Carmen Quintanilla lleva 44 años defendiendo los derechos de las mujeres rurales, una trayectoria que le ha permitido asistir a una profunda transformación social, pero también comprobar que algunas desigualdades persisten. El acceso al empleo, la conciliación, la violencia contra las mujeres y la falta de servicios en los municipios pequeños siguen marcando la realidad de muchas de ellas. Ante el reto demográfico y la próxima cita electoral, la presidenta de Afammer insiste en que el futuro de los pueblos pasa por reconocer el papel de las mujeres, garantizar su autonomía económica y situar el medio rural en el centro de la agenda política.—¿Qué ha cambiado realmente en la vida de una mujer de un pueblo de Castilla-La Mancha en estos 40 años?A lo largo de estos 44 años de Afammer hemos sido capaces de hacer una revolución social, cultural y académica de las mujeres rurales. Cuando nacimos, España despertaba a la libertad y al Estado de derecho. Los movimientos sociales no existían y nadie hablaba de las mujeres rurales. Nosotros fuimos capaces de darles voz y de empezar a romper su invisibilidad y sus estigmas. Por eso, 44 años después, digo que hemos hecho una revolución social, porque hoy las mujeres rurales no tienen nada que envidiar a las mujeres urbanas.—¿En qué se aprecia esa transformación?El 38 por ciento de las chicas universitarias en España son rurales, frente al 18 por ciento de los chicos rurales universitarios. Nos hemos incorporado al mundo de la universidad y queremos estar en el mundo del empleo. Lo que pasa es que, desgraciadamente, hoy somos el segundo país de Europa con mayor desempleo femenino y tenemos un dato terrible: dos de cada tres personas que abandonan el mundo rural son mujeres.—¿Qué está provocando que tantas mujeres abandonen los pueblos?Porque no hay empleo. Por lo tanto, una de las reivindicaciones que queremos hacer en el Día Internacional de las Mujeres Rurales no es solamente celebrar que tenemos un día, sino reivindicar la importancia de seguir impulsando y garantizando el empleo, el emprendimiento y el talento de las mujeres rurales. Es fundamental facilitar su acceso al empleo, que tengan capacidad de liderar sus explotaciones agrarias, ganaderas y apícolas, pero también que puedan desarrollar otras actividades. El mundo agrario es la columna vertebral del mundo rural, pero necesitamos industrias agroalimentarias y actividades de servicios lideradas por mujeres.—En este sentido, ¿qué otras oportunidades pueden abrirse en el ámbito rural?Pues mire, si somos capaces de poner en marcha empresas de cuidados, vamos a crear 52 millones de puestos de trabajo en el ámbito europeo, tanto para mujeres como para hombres. Y ahí las mujeres rurales desempeñan un papel fundamental, porque son las principales cuidadoras de las personas mayores, dependientes y de los niños en el mundo rural.«El mundo agrario es la columna vertebral del mundo rural, pero necesitamos industrias agroalimentarias y actividades de servicios lideradas por mujeres» Carmen Quintanilla Presidenta de Afammer— Después de los avances, aún hay brechas que persisten.Hemos vivido una revolución cultural y social, con la incorporación de las mujeres rurales a la universidad y a la toma de decisiones políticas y en el ámbito cooperativo. Sin embargo, y es una realidad, nos quedan grandes brechas que romper: la salarial, la tecnológica y la de la toma de decisiones. Hoy, hablar de mujer rural es hablar de una mujer que construye el futuro de los pueblos, que mira atrás con orgullo porque ha contribuido a construir ese mundo rural y que mira hacia delante con determinación. Hemos estado ahí, trabajando, emprendiendo, sacando adelante a nuestras familias y participando en nuestra comunidad, incluso cuando éramos invisibles. Hemos avanzado, pero todavía existen brechas que nos recuerdan que la igualdad real está pendiente. Para muchas mujeres rurales, la conciliación sigue siendo una utopía.—Si una mujer de 25 años le dice hoy que quiere quedarse en su pueblo, ¿qué garantías reales puede ofrecerle la sociedad?Lo primero que tiene que tener es formación, ya sea profesional, universitaria o simplemente haber terminado la ESO. Dependiendo de lo que quiera construir en su vida, tiene que buscar un empleo o poner en marcha un negocio autónomo.—¿Qué tipo de iniciativas pueden funcionar en un municipio pequeño?Se puede emprender con actividades que respondan a necesidades concretas de su pueblo. Por ejemplo, una clínica de reparación de calzado. Antes la gente tiraba los zapatos; hoy hay que arreglarlos porque cuestan mucho dinero. Hay pueblos cuyos vecinos tienen que desplazarse a otros lugares para hacerlo. Si somos capaces de montar una clínica del calzado, con una maquinaria y una inversión pequeñas, podemos crear un empleo autónomo para arreglar zapatos, cinturones, bolsos o bolsas de viaje. Lo que tenemos que hacer es mirar a nuestro alrededor y preguntarnos qué necesidades de actividad económica tiene nuestro pueblo.—¿Puede poner algún ejemplo de emprendimiento femenino que haya dado resultado?Hace 20 años fuimos capaces de crear, junto con las mujeres de los ganaderos, una quesería. Hoy está en manos de las hijas de aquellas mujeres, que comercializan sus quesos en Puebla de Don Rodrigo. Aquellas mujeres creyeron en Afammer y en sí mismas y crearon su propio puesto de trabajo Hoy esa quesería existe. También hay mujeres jóvenes en otros pueblos que elaboran quesos o mermeladas, dentro de la industria agroalimentaria. Y existen oportunidades en el sector servicios, en los cuidados y en otras actividades económicas que demanda cada pueblo. Todo es cuestión de innovar, emprender y creer en nosotras mismas.—¿Qué le diría, en definitiva, a esa joven que duda entre quedarse o marcharse?A esa chica de 25 años le diría: si quieres quedarte en tu pueblo, busca alternativas de empleo para poder hacerlo, porque el primer pilar de la igualdad es el empleo. Cuando una mujer tiene empleo e independencia económica, decide sobre su vida y sobre la de su familia.«Hemos avanzado, pero todavía existen brechas que nos recuerdan que la igualdad real está pendiente. Para muchas mujeres rurales, la conciliación sigue siendo una utopía» Carmen Quintanilla Presidenta de Afammer—Castilla-La Mancha tiene municipios asolados por el envejecimiento y la pérdida de población. ¿Qué medidas deberían priorizarse para que las mujeres sean protagonistas de la recuperación demográfica?Sé que hay despoblación, que no una España vaciada. Tenemos que hablar de la España donante, de la España que da vida a los pueblos, que tiene en sus manos nuestra soberanía alimentaria y nos alimenta. Somos también la España de la biodiversidad. Se ha demostrado que cuantos menos habitantes tiene un pueblo, mayor es el peligro de incendios y de que se queme el monte. Somos la España que mantiene el patrimonio histórico y artístico, las pequeñas iglesias, y todo aquello que significa nuestra riqueza cultural y nuestra identidad.—Pero, ¿cómo se afronta el envejecimiento de la población en el medio rural?Estamos ante un proceso de envejecimiento de la población que afecta no solo a España, sino a toda Europa. Tenemos que ser innovadores. Hay 400 pueblos en España en los que no vive un solo niño menor de cuatro años. En muchos pueblos de Castilla-La Mancha, como ocurre en el Campo de Montiel y en otras zonas, la mayoría de la población tiene más de 65 años. Tenemos que mirar a esas personas y no podemos discriminarlas por el código postal en el que viven. Lo primero es prestar servicios a nuestros mayores. No podemos permitir que cada día desaparezcan más cajeros automáticos y sucursales financieras de nuestros pueblos, porque estamos condenando a las personas mayores a no poder sacar su dinero o gestionar su propia financiación. ¿Por qué tienen que ponerse en manos de sus hijos? ¿Por qué tienen que aprender nuevas tecnologías para hacer estas gestiones? ¿Por qué no les damos esos servicios?—¿Hay motivos para el optimismo?Hay una nueva mirada hacia lo rural. Más de 20.000 personas han vuelto al mundo rural, a pueblos de menos de 5.000 habitantes. Tenemos que aprovechar esa tendencia y poner en marcha servicios para proteger a las personas mayores. No podemos mirar el envejecimiento como lo hacíamos hace 20 o 30 años. Le hemos ganado 20 años a la vida. Hoy una persona de 70 años es como una de 50 hace tres décadas. Tenemos que contemplar esa etapa desde la esperanza y ofrecer alternativas de empleo y formación. Las personas mayores no deben sentirse discriminadas por el edadismo, sino participar en la sociedad desde el punto de vista social, cultural y económico. Envejecer es vivir, y ser mayor no significa ser tonto. Es formar parte de una sociedad en la que podemos y debemos envejecer con dignidad.—Después de toda una vida dedicada a defender a las mujeres rurales, ¿cuál es la batalla pendiente que todavía no hemos sabido afrontar como sociedad?Creo que todavía tenemos pendiente la conciliación y la corresponsabilidad. Las mujeres del mundo rural siguen teniendo que decidir entre emprender, trabajar o cuidar de su familia. Esa es una batalla que todavía no hemos ganado y que sigue siendo una utopía en sus vidas. Otra cuestión es visibilizar y combatir la violencia que sufren las mujeres en el medio rural. Ninguna mujer, viva donde viva, debe sentirse sola ante la violencia. Sin embargo, todavía existe esa soledad, además de la vergüenza y la preocupación de preguntarse adónde ir con sus hijos. Una mujer que sufre violencia en el medio urbano puede tardar nueve años en romper con ella; en el medio rural se puede llegar a tardar hasta 25 años. Muchas veces no sé si es porque no tienen recursos o porque no cuentan con las garantías necesarias para acceder fácilmente a los mecanismos de protección y apoyo frente a la violencia de género. Además, se ha demostrado que el número de denuncias y de mujeres que verbalizan su situación disminuye a medida que se reduce el tamaño del municipio. Cuantos menos habitantes tiene el pueblo, menos denuncias se producen, porque todavía existe miedo.«Ninguna mujer, viva donde viva, debe sentirse sola ante la violencia. Sin embargo, todavía en las zonas rurales existe esa soledad, además de la vergüenza y la preocupación de preguntarse adónde ir con sus hijos» Carmen Quintanilla Presidenta de Afammer—Usted fue ponente de la ley de titularidad compartida en el Congreso. ¿Qué balance hace de su aplicación?Fue en 2011 y se aprobó por unanimidad. Hoy, Castilla-La Mancha es la segunda comunidad autónoma con más mujeres cotitulares de explotaciones agrarias acogidas a la titularidad compartida, por detrás de Castilla y León. Es importantísimo impulsar esa ley y garantizar la titularidad compartida, porque, desgraciadamente, todavía no está teniendo el éxito que esperábamos.—El 29 de noviembre los españoles estamos llamados a las urnas. ¿Qué deberían escuchar en estas semanas de precampaña las mujeres rurales de los partidos políticos para saber que sus problemas van a estar realmente en la agenda política?Creo que el 29 de noviembre tenemos una nueva oportunidad: la de ir a votar, votar en libertad y conseguir que nuestra democracia vuelva a la normalidad democrática. Tenemos que romper la polarización que existe hoy, volver al abrazo de la Transición y ser capaces, desde ese gran acuerdo de todos los españoles, de avanzar por nosotros y por nuestros hijos. Tenemos que alcanzar un pacto entre lo rural y lo urbano para que el mundo rural forme parte de la agenda política de quienes nos van a gobernar. Y necesitamos que gobiernen desde el consenso, el acuerdo y, sobre todo, la esperanza de gobernar para todos los españoles, no desde el sectarismo. Carmen Quintanilla lleva 44 años defendiendo los derechos de las mujeres rurales, una trayectoria que le ha permitido asistir a una profunda transformación social, pero también comprobar que algunas desigualdades persisten. El acceso al empleo, la conciliación, la violencia contra las mujeres y la falta de servicios en los municipios pequeños siguen marcando la realidad de muchas de ellas. Ante el reto demográfico y la próxima cita electoral, la presidenta de Afammer insiste en que el futuro de los pueblos pasa por reconocer el papel de las mujeres, garantizar su autonomía económica y situar el medio rural en el centro de la agenda política.—¿Qué ha cambiado realmente en la vida de una mujer de un pueblo de Castilla-La Mancha en estos 40 años?A lo largo de estos 44 años de Afammer hemos sido capaces de hacer una revolución social, cultural y académica de las mujeres rurales. Cuando nacimos, España despertaba a la libertad y al Estado de derecho. Los movimientos sociales no existían y nadie hablaba de las mujeres rurales. Nosotros fuimos capaces de darles voz y de empezar a romper su invisibilidad y sus estigmas. Por eso, 44 años después, digo que hemos hecho una revolución social, porque hoy las mujeres rurales no tienen nada que envidiar a las mujeres urbanas.—¿En qué se aprecia esa transformación?El 38 por ciento de las chicas universitarias en España son rurales, frente al 18 por ciento de los chicos rurales universitarios. Nos hemos incorporado al mundo de la universidad y queremos estar en el mundo del empleo. Lo que pasa es que, desgraciadamente, hoy somos el segundo país de Europa con mayor desempleo femenino y tenemos un dato terrible: dos de cada tres personas que abandonan el mundo rural son mujeres.—¿Qué está provocando que tantas mujeres abandonen los pueblos?Porque no hay empleo. Por lo tanto, una de las reivindicaciones que queremos hacer en el Día Internacional de las Mujeres Rurales no es solamente celebrar que tenemos un día, sino reivindicar la importancia de seguir impulsando y garantizando el empleo, el emprendimiento y el talento de las mujeres rurales. Es fundamental facilitar su acceso al empleo, que tengan capacidad de liderar sus explotaciones agrarias, ganaderas y apícolas, pero también que puedan desarrollar otras actividades. El mundo agrario es la columna vertebral del mundo rural, pero necesitamos industrias agroalimentarias y actividades de servicios lideradas por mujeres.—En este sentido, ¿qué otras oportunidades pueden abrirse en el ámbito rural?Pues mire, si somos capaces de poner en marcha empresas de cuidados, vamos a crear 52 millones de puestos de trabajo en el ámbito europeo, tanto para mujeres como para hombres. Y ahí las mujeres rurales desempeñan un papel fundamental, porque son las principales cuidadoras de las personas mayores, dependientes y de los niños en el mundo rural.«El mundo agrario es la columna vertebral del mundo rural, pero necesitamos industrias agroalimentarias y actividades de servicios lideradas por mujeres» Carmen Quintanilla Presidenta de Afammer— Después de los avances, aún hay brechas que persisten.Hemos vivido una revolución cultural y social, con la incorporación de las mujeres rurales a la universidad y a la toma de decisiones políticas y en el ámbito cooperativo. Sin embargo, y es una realidad, nos quedan grandes brechas que romper: la salarial, la tecnológica y la de la toma de decisiones. Hoy, hablar de mujer rural es hablar de una mujer que construye el futuro de los pueblos, que mira atrás con orgullo porque ha contribuido a construir ese mundo rural y que mira hacia delante con determinación. Hemos estado ahí, trabajando, emprendiendo, sacando adelante a nuestras familias y participando en nuestra comunidad, incluso cuando éramos invisibles. Hemos avanzado, pero todavía existen brechas que nos recuerdan que la igualdad real está pendiente. Para muchas mujeres rurales, la conciliación sigue siendo una utopía.—Si una mujer de 25 años le dice hoy que quiere quedarse en su pueblo, ¿qué garantías reales puede ofrecerle la sociedad?Lo primero que tiene que tener es formación, ya sea profesional, universitaria o simplemente haber terminado la ESO. Dependiendo de lo que quiera construir en su vida, tiene que buscar un empleo o poner en marcha un negocio autónomo.—¿Qué tipo de iniciativas pueden funcionar en un municipio pequeño?Se puede emprender con actividades que respondan a necesidades concretas de su pueblo. Por ejemplo, una clínica de reparación de calzado. Antes la gente tiraba los zapatos; hoy hay que arreglarlos porque cuestan mucho dinero. Hay pueblos cuyos vecinos tienen que desplazarse a otros lugares para hacerlo. Si somos capaces de montar una clínica del calzado, con una maquinaria y una inversión pequeñas, podemos crear un empleo autónomo para arreglar zapatos, cinturones, bolsos o bolsas de viaje. Lo que tenemos que hacer es mirar a nuestro alrededor y preguntarnos qué necesidades de actividad económica tiene nuestro pueblo.—¿Puede poner algún ejemplo de emprendimiento femenino que haya dado resultado?Hace 20 años fuimos capaces de crear, junto con las mujeres de los ganaderos, una quesería. Hoy está en manos de las hijas de aquellas mujeres, que comercializan sus quesos en Puebla de Don Rodrigo. Aquellas mujeres creyeron en Afammer y en sí mismas y crearon su propio puesto de trabajo Hoy esa quesería existe. También hay mujeres jóvenes en otros pueblos que elaboran quesos o mermeladas, dentro de la industria agroalimentaria. Y existen oportunidades en el sector servicios, en los cuidados y en otras actividades económicas que demanda cada pueblo. Todo es cuestión de innovar, emprender y creer en nosotras mismas.—¿Qué le diría, en definitiva, a esa joven que duda entre quedarse o marcharse?A esa chica de 25 años le diría: si quieres quedarte en tu pueblo, busca alternativas de empleo para poder hacerlo, porque el primer pilar de la igualdad es el empleo. Cuando una mujer tiene empleo e independencia económica, decide sobre su vida y sobre la de su familia.«Hemos avanzado, pero todavía existen brechas que nos recuerdan que la igualdad real está pendiente. Para muchas mujeres rurales, la conciliación sigue siendo una utopía» Carmen Quintanilla Presidenta de Afammer—Castilla-La Mancha tiene municipios asolados por el envejecimiento y la pérdida de población. ¿Qué medidas deberían priorizarse para que las mujeres sean protagonistas de la recuperación demográfica?Sé que hay despoblación, que no una España vaciada. Tenemos que hablar de la España donante, de la España que da vida a los pueblos, que tiene en sus manos nuestra soberanía alimentaria y nos alimenta. Somos también la España de la biodiversidad. Se ha demostrado que cuantos menos habitantes tiene un pueblo, mayor es el peligro de incendios y de que se queme el monte. Somos la España que mantiene el patrimonio histórico y artístico, las pequeñas iglesias, y todo aquello que significa nuestra riqueza cultural y nuestra identidad.—Pero, ¿cómo se afronta el envejecimiento de la población en el medio rural?Estamos ante un proceso de envejecimiento de la población que afecta no solo a España, sino a toda Europa. Tenemos que ser innovadores. Hay 400 pueblos en España en los que no vive un solo niño menor de cuatro años. En muchos pueblos de Castilla-La Mancha, como ocurre en el Campo de Montiel y en otras zonas, la mayoría de la población tiene más de 65 años. Tenemos que mirar a esas personas y no podemos discriminarlas por el código postal en el que viven. Lo primero es prestar servicios a nuestros mayores. No podemos permitir que cada día desaparezcan más cajeros automáticos y sucursales financieras de nuestros pueblos, porque estamos condenando a las personas mayores a no poder sacar su dinero o gestionar su propia financiación. ¿Por qué tienen que ponerse en manos de sus hijos? ¿Por qué tienen que aprender nuevas tecnologías para hacer estas gestiones? ¿Por qué no les damos esos servicios?—¿Hay motivos para el optimismo?Hay una nueva mirada hacia lo rural. Más de 20.000 personas han vuelto al mundo rural, a pueblos de menos de 5.000 habitantes. Tenemos que aprovechar esa tendencia y poner en marcha servicios para proteger a las personas mayores. No podemos mirar el envejecimiento como lo hacíamos hace 20 o 30 años. Le hemos ganado 20 años a la vida. Hoy una persona de 70 años es como una de 50 hace tres décadas. Tenemos que contemplar esa etapa desde la esperanza y ofrecer alternativas de empleo y formación. Las personas mayores no deben sentirse discriminadas por el edadismo, sino participar en la sociedad desde el punto de vista social, cultural y económico. Envejecer es vivir, y ser mayor no significa ser tonto. Es formar parte de una sociedad en la que podemos y debemos envejecer con dignidad.—Después de toda una vida dedicada a defender a las mujeres rurales, ¿cuál es la batalla pendiente que todavía no hemos sabido afrontar como sociedad?Creo que todavía tenemos pendiente la conciliación y la corresponsabilidad. Las mujeres del mundo rural siguen teniendo que decidir entre emprender, trabajar o cuidar de su familia. Esa es una batalla que todavía no hemos ganado y que sigue siendo una utopía en sus vidas. Otra cuestión es visibilizar y combatir la violencia que sufren las mujeres en el medio rural. Ninguna mujer, viva donde viva, debe sentirse sola ante la violencia. Sin embargo, todavía existe esa soledad, además de la vergüenza y la preocupación de preguntarse adónde ir con sus hijos. Una mujer que sufre violencia en el medio urbano puede tardar nueve años en romper con ella; en el medio rural se puede llegar a tardar hasta 25 años. Muchas veces no sé si es porque no tienen recursos o porque no cuentan con las garantías necesarias para acceder fácilmente a los mecanismos de protección y apoyo frente a la violencia de género. Además, se ha demostrado que el número de denuncias y de mujeres que verbalizan su situación disminuye a medida que se reduce el tamaño del municipio. Cuantos menos habitantes tiene el pueblo, menos denuncias se producen, porque todavía existe miedo.«Ninguna mujer, viva donde viva, debe sentirse sola ante la violencia. Sin embargo, todavía en las zonas rurales existe esa soledad, además de la vergüenza y la preocupación de preguntarse adónde ir con sus hijos» Carmen Quintanilla Presidenta de Afammer—Usted fue ponente de la ley de titularidad compartida en el Congreso. ¿Qué balance hace de su aplicación?Fue en 2011 y se aprobó por unanimidad. Hoy, Castilla-La Mancha es la segunda comunidad autónoma con más mujeres cotitulares de explotaciones agrarias acogidas a la titularidad compartida, por detrás de Castilla y León. Es importantísimo impulsar esa ley y garantizar la titularidad compartida, porque, desgraciadamente, todavía no está teniendo el éxito que esperábamos.—El 29 de noviembre los españoles estamos llamados a las urnas. ¿Qué deberían escuchar en estas semanas de precampaña las mujeres rurales de los partidos políticos para saber que sus problemas van a estar realmente en la agenda política?Creo que el 29 de noviembre tenemos una nueva oportunidad: la de ir a votar, votar en libertad y conseguir que nuestra democracia vuelva a la normalidad democrática. Tenemos que romper la polarización que existe hoy, volver al abrazo de la Transición y ser capaces, desde ese gran acuerdo de todos los españoles, de avanzar por nosotros y por nuestros hijos. Tenemos que alcanzar un pacto entre lo rural y lo urbano para que el mundo rural forme parte de la agenda política de quienes nos van a gobernar. Y necesitamos que gobiernen desde el consenso, el acuerdo y, sobre todo, la esperanza de gobernar para todos los españoles, no desde el sectarismo.
Carmen Quintanilla lleva 44 años defendiendo los derechos de las mujeres rurales, una trayectoria que le ha permitido asistir a una profunda transformación social, pero también comprobar que algunas desigualdades persisten. El acceso al empleo, la conciliación, la violencia contra las mujeres y la falta … de servicios en los municipios pequeños siguen marcando la realidad de muchas de ellas. Ante el reto demográfico y la próxima cita electoral, la presidenta de Afammer insiste en que el futuro de los pueblos pasa por reconocer el papel de las mujeres, garantizar su autonomía económica y situar el medio rural en el centro de la agenda política.
—¿Qué ha cambiado realmente en la vida de una mujer de un pueblo de Castilla-La Mancha en estos 40 años?
A lo largo de estos 44 años de Afammer hemos sido capaces de hacer una revolución social, cultural y académica de las mujeres rurales. Cuando nacimos, España despertaba a la libertad y al Estado de derecho. Los movimientos sociales no existían y nadie hablaba de las mujeres rurales. Nosotros fuimos capaces de darles voz y de empezar a romper su invisibilidad y sus estigmas. Por eso, 44 años después, digo que hemos hecho una revolución social, porque hoy las mujeres rurales no tienen nada que envidiar a las mujeres urbanas.
—¿En qué se aprecia esa transformación?
El 38 por ciento de las chicas universitarias en España son rurales, frente al 18 por ciento de los chicos rurales universitarios. Nos hemos incorporado al mundo de la universidad y queremos estar en el mundo del empleo. Lo que pasa es que, desgraciadamente, hoy somos el segundo país de Europa con mayor desempleo femenino y tenemos un dato terrible: dos de cada tres personas que abandonan el mundo rural son mujeres.
—¿Qué está provocando que tantas mujeres abandonen los pueblos?
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Porque no hay empleo. Por lo tanto, una de las reivindicaciones que queremos hacer en el Día Internacional de las Mujeres Rurales no es solamente celebrar que tenemos un día, sino reivindicar la importancia de seguir impulsando y garantizando el empleo, el emprendimiento y el talento de las mujeres rurales. Es fundamental facilitar su acceso al empleo, que tengan capacidad de liderar sus explotaciones agrarias, ganaderas y apícolas, pero también que puedan desarrollar otras actividades. El mundo agrario es la columna vertebral del mundo rural, pero necesitamos industrias agroalimentarias y actividades de servicios lideradas por mujeres.
—En este sentido, ¿qué otras oportunidades pueden abrirse en el ámbito rural?
Pues mire, si somos capaces de poner en marcha empresas de cuidados, vamos a crear 52 millones de puestos de trabajo en el ámbito europeo, tanto para mujeres como para hombres. Y ahí las mujeres rurales desempeñan un papel fundamental, porque son las principales cuidadoras de las personas mayores, dependientes y de los niños en el mundo rural.
«El mundo agrario es la columna vertebral del mundo rural, pero necesitamos industrias agroalimentarias y actividades de servicios lideradas por mujeres»
Carmen Quintanilla
Presidenta de Afammer
— Después de los avances, aún hay brechas que persisten.
Hemos vivido una revolución cultural y social, con la incorporación de las mujeres rurales a la universidad y a la toma de decisiones políticas y en el ámbito cooperativo. Sin embargo, y es una realidad, nos quedan grandes brechas que romper: la salarial, la tecnológica y la de la toma de decisiones. Hoy, hablar de mujer rural es hablar de una mujer que construye el futuro de los pueblos, que mira atrás con orgullo porque ha contribuido a construir ese mundo rural y que mira hacia delante con determinación. Hemos estado ahí, trabajando, emprendiendo, sacando adelante a nuestras familias y participando en nuestra comunidad, incluso cuando éramos invisibles. Hemos avanzado, pero todavía existen brechas que nos recuerdan que la igualdad real está pendiente. Para muchas mujeres rurales, la conciliación sigue siendo una utopía.
—Si una mujer de 25 años le dice hoy que quiere quedarse en su pueblo, ¿qué garantías reales puede ofrecerle la sociedad?
Lo primero que tiene que tener es formación, ya sea profesional, universitaria o simplemente haber terminado la ESO. Dependiendo de lo que quiera construir en su vida, tiene que buscar un empleo o poner en marcha un negocio autónomo.
—¿Qué tipo de iniciativas pueden funcionar en un municipio pequeño?
Se puede emprender con actividades que respondan a necesidades concretas de su pueblo. Por ejemplo, una clínica de reparación de calzado. Antes la gente tiraba los zapatos; hoy hay que arreglarlos porque cuestan mucho dinero. Hay pueblos cuyos vecinos tienen que desplazarse a otros lugares para hacerlo. Si somos capaces de montar una clínica del calzado, con una maquinaria y una inversión pequeñas, podemos crear un empleo autónomo para arreglar zapatos, cinturones, bolsos o bolsas de viaje. Lo que tenemos que hacer es mirar a nuestro alrededor y preguntarnos qué necesidades de actividad económica tiene nuestro pueblo.
—¿Puede poner algún ejemplo de emprendimiento femenino que haya dado resultado?
Hace 20 años fuimos capaces de crear, junto con las mujeres de los ganaderos, una quesería. Hoy está en manos de las hijas de aquellas mujeres, que comercializan sus quesos en Puebla de Don Rodrigo. Aquellas mujeres creyeron en Afammer y en sí mismas y crearon su propio puesto de trabajo Hoy esa quesería existe. También hay mujeres jóvenes en otros pueblos que elaboran quesos o mermeladas, dentro de la industria agroalimentaria. Y existen oportunidades en el sector servicios, en los cuidados y en otras actividades económicas que demanda cada pueblo. Todo es cuestión de innovar, emprender y creer en nosotras mismas.
—¿Qué le diría, en definitiva, a esa joven que duda entre quedarse o marcharse?
A esa chica de 25 años le diría: si quieres quedarte en tu pueblo, busca alternativas de empleo para poder hacerlo, porque el primer pilar de la igualdad es el empleo. Cuando una mujer tiene empleo e independencia económica, decide sobre su vida y sobre la de su familia.
«Hemos avanzado, pero todavía existen brechas que nos recuerdan que la igualdad real está pendiente. Para muchas mujeres rurales, la conciliación sigue siendo una utopía»
Carmen Quintanilla
Presidenta de Afammer
—Castilla-La Mancha tiene municipios asolados por el envejecimiento y la pérdida de población. ¿Qué medidas deberían priorizarse para que las mujeres sean protagonistas de la recuperación demográfica?
Sé que hay despoblación, que no una España vaciada. Tenemos que hablar de la España donante, de la España que da vida a los pueblos, que tiene en sus manos nuestra soberanía alimentaria y nos alimenta. Somos también la España de la biodiversidad. Se ha demostrado que cuantos menos habitantes tiene un pueblo, mayor es el peligro de incendios y de que se queme el monte. Somos la España que mantiene el patrimonio histórico y artístico, las pequeñas iglesias, y todo aquello que significa nuestra riqueza cultural y nuestra identidad.
—Pero, ¿cómo se afronta el envejecimiento de la población en el medio rural?
Estamos ante un proceso de envejecimiento de la población que afecta no solo a España, sino a toda Europa. Tenemos que ser innovadores. Hay 400 pueblos en España en los que no vive un solo niño menor de cuatro años. En muchos pueblos de Castilla-La Mancha, como ocurre en el Campo de Montiel y en otras zonas, la mayoría de la población tiene más de 65 años. Tenemos que mirar a esas personas y no podemos discriminarlas por el código postal en el que viven. Lo primero es prestar servicios a nuestros mayores. No podemos permitir que cada día desaparezcan más cajeros automáticos y sucursales financieras de nuestros pueblos, porque estamos condenando a las personas mayores a no poder sacar su dinero o gestionar su propia financiación. ¿Por qué tienen que ponerse en manos de sus hijos? ¿Por qué tienen que aprender nuevas tecnologías para hacer estas gestiones? ¿Por qué no les damos esos servicios?
—¿Hay motivos para el optimismo?
Hay una nueva mirada hacia lo rural. Más de 20.000 personas han vuelto al mundo rural, a pueblos de menos de 5.000 habitantes. Tenemos que aprovechar esa tendencia y poner en marcha servicios para proteger a las personas mayores. No podemos mirar el envejecimiento como lo hacíamos hace 20 o 30 años. Le hemos ganado 20 años a la vida. Hoy una persona de 70 años es como una de 50 hace tres décadas. Tenemos que contemplar esa etapa desde la esperanza y ofrecer alternativas de empleo y formación. Las personas mayores no deben sentirse discriminadas por el edadismo, sino participar en la sociedad desde el punto de vista social, cultural y económico. Envejecer es vivir, y ser mayor no significa ser tonto. Es formar parte de una sociedad en la que podemos y debemos envejecer con dignidad.
—Después de toda una vida dedicada a defender a las mujeres rurales, ¿cuál es la batalla pendiente que todavía no hemos sabido afrontar como sociedad?
Creo que todavía tenemos pendiente la conciliación y la corresponsabilidad. Las mujeres del mundo rural siguen teniendo que decidir entre emprender, trabajar o cuidar de su familia. Esa es una batalla que todavía no hemos ganado y que sigue siendo una utopía en sus vidas. Otra cuestión es visibilizar y combatir la violencia que sufren las mujeres en el medio rural. Ninguna mujer, viva donde viva, debe sentirse sola ante la violencia. Sin embargo, todavía existe esa soledad, además de la vergüenza y la preocupación de preguntarse adónde ir con sus hijos. Una mujer que sufre violencia en el medio urbano puede tardar nueve años en romper con ella; en el medio rural se puede llegar a tardar hasta 25 años. Muchas veces no sé si es porque no tienen recursos o porque no cuentan con las garantías necesarias para acceder fácilmente a los mecanismos de protección y apoyo frente a la violencia de género. Además, se ha demostrado que el número de denuncias y de mujeres que verbalizan su situación disminuye a medida que se reduce el tamaño del municipio. Cuantos menos habitantes tiene el pueblo, menos denuncias se producen, porque todavía existe miedo.
«Ninguna mujer, viva donde viva, debe sentirse sola ante la violencia. Sin embargo, todavía en las zonas rurales existe esa soledad, además de la vergüenza y la preocupación de preguntarse adónde ir con sus hijos»
Carmen Quintanilla
Presidenta de Afammer
—Usted fue ponente de la ley de titularidad compartida en el Congreso. ¿Qué balance hace de su aplicación?
Fue en 2011 y se aprobó por unanimidad. Hoy, Castilla-La Mancha es la segunda comunidad autónoma con más mujeres cotitulares de explotaciones agrarias acogidas a la titularidad compartida, por detrás de Castilla y León. Es importantísimo impulsar esa ley y garantizar la titularidad compartida, porque, desgraciadamente, todavía no está teniendo el éxito que esperábamos.
—El 29 de noviembre los españoles estamos llamados a las urnas. ¿Qué deberían escuchar en estas semanas de precampaña las mujeres rurales de los partidos políticos para saber que sus problemas van a estar realmente en la agenda política?
Creo que el 29 de noviembre tenemos una nueva oportunidad: la de ir a votar, votar en libertad y conseguir que nuestra democracia vuelva a la normalidad democrática. Tenemos que romper la polarización que existe hoy, volver al abrazo de la Transición y ser capaces, desde ese gran acuerdo de todos los españoles, de avanzar por nosotros y por nuestros hijos. Tenemos que alcanzar un pacto entre lo rural y lo urbano para que el mundo rural forme parte de la agenda política de quienes nos van a gobernar. Y necesitamos que gobiernen desde el consenso, el acuerdo y, sobre todo, la esperanza de gobernar para todos los españoles, no desde el sectarismo.
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