«Esto no es un problema de orden público, sino de seguridad pública». Quienes se pronuncian con esta contundencia son varios altos mandos de las Fuerzas Armadas consultados por ABC. Sorprendidos porque el Gobierno de Pedro Sánchez esté tratando como un asunto de orden público y haya dado el control del despliegue al Ministerio del Interior en una situación inédita y de la mayor gravedad: la violación de la frontera nacional en Ceuta por parte de unas 50.000 personas en 24 horas. Una auténtica toma de las calles de una urbe con una población de unas 85.000 y por la que ya han muerto al menos 57 personas.Según estos mandos, «esta avalancha es de tales dimensiones que supone claramente un ataque a la frontera, no una mera crisis migratoria». En todo caso, hasta el momento, el Gobierno mantiene su posición y ha dado todo el poder en esta situación extremadamente delicada al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y no a la titular de Defensa, Margarita Robles. También, en esta línea, algunos de los altos cargos consultados muestran «su extrañeza» ante la falta de presencia de Robles y del Jefe de Estado Mayor de la Defensa (Jemad), el almirante general Teodoro Esteban López Calderón, aunque desde la cartera se asegura que están siguiendo y coordinando el desarrollo de las maniobras desde el MOPS (Mando de Operaciones).Es por tanto «una decisión política pura y dura que aborda la situación como una mera crisis migratoria frente al criterio militar». Desde otra óptica civil, también diversos juristas consultados por este diario, consideran que la situación ofrece motivos más que suficientes para hacer uso, «como mínimo», de la Ley de Seguridad Nacional y, llegado el caso, de acordar los estados de alarma para garantizar la estabilidad.España ante esta avalancha migratoria de ida y, aparente, vuelta ha movilizado solo a 60 militares en una ciudad donde hay acuartelados de manera permanente más de 3.500 soldados, que no intervienen porque el mando es civil. Y ese despliegue se debe al tratamiento como un problema de orden público y no como de seguridad nacional. Por esta consideración, el mando del operativo lo ejercen la Delegación del Gobierno y el Ministerio del Interior, y la gestión corresponde a Policía Nacional y Guardia Civil y no a las Fuerzas Armadas. Los militares, por tanto, son un factor de apoyo.A pesar de los desesperados llamamientos del Gobierno ceutí y de la junta de portavoces de su Asamblea -con el PSOE local en ella-, Sánchez tardó en reconocer la dimensión de la crisis bastante horas, las que tardó en ordenar un muy controlado refuerzo policial y militar. Solo al comparecer en la ciudad autónoma, un día más tarde, el presidente habló de «ataque a la integridad territorial» y reclamó a Rabat dar una «respuesta contundente», a pesar de que no quiso ir más allá y escalar más allá el conflicto con un vecino que se lavó las manos en la contención migratoria de su lado de la frontera el día de marras.¿Guerra híbrida?Es obligado recordar, en este punto, que ya desde hace tiempo se habla de los flujos migratorios y su manipulación intencionada como un elemento de ese amplísimo y etéreo término de la guerra híbrida o, al menos, como una agresiva medida de presión diplomática. La Unión Europea, la OTAN y la propia Estrategia de Seguridad Nacional española recogen que estas cuestiones pueden afectar a la seguridad de los países. La UE, en concreto, en su reglamento 2024/1359 reconoce la «instrumentalización» de estos fenómenos como «una situación en la que un país de fuera de la UE (tercer país) o un agente no estatal hostil fomente o facilite el desplazamiento de nacionales de fuera de la UE o apátridas a las fronteras exteriores de la UE o a un Estado miembro con el objetivo de desestabilizar a la UE o a un Estado miembro, y en la que tales acciones pueden poner en peligro funciones esenciales de un Estado miembro». Tanto es así que las autoridades comunitarias se apresuraron a ofrecer ayer al Gobierno español recursos de Frontex y la situación ha provocado la reacción y las críticas del conjunto de países europeos.Incomprensión desde la calleDesde a pie de calle, estas reclamaciones de escalar el control de la crisis parecen reforzarse con lo que viven Ceuta y sus habitantes. «No es una crisis migratoria», explican fuentes militares allí que explican que los protagonistas no han venido huyendo del hambre o de la guerra, vienen por un llamamiento que ha corrido por redes y que no se sabe quién ha dirigido, y añaden que todo este movimiento de ida y vuelta que se ha vivido en 48 horas solo les produce «extrañeza». Interior asegura que decenas de miles están volviendo por su propio pie a Marruecos, y se constata sobre el terreno, pero no significa que la situación en las calles esté mejorando, al menos de modo inmediato. Afirman que está siendo un retorno rápido y voluntario, en el que nadie los empuja, y lo atribuyen, más que a ninguna presión policial o política, a una especie de autodefensa de la ciudad: la población se ha enclaustrado, han cerrado sus tiendas, no se celebra la feria que estaba prevista… Y eso significa que no hay suministros, ni diversión, ni el trabajo que les prometían. A pesar de ello, algunos militares muestran su extrañeza: «Es incomprensible», y relatan que han arriesgado la vida para llegar y algunos se hacían un TikTok al entrar; han saltado familias con niños; parientes de ceutíes que venían a ver a la familia y no encuentran explicación alguna.«Es incomprensible» y relatan que han arriesgado la vida para llegar y algunos se hacían un TikTok al entrarAún así la situación dista de estar solucionada. Por las noches todo va a peor y ya se han registrado robos, saqueos, episodios de violencia -se ha reportado al menos una muerte violenta-. «Es un caos», aseguran. Reclaman tanto unas fuerzas policiales sobrepasadas como militares que se tendría que haber actuado antes y en mayor medida para «proteger a la población civil que es la que está sufriendo». Pero la advertencia que nace de la ciudad es cuánto podrá aguantar, con los problemas de seguridad y de abastecimiento, sus habitantes, encerrados y con sus comercios cerrados. «Es un problema de seguridad nacional», coinciden los que trabajan sobre el terreno con los altos mandos. «Esto no es un problema de orden público, sino de seguridad pública». Quienes se pronuncian con esta contundencia son varios altos mandos de las Fuerzas Armadas consultados por ABC. Sorprendidos porque el Gobierno de Pedro Sánchez esté tratando como un asunto de orden público y haya dado el control del despliegue al Ministerio del Interior en una situación inédita y de la mayor gravedad: la violación de la frontera nacional en Ceuta por parte de unas 50.000 personas en 24 horas. Una auténtica toma de las calles de una urbe con una población de unas 85.000 y por la que ya han muerto al menos 57 personas.Según estos mandos, «esta avalancha es de tales dimensiones que supone claramente un ataque a la frontera, no una mera crisis migratoria». En todo caso, hasta el momento, el Gobierno mantiene su posición y ha dado todo el poder en esta situación extremadamente delicada al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y no a la titular de Defensa, Margarita Robles. También, en esta línea, algunos de los altos cargos consultados muestran «su extrañeza» ante la falta de presencia de Robles y del Jefe de Estado Mayor de la Defensa (Jemad), el almirante general Teodoro Esteban López Calderón, aunque desde la cartera se asegura que están siguiendo y coordinando el desarrollo de las maniobras desde el MOPS (Mando de Operaciones).Es por tanto «una decisión política pura y dura que aborda la situación como una mera crisis migratoria frente al criterio militar». Desde otra óptica civil, también diversos juristas consultados por este diario, consideran que la situación ofrece motivos más que suficientes para hacer uso, «como mínimo», de la Ley de Seguridad Nacional y, llegado el caso, de acordar los estados de alarma para garantizar la estabilidad.España ante esta avalancha migratoria de ida y, aparente, vuelta ha movilizado solo a 60 militares en una ciudad donde hay acuartelados de manera permanente más de 3.500 soldados, que no intervienen porque el mando es civil. Y ese despliegue se debe al tratamiento como un problema de orden público y no como de seguridad nacional. Por esta consideración, el mando del operativo lo ejercen la Delegación del Gobierno y el Ministerio del Interior, y la gestión corresponde a Policía Nacional y Guardia Civil y no a las Fuerzas Armadas. Los militares, por tanto, son un factor de apoyo.A pesar de los desesperados llamamientos del Gobierno ceutí y de la junta de portavoces de su Asamblea -con el PSOE local en ella-, Sánchez tardó en reconocer la dimensión de la crisis bastante horas, las que tardó en ordenar un muy controlado refuerzo policial y militar. Solo al comparecer en la ciudad autónoma, un día más tarde, el presidente habló de «ataque a la integridad territorial» y reclamó a Rabat dar una «respuesta contundente», a pesar de que no quiso ir más allá y escalar más allá el conflicto con un vecino que se lavó las manos en la contención migratoria de su lado de la frontera el día de marras.¿Guerra híbrida?Es obligado recordar, en este punto, que ya desde hace tiempo se habla de los flujos migratorios y su manipulación intencionada como un elemento de ese amplísimo y etéreo término de la guerra híbrida o, al menos, como una agresiva medida de presión diplomática. La Unión Europea, la OTAN y la propia Estrategia de Seguridad Nacional española recogen que estas cuestiones pueden afectar a la seguridad de los países. La UE, en concreto, en su reglamento 2024/1359 reconoce la «instrumentalización» de estos fenómenos como «una situación en la que un país de fuera de la UE (tercer país) o un agente no estatal hostil fomente o facilite el desplazamiento de nacionales de fuera de la UE o apátridas a las fronteras exteriores de la UE o a un Estado miembro con el objetivo de desestabilizar a la UE o a un Estado miembro, y en la que tales acciones pueden poner en peligro funciones esenciales de un Estado miembro». Tanto es así que las autoridades comunitarias se apresuraron a ofrecer ayer al Gobierno español recursos de Frontex y la situación ha provocado la reacción y las críticas del conjunto de países europeos.Incomprensión desde la calleDesde a pie de calle, estas reclamaciones de escalar el control de la crisis parecen reforzarse con lo que viven Ceuta y sus habitantes. «No es una crisis migratoria», explican fuentes militares allí que explican que los protagonistas no han venido huyendo del hambre o de la guerra, vienen por un llamamiento que ha corrido por redes y que no se sabe quién ha dirigido, y añaden que todo este movimiento de ida y vuelta que se ha vivido en 48 horas solo les produce «extrañeza». Interior asegura que decenas de miles están volviendo por su propio pie a Marruecos, y se constata sobre el terreno, pero no significa que la situación en las calles esté mejorando, al menos de modo inmediato. Afirman que está siendo un retorno rápido y voluntario, en el que nadie los empuja, y lo atribuyen, más que a ninguna presión policial o política, a una especie de autodefensa de la ciudad: la población se ha enclaustrado, han cerrado sus tiendas, no se celebra la feria que estaba prevista… Y eso significa que no hay suministros, ni diversión, ni el trabajo que les prometían. A pesar de ello, algunos militares muestran su extrañeza: «Es incomprensible», y relatan que han arriesgado la vida para llegar y algunos se hacían un TikTok al entrar; han saltado familias con niños; parientes de ceutíes que venían a ver a la familia y no encuentran explicación alguna.«Es incomprensible» y relatan que han arriesgado la vida para llegar y algunos se hacían un TikTok al entrarAún así la situación dista de estar solucionada. Por las noches todo va a peor y ya se han registrado robos, saqueos, episodios de violencia -se ha reportado al menos una muerte violenta-. «Es un caos», aseguran. Reclaman tanto unas fuerzas policiales sobrepasadas como militares que se tendría que haber actuado antes y en mayor medida para «proteger a la población civil que es la que está sufriendo». Pero la advertencia que nace de la ciudad es cuánto podrá aguantar, con los problemas de seguridad y de abastecimiento, sus habitantes, encerrados y con sus comercios cerrados. «Es un problema de seguridad nacional», coinciden los que trabajan sobre el terreno con los altos mandos.
«Esto no es un problema de orden público, sino de seguridad pública». Quienes se pronuncian con esta contundencia son varios altos mandos de las Fuerzas Armadas consultados por ABC. Sorprendidos porque el Gobierno de Pedro Sánchez esté tratando como un asunto de orden … público y haya dado el control del despliegue al Ministerio del Interior en una situación inédita y de la mayor gravedad: la violación de la frontera nacional en Ceuta por parte de unas 50.000 personas en 24 horas. Una auténtica toma de las calles de una urbe con una población de unas 85.000 y por la que ya han muerto al menos 57 personas.
Según estos mandos, «esta avalancha es de tales dimensiones que supone claramente un ataque a la frontera, no una mera crisis migratoria». En todo caso, hasta el momento, el Gobierno mantiene su posición y ha dado todo el poder en esta situación extremadamente delicada al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y no a la titular de Defensa, Margarita Robles. También, en esta línea, algunos de los altos cargos consultados muestran «su extrañeza» ante la falta de presencia de Robles y del Jefe de Estado Mayor de la Defensa (Jemad), el almirante general Teodoro Esteban López Calderón, aunque desde la cartera se asegura que están siguiendo y coordinando el desarrollo de las maniobras desde el MOPS (Mando de Operaciones).
Es por tanto «una decisión política pura y dura que aborda la situación como una mera crisis migratoria frente al criterio militar». Desde otra óptica civil, también diversos juristas consultados por este diario, consideran que la situación ofrece motivos más que suficientes para hacer uso, «como mínimo», de la Ley de Seguridad Nacional y, llegado el caso, de acordar los estados de alarma para garantizar la estabilidad.
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España ante esta avalancha migratoria de ida y, aparente, vuelta ha movilizado solo a 60 militares en una ciudad donde hay acuartelados de manera permanente más de 3.500 soldados, que no intervienen porque el mando es civil. Y ese despliegue se debe al tratamiento como un problema de orden público y no como de seguridad nacional. Por esta consideración, el mando del operativo lo ejercen la Delegación del Gobierno y el Ministerio del Interior, y la gestión corresponde a Policía Nacional y Guardia Civil y no a las Fuerzas Armadas. Los militares, por tanto, son un factor de apoyo.
Unidades militares
en Ceuta
Apoyo desde la Península
Desde Algeciras
Desde
Málaga
Marruecos
Paso fronterizo y espigón del Tarajal
Zona ampliada
Regimiento de Caballería «Montesa 3»
Tercio ”Duque de Alba” 2º de la Legión
Regulares
N.º 54
Minutos y distancia a El Tarajal
(IV Bandera)
6,6 km
3,3 km
2,1 km
3,5 km
Frontera
Puesto
fronterizo
Marruecos
Espigón
del Tarajal
Ruta de acceso
de los asaltantes
Fuente: Elaboración propia
Unidades militares en Ceuta
Apoyo desde la Península
Desde Algeciras
Desde Málaga
Puesto fronterizo
Marruecos
Espigón del Tarajal
Zona ampliada
Tercio Duque
de Alba 2º de
La Legión
Regimiento de Caballería «Montesa 3»
Minutos y distancia a El Tarajal
Tercio ”Duque de Alba” 2º de la Legión (IV Bandera)
3,3 km
6,6 km
Grupo de Regulares nº 54
2,1 km
3,5 km
Frontera
Puesto fronterizo
Marruecos
Espigón
del Tarajal
Castillejos
Ruta de acceso
de los asaltantes
Fuente: Elaboración propia


A pesar de los desesperados llamamientos del Gobierno ceutí y de la junta de portavoces de su Asamblea -con el PSOE local en ella-, Sánchez tardó en reconocer la dimensión de la crisis bastante horas, las que tardó en ordenar un muy controlado refuerzo policial y militar. Solo al comparecer en la ciudad autónoma, un día más tarde, el presidente habló de «ataque a la integridad territorial» y reclamó a Rabat dar una «respuesta contundente», a pesar de que no quiso ir más allá y escalar más allá el conflicto con un vecino que se lavó las manos en la contención migratoria de su lado de la frontera el día de marras.
¿Guerra híbrida?
Es obligado recordar, en este punto, que ya desde hace tiempo se habla de los flujos migratorios y su manipulación intencionada como un elemento de ese amplísimo y etéreo término de la guerra híbrida o, al menos, como una agresiva medida de presión diplomática. La Unión Europea, la OTAN y la propia Estrategia de Seguridad Nacional española recogen que estas cuestiones pueden afectar a la seguridad de los países.
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La UE, en concreto, en su reglamento 2024/1359 reconoce la «instrumentalización» de estos fenómenos como «una situación en la que un país de fuera de la UE (tercer país) o un agente no estatal hostil fomente o facilite el desplazamiento de nacionales de fuera de la UE o apátridas a las fronteras exteriores de la UE o a un Estado miembro con el objetivo de desestabilizar a la UE o a un Estado miembro, y en la que tales acciones pueden poner en peligro funciones esenciales de un Estado miembro». Tanto es así que las autoridades comunitarias se apresuraron a ofrecer ayer al Gobierno español recursos de Frontex y la situación ha provocado la reacción y las críticas del conjunto de países europeos.
Incomprensión desde la calle
Desde a pie de calle, estas reclamaciones de escalar el control de la crisis parecen reforzarse con lo que viven Ceuta y sus habitantes. «No es una crisis migratoria», explican fuentes militares allí que explican que los protagonistas no han venido huyendo del hambre o de la guerra, vienen por un llamamiento que ha corrido por redes y que no se sabe quién ha dirigido, y añaden que todo este movimiento de ida y vuelta que se ha vivido en 48 horas solo les produce «extrañeza». Interior asegura que decenas de miles están volviendo por su propio pie a Marruecos, y se constata sobre el terreno, pero no significa que la situación en las calles esté mejorando, al menos de modo inmediato.
Afirman que está siendo un retorno rápido y voluntario, en el que nadie los empuja, y lo atribuyen, más que a ninguna presión policial o política, a una especie de autodefensa de la ciudad: la población se ha enclaustrado, han cerrado sus tiendas, no se celebra la feria que estaba prevista… Y eso significa que no hay suministros, ni diversión, ni el trabajo que les prometían. A pesar de ello, algunos militares muestran su extrañeza: «Es incomprensible», y relatan que han arriesgado la vida para llegar y algunos se hacían un TikTok al entrar; han saltado familias con niños; parientes de ceutíes que venían a ver a la familia y no encuentran explicación alguna.
«Es incomprensible» y relatan que han arriesgado la vida para llegar y algunos se hacían un TikTok al entrar
Aún así la situación dista de estar solucionada. Por las noches todo va a peor y ya se han registrado robos, saqueos, episodios de violencia -se ha reportado al menos una muerte violenta-. «Es un caos», aseguran. Reclaman tanto unas fuerzas policiales sobrepasadas como militares que se tendría que haber actuado antes y en mayor medida para «proteger a la población civil que es la que está sufriendo». Pero la advertencia que nace de la ciudad es cuánto podrá aguantar, con los problemas de seguridad y de abastecimiento, sus habitantes, encerrados y con sus comercios cerrados. «Es un problema de seguridad nacional», coinciden los que trabajan sobre el terreno con los altos mandos.
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