Como en aquella canción de Sabina, el novio de la boda más famosa de los últimos tiempos en Galicia lo niega (casi todo): ni ella le habría reclamado 40.000 euros por el enlace, ni habría habido ruptura el mismo día de la boda ni, tampoco, la recién casada le habría sido infiel con un camarero en un ‘affaire’ exprés en los baños de la casa rural alquilada para el banquete. Lo que sí reconoce es el rifirrafe entre los asistentes, que acabó con alguna pieza de la vajilla rota. Ella, por su parte, lo confirma todo.«Nunca dejaré que se manche el nombre de nuestras familias», asegura el novio en un mensaje escrito en su muro de Facebook, después de que ‘La Región’, el día anterior, adelantase los detalles de lo que, supuestamente, habría sucedido el pasado sábado en la Casa Tulla, una idílica casona de Gomesende, muy cerca ya de la frontera con Portugal, que los novios habían alquilado para celebrar el enlace.El novio, vecino del municipio orensano de Ramirás, negó que la mujer, de origen colombiano, le hubiese reclamado esos 40.000 euros. El asunto del desahogo sexual contra reloj con un tercero, según la versión del perjudicado, tampoco sería cierto. Y niega también, según recogió ‘La Región’, que rompieran su relación en el mismo festín. Es más, asegura que a día de hoy siguen conviviendo: «Estamos en nuestra casa de La Coruña y trabajando».«Alguien está intentando hacer daño tanto a nosotros como a nuestras familias. Sí, hubo alguna que otra pelea. Ahora, mentiras, que si infidelidad, que si el tema económico, que si chorradas», escribió el novio después de que el eco de las peripecias del casamiento haya llegado a todos los rincones de España. Sobre el rifirrafe entre los asistentes, el joven lo achaca al consumo de alcohol y añade que eso ya no es responsabilidad de ellos y que algunas de las trifulcas «se produjeron hasta fuera del recinto».El dinero y el «joven guapo»La versión de la recién casada es bien distinta. En un audio difundido por la Televisión de Galicia, que la cadena atribuye a la novia, ella reconoce tanto la cuestión económica como la infidelidad y la intención de separarse. «Dices que me ibas a dar los 40.000 pavos y no me has dado nada de lo que han pagado los invitados», reprocha a su marido. Confirma que se fue al baño con un chico «joven y muy guapo», que en la boda era el encargado de recibir a los invitados, y que él —se supone que el novio— los «pilló». Y concluye el audio diciendo que pidió el divorcio, pero que él no se lo quiere firmar.De cualquier forma, entre ese baile de versiones, a todas luces opuestas y contradictorias, lo que está acreditado es que lo que debería haber sido una boda feliz acabó en un enfrentamiento entre los asistentes y con los platos y vasos volando por los aires.Sin denunciasEl novio había alquilado para el evento la casa rural, que ya conocía por haberse alojado allí en otras ocasiones. En el establecimiento en sí no hubo que lamentar daños ni desperfectos, según explican a ABC los propietarios, que lo que quieren es pasar página cuanto antes y volver a la normalidad. El joven se disculpó con ellos por los incidentes.Sí que hubo daños en el material aportado por la empresa de cátering, como algunas piezas rotas de la vajilla, cuyos cristales encontraron los propietarios cuando fueron a limpiar. Pero el padre del novio se ofreció a asumir el coste de los desperfectos y el asunto se zanjó sin denuncias, pese a que la Guardia Civil se había personado para poner paz en aquel alboroto. Como en aquella canción de Sabina, el novio de la boda más famosa de los últimos tiempos en Galicia lo niega (casi todo): ni ella le habría reclamado 40.000 euros por el enlace, ni habría habido ruptura el mismo día de la boda ni, tampoco, la recién casada le habría sido infiel con un camarero en un ‘affaire’ exprés en los baños de la casa rural alquilada para el banquete. Lo que sí reconoce es el rifirrafe entre los asistentes, que acabó con alguna pieza de la vajilla rota. Ella, por su parte, lo confirma todo.«Nunca dejaré que se manche el nombre de nuestras familias», asegura el novio en un mensaje escrito en su muro de Facebook, después de que ‘La Región’, el día anterior, adelantase los detalles de lo que, supuestamente, habría sucedido el pasado sábado en la Casa Tulla, una idílica casona de Gomesende, muy cerca ya de la frontera con Portugal, que los novios habían alquilado para celebrar el enlace.El novio, vecino del municipio orensano de Ramirás, negó que la mujer, de origen colombiano, le hubiese reclamado esos 40.000 euros. El asunto del desahogo sexual contra reloj con un tercero, según la versión del perjudicado, tampoco sería cierto. Y niega también, según recogió ‘La Región’, que rompieran su relación en el mismo festín. Es más, asegura que a día de hoy siguen conviviendo: «Estamos en nuestra casa de La Coruña y trabajando».«Alguien está intentando hacer daño tanto a nosotros como a nuestras familias. Sí, hubo alguna que otra pelea. Ahora, mentiras, que si infidelidad, que si el tema económico, que si chorradas», escribió el novio después de que el eco de las peripecias del casamiento haya llegado a todos los rincones de España. Sobre el rifirrafe entre los asistentes, el joven lo achaca al consumo de alcohol y añade que eso ya no es responsabilidad de ellos y que algunas de las trifulcas «se produjeron hasta fuera del recinto».El dinero y el «joven guapo»La versión de la recién casada es bien distinta. En un audio difundido por la Televisión de Galicia, que la cadena atribuye a la novia, ella reconoce tanto la cuestión económica como la infidelidad y la intención de separarse. «Dices que me ibas a dar los 40.000 pavos y no me has dado nada de lo que han pagado los invitados», reprocha a su marido. Confirma que se fue al baño con un chico «joven y muy guapo», que en la boda era el encargado de recibir a los invitados, y que él —se supone que el novio— los «pilló». Y concluye el audio diciendo que pidió el divorcio, pero que él no se lo quiere firmar.De cualquier forma, entre ese baile de versiones, a todas luces opuestas y contradictorias, lo que está acreditado es que lo que debería haber sido una boda feliz acabó en un enfrentamiento entre los asistentes y con los platos y vasos volando por los aires.Sin denunciasEl novio había alquilado para el evento la casa rural, que ya conocía por haberse alojado allí en otras ocasiones. En el establecimiento en sí no hubo que lamentar daños ni desperfectos, según explican a ABC los propietarios, que lo que quieren es pasar página cuanto antes y volver a la normalidad. El joven se disculpó con ellos por los incidentes.Sí que hubo daños en el material aportado por la empresa de cátering, como algunas piezas rotas de la vajilla, cuyos cristales encontraron los propietarios cuando fueron a limpiar. Pero el padre del novio se ofreció a asumir el coste de los desperfectos y el asunto se zanjó sin denuncias, pese a que la Guardia Civil se había personado para poner paz en aquel alboroto.
Como en aquella canción de Sabina, el novio de la boda más famosa de los últimos tiempos en Galicia lo niega (casi todo): ni ella le habría reclamado 40.000 euros por el enlace, ni habría habido ruptura el mismo día de la boda, ni, … tampoco, la recién casada le habría sido infiel con un camarero en un ‘affaire’ exprés en los baños de la casa rural alquilada para el banquete. Lo que sí reconoce el novio es el rifirrafe entre los asistentes que acabó con alguna pieza de la vajilla rota.
«Nunca dejaré que se manche el nombre de nuestras familias», asegura el novio en un mensaje escrito en su muro de Facebook, después de que ‘La Región’, el día anterior, adelantase los detalles que, supuestamente, habrían sucedido el pasado sábado en la Casa Tulla, una idílica casona de Gomesende, muy cerca ya de la frontera con Portugal, que los novios habían alquilado para celebrar el enlace.
El novio, vecino del municipio orensano de Ramirás, negó que la mujer, de origen colombiano, le hubiese reclamado esos 40.000 euros. El asunto del desahogo sexual a contrarreloj con un tercero, según la versión del perjudicado, tampoco sería cierto. Y niega, también, según recogió ‘La Región’, que rompieran su relación en el mismo festín. Es más, asegura que a día de hoy siguen conviviendo: «Estamos en nuestra casa de La Coruña y trabajando».
«Alguien está intentando hacer daño tanto a nosotros como a nuestras familias. Sí, hubo alguna que otra pelea. Ahora, mentiras, que si infidelidad, que si el tema económico, que si chorradas», escribió el novio después de que el eco de las peripecias del casamiento haya llegado a todos los rincones de España. Sobre el rifirrafe entre los asistentes, el joven lo achaca al consumo de alcohol, añadiendo que eso ya no es responsabilidad de ellos y que algunas de las trifulcas «se produjeron hasta fuera del recinto».
De cualquier forma, entre ese baile de versiones, lo que está acreditado es que lo que debería haber sido una boda feliz acabó en un enfrentamiento entre los asistentes.
Sin denuncias
El novio había alquilado para el evento la casa rural, que ya conocía de haber estado allí alojado en otras ocasiones. En el establecimiento en sí no hubo que lamentar daños ni desperfectos, según explican a ABC los propietarios, que lo que quieren es pasar página cuanto y volver a la normalidad. El joven se disculpó con ellos por lo incidentes. Sí que hubo daños en el material aportado por la empresa de cátering, como las piezas rotas de una vajilla. Pero el padre del novio se ofreció a asumir el abono de los desperfectos y el asunto se zanjó sin denuncias.
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