La escuela de gestión empresarial de la Compañía de Jesús apuesta por la diferenciación y por el crecimiento limitado en un mercado de ‘business school’ altamente competitivo Leer La escuela de gestión empresarial de la Compañía de Jesús apuesta por la diferenciación y por el crecimiento limitado en un mercado de ‘business school’ altamente competitivo Leer
El sector de las escuelas de negocio se ha convertido en un auténtico «océano rojo». La referencia al término acuñado por Chan Kim y Renée Mauborgne en Blue Ocean Strategy la toma prestada Juan de la Guardia, director general de Advantere School of Management, para defender que en un mercado altamente competitivo, en el que incluso las instituciones históricas sufren para captar alumnos, la diferenciación ya no es una opción, sino una condición sine qua non para la supervivencia. Sin embargo, desde la escuela fundada en 2021 por la Compañía de Jesús, con la Universidad Pontificia Comillas y la Universidad de Deusto como socios estratégicos y Georgetown University como partner académico, se observa este panorama con la tranquilidad propia de un actor que no tiene competencia directa y que no persigue la masificación sino «enseñar para transformar». Ese es el lema que impregna toda la filosofía de esta escuela de gestión empresarial. «No somos una business school», repite su director general.
Bajo esa premisa de equilibrar la rentabilidad empresarial con el criterio ético y la justicia social, Advantere ha decidido poner el foco en uno de los principales problemas que atraviesa la sociedad española: la crisis de la vivienda. La institución sostiene que el mercado inmobiliario en España, y particularmente en Madrid, tiene todavía un amplio margen de crecimiento en comparación con otras capitales europeas. Sin embargo, el verdadero cuello de botella no es la falta de interés de los inversores, sino la incapacidad para conectar la viabilidad de los proyectos con la realidad social de las nuevas generaciones. Para la escuela, el reto del sector es diseñar estructuras de ingeniería financiera que hagan los proyectos rentables para las empresas y, a la vez, accesibles para que los jóvenes puedan adquirir viviendas y formar familias.
Advantere identificó ese vacío de talento en el corazón del sector inmobiliario y respondió con el lanzamiento de un nuevo Master in Real Estate Finance, un título oficial certificado por la Aneca y otorgado por la Universidad Pontificia Comillas. La creación de este programa responde a una necesidad urgente y real del mercado: «España es uno de los destinos preferidos para la inversión inmobiliaria internacional, pero carece de financieros especializados en real estate», apunta De la Guardia. Para diseñar el plan de estudios, la escuela acudió directamente a los gigantes del sector en España -como Metrovacesa, Merlin Properties, Savills, Pryconsa o GMP– con el fin de estructurar unos contenidos que respondieran exactamente a sus demandas. Además, el programa contará con un claustro de excepción: mientras que la formación financiera general correrá a cargo de la escuela, las materias especializadas de real estate serán impartidas por directivos en activo de la talla del CEO de Merlin o el director de operaciones de CBRE, adelanta De la Guardia.
Este nuevo máster se suma a la oferta de programas full-time y en inglés de la escuela, orientados a jóvenes profesionales de la Generación Z que demandan una especialización tras su formación de cuatro años en el Plan Bolonia. Actualmente, la escuela imparte el Master in International Management (MIM), el Master in Finance (MIF) y el Master in Talent Management (HR), todos ellos con una estancia académica de tres semanas en Georgetown University.
Para garantizar la excelencia y la empleabilidad, Advantere rechaza conscientemente el crecimiento ilimitado. Durante la conversación con Actualidad Económica en el Campus Arrupe, en el madrileño distrito de Chamartín, su director general define a la institución como una escuela boutique que limita su número de alumnos para asegurar una personalización real. Esto se traduce en que cada estudiante cuenta con un mentor individualizado -un directivo en activo del mercado (CEO, CFO o director de recursos humanos)- que lo orienta de manera personalizada en su proyección profesional. «Esto nos obliga a que el proyecto no sea escalable y, por tanto, hay un límite máximo de alumnos que podemos tener», admite el director general.
Asimismo, la metodología se basa estrictamente en el learning by doing (aprender haciendo, por su traducción al español). Durante dos meses, los alumnos trabajan en proyectos reales planteados por empresas colaboradoras de la talla de L’Oréal, NTT Data, Microsoft, Mini o Carrefour, cuyas soluciones presentan directamente ante los comités de dirección. Este sistema ha demostrado ser un canal directo de inserción laboral, propiciando contrataciones inmediatas en firmas como Guerlain o Ryanair. «Esto solo lo podemos hacer si somos una escuela boutique«, incide De la Guardia mientras explica esta suerte de proceso selectivo a través del cual ojeadores profesionales reclutan alumnos para sus empresas de manera muy directa en la propia cantera de la escuela.
¿Y qué hay del modelo de negocio de esta institución sin ánimo de lucro? Cuando se le pregunta específicamente sobre la viabilidad financiera de Advantere, De la Guardia se limita a explicar que actualmente se encuentra en fase de inversión y que prevé alcanzar el punto de equilibrio «en breve». Pero en este aspecto es cristalino: «Nuestra estrategia no es ser rentables rápidamente». El directivo explica que el business plan proyecta un crecimiento que les permitirá llegar a 250 alumnos en tres años, desde los 60 con los que contaron en las tres primeras promociones y los 90 de esta cuarta. Y para ello han puesto en marcha nuevos programas como el enfocado a las finanzas en el sector inmobiliario, que arrancará el próximo mes de septiembre.
La escuela busca demostrar que la gestión ética y el compromiso con el bien común son, a largo plazo, los mayores generadores de valor y atracción de talento. Y esta visión humanista también se aplica al abordaje de la inteligencia artificial en las aulas. Lejos de combatirla, Advantere la integra como una aliada en el currículo para optimizar la duración de las tareas más mecánicas, al tiempo que dota a sus aulas de herramientas de supervisión para garantizar el aprendizaje real (básicamente, para vigilar si los alumnos copian, porque «si apruebas pero no has aprendido nada, ese no es el objetivo, ¿no?», resume De la Guardia). Para la institución, la IA es un complemento extraordinario, pero incapaz de sustituir la inteligencia emocional, la empatía y la capacidad de motivación que definen a un verdadero líder, según explica.
Advantere School of Management, que desde este año ejerce como comisario del nuevo ranking de las 100 Mejores Empresas Para Trabajar de Actualidad Económica, no solo aspira a consolidarse en España. Al haber logrado que dos universidades tradicionalmente competidoras como Comillas y Deusto colaboren estrechamente en una sociedad sin ánimo de lucro, el proyecto se ha convertido en un modelo piloto con un gran potencial y altamente visible para la Compañía de Jesús a nivel global. De hecho, si la fórmula se consolida, la orden contempla replicar esta estructura de cooperación interuniversitaria en otros continentes, revela De la Guardia.
Al final, el éxito de Advantere no se medirá por su facturación o su volumen de alumnos, sino por el impacto de sus egresados. El mayor logro al que aspira dentro de una década no es otro que ser reconocida como la escuela de gestión que ha logrado transformar el mundo a través de líderes capaces de diseñar soluciones empresariales viables, éticas y, sobre todo, al servicio de las necesidades reales de las personas. A la pregunta «¿cómo convencería a un inversor de que apueste por Advantere?», el responsable de la escuela responde contundente: «Le demostraría que se pueden hacer negocios de una forma sostenible, ayudando al bien común, y que eso redundará en un mayor volumen de negocio».
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