Es evidente que la evolución de los últimos años del Barcelona, principalmente, y del Real Madrid, últimamente, en la Champions debe hacer recapacitar. Un primer análisis es que hoy por hoy, a escala nacional, es indiscutible su poderío, pero en cuanto salen a Europa saltan las costuras. Pero a la vez que no se debe dramatizar en este aspecto, tampoco hay que acogerse a las excusas de los arbitrajes. Tal como dice sabiamente Toni Nadal, jamás una excusa permite que alguien o algún equipo gane ningún torneo. Por esta razón ya hay que dejar de usar el arbitraje como chivo expiatorio.
Es evidente que la evolución de los últimos años del Barcelona, principalmente, y del Real Madrid, últimamente, en la Champions debe hacer recapacitar. Un primer análisis es que hoy por hoy, a escala nacional, es indiscutible su poderío, pero en cuanto salen a Europa saltan las costuras. Pero a la vez que no se debe dramatizar en este aspecto, tampoco hay que acogerse a las excusas de los arbitrajes. Tal como dice sabiamente Toni Nadal, jamás una excusa permite que alguien o algún equipo gane ningún torneo. Por esta razón ya hay que dejar de usar el arbitraje como chivo expiatorio.Seguir leyendo…
Es evidente que la evolución de los últimos años del Barcelona, principalmente, y del Real Madrid, últimamente, en la Champions debe hacer recapacitar. Un primer análisis es que hoy por hoy, a escala nacional, es indiscutible su poderío, pero en cuanto salen a Europa saltan las costuras. Pero a la vez que no se debe dramatizar en este aspecto, tampoco hay que acogerse a las excusas de los arbitrajes. Tal como dice sabiamente Toni Nadal, jamás una excusa permite que alguien o algún equipo gane ningún torneo. Por esta razón ya hay que dejar de usar el arbitraje como chivo expiatorio.
Jugar tu primer partido de cuartos de final en casa y que el rival se ponga 0-2 es imperdonable. Ya no estás jugando contra cualquiera y remontar estas situaciones frente a un rival importante es complejo. Si haces un buen análisis comparando estos equipos con la alineación de ambas entidades cuando consiguieron ganar finales de Champions, te echas las manos a la cabeza. Sí, es cierto que les ha faltado muy poco. Y pueden haber expulsiones que, de no producirse, el final hubiera podido ser diferente. Pero también es cierto que durante muchos minutos ambos equipos estuvieron al borde del abismo, muy lejos de garantizar la victoria. Y esos mismos abismos estuvieron presentes en la competición en la trayectoria de ambos. La ilusión se generó por el lado del Barcelona por esa capacidad entusiasta de unos jóvenes que están rayando a un grandísimo nivel y por el lado del Madrid por esa hegemonía de saber ofrecer más de lo que son en la competición de Champions.
Si te expulsan jugadores por ser el último defensor, hecho que se ha repetido varias veces, es que hay algo que no funciona
Ambos clubs deben llegar a la conclusión de que han de existir mejoras tanto en la composición de la plantilla como en el sistema de juego. Si te expulsan jugadores por ser el último defensor, hecho que se ha repetido varias veces, es que hay algo que no funciona. Si cuando para resistir los últimos minutos escoges a Camavinga como pivote defensivo, es que algo no demasiado bueno va a suceder. Lo primero es que ambos equipos consigan tener un pivote defensivo que dé las garantías necesarias. No me valen los remiendos tipo Valverde, que jugó en esa posición el miércoles. Ni que sea Pedri, con unos repliegues brutales, el que salve la contra del rival. Gavi tampoco es el formato ideal para esta posición. Un pivote defensivo nunca debe ser un jugador predominantemente agresivo. Ha de ser un hombre ordenado. Que ejerza su labor más desde la intuición y la capacidad de leer el fútbol. Que impida que el rival, con su posición y ordenando a sus compañeros a través del juego, obtenga unos segundos para lanzar la contra.
También necesitan un delantero centro con todas las garantías posibles. Un jugador que, a parte de meter goles, fije a los centrales para que los extremos puedan gozar de unos contra unos, que los haga salir de su zona de confort. El Madrid, por ejemplo, renunció a ese puesto con la marcha de Joselu.
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