La izquierda radical concurrirá dividida a unas elecciones generales por primera vez desde diciembre de 2015, esto es, en más de una década. El fracaso de unas negociaciones —que hasta los propios partidos del espacio achacan a un evidente «juego de egos» entre dirigentes— que se estiraron hasta el último minuto del plazo para el registro de coaliciones aboca ahora al elector progresista a escoger el 29 de noviembre entre dos papeletas a la izquierda del PSOE con nula diferencia programática: la del Frente Amplio (Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid, Comuns y otras fuerzas soberanistas como Chunta y Ara Més) y la de Podemos. Pese a llevar días reprochándose mutuamente el malogro de la unidad —los herederos de Sumar denuncian falta de voluntad de los de Ione Belarra, mientras los morados apuntan a la cúpula estatal de IU por el bloqueo ‘in extremis’ de los pactos territoriales— se comprometen, al menos en privado, a no jugar sucio en campaña los unos contra los otros. «Guante blanco con Frente Amplio en campaña. Nuestros adversarios son el PP y Vox, que no pasen», tiene claro la cúpula de Podemos. La coalición que finalmente lidera Ada Colau también se jura deportividad con el partido que fundó, entre otros, Pablo Iglesias. «Deportividad por nuestra parte», aseguran, confiados en que Irene Montero «se va a meter una hostia» en la capital, donde la exministra de Igualdad lidera una candidatura saliente de las primarias abiertas que celebraron la pasada semana, a las que solo se presentó ella. La acompañarán en su vuelta a la política doméstica: el exdiputado autonómico y secretario de Economía de Podemos, Tito Morano; la exasesora de Iglesias Dina Bousselham; Serigne Mbaye, exdiputado autonómico de Podemos y Secretario de Antirracismo; y la que en su día fue una de las fieles asesoras de Montero, Teresa Arévalo . Madrid ha sido precisamente el principal escollo del acuerdo fallido entre el conglomerado de partidos que, durante esta última década, se ha agrupado bajo distintos paraguas —Unidos Podemos, Unidas Podemos y Sumar—. Hubo una última propuesta en la que se brindaba a Montero el número dos y una portavocía en el Congreso de los Diputados, pero la rechazaron por estar «trucada»: implicaba la ruptura de un acuerdo de meses con Esquerra Republicana en Cataluña a través del cual los morados colocarán a independientes en las listas republicanas a cambio de que Gabriel Rufián haga campaña por la candidata morada.Finalmente, y bajo la premisa de Podemos de que la división en las dos principales circunscripciones, Madrid y Barcelona, no resta votos, la exministra Montero se medirá a la candidatura que encabeza el coportavoz en la Asamblea de la región y líder del sector crítico de Más Madrid, Emilio Delgado, seguido de la actual diputada nacional Tesh Sidi, de la misma organización. Está por ver quién ocupará los siguientes puestos de la lista, aunque lo más seguro es que el número tres se lo lleven Izquierda Unida y Toni Valero, y el cuatro, Movimiento Sumar y Verónica Barbero. El quinto puesto recaería en manos de Edu Rubiño, quien, de quedarse fuera de la Cámara Baja, se presentaría con Mónica García a las elecciones autonómicas de la Comunidad de Madrid.Precisamente, la todavía ministra de Sanidad y líder del partido se ha retirado este mismo martes de la carrera al Congreso y volverá a enfocarse en su oposición a la popular Isabel Díaz ayuso en Sol. Todo ello después de que, hace apenas dos semanas, García se postulara no solo para liderar Madrid, sino todo el Frente Amplio. A la vista de su poco tirón y de su animadversión hacia Podemos, se decidió relegarla a un segundo puesto que ahora ocupará Sidi. En Más Madrid se vendió como «acto de generosidad» hacia Colau y hacia los morados. Los propios partidos achacan el fracaso de la negociación al «juego de egos» entre dirigentes, que hará que acudan divididos a unas generales por primera vez en once añosEn cualquier caso, aún hay margen para presentar las listas definitivas e integrar a independientes de Podemos en las listas de Baleares o Aragón, por ejemplo, donde las fuerzas soberanistas como Chunta o Ara Més aún pelean por la integración de los morados. El plazo ante la Junta Electoral Central (JEC) finaliza el lunes 26 de octubre. Por el momento, eso sí, el partido de Belarra rechaza este posibilidad y confirma, como hizo ayer su secretario de Organización, Pablo Fernández, que se presentará en todas las circunscripciones del país tanto al Congreso como al Senado. En esta última Cámara los morados han quedado fuera, además, la alianza entre Frente Amplio y PSOE para concurrir juntos de cara a impedir una nueva mayoría absoluta del PP. De hecho, la propia Belarra ha lamentado este martes en rueda de prensa que los herederos de Sumar, en vez de apostar por obtener diputados en el Congreso junto a Podemos en la mayoría de comunidades haya dedicado sus esfuerzos en pactar con el PSOE en Senado. Un movimiento que, a su juicio, implica renunciar a escaños en la Cámara Baja en favor de los socialistas. La izquierda radical concurrirá dividida a unas elecciones generales por primera vez desde diciembre de 2015, esto es, en más de una década. El fracaso de unas negociaciones —que hasta los propios partidos del espacio achacan a un evidente «juego de egos» entre dirigentes— que se estiraron hasta el último minuto del plazo para el registro de coaliciones aboca ahora al elector progresista a escoger el 29 de noviembre entre dos papeletas a la izquierda del PSOE con nula diferencia programática: la del Frente Amplio (Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid, Comuns y otras fuerzas soberanistas como Chunta y Ara Més) y la de Podemos. Pese a llevar días reprochándose mutuamente el malogro de la unidad —los herederos de Sumar denuncian falta de voluntad de los de Ione Belarra, mientras los morados apuntan a la cúpula estatal de IU por el bloqueo ‘in extremis’ de los pactos territoriales— se comprometen, al menos en privado, a no jugar sucio en campaña los unos contra los otros. «Guante blanco con Frente Amplio en campaña. Nuestros adversarios son el PP y Vox, que no pasen», tiene claro la cúpula de Podemos. La coalición que finalmente lidera Ada Colau también se jura deportividad con el partido que fundó, entre otros, Pablo Iglesias. «Deportividad por nuestra parte», aseguran, confiados en que Irene Montero «se va a meter una hostia» en la capital, donde la exministra de Igualdad lidera una candidatura saliente de las primarias abiertas que celebraron la pasada semana, a las que solo se presentó ella. La acompañarán en su vuelta a la política doméstica: el exdiputado autonómico y secretario de Economía de Podemos, Tito Morano; la exasesora de Iglesias Dina Bousselham; Serigne Mbaye, exdiputado autonómico de Podemos y Secretario de Antirracismo; y la que en su día fue una de las fieles asesoras de Montero, Teresa Arévalo . Madrid ha sido precisamente el principal escollo del acuerdo fallido entre el conglomerado de partidos que, durante esta última década, se ha agrupado bajo distintos paraguas —Unidos Podemos, Unidas Podemos y Sumar—. Hubo una última propuesta en la que se brindaba a Montero el número dos y una portavocía en el Congreso de los Diputados, pero la rechazaron por estar «trucada»: implicaba la ruptura de un acuerdo de meses con Esquerra Republicana en Cataluña a través del cual los morados colocarán a independientes en las listas republicanas a cambio de que Gabriel Rufián haga campaña por la candidata morada.Finalmente, y bajo la premisa de Podemos de que la división en las dos principales circunscripciones, Madrid y Barcelona, no resta votos, la exministra Montero se medirá a la candidatura que encabeza el coportavoz en la Asamblea de la región y líder del sector crítico de Más Madrid, Emilio Delgado, seguido de la actual diputada nacional Tesh Sidi, de la misma organización. Está por ver quién ocupará los siguientes puestos de la lista, aunque lo más seguro es que el número tres se lo lleven Izquierda Unida y Toni Valero, y el cuatro, Movimiento Sumar y Verónica Barbero. El quinto puesto recaería en manos de Edu Rubiño, quien, de quedarse fuera de la Cámara Baja, se presentaría con Mónica García a las elecciones autonómicas de la Comunidad de Madrid.Precisamente, la todavía ministra de Sanidad y líder del partido se ha retirado este mismo martes de la carrera al Congreso y volverá a enfocarse en su oposición a la popular Isabel Díaz ayuso en Sol. Todo ello después de que, hace apenas dos semanas, García se postulara no solo para liderar Madrid, sino todo el Frente Amplio. A la vista de su poco tirón y de su animadversión hacia Podemos, se decidió relegarla a un segundo puesto que ahora ocupará Sidi. En Más Madrid se vendió como «acto de generosidad» hacia Colau y hacia los morados. Los propios partidos achacan el fracaso de la negociación al «juego de egos» entre dirigentes, que hará que acudan divididos a unas generales por primera vez en once añosEn cualquier caso, aún hay margen para presentar las listas definitivas e integrar a independientes de Podemos en las listas de Baleares o Aragón, por ejemplo, donde las fuerzas soberanistas como Chunta o Ara Més aún pelean por la integración de los morados. El plazo ante la Junta Electoral Central (JEC) finaliza el lunes 26 de octubre. Por el momento, eso sí, el partido de Belarra rechaza este posibilidad y confirma, como hizo ayer su secretario de Organización, Pablo Fernández, que se presentará en todas las circunscripciones del país tanto al Congreso como al Senado. En esta última Cámara los morados han quedado fuera, además, la alianza entre Frente Amplio y PSOE para concurrir juntos de cara a impedir una nueva mayoría absoluta del PP. De hecho, la propia Belarra ha lamentado este martes en rueda de prensa que los herederos de Sumar, en vez de apostar por obtener diputados en el Congreso junto a Podemos en la mayoría de comunidades haya dedicado sus esfuerzos en pactar con el PSOE en Senado. Un movimiento que, a su juicio, implica renunciar a escaños en la Cámara Baja en favor de los socialistas.
La izquierda radical concurrirá dividida a unas elecciones generales por primera vez desde diciembre de 2015, esto es, en más de una década. El fracaso de unas negociaciones —que hasta los propios partidos del espacio achacan a un evidente «juego de egos» entre dirigentes— … que se estiraron hasta el último minuto del plazo para el registro de coaliciones aboca ahora al elector progresista a escoger el 29 de noviembre entre dos papeletas a la izquierda del PSOE con nula diferencia programática: la del Frente Amplio (Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid, Comuns y otras fuerzas soberanistas como Chunta y Ara Més) y la de Podemos. Pese a llevar días reprochándose mutuamente el malogro de la unidad —los herederos de Sumar denuncian falta de voluntad de los de Ione Belarra, mientras los morados apuntan a la cúpula estatal de IU por el bloqueo ‘in extremis’ de los pactos territoriales— se comprometen, al menos en privado, a no jugar sucio en campaña los unos contra los otros.
«Guante blanco con Frente Amplio en campaña. Nuestros adversarios son el PP y Vox, que no pasen», tiene claro la cúpula de Podemos. La coalición que finalmente lidera Ada Colau también se jura deportividad con el partido que fundó, entre otros, Pablo Iglesias. «Deportividad por nuestra parte», aseguran, confiados en que Irene Montero «se va a meter una hostia» en la capital, donde la exministra de Igualdad lidera una candidatura saliente de las primarias abiertas que celebraron la pasada semana, a las que solo se presentó ella. La acompañarán en su vuelta a la política doméstica: el exdiputado autonómico y secretario de Economía de Podemos, Tito Morano; la exasesora de Iglesias Dina Bousselham; Serigne Mbaye, exdiputado autonómico de Podemos y Secretario de Antirracismo; y la que en su día fue una de las fieles asesoras de Montero, Teresa Arévalo.
Madrid ha sido precisamente el principal escollo del acuerdo fallido entre el conglomerado de partidos que, durante esta última década, se ha agrupado bajo distintos paraguas —Unidos Podemos, Unidas Podemos y Sumar—. Hubo una última propuesta en la que se brindaba a Montero el número dos y una portavocía en el Congreso de los Diputados, pero la rechazaron por estar «trucada»: implicaba la ruptura de un acuerdo de meses con Esquerra Republicana en Cataluña a través del cual los morados colocarán a independientes en las listas republicanas a cambio de que Gabriel Rufián haga campaña por la candidata morada.
Noticia relacionada
Finalmente, y bajo la premisa de Podemos de que la división en las dos principales circunscripciones, Madrid y Barcelona, no resta votos, la exministra Montero se medirá a la candidatura que encabeza el coportavoz en la Asamblea de la región y líder del sector crítico de Más Madrid, Emilio Delgado, seguido de la actual diputada nacional Tesh Sidi, de la misma organización. Está por ver quién ocupará los siguientes puestos de la lista, aunque lo más seguro es que el número tres se lo lleven Izquierda Unida y Toni Valero, y el cuatro, Movimiento Sumar y Verónica Barbero. El quinto puesto recaería en manos de Edu Rubiño, quien, de quedarse fuera de la Cámara Baja, se presentaría con Mónica García a las elecciones autonómicas de la Comunidad de Madrid.
Precisamente, la todavía ministra de Sanidad y líder del partido se ha retirado este mismo martes de la carrera al Congreso y volverá a enfocarse en su oposición a la popular Isabel Díaz ayuso en Sol. Todo ello después de que, hace apenas dos semanas, García se postulara no solo para liderar Madrid, sino todo el Frente Amplio. A la vista de su poco tirón y de su animadversión hacia Podemos, se decidió relegarla a un segundo puesto que ahora ocupará Sidi. En Más Madrid se vendió como «acto de generosidad» hacia Colau y hacia los morados.
En cualquier caso, aún hay margen para presentar las listas definitivas e integrar a independientes de Podemos en las listas de Baleares o Aragón, por ejemplo, donde las fuerzas soberanistas como Chunta o Ara Més aún pelean por la integración de los morados. El plazo ante la Junta Electoral Central (JEC) finaliza el lunes 26 de octubre. Por el momento, eso sí, el partido de Belarra rechaza este posibilidad y confirma, como hizo ayer su secretario de Organización, Pablo Fernández, que se presentará en todas las circunscripciones del país tanto al Congreso como al Senado. En esta última Cámara los morados han quedado fuera, además, la alianza entre Frente Amplio y PSOE para concurrir juntos de cara a impedir una nueva mayoría absoluta del PP. De hecho, la propia Belarra ha lamentado este martes en rueda de prensa que los herederos de Sumar, en vez de apostar por obtener diputados en el Congreso junto a Podemos en la mayoría de comunidades haya dedicado sus esfuerzos en pactar con el PSOE en Senado. Un movimiento que, a su juicio, implica renunciar a escaños en la Cámara Baja en favor de los socialistas.
Podemos despliega una campaña hiperpersonalista en torno a la figura de Montero y escondiendo las siglas bajo el lema: ‘Irene. Paz, casa y trabajo’
Newsletter
Mientras tanto, los morados se centrarán en impulsar a Montero a toda costa. Para ello concentrarán todos sus esfuerzos en una campaña hiperpersonalista en torno a la figura de la todavía eurodiputada —no abandonará el escaño en Bruselas hasta las generales— que esconde las siglas de Podemos (ni rastro en la imagen, ni en la web, ni en los carteles) bajo el lema ‘Irene. Paz, casa y trabajo’. El partido, no obstante, descarta que este despliegue en torno a su candidata responda al poco tirón de la marca en pleno 2026. «Más Podemos que Irene no hay nada», dejan claro, explicando que su estrategia pasa por que el elector comprenda que su candidatura «va más allá de las siglas», de confiar en una persona con una trayectoria como la suya.
RSS de noticias de espana

