Durante su vida profesional, Pilar estuvo siempre yendo de arriba para abajo, sin tiempo para nada por las demandas que le copaban su tiempo y por eso que ahora ya está jubilada se obliga a estar solo una hora y media fuera de casa . Por las mañanas, a primera hora, y así luego ya se puede encerrar en casa y ver todas las series policiacas que no había podido ver cuando estaba en activo, leer y, al fin, no ir corriendo por la vida. Aunque desde fuera se pueda pensar que está malgastando su vida o que no tiene hábitos saludables, su ambición era tener control sobre su tiempo .La historia de Pilar es el perfecto ejemplo que puede ayudar a entender las conclusiones del informe ‘Uso del tiempo y felicidad en +65’, recién salido de la Cátedra Bienestar +, impulsada por CaixaBank, la Fundación «la Caixa» y VidaCaixa, en colaboración con la Universidad de Deusto, la Universidad Pontificia Comillas y Esade, que ha mostrado sus primeros resultados. «Al final, el bienestar entre los mayores depende de nuestra historia, de dónde venimos y de lo que queremos», defiende Carmen Valor, profesora de Comillas y una de las investigadoras del estudio.Su reflexión, que cerró su ponencia durante el acto del primer aniversario esa semana en Barcelona, sirve también para responder a quienes cuestionan qué peso tiene el tiempo en el bienestar de los abuelos . Los investigadores vigilaron los horarios y rutinas de 324 mayores de 65 años (tenían una media de 70,4 años) y chequearon cuánto destinaban a actividades sociales, físicas, de aprendizaje o voluntariado, entre otras, así como la valoración que hacen de ello para saber qué relación tienen con su felicidad.«Se estima que hasta un tercio de la felicidad podría venir de este uso de tiempo», recuerda Valor, incidiendo en que puede llegar también por la vía hedónica, que representa la buena vida y el sentirse bien, y la eudaimónica, que representa la vida buena y el hacer el bien. Por todo ello, los estudiosos vieron que dedicar más tiempo a una actividad concreta no se traduce necesariamente en alcanzar una mayor felicidad. Es más importante «emplear el tiempo de forma coherente con su forma de ser, porque así se tiene más control y sensación de aprovechamiento», insiste la especialista.Cuatro perfiles muy distintos, pero con bastante satisfacciónEn conjunto, los encuestados se sentían « moderadamente felices », aunque los investigadores tienen en cuenta que posiblemente los perfiles más negativos ya ni quisieron contestar o desvelar su estado anímico. El quid de la cuestión es qué rutinas influyen en su felicidad. Despiezada su actividad diaria, se vio que a lo que más horas dedicaban al día con diferencia, era al autocuidado (entre lo que se incluye el sueño). Lo seguía el ocio, tanto activo como pasivo, los cuidados del hogar o de allegados, el ejercicio físico, el trabajo o el voluntariado. Eso sí, se vio que pasaban más tiempo en casa que en el exterior y con más actividades privadas que públicas. Estaban acompañados o solos las mismas horas aproximadamente y pasaban mucho tiempo en actividades de baja intensidad y baja implicación cognitiva. Y ellas, eso sí, dedicaban claramente más tiempo al hogar y al cuidado de otros que ellos, aunque lo compensaban con más cuidado de sí mismas. Otro de los aspectos más reseñables del estudio es que se vieron cuatro perfiles con actividades dominantes. Todos ellos, con sus distintas combinaciones de cómo organizaban sus días, acababan teniendo resultados de bienestar similares. Estos son cuatro patrones en base a sus formas de organizar el tiempo:El activo laboralmente: Sigue con algún tipo de trabajo remunerado y dedica casi cinco horas y media a ello. También dedica tiempo a las tareas del hogar, desplazamientos y cuidado de otros. Tiene un gran sentido de propósito vital, pero seguir en activo más allá de los 65 es poco habitual El cuidador: uno de los perfiles más habituales, destina unas dos horas al día a otros (sean mayores o niños), pero luego compensa con casi cuatro horas de ocio activo y otra hora y media de deporte El disfrutón: otro de los perfiles más repetidos, muy hedonista y que dedica casi nueve horas al día entre dormir y cuidarse, como ir la peluquería o a darse masajes. También pasa más de tres horas de ocio activo y de deporte El casero: muchos de ellos tienen ingresos bajos y dedican mucho tiempo en casa, con ocio pasivo (mirando la televisión o escuchando la radio, sobre todo, y haciendo actividades de bajo requerimiento cognitivo). Salen poco, unos 46 minutos al día de media«No hay diferencias en felicidad entre ellos y esto es muy importante. Todos ellos dedican tiempo al mantenimiento , eso sí, pero eso no da la felicidad y no podemos decir, por poner un ejemplo, que a más yoga será usted más feliz. Me habría encantado poder dar estos mensajes, pero no», confiesa Valor. El crecimiento y el propósito ayudan a encontrar el equilibrio de la felicidad.«El mantenimiento no da la felicidad y no podemos decir, por poner un ejemplo, que a más yoga usted será más feliz» Carmen Valor Profesora de la Universidad Pontificia ComillasLos investigadores fueron más allá y analizaron qué pasaría si estos cuatro perfiles pasaran a dedicar 30 minutos más a algo en detrimento de sus prioridades. Concluyeron que más deporte, prácticas espirituales, desplazamientos (que son indicadores de actividad fuera del hogar) o autocuidado (esos «caprichos que alegran a todos») juegan a favor de la felicidad, mientras que más ocio pasivo o trabajo tienen un efecto contrario. Los efectos de aumentar el cuidado del hogar y el deporte no son tan uniformes. MÁS INFORMACIÓN noticia Si Cómo tomar el magnesio para que tu cuerpo lo absorba noticia Si Delia de Miguel: «Hacer actividades saludables en grupo crea mayor impacto a largo plazo» noticia Si Un neurocirujano experto en longevidad: «Revertir el envejecimiento está cada vez más cerca en muchos niveles»«La felicidad no depende tanto de en qué gastas tu tiempo, sino de cómo lo vives y si valoras ese tiempo. La clave parece que es tener un tiempo que se percibe equilibrado y que es congruente», añade Valor que, consciente de que no hay una receta única, insiste en que «al final, el uso positivo del tiempo depende también de nuestra historia y de dónde venimos. Desde fuera no podemos juzgar si este camino es el que hay que seguir o es este otro». «Esto no va de decir a nuestros padres o abuelos que se apunten a yoga, macramé o encaje de bolillos. No va de hacer más y más », sentencia la especialista, que también aplaude que haya «distintas maneras de ser felices en este momento de la vida». Durante su vida profesional, Pilar estuvo siempre yendo de arriba para abajo, sin tiempo para nada por las demandas que le copaban su tiempo y por eso que ahora ya está jubilada se obliga a estar solo una hora y media fuera de casa . Por las mañanas, a primera hora, y así luego ya se puede encerrar en casa y ver todas las series policiacas que no había podido ver cuando estaba en activo, leer y, al fin, no ir corriendo por la vida. Aunque desde fuera se pueda pensar que está malgastando su vida o que no tiene hábitos saludables, su ambición era tener control sobre su tiempo .La historia de Pilar es el perfecto ejemplo que puede ayudar a entender las conclusiones del informe ‘Uso del tiempo y felicidad en +65’, recién salido de la Cátedra Bienestar +, impulsada por CaixaBank, la Fundación «la Caixa» y VidaCaixa, en colaboración con la Universidad de Deusto, la Universidad Pontificia Comillas y Esade, que ha mostrado sus primeros resultados. «Al final, el bienestar entre los mayores depende de nuestra historia, de dónde venimos y de lo que queremos», defiende Carmen Valor, profesora de Comillas y una de las investigadoras del estudio.Su reflexión, que cerró su ponencia durante el acto del primer aniversario esa semana en Barcelona, sirve también para responder a quienes cuestionan qué peso tiene el tiempo en el bienestar de los abuelos . Los investigadores vigilaron los horarios y rutinas de 324 mayores de 65 años (tenían una media de 70,4 años) y chequearon cuánto destinaban a actividades sociales, físicas, de aprendizaje o voluntariado, entre otras, así como la valoración que hacen de ello para saber qué relación tienen con su felicidad.«Se estima que hasta un tercio de la felicidad podría venir de este uso de tiempo», recuerda Valor, incidiendo en que puede llegar también por la vía hedónica, que representa la buena vida y el sentirse bien, y la eudaimónica, que representa la vida buena y el hacer el bien. Por todo ello, los estudiosos vieron que dedicar más tiempo a una actividad concreta no se traduce necesariamente en alcanzar una mayor felicidad. Es más importante «emplear el tiempo de forma coherente con su forma de ser, porque así se tiene más control y sensación de aprovechamiento», insiste la especialista.Cuatro perfiles muy distintos, pero con bastante satisfacciónEn conjunto, los encuestados se sentían « moderadamente felices », aunque los investigadores tienen en cuenta que posiblemente los perfiles más negativos ya ni quisieron contestar o desvelar su estado anímico. El quid de la cuestión es qué rutinas influyen en su felicidad. Despiezada su actividad diaria, se vio que a lo que más horas dedicaban al día con diferencia, era al autocuidado (entre lo que se incluye el sueño). Lo seguía el ocio, tanto activo como pasivo, los cuidados del hogar o de allegados, el ejercicio físico, el trabajo o el voluntariado. Eso sí, se vio que pasaban más tiempo en casa que en el exterior y con más actividades privadas que públicas. Estaban acompañados o solos las mismas horas aproximadamente y pasaban mucho tiempo en actividades de baja intensidad y baja implicación cognitiva. Y ellas, eso sí, dedicaban claramente más tiempo al hogar y al cuidado de otros que ellos, aunque lo compensaban con más cuidado de sí mismas. Otro de los aspectos más reseñables del estudio es que se vieron cuatro perfiles con actividades dominantes. Todos ellos, con sus distintas combinaciones de cómo organizaban sus días, acababan teniendo resultados de bienestar similares. Estos son cuatro patrones en base a sus formas de organizar el tiempo:El activo laboralmente: Sigue con algún tipo de trabajo remunerado y dedica casi cinco horas y media a ello. También dedica tiempo a las tareas del hogar, desplazamientos y cuidado de otros. Tiene un gran sentido de propósito vital, pero seguir en activo más allá de los 65 es poco habitual El cuidador: uno de los perfiles más habituales, destina unas dos horas al día a otros (sean mayores o niños), pero luego compensa con casi cuatro horas de ocio activo y otra hora y media de deporte El disfrutón: otro de los perfiles más repetidos, muy hedonista y que dedica casi nueve horas al día entre dormir y cuidarse, como ir la peluquería o a darse masajes. También pasa más de tres horas de ocio activo y de deporte El casero: muchos de ellos tienen ingresos bajos y dedican mucho tiempo en casa, con ocio pasivo (mirando la televisión o escuchando la radio, sobre todo, y haciendo actividades de bajo requerimiento cognitivo). Salen poco, unos 46 minutos al día de media«No hay diferencias en felicidad entre ellos y esto es muy importante. Todos ellos dedican tiempo al mantenimiento , eso sí, pero eso no da la felicidad y no podemos decir, por poner un ejemplo, que a más yoga será usted más feliz. Me habría encantado poder dar estos mensajes, pero no», confiesa Valor. El crecimiento y el propósito ayudan a encontrar el equilibrio de la felicidad.«El mantenimiento no da la felicidad y no podemos decir, por poner un ejemplo, que a más yoga usted será más feliz» Carmen Valor Profesora de la Universidad Pontificia ComillasLos investigadores fueron más allá y analizaron qué pasaría si estos cuatro perfiles pasaran a dedicar 30 minutos más a algo en detrimento de sus prioridades. Concluyeron que más deporte, prácticas espirituales, desplazamientos (que son indicadores de actividad fuera del hogar) o autocuidado (esos «caprichos que alegran a todos») juegan a favor de la felicidad, mientras que más ocio pasivo o trabajo tienen un efecto contrario. Los efectos de aumentar el cuidado del hogar y el deporte no son tan uniformes. MÁS INFORMACIÓN noticia Si Cómo tomar el magnesio para que tu cuerpo lo absorba noticia Si Delia de Miguel: «Hacer actividades saludables en grupo crea mayor impacto a largo plazo» noticia Si Un neurocirujano experto en longevidad: «Revertir el envejecimiento está cada vez más cerca en muchos niveles»«La felicidad no depende tanto de en qué gastas tu tiempo, sino de cómo lo vives y si valoras ese tiempo. La clave parece que es tener un tiempo que se percibe equilibrado y que es congruente», añade Valor que, consciente de que no hay una receta única, insiste en que «al final, el uso positivo del tiempo depende también de nuestra historia y de dónde venimos. Desde fuera no podemos juzgar si este camino es el que hay que seguir o es este otro». «Esto no va de decir a nuestros padres o abuelos que se apunten a yoga, macramé o encaje de bolillos. No va de hacer más y más », sentencia la especialista, que también aplaude que haya «distintas maneras de ser felices en este momento de la vida».
Durante su vida profesional, Pilar estuvo siempre yendo de arriba para abajo, sin tiempo para nada por las demandas que le copaban su tiempo y por eso que ahora ya está jubilada se obliga a estar solo una hora y media fuera de casa. … Por las mañanas, a primera hora, y así luego ya se puede encerrar en casa y ver todas las series policiacas que no había podido ver cuando estaba en activo, leer y, al fin, no ir corriendo por la vida. Aunque desde fuera se pueda pensar que está malgastando su vida o que no tiene hábitos saludables, su ambición era tener control sobre su tiempo.
La historia de Pilar es el perfecto ejemplo que puede ayudar a entender las conclusiones del informe ‘Uso del tiempo y felicidad en +65’, recién salido de la Cátedra Bienestar+, impulsada por CaixaBank, la Fundación «la Caixa» y VidaCaixa, en colaboración con la Universidad de Deusto, la Universidad Pontificia Comillas y Esade, que ha mostrado sus primeros resultados. «Al final, el bienestar entre los mayores depende de nuestra historia, de dónde venimos y de lo que queremos», defiende Carmen Valor, profesora de Comillas y una de las investigadoras del estudio.
Su reflexión, que cerró su ponencia durante el acto del primer aniversario esa semana en Barcelona, sirve también para responder a quienes cuestionan qué peso tiene el tiempo en el bienestar de los abuelos. Los investigadores vigilaron los horarios y rutinas de 324 mayores de 65 años (tenían una media de 70,4 años) y chequearon cuánto destinaban a actividades sociales, físicas, de aprendizaje o voluntariado, entre otras, así como la valoración que hacen de ello para saber qué relación tienen con su felicidad.
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«Se estima que hasta un tercio de la felicidad podría venir de este uso de tiempo», recuerda Valor, incidiendo en que puede llegar también por la vía hedónica, que representa la buena vida y el sentirse bien, y la eudaimónica, que representa la vida buena y el hacer el bien. Por todo ello, los estudiosos vieron que dedicar más tiempo a una actividad concreta no se traduce necesariamente en alcanzar una mayor felicidad. Es más importante «emplear el tiempo de forma coherente con su forma de ser, porque así se tiene más control y sensación de aprovechamiento», insiste la especialista.
Cuatro perfiles muy distintos, pero con bastante satisfacción
En conjunto, los encuestados se sentían «moderadamente felices», aunque los investigadores tienen en cuenta que posiblemente los perfiles más negativos ya ni quisieron contestar o desvelar su estado anímico. El quid de la cuestión es qué rutinas influyen en su felicidad. Despiezada su actividad diaria, se vio que a lo que más horas dedicaban al día con diferencia, era al autocuidado (entre lo que se incluye el sueño). Lo seguía el ocio, tanto activo como pasivo, los cuidados del hogar o de allegados, el ejercicio físico, el trabajo o el voluntariado.
Eso sí, se vio que pasaban más tiempo en casa que en el exterior y con más actividades privadas que públicas. Estaban acompañados o solos las mismas horas aproximadamente y pasaban mucho tiempo en actividades de baja intensidad y baja implicación cognitiva. Y ellas, eso sí, dedicaban claramente más tiempo al hogar y al cuidado de otros que ellos, aunque lo compensaban con más cuidado de sí mismas.
Otro de los aspectos más reseñables del estudio es que se vieron cuatro perfiles con actividades dominantes. Todos ellos, con sus distintas combinaciones de cómo organizaban sus días, acababan teniendo resultados de bienestar similares. Estos son cuatro patrones en base a sus formas de organizar el tiempo:
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El activo laboralmente: Sigue con algún tipo de trabajo remunerado y dedica casi cinco horas y media a ello. También dedica tiempo a las tareas del hogar, desplazamientos y cuidado de otros. Tiene un gran sentido de propósito vital, pero seguir en activo más allá de los 65 es poco habitual
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El cuidador: uno de los perfiles más habituales, destina unas dos horas al día a otros (sean mayores o niños), pero luego compensa con casi cuatro horas de ocio activo y otra hora y media de deporte
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El disfrutón: otro de los perfiles más repetidos, muy hedonista y que dedica casi nueve horas al día entre dormir y cuidarse, como ir la peluquería o a darse masajes. También pasa más de tres horas de ocio activo y de deporte
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El casero: muchos de ellos tienen ingresos bajos y dedican mucho tiempo en casa, con ocio pasivo (mirando la televisión o escuchando la radio, sobre todo, y haciendo actividades de bajo requerimiento cognitivo). Salen poco, unos 46 minutos al día de media
«No hay diferencias en felicidad entre ellos y esto es muy importante. Todos ellos dedican tiempo al mantenimiento, eso sí, pero eso no da la felicidad y no podemos decir, por poner un ejemplo, que a más yoga será usted más feliz. Me habría encantado poder dar estos mensajes, pero no», confiesa Valor. El crecimiento y el propósito ayudan a encontrar el equilibrio de la felicidad.
«El mantenimiento no da la felicidad y no podemos decir, por poner un ejemplo, que a más yoga usted será más feliz»
Carmen Valor
Profesora de la Universidad Pontificia Comillas
Los investigadores fueron más allá y analizaron qué pasaría si estos cuatro perfiles pasaran a dedicar 30 minutos más a algo en detrimento de sus prioridades. Concluyeron que más deporte, prácticas espirituales, desplazamientos (que son indicadores de actividad fuera del hogar) o autocuidado (esos «caprichos que alegran a todos») juegan a favor de la felicidad, mientras que más ocio pasivo o trabajo tienen un efecto contrario. Los efectos de aumentar el cuidado del hogar y el deporte no son tan uniformes.
«La felicidad no depende tanto de en qué gastas tu tiempo, sino de cómo lo vives y si valoras ese tiempo. La clave parece que es tener un tiempo que se percibe equilibrado y que es congruente», añade Valor que, consciente de que no hay una receta única, insiste en que «al final, el uso positivo del tiempo depende también de nuestra historia y de dónde venimos. Desde fuera no podemos juzgar si este camino es el que hay que seguir o es este otro». «Esto no va de decir a nuestros padres o abuelos que se apunten a yoga, macramé o encaje de bolillos. No va de hacer más y más», sentencia la especialista, que también aplaude que haya «distintas maneras de ser felices en este momento de la vida».
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