Mientras los equipos de emergencia continúan evaluando los daños provocados por el trágico doble terremoto que ha sacudido Venezuela y atendiendo las necesidades más inmediatas de los afectados, los expertos recuerdan que las consecuencias de una catástrofe de esta magnitud no se limitan a las pérdidas materiales o a las víctimas mortales. El impacto psicológico puede prolongarse durante meses e incluso años, lo que convierte la asistencia emocional en una pieza fundamental de la respuesta de emergencia.En este contexto, los programas de atención psicológica desplegados tras grandes desastres buscan intervenir desde las primeras horas para evitar que el trauma se cronifique. La labor de los especialistas no consiste únicamente en escuchar a quienes han sufrido la tragedia, sino también en proporcionar un entorno que permita a las víctimas comenzar a procesar lo ocurrido y «expresar sus emociones».La psicóloga general Lola Collado , profesora del Departamento de Psicología y del Máster Universitario de Urgencias y Emergencias Sanitarias de la Universidad Internacional de Cataluña (UIC), explica en declaraciones a ABC que los primeros auxilios psicológicos tienen como objetivo inmediato ofrecer seguridad y estabilidad a quienes acaban de atravesar una experiencia traumática. Según señala, «lo primero que deben hacer los profesionales desplazados al lugar es procurarles un entorno seguro y darles el máximo de normalidad posible en medio del caos generado por la catástrofe».Noticia relacionada general No No Galicia ofrece «toda la ayuda posible» tras los terremotos en Venezuela J. HierroEse primer acompañamiento resulta, según enfatiza la experta, decisivo para ayudar a las personas afectadas a afrontar el impacto emocional. Collado subraya que también es importante ayudarles a «desbloquear esa contención emocional que les causa la tragedia». «En muchos casos, las víctimas se encuentran en estado de shock y son incapaces de expresar lo que sienten o de asumir plenamente la magnitud de lo ocurrido, por eso es importante ayudarles y escucharles desde el máximo respeto».Los expertos en emergencias destacan que las reacciones psicológicas tras un terremoto son muy variadas. Algunas personas experimentan miedo, ansiedad o tristeza de forma inmediata, mientras que otras pueden mostrar una aparente serenidad que en realidad esconde una dificultad para procesar los acontecimientos. Por ello, la intervención temprana resulta esencial para detectar posibles factores de riesgo y acompañar a los afectados durante las primeras fases del duelo y la recuperación.«En muchos casos, las víctimas se encuentran en shock y son incapaces de expresar lo que sienten o de asumir plenamente la magnitud de lo ocurrido, por eso es importante ayudarles y escucharles desde el máximo respeto» Lola Collado pProfesora del Departamento de Psicología y del Máster Universitario de Urgencias y Emergencias Sanitarias de la UICLa especialista recuerda además que los efectos psicológicos de una tragedia colectiva pueden evolucionar de formas muy distintas según las características de cada individuo, su historia personal o la red de apoyo de la que disponga. «El efecto que pueden tener a largo plazo estas situaciones puede ser diferente en función de la persona», advierte.Collado explica que en las primeras horas y días posteriores al desastre suele aparecer lo que los expertos denominan reacciones agudas de estres. Se trata de una respuesta normal ante una situación extrema, caracterizada por sentimientos de angustia, confusión, nerviosismo o una intensa sensación de vulnerabilidad. En algunos casos, esta reacción puede prolongarse durante semanas.Trastorno de estrés agudoPosteriormente pueden aparecer trastornos de estrés agudo, cuyos síntomas pueden mantenerse hasta un mes después del episodio traumático. Las personas afectadas pueden sufrir recuerdos intrusivos, dificultades para dormir, problemas de concentración o una sensación persistente de amenaza, incluso cuando ya se encuentran fuera de peligro.Sin embargo, una de las mayores preocupaciones de los especialistas se sitúa en el largo plazo. Cuando el trauma no se procesa adecuadamente, puede desembocar en trastornos de estrés postraumático que se prolonguen durante meses o incluso años. Es en esta fase donde afloran algunas de las consecuencias más profundas y menos visibles de una tragedia.Collado alerta de que algunas víctimas pueden desarrollar mecanismos psicológicos de protección que terminan alterando de forma significativa su vida emocional. Entre ellos destaca el denominado embotamiento emocional crónico. «Algunas víctimas de tragedias de esta envergadura pueden sufrir un embotamiento emocional crónico y, con los años, dejar de sentir», concluye la experta.Reducción de la capacidad de sufrir emocionesEste fenómeno implica una reducción progresiva de la capacidad para experimentar emociones, tanto positivas como negativas. Quienes lo padecen pueden tener dificultades para sentir alegría, ilusión o afecto, pero también para expresar tristeza o conectar emocionalmente con quienes les rodean. Se trata de una respuesta defensiva del organismo ante un sufrimiento extremo que, lejos de resolver el problema, puede convertirse en una secuela persistente. Por ello, los especialistas insisten en que la atención psicológica debe formar parte de la respuesta integral a cualquier gran emergencia.La psicóloga de la UIC destaca la importancia de los profesionales que intervienen en la primera respuesta (médicos, sanitarios, bomberos, etc…). «Son considerados víctimas de tercer grado de estas tragedias porque también les afectan. Por ello reciben, en algunos casos, apoyo psicológico para poder realizar su trabajo». «Muchas veces la gente se olvida de ellos», lamenta Collado. Mientras los equipos de emergencia continúan evaluando los daños provocados por el trágico doble terremoto que ha sacudido Venezuela y atendiendo las necesidades más inmediatas de los afectados, los expertos recuerdan que las consecuencias de una catástrofe de esta magnitud no se limitan a las pérdidas materiales o a las víctimas mortales. El impacto psicológico puede prolongarse durante meses e incluso años, lo que convierte la asistencia emocional en una pieza fundamental de la respuesta de emergencia.En este contexto, los programas de atención psicológica desplegados tras grandes desastres buscan intervenir desde las primeras horas para evitar que el trauma se cronifique. La labor de los especialistas no consiste únicamente en escuchar a quienes han sufrido la tragedia, sino también en proporcionar un entorno que permita a las víctimas comenzar a procesar lo ocurrido y «expresar sus emociones».La psicóloga general Lola Collado , profesora del Departamento de Psicología y del Máster Universitario de Urgencias y Emergencias Sanitarias de la Universidad Internacional de Cataluña (UIC), explica en declaraciones a ABC que los primeros auxilios psicológicos tienen como objetivo inmediato ofrecer seguridad y estabilidad a quienes acaban de atravesar una experiencia traumática. Según señala, «lo primero que deben hacer los profesionales desplazados al lugar es procurarles un entorno seguro y darles el máximo de normalidad posible en medio del caos generado por la catástrofe».Noticia relacionada general No No Galicia ofrece «toda la ayuda posible» tras los terremotos en Venezuela J. HierroEse primer acompañamiento resulta, según enfatiza la experta, decisivo para ayudar a las personas afectadas a afrontar el impacto emocional. Collado subraya que también es importante ayudarles a «desbloquear esa contención emocional que les causa la tragedia». «En muchos casos, las víctimas se encuentran en estado de shock y son incapaces de expresar lo que sienten o de asumir plenamente la magnitud de lo ocurrido, por eso es importante ayudarles y escucharles desde el máximo respeto».Los expertos en emergencias destacan que las reacciones psicológicas tras un terremoto son muy variadas. Algunas personas experimentan miedo, ansiedad o tristeza de forma inmediata, mientras que otras pueden mostrar una aparente serenidad que en realidad esconde una dificultad para procesar los acontecimientos. Por ello, la intervención temprana resulta esencial para detectar posibles factores de riesgo y acompañar a los afectados durante las primeras fases del duelo y la recuperación.«En muchos casos, las víctimas se encuentran en shock y son incapaces de expresar lo que sienten o de asumir plenamente la magnitud de lo ocurrido, por eso es importante ayudarles y escucharles desde el máximo respeto» Lola Collado pProfesora del Departamento de Psicología y del Máster Universitario de Urgencias y Emergencias Sanitarias de la UICLa especialista recuerda además que los efectos psicológicos de una tragedia colectiva pueden evolucionar de formas muy distintas según las características de cada individuo, su historia personal o la red de apoyo de la que disponga. «El efecto que pueden tener a largo plazo estas situaciones puede ser diferente en función de la persona», advierte.Collado explica que en las primeras horas y días posteriores al desastre suele aparecer lo que los expertos denominan reacciones agudas de estres. Se trata de una respuesta normal ante una situación extrema, caracterizada por sentimientos de angustia, confusión, nerviosismo o una intensa sensación de vulnerabilidad. En algunos casos, esta reacción puede prolongarse durante semanas.Trastorno de estrés agudoPosteriormente pueden aparecer trastornos de estrés agudo, cuyos síntomas pueden mantenerse hasta un mes después del episodio traumático. Las personas afectadas pueden sufrir recuerdos intrusivos, dificultades para dormir, problemas de concentración o una sensación persistente de amenaza, incluso cuando ya se encuentran fuera de peligro.Sin embargo, una de las mayores preocupaciones de los especialistas se sitúa en el largo plazo. Cuando el trauma no se procesa adecuadamente, puede desembocar en trastornos de estrés postraumático que se prolonguen durante meses o incluso años. Es en esta fase donde afloran algunas de las consecuencias más profundas y menos visibles de una tragedia.Collado alerta de que algunas víctimas pueden desarrollar mecanismos psicológicos de protección que terminan alterando de forma significativa su vida emocional. Entre ellos destaca el denominado embotamiento emocional crónico. «Algunas víctimas de tragedias de esta envergadura pueden sufrir un embotamiento emocional crónico y, con los años, dejar de sentir», concluye la experta.Reducción de la capacidad de sufrir emocionesEste fenómeno implica una reducción progresiva de la capacidad para experimentar emociones, tanto positivas como negativas. Quienes lo padecen pueden tener dificultades para sentir alegría, ilusión o afecto, pero también para expresar tristeza o conectar emocionalmente con quienes les rodean. Se trata de una respuesta defensiva del organismo ante un sufrimiento extremo que, lejos de resolver el problema, puede convertirse en una secuela persistente. Por ello, los especialistas insisten en que la atención psicológica debe formar parte de la respuesta integral a cualquier gran emergencia.La psicóloga de la UIC destaca la importancia de los profesionales que intervienen en la primera respuesta (médicos, sanitarios, bomberos, etc…). «Son considerados víctimas de tercer grado de estas tragedias porque también les afectan. Por ello reciben, en algunos casos, apoyo psicológico para poder realizar su trabajo». «Muchas veces la gente se olvida de ellos», lamenta Collado.
Mientras los equipos de emergencia continúan evaluando los daños provocados por el trágico doble terremoto que ha sacudido Venezuela y atendiendo las necesidades más inmediatas de los afectados, los expertos recuerdan que las consecuencias de una catástrofe de esta magnitud no se limitan a … las pérdidas materiales o a las víctimas mortales. El impacto psicológico puede prolongarse durante meses e incluso años, lo que convierte la asistencia emocional en una pieza fundamental de la respuesta de emergencia.
En este contexto, los programas de atención psicológica desplegados tras grandes desastres buscan intervenir desde las primeras horas para evitar que el trauma se cronifique. La labor de los especialistas no consiste únicamente en escuchar a quienes han sufrido la tragedia, sino también en proporcionar un entorno que permita a las víctimas comenzar a procesar lo ocurrido y «expresar sus emociones».
La psicóloga general Lola Collado, profesora del Departamento de Psicología y del Máster Universitario de Urgencias y Emergencias Sanitarias de la Universidad Internacional de Cataluña (UIC), explica en declaraciones a ABC que los primeros auxilios psicológicos tienen como objetivo inmediato ofrecer seguridad y estabilidad a quienes acaban de atravesar una experiencia traumática. Según señala, «lo primero que deben hacer los profesionales desplazados al lugar es procurarles un entorno seguro y darles el máximo de normalidad posible en medio del caos generado por la catástrofe».
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Ese primer acompañamiento resulta, según enfatiza la experta, decisivo para ayudar a las personas afectadas a afrontar el impacto emocional. Collado subraya que también es importante ayudarles a «desbloquear esa contención emocional que les causa la tragedia». «En muchos casos, las víctimas se encuentran en estado de shock y son incapaces de expresar lo que sienten o de asumir plenamente la magnitud de lo ocurrido, por eso es importante ayudarles y escucharles desde el máximo respeto».
Los expertos en emergencias destacan que las reacciones psicológicas tras un terremoto son muy variadas. Algunas personas experimentan miedo, ansiedad o tristeza de forma inmediata, mientras que otras pueden mostrar una aparente serenidad que en realidad esconde una dificultad para procesar los acontecimientos. Por ello, la intervención temprana resulta esencial para detectar posibles factores de riesgo y acompañar a los afectados durante las primeras fases del duelo y la recuperación.

«En muchos casos, las víctimas se encuentran en shock y son incapaces de expresar lo que sienten o de asumir plenamente la magnitud de lo ocurrido, por eso es importante ayudarles y escucharles desde el máximo respeto»
Lola Collado
pProfesora del Departamento de Psicología y del Máster Universitario de Urgencias y Emergencias Sanitarias de la UIC
La especialista recuerda además que los efectos psicológicos de una tragedia colectiva pueden evolucionar de formas muy distintas según las características de cada individuo, su historia personal o la red de apoyo de la que disponga. «El efecto que pueden tener a largo plazo estas situaciones puede ser diferente en función de la persona», advierte.
Collado explica que en las primeras horas y días posteriores al desastre suele aparecer lo que los expertos denominan reacciones agudas de estres. Se trata de una respuesta normal ante una situación extrema, caracterizada por sentimientos de angustia, confusión, nerviosismo o una intensa sensación de vulnerabilidad. En algunos casos, esta reacción puede prolongarse durante semanas.
Trastorno de estrés agudo
Posteriormente pueden aparecer trastornos de estrés agudo, cuyos síntomas pueden mantenerse hasta un mes después del episodio traumático. Las personas afectadas pueden sufrir recuerdos intrusivos, dificultades para dormir, problemas de concentración o una sensación persistente de amenaza, incluso cuando ya se encuentran fuera de peligro.
Sin embargo, una de las mayores preocupaciones de los especialistas se sitúa en el largo plazo. Cuando el trauma no se procesa adecuadamente, puede desembocar en trastornos de estrés postraumático que se prolonguen durante meses o incluso años. Es en esta fase donde afloran algunas de las consecuencias más profundas y menos visibles de una tragedia.
Collado alerta de que algunas víctimas pueden desarrollar mecanismos psicológicos de protección que terminan alterando de forma significativa su vida emocional. Entre ellos destaca el denominado embotamiento emocional crónico. «Algunas víctimas de tragedias de esta envergadura pueden sufrir un embotamiento emocional crónico y, con los años, dejar de sentir», concluye la experta.
Reducción de la capacidad de sufrir emociones
Este fenómeno implica una reducción progresiva de la capacidad para experimentar emociones, tanto positivas como negativas. Quienes lo padecen pueden tener dificultades para sentir alegría, ilusión o afecto, pero también para expresar tristeza o conectar emocionalmente con quienes les rodean. Se trata de una respuesta defensiva del organismo ante un sufrimiento extremo que, lejos de resolver el problema, puede convertirse en una secuela persistente. Por ello, los especialistas insisten en que la atención psicológica debe formar parte de la respuesta integral a cualquier gran emergencia.
La psicóloga de la UIC destaca la importancia de los profesionales que intervienen en la primera respuesta (médicos, sanitarios, bomberos, etc…). «Son considerados víctimas de tercer grado de estas tragedias porque también les afectan. Por ello reciben, en algunos casos, apoyo psicológico para poder realizar su trabajo». «Muchas veces la gente se olvida de ellos», lamenta Collado.
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