El escenario y la percepción de los adolescentes sobre sustancias como el alcohol y el tabaco ha cambiado en los últimos diez años. Las modificaciones sociales y el impacto de las campañas de sensibilización han tenido su efecto «positivo» y han hecho que el consumo en los jóvenes de entre 14 y 18 años haya descendido a lo largo de ese periodo. Así lo refleja la Encuesta sobre el Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (Estudes), impulsada por el Ministerio de Sanidad, que no obstante refleja también un incremento del uso de pantallas y entornos digitales que comienza ya a preocupar a padres y a expertos. En cuanto a las bebidas alcohólicas, los datos más recientes del estudio -relativos a 2015- señalan que algo más de la mitad de los encuestados había bebido en el último mes en Castilla y León, una cifra que hace diez años ascendía al 74,4 por ciento. Quienes lo han hecho en el último año son siete de cada diez, mientras que hace una década era el 82 por ciento.Descienden también las atracones y borracheras entre este sector de la población. Si hace una década más de un cuarto de los encuestados reconocía haber pasado por ese estado en el último mes y la mitad en el último año, en 2025 esos datos han pasado a ser el 22,5 y el 47,8, respectivamente. También en los botellones , 17,7 por ciento participan habitualmente, mientras diez años atrás llegaba casi al 25 por ciento. Las bebidas energéticas, por su parte, se han reducido, pero en menor medida. El consumo habitual se mantiene en el 38 por ciento de los encuestados -en los chicos es casi la mitad-, que baja en 2025 al 15 por ciento cuando se mezclan con alcohol. Más significativo es el bajón en el caso del tabaco . Casi el 18 por ciento reconoce haber fumado en el último mes y el 27,7 haberlo hecho «alguna vez». Hace una década, este dato estaba en el 42,2 y los que fumaban habitualmente rozaban el 30 por ciento. Una tendencia similar sigue el cannabis, que pasa del 16,9 al 10 por ciento en los últimos treinta días. Cambios «estables» Por contra, el vapeo ha ido creciendo progresivamente. Son uno de cada cinco quienes utilizan el cigarrillo electrónico, siendo así el pico desde 2014. Lo que no ha variado es la edad en la que se inician en estas sustancias, que en Castilla y León se sitúa en torno a los 13 y 14 años.Según cuenta la socióloga Marina Esgueva, desde algunos años se está percibiendo un «cambio de tendencias en la población juvenil». «No es algo coyuntural o temporal, sino que hablamos de una transformación generacional estable en el tiempo», comenta, que «puede ser producido por un cambio en la manera de formar la identidad y un cambio en e l valor simbólico del consumo de alcohol y tabaco».El uso de estas sustancias como «práctica social ha cambiado de significado, lo que antes podía considerarse común entre los jóvenes, ahora es percibido en los adolescentes como algo negativo y perjudicial para la salud», explica. Todo ello «debido en gran parte a un cambio en la socialización en los adolescentes, de la transformación de los modelos de ocio de estos, y a un aumento de las campañas de sensibilización sobre los consumos tanto de alcohol como de tabaco».Una tendencia a la baja que Esgueva percibe como «muy positiva» para los jóvenes, en los que ha variado también de manera importante la forma de «socializar», en parte por el uso de las redes sociales, considera. Estas recientes interacciones «ya no solo se llevan a cabo en el entorno físico, sino que también se da mucha importancia al digital». «Podemos decir que los canales y las dinámicas de la socialización se han transformado con el paso de los años», insiste. Precisamente, el uso de estas tecnologías aparece reflejado también en el estudio del Ministerio. Destaca, entre otras cosas, que el 68,4 por ciento de los adolescentes de la Comunidad dedican dos horas o más a las redes sociales, un porcentaje inferior al 71,5 nacional. Quienes se considera que hacen un uso «problemático» de estas plataformas son alrededor del 15 por ciento. Hasta el 18 por ciento alcanza la utilización abusiva de internet en general, donde la cifra de mujeres llega a una de cada cinco. Analiza también el juego online, un área en el que el dato de quienes lo utilizan es del 13 por ciento -en los varones alcanza el 19,7-. Noticia relacionada general No No Generación sedada: entre el ‘bajón’ y el trastorno mental en la adolescencia Carlota FominayaCrece el tiempo invertido en el teléfono y en redes con esa socialización más digital, lo que conlleva «riesgos» si el uso no es el adecuado. Entre ellos, las alteraciones del sueño, dificultades para desconectar, necesidad constante de validación o una «exposición constante,» detalla la socióloga Marina Esgueva.La respuesta no debe ser «la prohibición» de estas herramientas, sino «educar a los adolescentes sobre estos riesgos y generar entornos sanos hacia estas prácticas», explica convencida. También será clave «fortalecer las relaciones físicas, presenciales para que estas no se continúen perdiendo, ya que son fundamentales, que se regulen más políticas públicas sobre la accesibilidad a diferentes juegos online para menores, y, por supuesto, una mayor protección de la infancia por parte de las diversas plataformas», enumera.El inicioMientras, desde entidades como Proyecto Hombre, especializada en tratar y combatir adicciones, realizan ya talleres preventivos con familias y menores. La intención, en acciones que duran más de una sesión, es anticiparse a lo que ya se conoce como adicciones comportamentales o sin sustancia. Su presidente en Castilla y León, Manuel Muiños, recuerda que la organización trabaja en el área de atención con los mayores de edad, pero asegura que ya «hay preocupación» sobre una problemática que está comenzando a emerger.Han empezado a detectar el uso «problemático» de las pantallas con situaciones que empiezan a generar «conflictos a nivel familiar», «aislamiento», «desconexión y falta de relación con los demás»… Un asunto que está apareciendo ahora, «pero va a empezar a salir de una manera que preocupa». «Tenemos que ocuparnos, para que no llegue a preocuparnos del todo, pero ya estamos en un momento que es para pensarlo», cuenta. También por la interferencia de estos asuntos en la «salud mental». «Parece que esto no hace daño, pero lo hace y mucho. Lo que pasa es que parece que es más silencioso o callado», añade. Por eso, propone «hacer un alto en el camino» y «pensar en cómo estamos educando y cómo estamos viviendo el uso de las pantallas con nuestros niños y jóvenes». Al respecto, añade que ya atienden personas en este ámbito, muchas veces asociado también al consumo de otras sustancias, y el perfil está entre los 20 y 38 años . Muchas veces es la familia quien acude en busca de ayuda y otras veces «ellos mismos» porque ya les han «dado un toque». Muiños apuesta, en este sentido, «por abrir el foco» para tener en cuenta también esta problemática más reciente. Sin embargo, advierte de que sustancias como el «alcohol o el hachís» siguen estando ahí y siguen afectando también a los jóvenes. «Que no nos deslumbren las nuevas adicciones porque las anteriores continúan», concluye. El escenario y la percepción de los adolescentes sobre sustancias como el alcohol y el tabaco ha cambiado en los últimos diez años. Las modificaciones sociales y el impacto de las campañas de sensibilización han tenido su efecto «positivo» y han hecho que el consumo en los jóvenes de entre 14 y 18 años haya descendido a lo largo de ese periodo. Así lo refleja la Encuesta sobre el Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (Estudes), impulsada por el Ministerio de Sanidad, que no obstante refleja también un incremento del uso de pantallas y entornos digitales que comienza ya a preocupar a padres y a expertos. En cuanto a las bebidas alcohólicas, los datos más recientes del estudio -relativos a 2015- señalan que algo más de la mitad de los encuestados había bebido en el último mes en Castilla y León, una cifra que hace diez años ascendía al 74,4 por ciento. Quienes lo han hecho en el último año son siete de cada diez, mientras que hace una década era el 82 por ciento.Descienden también las atracones y borracheras entre este sector de la población. Si hace una década más de un cuarto de los encuestados reconocía haber pasado por ese estado en el último mes y la mitad en el último año, en 2025 esos datos han pasado a ser el 22,5 y el 47,8, respectivamente. También en los botellones , 17,7 por ciento participan habitualmente, mientras diez años atrás llegaba casi al 25 por ciento. Las bebidas energéticas, por su parte, se han reducido, pero en menor medida. El consumo habitual se mantiene en el 38 por ciento de los encuestados -en los chicos es casi la mitad-, que baja en 2025 al 15 por ciento cuando se mezclan con alcohol. Más significativo es el bajón en el caso del tabaco . Casi el 18 por ciento reconoce haber fumado en el último mes y el 27,7 haberlo hecho «alguna vez». Hace una década, este dato estaba en el 42,2 y los que fumaban habitualmente rozaban el 30 por ciento. Una tendencia similar sigue el cannabis, que pasa del 16,9 al 10 por ciento en los últimos treinta días. Cambios «estables» Por contra, el vapeo ha ido creciendo progresivamente. Son uno de cada cinco quienes utilizan el cigarrillo electrónico, siendo así el pico desde 2014. Lo que no ha variado es la edad en la que se inician en estas sustancias, que en Castilla y León se sitúa en torno a los 13 y 14 años.Según cuenta la socióloga Marina Esgueva, desde algunos años se está percibiendo un «cambio de tendencias en la población juvenil». «No es algo coyuntural o temporal, sino que hablamos de una transformación generacional estable en el tiempo», comenta, que «puede ser producido por un cambio en la manera de formar la identidad y un cambio en e l valor simbólico del consumo de alcohol y tabaco».El uso de estas sustancias como «práctica social ha cambiado de significado, lo que antes podía considerarse común entre los jóvenes, ahora es percibido en los adolescentes como algo negativo y perjudicial para la salud», explica. Todo ello «debido en gran parte a un cambio en la socialización en los adolescentes, de la transformación de los modelos de ocio de estos, y a un aumento de las campañas de sensibilización sobre los consumos tanto de alcohol como de tabaco».Una tendencia a la baja que Esgueva percibe como «muy positiva» para los jóvenes, en los que ha variado también de manera importante la forma de «socializar», en parte por el uso de las redes sociales, considera. Estas recientes interacciones «ya no solo se llevan a cabo en el entorno físico, sino que también se da mucha importancia al digital». «Podemos decir que los canales y las dinámicas de la socialización se han transformado con el paso de los años», insiste. Precisamente, el uso de estas tecnologías aparece reflejado también en el estudio del Ministerio. Destaca, entre otras cosas, que el 68,4 por ciento de los adolescentes de la Comunidad dedican dos horas o más a las redes sociales, un porcentaje inferior al 71,5 nacional. Quienes se considera que hacen un uso «problemático» de estas plataformas son alrededor del 15 por ciento. Hasta el 18 por ciento alcanza la utilización abusiva de internet en general, donde la cifra de mujeres llega a una de cada cinco. Analiza también el juego online, un área en el que el dato de quienes lo utilizan es del 13 por ciento -en los varones alcanza el 19,7-. Noticia relacionada general No No Generación sedada: entre el ‘bajón’ y el trastorno mental en la adolescencia Carlota FominayaCrece el tiempo invertido en el teléfono y en redes con esa socialización más digital, lo que conlleva «riesgos» si el uso no es el adecuado. Entre ellos, las alteraciones del sueño, dificultades para desconectar, necesidad constante de validación o una «exposición constante,» detalla la socióloga Marina Esgueva.La respuesta no debe ser «la prohibición» de estas herramientas, sino «educar a los adolescentes sobre estos riesgos y generar entornos sanos hacia estas prácticas», explica convencida. También será clave «fortalecer las relaciones físicas, presenciales para que estas no se continúen perdiendo, ya que son fundamentales, que se regulen más políticas públicas sobre la accesibilidad a diferentes juegos online para menores, y, por supuesto, una mayor protección de la infancia por parte de las diversas plataformas», enumera.El inicioMientras, desde entidades como Proyecto Hombre, especializada en tratar y combatir adicciones, realizan ya talleres preventivos con familias y menores. La intención, en acciones que duran más de una sesión, es anticiparse a lo que ya se conoce como adicciones comportamentales o sin sustancia. Su presidente en Castilla y León, Manuel Muiños, recuerda que la organización trabaja en el área de atención con los mayores de edad, pero asegura que ya «hay preocupación» sobre una problemática que está comenzando a emerger.Han empezado a detectar el uso «problemático» de las pantallas con situaciones que empiezan a generar «conflictos a nivel familiar», «aislamiento», «desconexión y falta de relación con los demás»… Un asunto que está apareciendo ahora, «pero va a empezar a salir de una manera que preocupa». «Tenemos que ocuparnos, para que no llegue a preocuparnos del todo, pero ya estamos en un momento que es para pensarlo», cuenta. También por la interferencia de estos asuntos en la «salud mental». «Parece que esto no hace daño, pero lo hace y mucho. Lo que pasa es que parece que es más silencioso o callado», añade. Por eso, propone «hacer un alto en el camino» y «pensar en cómo estamos educando y cómo estamos viviendo el uso de las pantallas con nuestros niños y jóvenes». Al respecto, añade que ya atienden personas en este ámbito, muchas veces asociado también al consumo de otras sustancias, y el perfil está entre los 20 y 38 años . Muchas veces es la familia quien acude en busca de ayuda y otras veces «ellos mismos» porque ya les han «dado un toque». Muiños apuesta, en este sentido, «por abrir el foco» para tener en cuenta también esta problemática más reciente. Sin embargo, advierte de que sustancias como el «alcohol o el hachís» siguen estando ahí y siguen afectando también a los jóvenes. «Que no nos deslumbren las nuevas adicciones porque las anteriores continúan», concluye.
El escenario y la percepción de los adolescentes sobre sustancias como el alcohol y el tabaco ha cambiado en los últimos diez años. Las modificaciones sociales y el impacto de las campañas de sensibilización han tenido su efecto «positivo» y han hecho que el … consumo en los jóvenes de entre 14 y 18 años haya descendido a lo largo de ese periodo.
Así lo refleja la Encuesta sobre el Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (Estudes), impulsada por el Ministerio de Sanidad, que no obstante refleja también un incremento del uso de pantallas y entornos digitales que comienza ya a preocupar a padres y a expertos.
En cuanto a las bebidas alcohólicas, los datos más recientes del estudio -relativos a 2015- señalan que algo más de la mitad de los encuestados había bebido en el último mes en Castilla y León, una cifra que hace diez años ascendía al 74,4 por ciento. Quienes lo han hecho en el último año son siete de cada diez, mientras que hace una década era el 82 por ciento.
Descienden también las atracones y borracheras entre este sector de la población. Si hace una década más de un cuarto de los encuestados reconocía haber pasado por ese estado en el último mes y la mitad en el último año, en 2025 esos datos han pasado a ser el 22,5 y el 47,8, respectivamente. También en los botellones, 17,7 por ciento participan habitualmente, mientras diez años atrás llegaba casi al 25 por ciento.
Las bebidas energéticas, por su parte, se han reducido, pero en menor medida. El consumo habitual se mantiene en el 38 por ciento de los encuestados -en los chicos es casi la mitad-, que baja en 2025 al 15 por ciento cuando se mezclan con alcohol.
Más significativo es el bajón en el caso del tabaco. Casi el 18 por ciento reconoce haber fumado en el último mes y el 27,7 haberlo hecho «alguna vez». Hace una década, este dato estaba en el 42,2 y los que fumaban habitualmente rozaban el 30 por ciento. Una tendencia similar sigue el cannabis, que pasa del 16,9 al 10 por ciento en los últimos treinta días.
Cambios «estables»
Por contra, el vapeo ha ido creciendo progresivamente. Son uno de cada cinco quienes utilizan el cigarrillo electrónico, siendo así el pico desde 2014. Lo que no ha variado es la edad en la que se inician en estas sustancias, que en Castilla y León se sitúa en torno a los 13 y 14 años.
Según cuenta la socióloga Marina Esgueva, desde algunos años se está percibiendo un «cambio de tendencias en la población juvenil». «No es algo coyuntural o temporal, sino que hablamos de una transformación generacional estable en el tiempo», comenta, que «puede ser producido por un cambio en la manera de formar la identidad y un cambio en el valor simbólico del consumo de alcohol y tabaco».
El uso de estas sustancias como «práctica social ha cambiado de significado, lo que antes podía considerarse común entre los jóvenes, ahora es percibido en los adolescentes como algo negativo y perjudicial para la salud», explica. Todo ello «debido en gran parte a un cambio en la socialización en los adolescentes, de la transformación de los modelos de ocio de estos, y a un aumento de las campañas de sensibilización sobre los consumos tanto de alcohol como de tabaco».
Una tendencia a la baja que Esgueva percibe como «muy positiva» para los jóvenes, en los que ha variado también de manera importante la forma de «socializar», en parte por el uso de las redes sociales, considera. Estas recientes interacciones «ya no solo se llevan a cabo en el entorno físico, sino que también se da mucha importancia al digital». «Podemos decir que los canales y las dinámicas de la socialización se han transformado con el paso de los años», insiste.
Precisamente, el uso de estas tecnologías aparece reflejado también en el estudio del Ministerio. Destaca, entre otras cosas, que el 68,4 por ciento de los adolescentes de la Comunidad dedican dos horas o más a las redes sociales, un porcentaje inferior al 71,5 nacional. Quienes se considera que hacen un uso «problemático» de estas plataformas son alrededor del 15 por ciento. Hasta el 18 por ciento alcanza la utilización abusiva de internet en general, donde la cifra de mujeres llega a una de cada cinco. Analiza también el juego online, un área en el que el dato de quienes lo utilizan es del 13 por ciento -en los varones alcanza el 19,7-.
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Crece el tiempo invertido en el teléfono y en redes con esa socialización más digital, lo que conlleva «riesgos» si el uso no es el adecuado. Entre ellos, las alteraciones del sueño, dificultades para desconectar, necesidad constante de validación o una «exposición constante,» detalla la socióloga Marina Esgueva.
La respuesta no debe ser «la prohibición» de estas herramientas, sino «educar a los adolescentes sobre estos riesgos y generar entornos sanos hacia estas prácticas», explica convencida. También será clave «fortalecer las relaciones físicas, presenciales para que estas no se continúen perdiendo, ya que son fundamentales, que se regulen más políticas públicas sobre la accesibilidad a diferentes juegos online para menores, y, por supuesto, una mayor protección de la infancia por parte de las diversas plataformas», enumera.
El inicio
Mientras, desde entidades como Proyecto Hombre, especializada en tratar y combatir adicciones, realizan ya talleres preventivos con familias y menores. La intención, en acciones que duran más de una sesión, es anticiparse a lo que ya se conoce como adicciones comportamentales o sin sustancia.
Su presidente en Castilla y León, Manuel Muiños, recuerda que la organización trabaja en el área de atención con los mayores de edad, pero asegura que ya «hay preocupación» sobre una problemática que está comenzando a emerger.
Han empezado a detectar el uso «problemático» de las pantallas con situaciones que empiezan a generar «conflictos a nivel familiar», «aislamiento», «desconexión y falta de relación con los demás»… Un asunto que está apareciendo ahora, «pero va a empezar a salir de una manera que preocupa». «Tenemos que ocuparnos, para que no llegue a preocuparnos del todo, pero ya estamos en un momento que es para pensarlo», cuenta. También por la interferencia de estos asuntos en la «salud mental». «Parece que esto no hace daño, pero lo hace y mucho. Lo que pasa es que parece que es más silencioso o callado», añade.
Por eso, propone «hacer un alto en el camino» y «pensar en cómo estamos educando y cómo estamos viviendo el uso de las pantallas con nuestros niños y jóvenes». Al respecto, añade que ya atienden personas en este ámbito, muchas veces asociado también al consumo de otras sustancias, y el perfil está entre los 20 y 38 años. Muchas veces es la familia quien acude en busca de ayuda y otras veces «ellos mismos» porque ya les han «dado un toque».
Muiños apuesta, en este sentido, «por abrir el foco» para tener en cuenta también esta problemática más reciente. Sin embargo, advierte de que sustancias como el «alcohol o el hachís» siguen estando ahí y siguen afectando también a los jóvenes. «Que no nos deslumbren las nuevas adicciones porque las anteriores continúan», concluye.
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