Todo empezó el mes pasado, porque Singapur quería bajarle los humos a Indonesia, tras semanas de incendios en Borneo y Sumatra. Desde entonces, la trifulca entre la ciudad-estado y el gigantesco archipiélago vecino ha ido aumentando de tono. Sin que sirviera de alivio una visita diplomática, ni las lluvias del fin de semana.
La ciudad-estado protesta ante su vecino, que se escuda en los recursos energéticos que le son indispensables
Todo empezó el mes pasado, porque Singapur quería bajarle los humos a Indonesia, tras semanas de incendios en Borneo y Sumatra. Desde entonces, la trifulca entre la ciudad-estado y el gigantesco archipiélago vecino ha ido aumentando de tono. Sin que sirviera de alivio una visita diplomática, ni las lluvias del fin de semana.
El caso es que, a mediados de octubre, el nivel de contaminación en Singapur alcanzó su nivel máximo en once años. La alarma social obligó a los políticos a repartir mascarillas entre la población de riesgo y a amenazar con multas a las empresas indonesias responsables de los incendios.
Este amago de aplicación extraterritorial de la legislación singapurense contra la contaminación sentó mal en Yakarta. El gobierno de Prabowo Subianto se apresuró a presentarlo como un atentado contra la soberanía, a pesar de que sus propios conciudadanos empezaban a manifestarse, asfixiados por la humareda de incendios fuera de control.
“El Niño es un fenómeno natural, pero la quema de bosques está causada por la acción humana”, aseveró el ministro de Exteriores de Singapur, Vivian Balakrishnan, de visita en Yakarta, ante su homólogo indonesio, antes de encontrarse con el presidente Prabowo, el miércoles pasado. Este último ya había reconocido que detrás de la mayoría de incendios está la voluntad de crear plantaciones comerciales.
Las quejas de Singapur coinciden con el momento más bajo de popularidad en Occidente del general Prabowo, que ha reactivado las nacionalizaciones con pretextos ambientales. Mientras la bolsa de Singapur ha ganado un 13% en lo que va de año, la de Yakarta ha perdido un 44%. Para más inri, la proveedora de índices MSCI se plantea retirarle al país la condición de “mercado emergente”. En este contexto, un exministro de Comercio indonesio, Muhammad Lutfi, acusó a los fondos soberanos de Singapur (GIC y Temasek, que suman 1,6 billones de dólares), de presionar a MSCI a fin de hacerse con activos indonesios a precio de saldo.

Aunque el gobierno singapurense lo desmintiera, desde entonces los tambores nacionalistas no han parado de sonar en Yakarta. Primero fue el ministro de Energía, Bahlil Lahadalia, quien amenazó con cerrar la espita del gas a Singapur. Una reducción del suministro del 9%, dentro del margen contractual, que fue confirmada días después con argumentos de seguridad energética.
Fue esta muestra de poder la que convenció al canciller Balakrishnan de la necesidad de coger el avión a Yakarta. Singapur puede tener la mayor renta per cápita de Asia, pero el dinero no se come y sin el agua y el gas de sus vecinos, dejaría de ser viable. Sobre todo por su renovada apuesta por los centros de datos -que consumen ya un 20% de la energía de la isla- y la manufactura de chips. Cabe decir que Singapur genera el 95% de su electricidad a partir de centrales térmicas de gas, del cual Indonesia es su principal proveedor.
Singapur tenía pensado reducir su dependencia del gas indonesio con energía solar. También indonesia. Pero esta misma semana, el gobierno de Yakarta les ha comunicado que no podrá satisfacer sus compromisos, porque el consumidor nacional tiene prioridad en el actual contexto.
Indonesia es consciente de la baza que suponen sus recursos naturales desde los tiempos no alineados de Sukarno, sepultados luego por el dictador Suharto. Paradójicamente, el yerno de este, Prabowo Subianto, es quien está insuflando nuevos aires al multilateralismo indonesio.
Tres altos mandos policiales, detenidos por escuchas ilegales al presidente Prabowo
De este modo, Prabowo un día está en el desfile militar de Pekín -junto a Xi Jinping y Vladimir Putin- y otro día ingresa en la Junta de la Paz de Donald Trump. Sus oscilaciones se observan con lupa, aunque solo sea porque es el primer producto mundial de níquel y el segundo de cobalto, claves en la transición energética. También es el segundo productor de estaño y tiene las cuartas reservas de oro. Este año, el amago de expropiación de la mina aurífera de Martabe causó escalofríos en Londres, antes de ser revocada.
A todo ello hay que añadir que Indonesia se incorporó el año pasado a los Brics. En los primeros nueve meses de 2026, ha doblado respecto a 2025 el uso de divisas alternativas al dólar en sus transacciones con casi una decena de países. Cabe añadir el que acaso sea el arsenal más diversificado del mundo, al que pronto podrían incorporarse cazas y buques chinos. Por último, hace quince días, firmó con Rosatom el suministro de dos centrales nucleares flotantes rusas para las Molucas.
La diversificación es tal que cuesta imaginar quién pudo ordenar las escuchas ilegales del teléfono de Prabowo, durante los dos últimos años, motivo por el cual este martes fueron detenidos tres altos mandos policiales, incluido el jefe del gabinete presidencial.
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