Siete días después de abandonar rápidamente sus hogares mientras las llamas avanzaban hacia el pueblo, los vecinos de La Mierla han regresado por fin este jueves a sus casas. La reapertura de la carretera de acceso ha puesto fin a una semana de incertidumbre para los poco más de treinta habitantes de esta pequeña localidad de la Sierra Norte de Guadalajara , zona cero del incendio forestal que ha calcinado cerca de 32.000 hectáreas de monte , principalmente de pinar.Uno de los primeros en cruzar de nuevo la entrada del pueblo ha sido su alcalde, Ricardo Jiménez, de 80 años, que resume el momento con una imagen cargada de simbolismo. « Hoy entro en el pueblo como los toreros, por la puerta grande , abriendo de par en par y entrando al aire abierto, a pecho descubierto», relata, todavía emocionado.La noticia le sorprendió mientras desayunaba en Humanes junto a su nieto, que le ha acompañado durante estos días. «Estaba tomando un café cuando recibimos el aviso desde el centro de información de Tamajón de que ya podíamos volver al pueblo. Ha sido una alegría inmensa ».Porque, aunque el alcalde había podido acceder en alguna ocasión con permisos puntuales para recoger material urgente, esta vez era diferente. Esta vez volvía para quedarse.La primera imagen al regresar confirma lo que Ricardo ya intuía tras sus breves entradas autorizadas: La Mierla ha conseguido salvarse . «No me ha sorprendido porque ya había podido comprobar que el pueblo no se había quemado, que no había sufrido daños importantes. Pero otra cosa muy distinta son los alrededores».Y es precisamente esa imagen la que despierta en él una mezcla de alivio y tristeza. Las casas siguen en pie, pero el paisaje que durante décadas rodeó al municipio ha desaparecido bajo el negro de las cenizas .Una posibilidad que se había convertido para el alcalde «en una pesadilla recurrente de cada verano» . «En cuanto llegaba junio se me encendía una antorcha en la cabeza. Vivimos rodeados de miles de hectáreas de pino. Todos los años mi preocupación era limpiar el perímetro del pueblo, insistir en prohibir barbacoas, repetir una y otra vez que había que extremar las precauciones. Temía que algún día esto pudiera ocurrir. Y este año llegó ».«Lo que más me preocupaba era mi gente»Reconoce que la emoción del regreso no tiene tanto que ver con recuperar su propia casa como con ver regresar a sus vecinos. «Yo ya sabía cómo estaba el pueblo. Mi preocupación era la gente. Todos los vecinos que tuvieron que marcharse sólo recibían información desde fuera. Ahora pueden abrir la puerta de su casa y comprobar que sigue en pie, que su huerto está entero, que sus corrales siguen ahí. Esa sensación es inmensa».Durante la evacuación abandonaron La Mierla más de treinta personas. Hoy apenas una decena ha regresado ya al municipio. La mayoría son jubilados y muchos han pasado esta semana en casas de familiares o en sus segundas residencias. Ricardo también podía haber abandonado la zona. Tiene vivienda e hijos en Madrid pero la responsabilidad de seguir al frente del municipio pesaba más. Ha permanecido toda la semana en la comarca, durmiendo en el polideportivo de Humanes, habilitado para los evacuados. «No podía irme. Tenía que estar aquí porque surgían cosas que atender, decisiones que tomar y problemas que resolver».«A mi edad cuesta levantarse, cuesta descansar». Tan solo una noche, reconoce, se trasladó a un hotel de Tamajón para recuperarse del cansancio acumulado porque «necesitaba descansar un poco de los dolores de huesos», explica, mientras alaga el «servicio y la atención» tanto del alcalde de Humanes como de los voluntarios de Cruz Roja. «Han sido extraordinarios». Con 80 años, Ricardo reconoce haber vivido la experiencia más dura de su vida. «He visto incendios por televisión y sabía lo que había pasado en otros pueblos, pero vivirlo en primera persona no tiene nada que ver».Una vecina limpia las cenizas que ha dejado el incendio en le pueblo. Juanma Jiménez (E. Press)La Mierla es un pequeño municipio donde el tiempo parece transcurrir despacio. «El 90% somos jubilados. Apenas hay tres o cuatro personas que trabajan por la zona». Por eso, uno de los mayores alivios fue comprobar desde el primer momento que todos habían conseguido salir a tiempo.«Sabía que no había quedado nadie en el pueblo. Todos los vecinos fueron avisándose unos a otros. Quien tenía alguna dificultad fue recogido en coche. Eso fue una enorme tranquilidad».«He visto incendios por televisión y sabía lo que había pasado en otros pueblos, pero vivirlo en primera persona no tiene nada que ver»Ricardo echa la vista atrás y explica cómo, tras confirmarse en las primeras 48 horas que las llamas no habían alcanzado el casco urbano, la tensión empezó a disminuir. Porque, paradójicamente, pese a la enorme dimensión del incendio, los daños materiales dentro del municipio han sido reducidos. «No se ha quemado ninguna vivienda, ni corrales, ni naves».Tan solo la principal incidencia afecta a las comunicaciones. «El repetidor de internet situado a la entrada del pueblo desapareció completamente. La empresa ya está trabajando para reponerlo, pero seguimos sin conexión».El resto de desperfectos corresponden, principalmente, a los trabajos de extinción donde se puede apreciar, según explica, «hay encinas y vegetación arrasada por el paso de la maquinaria pesada, pero eran actuaciones necesarias para detener el fuego».«Hay que preguntarse qué provocó la chispa»El alcalde considera que el debate abierto tras el incendio que ha devastado la Sierra Norte de Guadalajara no puede limitarse únicamente al estado de conservación de los montes. Aunque reconoce que la gestión forestal puede mejorar, insiste en que la prioridad debe ser evitar que se produzcan los incendios y analizar con rigor qué los origina.«El monte arde y no hay ninguna duda de que en muchos puntos podría estar mejor limpio. Los cortafuegos podrían ser más anchos y tener mejor accesibilidad para los vehículos de extinción y para los bomberos. Eso no lo discuto; al contrario, creo que se puede mejorar», afirma.Sin embargo, sostiene que esa circunstancia no explica por sí sola una catástrofe de estas dimensiones. «Lo que ha ocurrido ahora es la consecuencia de un incendio provocado en un punto determinado por el fallo de una persona o de una máquina. Si ese fallo no se hubiera producido, por muy sucio que estuviera el monte, el incendio no habría empezado . Es verdad que, si hubiera estado más limpio, probablemente se habría quemado menos superficie, pero primero hay que preguntarse por qué comenzó el fuego».«Lo que nadie analiza es cuál ha sido la causa del incendio. Ahí es donde hay que poner el foco»En este sentido, lamenta que apenas se hable del origen de los incendios. «Lo que nadie analiza, o al menos yo no se lo he oído a nadie, es cuál ha sido la causa del incendio. Ahí está el motor del incendio y ahí es donde hay que poner el foco », señala.El alcalde considera que, si la investigación apunta a una cosechadora como origen del fuego, ese es el aspecto sobre el que debe centrarse la reflexión. «Si el motor del incendio es una máquina de cosechar, ahí hay que ir. Si alguien está realizando un trabajo con una motosierra o con cualquier otra herramienta que provoca una chispa, ahí hay que actuar. Lo importante es saber dónde se provoca y por qué se provoca el incendio».A su juicio, además de reclamar a las administraciones una mejor gestión forestal, también es necesario reforzar las medidas preventivas en las labores agrícolas. «Siempre se habla de limpiar el monte, pero ¿por qué no pedimos también que la maquinaria agrícola esté perfectamente revisada y en las mejores condiciones? ¿Por qué no exigimos que quienes trabajan con cosechadoras dispongan de equipos de extinción junto a la máquina para poder actuar de inmediato si surge un fuego?», plantea.Y, mientras las investigaciones continúan, los vecinos regresan poco a poco a La Mierla intentando recuperar una normalidad que tardará mucho en parecerse a la de hace una semana. Porque, aunque las casas siguen en pie y las calles vuelven a tener vida, alrededor se extiende un paisaje que necesitará décadas para recuperar el verde.Después de siete días de evacuación, el pueblo ha ganado la batalla más importante: conservar intacto su núcleo urbano y garantizar la seguridad de todos sus habitantes. Ahora comienza otra mucho más larga: convivir con las cicatrices de un incendio que ha cambiado para siempre el paisaje de la Sierra Norte de Guadalajara. Siete días después de abandonar rápidamente sus hogares mientras las llamas avanzaban hacia el pueblo, los vecinos de La Mierla han regresado por fin este jueves a sus casas. La reapertura de la carretera de acceso ha puesto fin a una semana de incertidumbre para los poco más de treinta habitantes de esta pequeña localidad de la Sierra Norte de Guadalajara , zona cero del incendio forestal que ha calcinado cerca de 32.000 hectáreas de monte , principalmente de pinar.Uno de los primeros en cruzar de nuevo la entrada del pueblo ha sido su alcalde, Ricardo Jiménez, de 80 años, que resume el momento con una imagen cargada de simbolismo. « Hoy entro en el pueblo como los toreros, por la puerta grande , abriendo de par en par y entrando al aire abierto, a pecho descubierto», relata, todavía emocionado.La noticia le sorprendió mientras desayunaba en Humanes junto a su nieto, que le ha acompañado durante estos días. «Estaba tomando un café cuando recibimos el aviso desde el centro de información de Tamajón de que ya podíamos volver al pueblo. Ha sido una alegría inmensa ».Porque, aunque el alcalde había podido acceder en alguna ocasión con permisos puntuales para recoger material urgente, esta vez era diferente. Esta vez volvía para quedarse.La primera imagen al regresar confirma lo que Ricardo ya intuía tras sus breves entradas autorizadas: La Mierla ha conseguido salvarse . «No me ha sorprendido porque ya había podido comprobar que el pueblo no se había quemado, que no había sufrido daños importantes. Pero otra cosa muy distinta son los alrededores».Y es precisamente esa imagen la que despierta en él una mezcla de alivio y tristeza. Las casas siguen en pie, pero el paisaje que durante décadas rodeó al municipio ha desaparecido bajo el negro de las cenizas .Una posibilidad que se había convertido para el alcalde «en una pesadilla recurrente de cada verano» . «En cuanto llegaba junio se me encendía una antorcha en la cabeza. Vivimos rodeados de miles de hectáreas de pino. Todos los años mi preocupación era limpiar el perímetro del pueblo, insistir en prohibir barbacoas, repetir una y otra vez que había que extremar las precauciones. Temía que algún día esto pudiera ocurrir. Y este año llegó ».«Lo que más me preocupaba era mi gente»Reconoce que la emoción del regreso no tiene tanto que ver con recuperar su propia casa como con ver regresar a sus vecinos. «Yo ya sabía cómo estaba el pueblo. Mi preocupación era la gente. Todos los vecinos que tuvieron que marcharse sólo recibían información desde fuera. Ahora pueden abrir la puerta de su casa y comprobar que sigue en pie, que su huerto está entero, que sus corrales siguen ahí. Esa sensación es inmensa».Durante la evacuación abandonaron La Mierla más de treinta personas. Hoy apenas una decena ha regresado ya al municipio. La mayoría son jubilados y muchos han pasado esta semana en casas de familiares o en sus segundas residencias. Ricardo también podía haber abandonado la zona. Tiene vivienda e hijos en Madrid pero la responsabilidad de seguir al frente del municipio pesaba más. Ha permanecido toda la semana en la comarca, durmiendo en el polideportivo de Humanes, habilitado para los evacuados. «No podía irme. Tenía que estar aquí porque surgían cosas que atender, decisiones que tomar y problemas que resolver».«A mi edad cuesta levantarse, cuesta descansar». Tan solo una noche, reconoce, se trasladó a un hotel de Tamajón para recuperarse del cansancio acumulado porque «necesitaba descansar un poco de los dolores de huesos», explica, mientras alaga el «servicio y la atención» tanto del alcalde de Humanes como de los voluntarios de Cruz Roja. «Han sido extraordinarios». Con 80 años, Ricardo reconoce haber vivido la experiencia más dura de su vida. «He visto incendios por televisión y sabía lo que había pasado en otros pueblos, pero vivirlo en primera persona no tiene nada que ver».Una vecina limpia las cenizas que ha dejado el incendio en le pueblo. Juanma Jiménez (E. Press)La Mierla es un pequeño municipio donde el tiempo parece transcurrir despacio. «El 90% somos jubilados. Apenas hay tres o cuatro personas que trabajan por la zona». Por eso, uno de los mayores alivios fue comprobar desde el primer momento que todos habían conseguido salir a tiempo.«Sabía que no había quedado nadie en el pueblo. Todos los vecinos fueron avisándose unos a otros. Quien tenía alguna dificultad fue recogido en coche. Eso fue una enorme tranquilidad».«He visto incendios por televisión y sabía lo que había pasado en otros pueblos, pero vivirlo en primera persona no tiene nada que ver»Ricardo echa la vista atrás y explica cómo, tras confirmarse en las primeras 48 horas que las llamas no habían alcanzado el casco urbano, la tensión empezó a disminuir. Porque, paradójicamente, pese a la enorme dimensión del incendio, los daños materiales dentro del municipio han sido reducidos. «No se ha quemado ninguna vivienda, ni corrales, ni naves».Tan solo la principal incidencia afecta a las comunicaciones. «El repetidor de internet situado a la entrada del pueblo desapareció completamente. La empresa ya está trabajando para reponerlo, pero seguimos sin conexión».El resto de desperfectos corresponden, principalmente, a los trabajos de extinción donde se puede apreciar, según explica, «hay encinas y vegetación arrasada por el paso de la maquinaria pesada, pero eran actuaciones necesarias para detener el fuego».«Hay que preguntarse qué provocó la chispa»El alcalde considera que el debate abierto tras el incendio que ha devastado la Sierra Norte de Guadalajara no puede limitarse únicamente al estado de conservación de los montes. Aunque reconoce que la gestión forestal puede mejorar, insiste en que la prioridad debe ser evitar que se produzcan los incendios y analizar con rigor qué los origina.«El monte arde y no hay ninguna duda de que en muchos puntos podría estar mejor limpio. Los cortafuegos podrían ser más anchos y tener mejor accesibilidad para los vehículos de extinción y para los bomberos. Eso no lo discuto; al contrario, creo que se puede mejorar», afirma.Sin embargo, sostiene que esa circunstancia no explica por sí sola una catástrofe de estas dimensiones. «Lo que ha ocurrido ahora es la consecuencia de un incendio provocado en un punto determinado por el fallo de una persona o de una máquina. Si ese fallo no se hubiera producido, por muy sucio que estuviera el monte, el incendio no habría empezado . Es verdad que, si hubiera estado más limpio, probablemente se habría quemado menos superficie, pero primero hay que preguntarse por qué comenzó el fuego».«Lo que nadie analiza es cuál ha sido la causa del incendio. Ahí es donde hay que poner el foco»En este sentido, lamenta que apenas se hable del origen de los incendios. «Lo que nadie analiza, o al menos yo no se lo he oído a nadie, es cuál ha sido la causa del incendio. Ahí está el motor del incendio y ahí es donde hay que poner el foco », señala.El alcalde considera que, si la investigación apunta a una cosechadora como origen del fuego, ese es el aspecto sobre el que debe centrarse la reflexión. «Si el motor del incendio es una máquina de cosechar, ahí hay que ir. Si alguien está realizando un trabajo con una motosierra o con cualquier otra herramienta que provoca una chispa, ahí hay que actuar. Lo importante es saber dónde se provoca y por qué se provoca el incendio».A su juicio, además de reclamar a las administraciones una mejor gestión forestal, también es necesario reforzar las medidas preventivas en las labores agrícolas. «Siempre se habla de limpiar el monte, pero ¿por qué no pedimos también que la maquinaria agrícola esté perfectamente revisada y en las mejores condiciones? ¿Por qué no exigimos que quienes trabajan con cosechadoras dispongan de equipos de extinción junto a la máquina para poder actuar de inmediato si surge un fuego?», plantea.Y, mientras las investigaciones continúan, los vecinos regresan poco a poco a La Mierla intentando recuperar una normalidad que tardará mucho en parecerse a la de hace una semana. Porque, aunque las casas siguen en pie y las calles vuelven a tener vida, alrededor se extiende un paisaje que necesitará décadas para recuperar el verde.Después de siete días de evacuación, el pueblo ha ganado la batalla más importante: conservar intacto su núcleo urbano y garantizar la seguridad de todos sus habitantes. Ahora comienza otra mucho más larga: convivir con las cicatrices de un incendio que ha cambiado para siempre el paisaje de la Sierra Norte de Guadalajara.
Siete días después de abandonar rápidamente sus hogares mientras las llamas avanzaban hacia el pueblo, los vecinos de La Mierla han regresado por fin este jueves a sus casas. La reapertura de la carretera de acceso ha puesto fin a una semana de … incertidumbre para los poco más de treinta habitantes de esta pequeña localidad de la Sierra Norte de Guadalajara, zona cero del incendio forestal que ha calcinado cerca de 32.000 hectáreas de monte, principalmente de pinar.
Uno de los primeros en cruzar de nuevo la entrada del pueblo ha sido su alcalde, Ricardo Jiménez, de 80 años, que resume el momento con una imagen cargada de simbolismo. «Hoy entro en el pueblo como los toreros, por la puerta grande, abriendo de par en par y entrando al aire abierto, a pecho descubierto», relata, todavía emocionado.
La noticia le sorprendió mientras desayunaba en Humanes junto a su nieto, que le ha acompañado durante estos días. «Estaba tomando un café cuando recibimos el aviso desde el centro de información de Tamajón de que ya podíamos volver al pueblo. Ha sido una alegría inmensa».
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Porque, aunque el alcalde había podido acceder en alguna ocasión con permisos puntuales para recoger material urgente, esta vez era diferente. Esta vez volvía para quedarse.
La primera imagen al regresar confirma lo que Ricardo ya intuía tras sus breves entradas autorizadas: La Mierla ha conseguido salvarse. «No me ha sorprendido porque ya había podido comprobar que el pueblo no se había quemado, que no había sufrido daños importantes. Pero otra cosa muy distinta son los alrededores».
Y es precisamente esa imagen la que despierta en él una mezcla de alivio y tristeza. Las casas siguen en pie, pero el paisaje que durante décadas rodeó al municipio ha desaparecido bajo el negro de las cenizas.
Una posibilidad que se había convertido para el alcalde «en una pesadilla recurrente de cada verano». «En cuanto llegaba junio se me encendía una antorcha en la cabeza. Vivimos rodeados de miles de hectáreas de pino. Todos los años mi preocupación era limpiar el perímetro del pueblo, insistir en prohibir barbacoas, repetir una y otra vez que había que extremar las precauciones. Temía que algún día esto pudiera ocurrir. Y este año llegó».
«Lo que más me preocupaba era mi gente»
Reconoce que la emoción del regreso no tiene tanto que ver con recuperar su propia casa como con ver regresar a sus vecinos. «Yo ya sabía cómo estaba el pueblo. Mi preocupación era la gente. Todos los vecinos que tuvieron que marcharse sólo recibían información desde fuera. Ahora pueden abrir la puerta de su casa y comprobar que sigue en pie, que su huerto está entero, que sus corrales siguen ahí. Esa sensación es inmensa».
Durante la evacuación abandonaron La Mierla más de treinta personas. Hoy apenas una decena ha regresado ya al municipio. La mayoría son jubilados y muchos han pasado esta semana en casas de familiares o en sus segundas residencias.
Ricardo también podía haber abandonado la zona. Tiene vivienda e hijos en Madrid pero la responsabilidad de seguir al frente del municipio pesaba más. Ha permanecido toda la semana en la comarca, durmiendo en el polideportivo de Humanes, habilitado para los evacuados. «No podía irme. Tenía que estar aquí porque surgían cosas que atender, decisiones que tomar y problemas que resolver».
«A mi edad cuesta levantarse, cuesta descansar». Tan solo una noche, reconoce, se trasladó a un hotel de Tamajón para recuperarse del cansancio acumulado porque «necesitaba descansar un poco de los dolores de huesos», explica, mientras alaga el «servicio y la atención» tanto del alcalde de Humanes como de los voluntarios de Cruz Roja. «Han sido extraordinarios».
Con 80 años, Ricardo reconoce haber vivido la experiencia más dura de su vida. «He visto incendios por televisión y sabía lo que había pasado en otros pueblos, pero vivirlo en primera persona no tiene nada que ver».

(Juanma Jiménez (E. Press))
La Mierla es un pequeño municipio donde el tiempo parece transcurrir despacio. «El 90% somos jubilados. Apenas hay tres o cuatro personas que trabajan por la zona». Por eso, uno de los mayores alivios fue comprobar desde el primer momento que todos habían conseguido salir a tiempo.
«Sabía que no había quedado nadie en el pueblo. Todos los vecinos fueron avisándose unos a otros. Quien tenía alguna dificultad fue recogido en coche. Eso fue una enorme tranquilidad».
«He visto incendios por televisión y sabía lo que había pasado en otros pueblos, pero vivirlo en primera persona no tiene nada que ver»
Ricardo echa la vista atrás y explica cómo, tras confirmarse en las primeras 48 horas que las llamas no habían alcanzado el casco urbano, la tensión empezó a disminuir. Porque, paradójicamente, pese a la enorme dimensión del incendio, los daños materiales dentro del municipio han sido reducidos. «No se ha quemado ninguna vivienda, ni corrales, ni naves».
Tan solo la principal incidencia afecta a las comunicaciones. «El repetidor de internet situado a la entrada del pueblo desapareció completamente. La empresa ya está trabajando para reponerlo, pero seguimos sin conexión».
El resto de desperfectos corresponden, principalmente, a los trabajos de extinción donde se puede apreciar, según explica, «hay encinas y vegetación arrasada por el paso de la maquinaria pesada, pero eran actuaciones necesarias para detener el fuego».
«Hay que preguntarse qué provocó la chispa»
El alcalde considera que el debate abierto tras el incendio que ha devastado la Sierra Norte de Guadalajara no puede limitarse únicamente al estado de conservación de los montes. Aunque reconoce que la gestión forestal puede mejorar, insiste en que la prioridad debe ser evitar que se produzcan los incendios y analizar con rigor qué los origina.
«El monte arde y no hay ninguna duda de que en muchos puntos podría estar mejor limpio. Los cortafuegos podrían ser más anchos y tener mejor accesibilidad para los vehículos de extinción y para los bomberos. Eso no lo discuto; al contrario, creo que se puede mejorar», afirma.
Sin embargo, sostiene que esa circunstancia no explica por sí sola una catástrofe de estas dimensiones. «Lo que ha ocurrido ahora es la consecuencia de un incendio provocado en un punto determinado por el fallo de una persona o de una máquina. Si ese fallo no se hubiera producido, por muy sucio que estuviera el monte, el incendio no habría empezado. Es verdad que, si hubiera estado más limpio, probablemente se habría quemado menos superficie, pero primero hay que preguntarse por qué comenzó el fuego».
«Lo que nadie analiza es cuál ha sido la causa del incendio. Ahí es donde hay que poner el foco»
En este sentido, lamenta que apenas se hable del origen de los incendios. «Lo que nadie analiza, o al menos yo no se lo he oído a nadie, es cuál ha sido la causa del incendio. Ahí está el motor del incendio y ahí es donde hay que poner el foco», señala.
El alcalde considera que, si la investigación apunta a una cosechadora como origen del fuego, ese es el aspecto sobre el que debe centrarse la reflexión. «Si el motor del incendio es una máquina de cosechar, ahí hay que ir. Si alguien está realizando un trabajo con una motosierra o con cualquier otra herramienta que provoca una chispa, ahí hay que actuar. Lo importante es saber dónde se provoca y por qué se provoca el incendio».
A su juicio, además de reclamar a las administraciones una mejor gestión forestal, también es necesario reforzar las medidas preventivas en las labores agrícolas. «Siempre se habla de limpiar el monte, pero ¿por qué no pedimos también que la maquinaria agrícola esté perfectamente revisada y en las mejores condiciones? ¿Por qué no exigimos que quienes trabajan con cosechadoras dispongan de equipos de extinción junto a la máquina para poder actuar de inmediato si surge un fuego?», plantea.
Y, mientras las investigaciones continúan, los vecinos regresan poco a poco a La Mierla intentando recuperar una normalidad que tardará mucho en parecerse a la de hace una semana. Porque, aunque las casas siguen en pie y las calles vuelven a tener vida, alrededor se extiende un paisaje que necesitará décadas para recuperar el verde.
Después de siete días de evacuación, el pueblo ha ganado la batalla más importante: conservar intacto su núcleo urbano y garantizar la seguridad de todos sus habitantes. Ahora comienza otra mucho más larga: convivir con las cicatrices de un incendio que ha cambiado para siempre el paisaje de la Sierra Norte de Guadalajara.
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