Pablo Ojeda es actualmente uno de los divulgadores nutricionales más conocidos de España. Especializado en nutrición clínica, control de la obesidad y trastornos de la conducta alimentaria (TCA), el experto acumula más de 321.000 seguidores en Instagram y cerca de 46.000 en TikTok.Además, es habitual verlo en programas como ‘La Roca’, ‘Más vale tarde’ o ‘Las mañanas de Kiss’ y ha publicado varios libros relacionados con la alimentación y los hábitos saludables. Una exitosa trayectoria que comenzó que comenzó cuando consiguió superar uno de los restos más duros de su vida: su adicción al juego y al alcohol .El nutricionista ha hablado abiertamente en diversas ocasiones sobre este problema personal, la última de ellas en el podcast ‘Lo que tú digas’, que presenta Álex Fidalgo , en el que revela el momento exacto en el que se dio cuenta de que necesitaba ayuda.La pérdida más dura de Pablo Ojeda: los recuerdos con su hijaLa ludopatía puede provocar graves consecuencias económicas , llevando a quienes la padecen a perder grandes cantidades de dinero, agotar sus ahorros y acumular deudas. Esto lo experimentó en primera persona Pablo Ojeda, quien, sin embargo, no se centra en las pérdidas económicas, sino personales, aquellas que le hicieron olvidar momentos importantes con su hija Carlota, que actualmente tiene 13 años.«Mucha gente me pregunta por el morbo de cuánto dinero perdí. Yo siempre digo lo mismo: el dinero va y viene. Lo que perdí fueron recuerdos . No tengo recuerdos de bañarme con mi hija, tengo que ver vídeos. Eso es una putada», confiesa durante su conversación con Fidalgo.Lo único que le alivia, afirma, es que inició su proceso de rehabilitación cuando su hija todavía era muy pequeña: «La única suerte y le doy gracias a Dios es que fue pronto. Cuando cumplió el añito y medio, aprox., ya entré en rehabilitación».De hecho, fue un episodio con la pequeña el que le hizo tomar conciencia de la situación que estaba viviendo: «Me fui un día a jugar con mi hija y yo la tenía que subir a un tobogán. Mi exmujer me estaba grabando y, cuando veo ese vídeo, veo a un señor despeinado , que se le salía la tripa y que, sobre todo, cuando mi hija se escucha diciendo, ‘una más, papá, una más’, salgo yo diciendo ‘no, no, Carlota, ya está’».«Hostia, cuando yo vi eso, miré a mi exmujer, que es psicóloga, y le digo: ‘Susana, ¿este soy yo?’. Y me miró y me dijo: ‘Sí, Pablo, este eres tú’. ¡Me cago en la leche! Y ahí fue cuando empecé a ser consciente y a bajar de peso», sostiene el nutricionista, quien llegó a pesar 138 kilos.El día en que su adicción salió a la luzNo obstante, un mes y medio después llegó otro suceso que fue el que provocó que Ojeda reconociera su problema delante de sus padres. Fue el día en el que le robó el coche a su padre y lo vendió . El vehículo pertenecía a una empresa mediante un sistema de alquiler con opción de uso, y Ojeda había realizado determinadas gestiones para ponerlo a su nombre. Al dejar de pagar las cuotas, el problema terminó llegando a la Policía Nacional.«Yo sabía por qué estaban allí», recuerda. Según su relato, acabó siendo condenado a un año de prisión por falsificación de documento público , una pena que fue conmutada por servicios sociales y una multa. Ojeda explica que en aquel momento ya estaba en proceso de rehabilitación y que su familia también tuvo un papel fundamental.Cuando la Policía acudió a buscarlo a casa de sus padres, el nutricionista sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarse a lo ocurrido. «Me senté en un sofá con el móvil aquí esperando que pusiera papá», relata. Finalmente, recibió la llamada.Su padre le pidió que regresara a casa. Allí estaban sus padres y fue cuando, según recuerda, reconoció por primera vez ante ellos que era ludópata . En este momento, la reacción de sus progenitores fue determinante en su recuperación.«Pablo, vamos a ayudarte. Venga, ¿qué préstamos tienes por ahí que haya que no te vayan a matar?», recuerda que le dijo su padre. El nutricionista le explicó que tenía tres préstamos de unos 7.000 u 8.000 euros, que su padre terminó pagando.Después, le llevaron a un centro de recuperación. Años después, su relación con ellos es mejor que nunca: « Jamás me han echado en cara . Siempre han mirado hacia delante. Hoy mi padre es mi mayor fan». Pablo Ojeda es actualmente uno de los divulgadores nutricionales más conocidos de España. Especializado en nutrición clínica, control de la obesidad y trastornos de la conducta alimentaria (TCA), el experto acumula más de 321.000 seguidores en Instagram y cerca de 46.000 en TikTok.Además, es habitual verlo en programas como ‘La Roca’, ‘Más vale tarde’ o ‘Las mañanas de Kiss’ y ha publicado varios libros relacionados con la alimentación y los hábitos saludables. Una exitosa trayectoria que comenzó que comenzó cuando consiguió superar uno de los restos más duros de su vida: su adicción al juego y al alcohol .El nutricionista ha hablado abiertamente en diversas ocasiones sobre este problema personal, la última de ellas en el podcast ‘Lo que tú digas’, que presenta Álex Fidalgo , en el que revela el momento exacto en el que se dio cuenta de que necesitaba ayuda.La pérdida más dura de Pablo Ojeda: los recuerdos con su hijaLa ludopatía puede provocar graves consecuencias económicas , llevando a quienes la padecen a perder grandes cantidades de dinero, agotar sus ahorros y acumular deudas. Esto lo experimentó en primera persona Pablo Ojeda, quien, sin embargo, no se centra en las pérdidas económicas, sino personales, aquellas que le hicieron olvidar momentos importantes con su hija Carlota, que actualmente tiene 13 años.«Mucha gente me pregunta por el morbo de cuánto dinero perdí. Yo siempre digo lo mismo: el dinero va y viene. Lo que perdí fueron recuerdos . No tengo recuerdos de bañarme con mi hija, tengo que ver vídeos. Eso es una putada», confiesa durante su conversación con Fidalgo.Lo único que le alivia, afirma, es que inició su proceso de rehabilitación cuando su hija todavía era muy pequeña: «La única suerte y le doy gracias a Dios es que fue pronto. Cuando cumplió el añito y medio, aprox., ya entré en rehabilitación».De hecho, fue un episodio con la pequeña el que le hizo tomar conciencia de la situación que estaba viviendo: «Me fui un día a jugar con mi hija y yo la tenía que subir a un tobogán. Mi exmujer me estaba grabando y, cuando veo ese vídeo, veo a un señor despeinado , que se le salía la tripa y que, sobre todo, cuando mi hija se escucha diciendo, ‘una más, papá, una más’, salgo yo diciendo ‘no, no, Carlota, ya está’».«Hostia, cuando yo vi eso, miré a mi exmujer, que es psicóloga, y le digo: ‘Susana, ¿este soy yo?’. Y me miró y me dijo: ‘Sí, Pablo, este eres tú’. ¡Me cago en la leche! Y ahí fue cuando empecé a ser consciente y a bajar de peso», sostiene el nutricionista, quien llegó a pesar 138 kilos.El día en que su adicción salió a la luzNo obstante, un mes y medio después llegó otro suceso que fue el que provocó que Ojeda reconociera su problema delante de sus padres. Fue el día en el que le robó el coche a su padre y lo vendió . El vehículo pertenecía a una empresa mediante un sistema de alquiler con opción de uso, y Ojeda había realizado determinadas gestiones para ponerlo a su nombre. Al dejar de pagar las cuotas, el problema terminó llegando a la Policía Nacional.«Yo sabía por qué estaban allí», recuerda. Según su relato, acabó siendo condenado a un año de prisión por falsificación de documento público , una pena que fue conmutada por servicios sociales y una multa. Ojeda explica que en aquel momento ya estaba en proceso de rehabilitación y que su familia también tuvo un papel fundamental.Cuando la Policía acudió a buscarlo a casa de sus padres, el nutricionista sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarse a lo ocurrido. «Me senté en un sofá con el móvil aquí esperando que pusiera papá», relata. Finalmente, recibió la llamada.Su padre le pidió que regresara a casa. Allí estaban sus padres y fue cuando, según recuerda, reconoció por primera vez ante ellos que era ludópata . En este momento, la reacción de sus progenitores fue determinante en su recuperación.«Pablo, vamos a ayudarte. Venga, ¿qué préstamos tienes por ahí que haya que no te vayan a matar?», recuerda que le dijo su padre. El nutricionista le explicó que tenía tres préstamos de unos 7.000 u 8.000 euros, que su padre terminó pagando.Después, le llevaron a un centro de recuperación. Años después, su relación con ellos es mejor que nunca: « Jamás me han echado en cara . Siempre han mirado hacia delante. Hoy mi padre es mi mayor fan».

Pablo Ojeda es actualmente uno de los divulgadores nutricionales más conocidos de España. Especializado en nutrición clínica, control de la obesidad y trastornos de la conducta alimentaria (TCA), el experto acumula más de 321.000 seguidores en Instagram y cerca de 46.000 en TikTok.
Además, es habitual verlo en programas como ‘La Roca’, ‘Más vale tarde’ o ‘Las mañanas de Kiss’ y ha publicado varios libros relacionados con la alimentación y los hábitos saludables. Una exitosa trayectoria que comenzó que comenzó cuando consiguió superar uno de los restos más duros de su vida: su adicción al juego y al alcohol.
El nutricionista ha hablado abiertamente en diversas ocasiones sobre este problema personal, la última de ellas en el podcast ‘Lo que tú digas’, que presenta Álex Fidalgo, en el que revela el momento exacto en el que se dio cuenta de que necesitaba ayuda.
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La pérdida más dura de Pablo Ojeda: los recuerdos con su hija
La ludopatía puede provocar graves consecuencias económicas, llevando a quienes la padecen a perder grandes cantidades de dinero, agotar sus ahorros y acumular deudas. Esto lo experimentó en primera persona Pablo Ojeda, quien, sin embargo, no se centra en las pérdidas económicas, sino personales, aquellas que le hicieron olvidar momentos importantes con su hija Carlota, que actualmente tiene 13 años.
«Mucha gente me pregunta por el morbo de cuánto dinero perdí. Yo siempre digo lo mismo: el dinero va y viene. Lo que perdí fueron recuerdos. No tengo recuerdos de bañarme con mi hija, tengo que ver vídeos. Eso es una putada», confiesa durante su conversación con Fidalgo.
Lo único que le alivia, afirma, es que inició su proceso de rehabilitación cuando su hija todavía era muy pequeña: «La única suerte y le doy gracias a Dios es que fue pronto. Cuando cumplió el añito y medio, aprox., ya entré en rehabilitación».
De hecho, fue un episodio con la pequeña el que le hizo tomar conciencia de la situación que estaba viviendo: «Me fui un día a jugar con mi hija y yo la tenía que subir a un tobogán. Mi exmujer me estaba grabando y, cuando veo ese vídeo, veo a un señor despeinado, que se le salía la tripa y que, sobre todo, cuando mi hija se escucha diciendo, ‘una más, papá, una más’, salgo yo diciendo ‘no, no, Carlota, ya está’».
«Hostia, cuando yo vi eso, miré a mi exmujer, que es psicóloga, y le digo: ‘Susana, ¿este soy yo?’. Y me miró y me dijo: ‘Sí, Pablo, este eres tú’. ¡Me cago en la leche! Y ahí fue cuando empecé a ser consciente y a bajar de peso», sostiene el nutricionista, quien llegó a pesar 138 kilos.
El día en que su adicción salió a la luz
No obstante, un mes y medio después llegó otro suceso que fue el que provocó que Ojeda reconociera su problema delante de sus padres. Fue el día en el que le robó el coche a su padre y lo vendió.
El vehículo pertenecía a una empresa mediante un sistema de alquiler con opción de uso, y Ojeda había realizado determinadas gestiones para ponerlo a su nombre. Al dejar de pagar las cuotas, el problema terminó llegando a la Policía Nacional.
«Yo sabía por qué estaban allí», recuerda. Según su relato, acabó siendo condenado a un año de prisión por falsificación de documento público, una pena que fue conmutada por servicios sociales y una multa. Ojeda explica que en aquel momento ya estaba en proceso de rehabilitación y que su familia también tuvo un papel fundamental.
Cuando la Policía acudió a buscarlo a casa de sus padres, el nutricionista sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarse a lo ocurrido. «Me senté en un sofá con el móvil aquí esperando que pusiera papá», relata. Finalmente, recibió la llamada.
Su padre le pidió que regresara a casa. Allí estaban sus padres y fue cuando, según recuerda, reconoció por primera vez ante ellos que era ludópata. En este momento, la reacción de sus progenitores fue determinante en su recuperación.
«Pablo, vamos a ayudarte. Venga, ¿qué préstamos tienes por ahí que haya que no te vayan a matar?», recuerda que le dijo su padre. El nutricionista le explicó que tenía tres préstamos de unos 7.000 u 8.000 euros, que su padre terminó pagando.
Después, le llevaron a un centro de recuperación. Años después, su relación con ellos es mejor que nunca: «Jamás me han echado en cara. Siempre han mirado hacia delante. Hoy mi padre es mi mayor fan».
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