Pierre-Henri Tavoillot, profesor de la Sorbona, presidente del Colegio de Filosofía y analista político descifra en una entrevista con La Vanguardia la actualidad francesa, marcada desde hace semanas por la protesta social y los disturbios.
El profesor de la Sorbona ve “dos bandos irreconciliables” en la actual ola de protestas y disturbios
Pierre-Henri Tavoillot, profesor de la Sorbona, presidente del Colegio de Filosofía y analista político descifra en una entrevista con La Vanguardia la actualidad francesa, marcada desde hace semanas por la protesta social y los disturbios.
Algunos, incluso el Gobierno, hablan de un clima insurreccional, prerrevolucionario. Usted mismo ha advertido del riesgo de guerra civil. ¿No se exagera?
Efectivamente he utilizado el término “embrión de guerra civil”. Lo he hecho reflexionando bien sobre el sentido de las palabras, aunque en mi último libro mostré que es muy peligroso hablar de guerra civil porque, a fuerza de hablar de ella, nos arriesgamos a provocarla. Empleé el término “embrión de guerra civil” porque en el espacio público francés hay dos visiones muy antagonistas, dos bandos. Uno considera que la República es agresora, violenta, machista, colonialista, racista, y a partir de ahí ejercer la violencia contra el Estado es simple legítima defensa.
¿Y el otro bando?
El otro piensa que es la República la atacada y que el Estado se halla un poco débil y debe ser protegido. Esos bandos funcionan como dos burbujas de realidad. Yo me sitúo en el segundo. Es honesto decirlo. Unos solo ven la violencia policial. Los otros solo la violencia contra los comerciantes o contra los símbolos de la República. Esos dos bandos son difícilmente reconciliables, incluso sobre el diagnóstico de los hechos, y eso lo hace muy complicado.
Igualitarismo
“Hay una pasión francesa por la igualdad que va incluso contra la otra pasión por la libertad”
Siempre me sorprende la tolerancia de este país hacia la violencia, por ejemplo la comprensión de los vecinos de las zonas vandalizadas durante la revuelta de los chalecos amarillos .
En Francia hay una tradición revolucionaria. Se mantiene un análisis un poco romántico de la violencia revolucionaria con la idea, a mi juicio históricamente falsa, de que la violencia es necesaria para lograr el progreso. Yo tiendo a pensar exactamente lo contrario, que, a lo largo de la historia, la violencia siempre ha sido un freno, algo que impidió las grandes evoluciones. Ocurrió ya en la Revolución Francesa. Y por una razón muy simple, porque toda violencia genera una reacción. En Francia hubo que esperar casi cien años hasta que la III República creó instituciones algo duraderas. Pese a todo, en el imaginario francés la violencia es un poco necesaria, aunque con límites. Hoy Francia se ha conmovido con razón al ver algunos símbolos de la República, como los ayuntamientos, quemados, de forma totalmente gratuita, y los comercios saqueados de modo escandaloso. Los sondeos indican que hay una gran mayoría de franceses que quieren salir de este círculo de violencia.
¿Cree que hay también un problema de deslegitimación del poder, dado que Macron fue elegido dos veces, por muchos votantes, solo para frenar a Le Pen?
Es verdad que existe este sentimiento, pero es un discurso muy peligroso porque deben respetarse las reglas de juego de la democracia. Es cierto que se cometieron errores. Macron no quiso hacer campaña para su reelección. Podría decirse que la disolución de la Asamblea (en el 2024), fue un llamamiento al pueblo, un ejercicio democrático. Hay que constatar que no solo se equivocan los líderes. En las últimas elecciones la gente no votó a favor sino en contra, para impedir gobernar a los otros. La responsabilidad es pues colectiva. Es demasiado fácil decir que los líderes son malos. El pueblo francés decidió hacer Francia ingobernable. Pocos hacen ese discurso de la responsabilidad pública.
Generación Z
“Quienes se manifiestan forman parte de los más favorecidos de la sociedad”
¿Qué piensa de la generación Z, que se presenta como víctima?
La juventud es muy diversa y hay que tener cuidado con unificarla. Yo tengo dudas sobre el término generación Z. Se caracteriza por un clima de ansiedad, de miedo al futuro, pero se corresponde al resto de la sociedad. Creo además que los alumnos que se manifiestan forman parte de los más favorecidos de nuestra sociedad. Se benefician de estudios gratuitos o casi gratuitos. Un estudiante paga 300 o 400 euros al año y al Estado le cuesta 12.000, un esfuerzo considerable. Por contra hay un porcentaje del 10 al 15% de esta juventud que no estudia, no trabaja ni está en formación profesional. Esa juventud no es por tanto un bloque homogéneo que pueda dar lecciones a los adultos. Además hay una complacencia que me escandaliza. Se olvida que bloquear una escuela o una universidad es un acto ilegal que atenta contra la libertad de los demás. Hace ocho años que no hay un curso en mi universidad sin bloqueos. Debo dar clases por mi canal de YouTube. Eso es desastroso. Y todo por culpa de una pequeña minoría.
La cultura de la lucha de clases está aquí aún muy viva. Se habla mucho de los ricos, de los superricos, de subir los impuestos.
Sí, hay una pasión francesa por la igualdad que va incluso contra otra pasión nuestra que debería ser la de la libertad. Se está dispuesto a sacrificar la libertad en nombre de la igualdad. Está presente en los discursos. Conozco otros países que están orgullosos de tener grandes empresas, de la gente que se enriquece, que contribuye al dinamismo económico. En Francia cuando se menciona Total (gigante energético), que obtiene grandes beneficios, inmediatamente aparece como un monstruo abominable al que hay que quitarle los superbeneficios, a pesar de que pone precios muy interesantes en sus productos. Hay una lógica en efecto muy perniciosa, sobre todo en cuestiones como la deuda, el presupuesto. La solución fácil es coger el dinero de los ricos, sin ver que nuestro sistema social gasta de manera absolutamente delirante. Ahí también se observan dos bloques, quienes dicen que el Estado es débil y hay que examinar los gastos, y quienes creen que todos los gastos son legítimos y debemos coger más dinero de los ricos en un país que es el campeón de Europa de los impuestos.
El partido de Le Pen
“Es cuestionable hablar hoy de extrema derecha para el Reagrupamiento Nacional”
¿Es todavía posible evitar el triunfo de la extrema derecha en las presidenciales?
Pienso que el término extrema derecha puede hoy cuestionarse. Es cierto que el Reagrupamiento Nacional (RN) viene de la extrema derecha, pero toda su estrategia consiste en mostrar que ya no es de extrema derecha, que es una derecha nacionalista, autoritaria, en el fondo clásica. Hay una parte de verdad en esta evolución, porque es así como puede conquistarse el poder, y hay una parte de hipocresía, de camuflaje. No hay que ser ingenuo sobre esta evolución, pero si se toman los criterios que definen a la extrema derecha, como el antiparlamentarismo, la visión de un pueblo étnicamente puro, una lógica histórica revolucionaria-conservadora, hoy el RN no cumple ninguno de estos criterios. Ahora bien, el riesgo es importante. Pero para contestar a su pregunta, en el estado actual de cosas no veo efectivamente como el RN no podría salir vencedor de las elecciones.
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