiamos la ley para exigir la enseñanza mediante fonética», recuerda. «Los colegios», complementa Swingler, «enseñan a leer de manera explícita, con atención al vocabulario, el conocimiento, la inferencia y las estrategias de comprensión». En matemáticas, Inglaterra miró hacia sistemas como los de Singapur o Hong Kong. Y, por encima de estos cambios, recuperó un currículum que volvía a situar los contenidos académicos en el centro. «Si quieres que los niños sean capaces de pensar, necesitan conocimientos», sostiene Gibb, quien defiende que el pensamiento crítico y la resolución de problemas no se desarrollan en el vacío, sino a partir de lo aprendido y asimilado previamente.El problema es que ese aprendizaje compite hoy con un entorno digital que hace cada vez más difícil sostener la atención. «Muchos estudiantes están acostumbrados a recibir información en ráfagas cortas, y mantener la atención sobre una tarea exigente durante un periodo prolongado puede resultar más difícil que hace una década», reconoce Middleton.ArtsEd intenta construir deliberadamente el entorno contrario. «Ya sea ensayando una actuación, analizando un texto o preparando un trabajo, aprenden que mejorar requiere tiempo y concentración». Las artes escénicas tienen además una ventaja: los alumnos deben «estar plenamente presentes», escuchar, responder, colaborar y reflexionar. «Esas experiencias no pueden reproducirse haciendo scroll en una pantalla», afirma el director. Por ello, los móviles desaparecen durante la jornada escolar. Los estudiantes guardan sus dispositivos en fundas de seguridad que permanecen bloqueadas todo el día para que, explica Middleton, «las clases y el tiempo social no estén constantemente interrumpidos por las notificaciones o por la necesidad de comprobar el dispositivo». Su caso no es una excepción. Según PISA, el 80% de los alumnos británicos estudia en centros donde no se permite utilizar el móvil, frente al 49% de media de la OCDE.Swingler observa las consecuencias de esa batalla por la atención en la lectura. Frente al hábito de consumir contenidos deprisa, sostiene que la capacidad de detenerse ante un texto también debe entrenarse. «Desarrollar la capacidad de concentración requiere práctica». De ahí también el «20 minute lock in» con el que comienza esta historia. El reto, sostiene, es enseñarles «cómo concentrarse, pensar profundamente y enfrentarse a ideas complejas durante periodos prolongados». La inteligencia artificial plantea ahora un nuevo desafío. «La IA ha venido para quedarse, por lo que los colegios tienen que ayudar a los estudiantes a utilizarla de manera inteligente», afirma Middleton. «Nuestro énfasis consiste en asegurarnos de que puedan cuestionar, evaluar y pensar críticamente sobre la información que reciben».Para Gibb, la IA hace todavía más importante la filosofía que inspiró las reformas iniciadas por los conservadores en 2010. Si una máquina puede proporcionar información y producir textos en segundos, sostiene, la escuela debe garantizar que los jóvenes desarrollen al máximo su propia capacidad cognitiva. «No podemos crear, por culpa de la IA, una generación de personas incapaces de pensar», advierte.Y para los entrevistados, hay otra pieza esencial: la disciplina. Gibb defiende un modelo conocido como «warm-strict behaviour«, («disciplina cálida pero estricta»), que combina reglas y límites muy claros con profesores que se preocupan genuinamente por sus alumnos, a quienes «quieren de verdad y quieren que les vaya bien». Es una filosofía que Middleton reconoce desde la experiencia cotidiana de ArtsEd y que resume en una fórmula sencilla: «Cuando a los jóvenes se les plantean expectativas altas, rutinas claras y el apoyo adecuado, generalmente están a la altura del desafío»Suiza, el país de los profesores bien pagadosSuiza es uno de los 20 países con mejor rendimiento en el Estudio Pisa 2025, con una posición destacada en ciencias naturales y casi 20 puntos más que la media de la OCDE. Christophe Darbellay, Consejero de Estado de Valais y presidente de la Conferencia Suiza de Directores Cantonales de Instrucción Pública, lo atribuye a un cúmulo de factores, desde las altas expectativas académicas a la excelente formación docente, pasando por un sistema de FP dual muy exigente, la autonomía local con estándares nacionales claros y una cultura social que valora la disciplina, el esfuerzo y la precisión.Aun así, insiste en la necesidad de seguir mejorando en matemáticas y lectura, «volviendo a los fundamentos: lápiz y papel, leer, escribir, calcular y retrasar el uso de pantallas», además de mayores aportaciones presupuestarias. Suiza dedica actualmente el 5,5 % del PIB y el 18 % del gasto público total a la educación.El sistema educativo suizo se caracteriza por la estabilidad y la descentralización, pero con estándares nacionales comunes (HarmoS), una combinación que genera coherencia sin rigidez. Pero el verdadero elemento distintivo es que tiene uno de los sistemas de formación de docentes más exigentes de Europa. Los profesores cumplen con una formación universitaria especializada en Pedagía (Pädagogische Hochschulen), con prácticas largas obligatorias y supervisadas, capacitación para gestionar aulas diversas y para aplicar según su juicio diferentes métodos pedagógicos, además de una formación continua obligatoria durante toda su carrera.El acceso a esta formación del profesorado no está al alcance de cualquiera. Se requiere un expediente escolar alto, con nota mínima de 4,5 sobre 6, que en España equivaldría a un bachillerato con media de entre 7,5 y 8,5. Se valoran especialmente las notas más altas en alemán/francés/italiano, matemáticas y ciencias. Además, es necesario superar una serie de pruebas específicas de aptitud y entrevistas personales. Entre las pruebas de aptitud obligatorias hay test de lengua, matemáticas y evaluación de competencias sociales y de comunicación, a las que se añaden en algunos cantones pruebas de música y motricidad. En la selección de candidatos, se tiene muy en cuenta la «declaración motivacional».El profesorado suizo está además muy motivado con altos salarios y prestigio social. Un profesor de primaria en Suiza ganó en 2025 alrededor de 82.500 como media nacional, cerca de 90.000 euros, aunque en algunos cantones como Ginebra o Zúrich se alcanzan los 110.000. Las administraciones regionales compiten entre ellas por fichar a los mejores.El sistema impone como prioridades las matemáticas fuertes desde primaria, la lectura profunda y comprensión de textos largos y las ciencias con enfoque experimental, además de un multilingüismo estructurado (alemán/francés/italiano + inglés). En ese mismo nivel de prioridad, figuran valores como la puntualidad, la responsabilidad y la autonomía, el trabajo bien hecho y el respeto. Hay tareas para casa regulares y la cultura social refuerza la cultura escolar, a pesar de que un 26% de la población es de origen extranjero, el nivel de integración es muy alto.La educación pública suiza ofrece apoyo lingüístico a hijos de inmigrantes, refuerzo individual en lectura y matemáticas a los alumnos que lo necesitan y un equipo permanente en los colegios de psicopedagogos y logopedas. Las autoridades educativas someten a una evaluación continua a centros, docentes, programas y resultados cantonales en inspecciones a partir de las cuales se articulan las reformas.Los países asiáticos: altos recursos, altas oportunidades y alta presiónSale un nuevo informe PISA y, como de costumbre, el mundo mira con admiración hacia Asia: siete de los ocho primeros clasificados proceden de la región. Destaca en particular Singapur , instalado año tras año en lo más alto de la tabla. En esta ocasión el país aparece en primera posición en lectura y en segunda en ciencias, matemáticas y resolución computacional de problemas. «No es fácil identificar con precisión las razones que explican el rendimiento sistemáticamente elevado de Singapur en PISA, cualquier explicación tiene cierto componente de conjetura», advierte Jaston Tan, profesor del Instituto Nacional de Educación de la Universidad Tecnológica de Nanyang.«Por un lado, hay factores universales como la abundancia de recursos destinados al sistema educativo, tanto en infraestructuras como en formación del profesorado, y el esfuerzo del ministerio de Educación por mantenerse al día de las tendencias internacionales en la materia, como demuestra la atención prestada recientemente a la irrupción de la inteligencia artificial», explica. «Aunque también hay factores específicos. Uno, sin duda, es el reducido tamaño del país. Hablamos de unas 350 escuelas y algo más de 400.000 alumnos de primaria y secundaria. Singapur es, también, un país relativamente libre de las grandes brechas entre zonas urbanas y rurales o entre distintas regiones que sí existen en otros sistemas educativos. Todo ello facilita que la formulación y aplicación de las políticas resulte más sencilla y fluida».En Singapur, además, la educación representa un ascensor social de excepcional dinamismo. El Gobierno mantiene un generoso programa de becas que identifica a los mejores estudiantes desde secundaria y financia sus estudios universitarios en los mejores centros del mundo a condición de que, tras su graduación, se incorporen durante al menos un lustro al sector público. Esto genera un cuerpo de funcionarios de élite, característica esencial del modelo tecnocrático adoptado por el país mejor administrado del mundo, según índices del Banco Mundial.«Singapur es un país muy pequeño sin petróleo ni tierra agrícola, no tenemos más recursos que nuestra gente. Por eso, solo podemos invertir en nuestra gente para que nuestro país pueda prosperar », apunta Ee Ling Low, decana del Instituto Nacional de Educación y una de las expertas que ha asesorado a las autoridades educativas en el diseño de sus políticas.Ahora bien: un sistema orientado hacia la excelencia en el que las oportunidades se reparten a una edad temprana no está exento de externalidades negativas. «Existe una gran preocupación a nivel nacional por el impacto de la excesiva competencia en las escuelas. Diversas encuestas sobre bienestar mental han revelado tendencias preocupantes entre los jóvenes de Singapur, con problemas de ansiedad, depresión e ideaciones suicidas », alerta Tan. «Desde hace dos décadas existe un debate constante sobre el equilibrio adecuado entre los resultados académicos y otros aspectos de la formación», añade. «Las autoridades han adoptado distintas medidas para aliviar la presión académica. Entre ellas figuran la eliminación de los exámenes de mitad de curso en las principales etapas educativas y la introducción de criterios no estrictamente académicos en los procesos de admisión». Sin embargo, estos intentos bienintencionados en ocasiones han generado el resultado opuesto. Sucede, por ejemplo, con los deportes. A medida que estos se han convertido en un criterio relevante, cada vez son más las familias que han comenzado a contratar entrenadores personales para mejorar el rendimiento de sus hijos. «En mi opinión, PISA constituye una buena referencia para Singapur, pero no es nuestro boletín de notas. El sistema educativo singapurense no es perfecto y nuestro contexto, nuestra historia y nuestra trayectoria son diferentes de los de otros países. En muchos ámbitos, seguimos tratando de aprender de otros países», concluye Low, con la actitud del buen estudiante.Más allá de las circunstancias específicas de Singapur, un sustrato cultural común contribuye al éxito general de las naciones desarrolladas de Asia, también aquellas con una mayor complejidad sociodemográfica. No es casualidad que en lo más alto de la lista se sucedan China continental –representada de manera parcial y engañosa por Pekín, Shanghái y dos de sus provincias más prósperas, Jiangsu y Zhejiang–, Macao, Taiwán, Japón, Corea del Sur –aquí se cuela Estonia, el primer país no asiático– y Hong Kong. Todos estos sistemas comparten factores como la importancia concedida a la educación, la estrecha colaboración entre familias y colegios , así como la elevada consideración del profesorado y su sólida formación.«Los resultados educativos de Japón no deben explicarse únicamente por el aprendizaje de matemáticas o lectura. Un elemento distintivo es el equilibrio entre la formación cognitiva y no cognitiva, expresada especialmente a través de la filosofía educativa conocida como ‘Tokkatsu’ », explica Jakeline Lagones, profesora de la Universidad Kansai Gaidai. «Dos ejemplos representativos son la limpieza de las aulas por los propios estudiantes y su participación en la organización y distribución del almuerzo escolar», incide. «A diferencia de otros países, en Japón estas actividades forman parte del proceso educativo. A través de ellas, los niños desarrollan cooperación, disciplina, responsabilidad y perseverancia, convirtiendo progresivamente estas prácticas en hábitos que pueden mantenerse durante la vida adulta. Esta formación se relaciona, además, con el contexto social y cultural japonés, donde el cuidado del hogar, del barrio y de los espacios comunes constituye una responsabilidad compartida».Riho Sakurai, profesora de la Universidad de Hiroshima, destaca asimismo el éxito de Japón a la hora de gestionar la irrupción de la IA y buscar soluciones que no pasen por la prohibición generalizada. «Pese al elevado nivel de alfabetización digital, el uso de herramientas de inteligencia artificial con fines educativos sigue siendo relativamente limitado entre los estudiantes de 15 años en comparación con otros países: un 43,8% afirma no recurrir a ellas, el porcentaje más alto entre los países analizados».Este esquema retroalimentado de altos recursos, altas oportunidades y alta presión se reproduce de manera unánime entre estos países. «El éxito educativo de Corea del Sur se explica en buena medida por un fenómeno cultural singular conocido como ‘gyoyuk-yeol’, o ‘fiebre por la educación’. Históricamente, la educación ha desempeñado en el país dos funciones fundamentales», aduce Jina Ro, profesora de la Universidad Sungkyunkwan.Jina Ro, profesora de la Universidad Sungkyunkwan en Corea del Sur«Para el Estado, constituyó un proyecto nacional decisivo para la reconstrucción tras la ocupación colonial japonesa y la guerra de Corea, y en la actualidad sigue siendo un instrumento esencial para formar la mano de obra cualificada que sustenta el crecimiento económico. Para los individuos y las familias, en cambio, la educación representa la principal vía de movilidad socioeconómica», prosigue.«Como consecuencia, los padres invierten grandes cantidades de recursos en la formación de sus hijos y ejercen una intensa presión para que destaquen académicamente. Este profundo sustrato social, cultural e histórico convierte el éxito académico en una prioridad para los estudiantes surcoreanos y ayuda a explicar sus resultados sistemáticamente elevados en evaluaciones internacionales como PISA».
El último informe PISA ha encendido las alarmas a escala global, confirmando un declive educativo generalizado. La drástica caída de 14 puntos de media en comprensión lectora —la competencia base sobre la que se asienta cualquier aprendizaje— reflejan que la crisis educativa es ya … un temporal de dimensión planetaria. Sin embargo, dentro de esta marejada global, el sistema educativo español se sitúa en un escenario de auténtica emergencia, tras firmar los peores resultados de su historia y registrar su retroceso más abrupto.
Para Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE y considerado el cerebro tras el informe PISA, la clave del éxito internacional reside en aprender de modelos con fortalezas bien consolidadas.
De los países asiáticos, dijo Schleicher a ABC, España debe recuperar la fe en el potencial incondicional de cada alumno y el compromiso total del profesorado, que ejerce de docente, mentor y trabajador social. Del Reino Unido, el camino a seguir es el rigor y la evidencia científica en la enseñanza, como demuestra su método riguroso y basado en datos para la adquisición de la lectura. De Suiza conviene extraer la capacidad para conectar las aulas con el mundo real, haciendo que la formación sea atractiva y relevante para unos jóvenes que, en nuestro país, sienten con frecuencia que la escuela no les abre las puertas del futuro.
Esta es la hoja de ruta para rescatar al sistema educativo español de la deriva.
Reino Unido, entre los diez mejores del mundo en ciencias, matemáticas y lectura
En ArtsEd, un centro de enseñanza secundaria de Londres especializado además en artes escénicas, la respuesta a uno de los grandes problemas de la educación contemporánea resulta sorprendentemente analógica. Lo llaman «20 minute lock in»: veinte minutos durante los cuales los estudiantes leen o escriben sin ningún tipo de distracción o interrupción. Según su directora de Enseñanza y Aprendizaje, Charlotte Swingler, la práctica ha producido «un aumento significativo en la capacidad de concentración de los alumnos» y ha mejorado sus competencias de alfabetización.
La escena adquiere una dimensión especial a la luz de los últimos resultados de PISA, publicados esta semana por la OCDE, que sitúan el rendimiento medio en sus niveles más bajos registrados. En ese contexto, Reino Unido aparece entre los diez mejores sistemas del mundo en ciencias, matemáticas y lectura.
Dentro del Reino Unido destaca Inglaterra, donde empiezan a verse los frutos de decisiones mantenidas durante más de una década. No hubo una única reforma milagrosa, sino un cambio de filosofía: devolver el conocimiento al centro del currículo, elevar las expectativas académicas, enseñar a leer mediante fonética sistemática y reforzar la fluidez en matemáticas.
Peter Middleton, director de ArtsEd, explica a ABC que «una cosa que el sistema educativo inglés ha conservado, en términos generales, es la convicción de que los estándares académicos importan». «Ha habido un énfasis sostenido en la lectura, el vocabulario y el conocimiento de las materias, y eso proporciona a los estudiantes una base sólida para sus estudios futuros».

Detrás de ese giro están las reformas iniciadas por los conservadores en 2010. Uno de sus principales artífices fue Nick Gibb, secretario de Estado de colegios durante más de una década entre 2010 y 2023. «Queríamos asegurarnos de que nuestros colegios utilizaran la evidencia tanto en su enfoque del currículo como en la forma de enseñar», detalla Gibb en entrevista con este diario. «Cambiamos la ley para exigir la enseñanza mediante fonética», recuerda. «Los colegios», complementa Swingler, «enseñan a leer de manera explícita, con atención al vocabulario, el conocimiento, la inferencia y las estrategias de comprensión». En matemáticas, Inglaterra miró hacia sistemas como los de Singapur o Hong Kong.
Y, por encima de estos cambios, recuperó un currículum que volvía a situar los contenidos académicos en el centro. «Si quieres que los niños sean capaces de pensar, necesitan conocimientos», sostiene Gibb, quien defiende que el pensamiento crítico y la resolución de problemas no se desarrollan en el vacío, sino a partir de lo aprendido y asimilado previamente.
El problema es que ese aprendizaje compite hoy con un entorno digital que hace cada vez más difícil sostener la atención. «Muchos estudiantes están acostumbrados a recibir información en ráfagas cortas, y mantener la atención sobre una tarea exigente durante un periodo prolongado puede resultar más difícil que hace una década», reconoce Middleton.
ArtsEd intenta construir deliberadamente el entorno contrario. «Ya sea ensayando una actuación, analizando un texto o preparando un trabajo, aprenden que mejorar requiere tiempo y concentración». Las artes escénicas tienen además una ventaja: los alumnos deben «estar plenamente presentes», escuchar, responder, colaborar y reflexionar. «Esas experiencias no pueden reproducirse haciendo scroll en una pantalla», afirma el director.
Por ello, los móviles desaparecen durante la jornada escolar. Los estudiantes guardan sus dispositivos en fundas de seguridad que permanecen bloqueadas todo el día para que, explica Middleton, «las clases y el tiempo social no estén constantemente interrumpidos por las notificaciones o por la necesidad de comprobar el dispositivo». Su caso no es una excepción. Según PISA, el 80% de los alumnos británicos estudia en centros donde no se permite utilizar el móvil, frente al 49% de media de la OCDE.
Swingler observa las consecuencias de esa batalla por la atención en la lectura. Frente al hábito de consumir contenidos deprisa, sostiene que la capacidad de detenerse ante un texto también debe entrenarse. «Desarrollar la capacidad de concentración requiere práctica». De ahí también el «20 minute lock in» con el que comienza esta historia. El reto, sostiene, es enseñarles «cómo concentrarse, pensar profundamente y enfrentarse a ideas complejas durante periodos prolongados».
La inteligencia artificial plantea ahora un nuevo desafío. «La IA ha venido para quedarse, por lo que los colegios tienen que ayudar a los estudiantes a utilizarla de manera inteligente», afirma Middleton. «Nuestro énfasis consiste en asegurarnos de que puedan cuestionar, evaluar y pensar críticamente sobre la información que reciben».
Para Gibb, la IA hace todavía más importante la filosofía que inspiró las reformas iniciadas por los conservadores en 2010. Si una máquina puede proporcionar información y producir textos en segundos, sostiene, la escuela debe garantizar que los jóvenes desarrollen al máximo su propia capacidad cognitiva. «No podemos crear, por culpa de la IA, una generación de personas incapaces de pensar», advierte.
Y para los entrevistados, hay otra pieza esencial: la disciplina. Gibb defiende un modelo conocido como «warm-strict behaviour«, («disciplina cálida pero estricta»), que combina reglas y límites muy claros con profesores que se preocupan genuinamente por sus alumnos, a quienes «quieren de verdad y quieren que les vaya bien». Es una filosofía que Middleton reconoce desde la experiencia cotidiana de ArtsEd y que resume en una fórmula sencilla: «Cuando a los jóvenes se les plantean expectativas altas, rutinas claras y el apoyo adecuado, generalmente están a la altura del desafío»
Suiza, el país de los profesores bien pagados
Suiza es uno de los 20 países con mejor rendimiento en el Estudio Pisa 2025, con una posición destacada en ciencias naturales y casi 20 puntos más que la media de la OCDE. Christophe Darbellay, Consejero de Estado de Valais y presidente de la Conferencia Suiza de Directores Cantonales de Instrucción Pública, lo atribuye a un cúmulo de factores, desde las altas expectativas académicas a la excelente formación docente, pasando por un sistema de FP dual muy exigente, la autonomía local con estándares nacionales claros y una cultura social que valora la disciplina, el esfuerzo y la precisión.
Aun así, insiste en la necesidad de seguir mejorando en matemáticas y lectura, «volviendo a los fundamentos: lápiz y papel, leer, escribir, calcular y retrasar el uso de pantallas», además de mayores aportaciones presupuestarias. Suiza dedica actualmente el 5,5 % del PIB y el 18 % del gasto público total a la educación.
El sistema educativo suizo se caracteriza por la estabilidad y la descentralización, pero con estándares nacionales comunes (HarmoS), una combinación que genera coherencia sin rigidez. Pero el verdadero elemento distintivo es que tiene uno de los sistemas de formación de docentes más exigentes de Europa.
Los profesores cumplen con una formación universitaria especializada en Pedagía (Pädagogische Hochschulen), con prácticas largas obligatorias y supervisadas, capacitación para gestionar aulas diversas y para aplicar según su juicio diferentes métodos pedagógicos, además de una formación continua obligatoria durante toda su carrera.
El acceso a esta formación del profesorado no está al alcance de cualquiera. Se requiere un expediente escolar alto, con nota mínima de 4,5 sobre 6, que en España equivaldría a un bachillerato con media de entre 7,5 y 8,5. Se valoran especialmente las notas más altas en alemán/francés/italiano, matemáticas y ciencias. Además, es necesario superar una serie de pruebas específicas de aptitud y entrevistas personales. Entre las pruebas de aptitud obligatorias hay test de lengua, matemáticas y evaluación de competencias sociales y de comunicación, a las que se añaden en algunos cantones pruebas de música y motricidad. En la selección de candidatos, se tiene muy en cuenta la «declaración motivacional».
El profesorado suizo está además muy motivado con altos salarios y prestigio social. Un profesor de primaria en Suiza ganó en 2025 alrededor de 82.500 como media nacional, cerca de 90.000 euros, aunque en algunos cantones como Ginebra o Zúrich se alcanzan los 110.000. Las administraciones regionales compiten entre ellas por fichar a los mejores.
El sistema impone como prioridades las matemáticas fuertes desde primaria, la lectura profunda y comprensión de textos largos y las ciencias con enfoque experimental, además de un multilingüismo estructurado (alemán/francés/italiano + inglés). En ese mismo nivel de prioridad, figuran valores como la puntualidad, la responsabilidad y la autonomía, el trabajo bien hecho y el respeto. Hay tareas para casa regulares y la cultura social refuerza la cultura escolar, a pesar de que un 26% de la población es de origen extranjero, el nivel de integración es muy alto.
La educación pública suiza ofrece apoyo lingüístico a hijos de inmigrantes, refuerzo individual en lectura y matemáticas a los alumnos que lo necesitan y un equipo permanente en los colegios de psicopedagogos y logopedas. Las autoridades educativas someten a una evaluación continua a centros, docentes, programas y resultados cantonales en inspecciones a partir de las cuales se articulan las reformas.
Los países asiáticos: altos recursos, altas oportunidades y alta presión
Sale un nuevo informe PISA y, como de costumbre, el mundo mira con admiración hacia Asia: siete de los ocho primeros clasificados proceden de la región. Destaca en particular Singapur, instalado año tras año en lo más alto de la tabla. En esta ocasión el país aparece en primera posición en lectura y en segunda en ciencias, matemáticas y resolución computacional de problemas.
«No es fácil identificar con precisión las razones que explican el rendimiento sistemáticamente elevado de Singapur en PISA, cualquier explicación tiene cierto componente de conjetura», advierte Jaston Tan, profesor del Instituto Nacional de Educación de la Universidad Tecnológica de Nanyang.
«Por un lado, hay factores universales como la abundancia de recursos destinados al sistema educativo, tanto en infraestructuras como en formación del profesorado, y el esfuerzo del ministerio de Educación por mantenerse al día de las tendencias internacionales en la materia, como demuestra la atención prestada recientemente a la irrupción de la inteligencia artificial», explica.
«Aunque también hay factores específicos. Uno, sin duda, es el reducido tamaño del país. Hablamos de unas 350 escuelas y algo más de 400.000 alumnos de primaria y secundaria. Singapur es, también, un país relativamente libre de las grandes brechas entre zonas urbanas y rurales o entre distintas regiones que sí existen en otros sistemas educativos. Todo ello facilita que la formulación y aplicación de las políticas resulte más sencilla y fluida».
En Singapur, además, la educación representa un ascensor social de excepcional dinamismo. El Gobierno mantiene un generoso programa de becas que identifica a los mejores estudiantes desde secundaria y financia sus estudios universitarios en los mejores centros del mundo a condición de que, tras su graduación, se incorporen durante al menos un lustro al sector público. Esto genera un cuerpo de funcionarios de élite, característica esencial del modelo tecnocrático adoptado por el país mejor administrado del mundo, según índices del Banco Mundial.
«Singapur es un país muy pequeño sin petróleo ni tierra agrícola, no tenemos más recursos que nuestra gente. Por eso, solo podemos invertir en nuestra gente para que nuestro país pueda prosperar», apunta Ee Ling Low, decana del Instituto Nacional de Educación y una de las expertas que ha asesorado a las autoridades educativas en el diseño de sus políticas.
Ahora bien: un sistema orientado hacia la excelencia en el que las oportunidades se reparten a una edad temprana no está exento de externalidades negativas. «Existe una gran preocupación a nivel nacional por el impacto de la excesiva competencia en las escuelas. Diversas encuestas sobre bienestar mental han revelado tendencias preocupantes entre los jóvenes de Singapur, con problemas de ansiedad, depresión e ideaciones suicidas», alerta Tan.
«Desde hace dos décadas existe un debate constante sobre el equilibrio adecuado entre los resultados académicos y otros aspectos de la formación», añade. «Las autoridades han adoptado distintas medidas para aliviar la presión académica. Entre ellas figuran la eliminación de los exámenes de mitad de curso en las principales etapas educativas y la introducción de criterios no estrictamente académicos en los procesos de admisión».
Sin embargo, estos intentos bienintencionados en ocasiones han generado el resultado opuesto. Sucede, por ejemplo, con los deportes. A medida que estos se han convertido en un criterio relevante, cada vez son más las familias que han comenzado a contratar entrenadores personales para mejorar el rendimiento de sus hijos.
«En mi opinión, PISA constituye una buena referencia para Singapur, pero no es nuestro boletín de notas. El sistema educativo singapurense no es perfecto y nuestro contexto, nuestra historia y nuestra trayectoria son diferentes de los de otros países. En muchos ámbitos, seguimos tratando de aprender de otros países», concluye Low, con la actitud del buen estudiante.
Más allá de las circunstancias específicas de Singapur, un sustrato cultural común contribuye al éxito general de las naciones desarrolladas de Asia, también aquellas con una mayor complejidad sociodemográfica. No es casualidad que en lo más alto de la lista se sucedan China continental –representada de manera parcial y engañosa por Pekín, Shanghái y dos de sus provincias más prósperas, Jiangsu y Zhejiang–, Macao, Taiwán, Japón, Corea del Sur –aquí se cuela Estonia, el primer país no asiático– y Hong Kong.
Todos estos sistemas comparten factores como la importancia concedida a la educación, la estrecha colaboración entre familias y colegios, así como la elevada consideración del profesorado y su sólida formación.
«Los resultados educativos de Japón no deben explicarse únicamente por el aprendizaje de matemáticas o lectura. Un elemento distintivo es el equilibrio entre la formación cognitiva y no cognitiva, expresada especialmente a través de la filosofía educativa conocida como ‘Tokkatsu’», explica Jakeline Lagones, profesora de la Universidad Kansai Gaidai.
«Dos ejemplos representativos son la limpieza de las aulas por los propios estudiantes y su participación en la organización y distribución del almuerzo escolar», incide. «A diferencia de otros países, en Japón estas actividades forman parte del proceso educativo. A través de ellas, los niños desarrollan cooperación, disciplina, responsabilidad y perseverancia, convirtiendo progresivamente estas prácticas en hábitos que pueden mantenerse durante la vida adulta. Esta formación se relaciona, además, con el contexto social y cultural japonés, donde el cuidado del hogar, del barrio y de los espacios comunes constituye una responsabilidad compartida».
Riho Sakurai, profesora de la Universidad de Hiroshima, destaca asimismo el éxito de Japón a la hora de gestionar la irrupción de la IA y buscar soluciones que no pasen por la prohibición generalizada. «Pese al elevado nivel de alfabetización digital, el uso de herramientas de inteligencia artificial con fines educativos sigue siendo relativamente limitado entre los estudiantes de 15 años en comparación con otros países: un 43,8% afirma no recurrir a ellas, el porcentaje más alto entre los países analizados».
Este esquema retroalimentado de altos recursos, altas oportunidades y alta presión se reproduce de manera unánime entre estos países. «El éxito educativo de Corea del Sur se explica en buena medida por un fenómeno cultural singular conocido como ‘gyoyuk-yeol’, o ‘fiebre por la educación’. Históricamente, la educación ha desempeñado en el país dos funciones fundamentales», aduce Jina Ro, profesora de la Universidad Sungkyunkwan.
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«Para el Estado, constituyó un proyecto nacional decisivo para la reconstrucción tras la ocupación colonial japonesa y la guerra de Corea, y en la actualidad sigue siendo un instrumento esencial para formar la mano de obra cualificada que sustenta el crecimiento económico. Para los individuos y las familias, en cambio, la educación representa la principal vía de movilidad socioeconómica», prosigue.
«Como consecuencia, los padres invierten grandes cantidades de recursos en la formación de sus hijos y ejercen una intensa presión para que destaquen académicamente. Este profundo sustrato social, cultural e histórico convierte el éxito académico en una prioridad para los estudiantes surcoreanos y ayuda a explicar sus resultados sistemáticamente elevados en evaluaciones internacionales como PISA».
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