«Es insoportable», decían algunos de los compañeros de grupo de ERC en el Congreso sobre Gabriel Rufián. Y varios de ellos, como Pilar Valluguera y Jordi Salvador, dos de los perfiles más fuertes dentro del equipo en Madrid, no le tendrán que aguantar más. Tras la disolución de las Cortes, ambos han comunicado, tal como quería el propio Rufián, que no repetirán en las listas. Es el final de una muerte anunciada tras meses de desencuentros y tensiones que habían dividido al grupo parlamentario. «Pido perdón por todas las veces que he callado, teniendo que hablar. El bien colectivo ha pasado demasiadas veces ante la verdad o la justicia» ha dicho Valluguera en un mensaje que todos creen que va dirigido a su ya excompañero, al que ha obviado en su despedida, citando sí a otros diputados de su partido. Salvador, en una carta dirigida a la militancia, ha reconocido que «ha habido decepciones personales, algunas muy profundas, no las quiero esconder». Pero dice tener «la conciencia muy tranquila».Aunque algunos en ERC apostaban por prescindir de Rufián, que había puesto varias condiciones para seguir encabezando la candidatura en las generales, entre ellas esa limpia de compañeros que llevaban menos tiempo que él en el Congreso o tener la última palabra en las decisiones que se tomen, Oriol Junqueras se ha decantado finalmente por mantener «a su protegido». Ese malestar con la candidatura de Rufián lo ha ejemplificado el ex diputado en el Parlament, Joan Puig, que ha iniciado una recogida de avales simbólica para que se visualice la falta de apoyos que tiene el ex concejal en Santa Coloma de Gramenet, cargo del que dimitió al poco de ser elegido en las elecciones municipales del año 2023. La gota que colmó el vaso, más allá de su cercanía con Sánchez, fue el impulsar un frente de izquierdas para el que se llegó a autoproclamar candidato. ERC lo desautorizó y, tras ver que no tenía apoyos ni dentro ni fuera, desistió en su empeño para asegurarse cuatro años más de sueldo en representación de Esquerra Republicana.Entre los compañeros de grupo parlamentario le afean a Rufián que con el paso de los años se ha vuelto «muy poco trabajador». El desentendimiento de sus funciones, apuntan, ha sido total, ejerciendo únicamente el papel, nunca mejor dicho, de portavoz en la refriega política, cuando se pone ante el micro del hemiciclo y «suelta su verborrea a modo de titular para que se haga viral en las redes». «Piensa en él, solo en él y en Twitter», decían en el grupo parlamentario. También condenaron que tenga «únicamente a su servicio personal» a varios asesores «pagados por el Congreso» para asistir a todo el grupo parlamentario.Al margen de esas tensiones internas con el resto de diputados en Madrid, el portavoz en el Congreso también ha protagonizado en los últimos meses varios desencuentros con la cúpula del partido que reflejan un choque de estrategias y de liderazgos. Aunque ambos se necesitan para seguir vivos en política. Tal vez más ERC a Rufián que al revés. De ahí que Junqueras, en contra de la opinión de muchos otros dirigentes, haya impuesto su criterio al mantenerle al frente de la candidatura de cara al 29 de noviembre.El parlamentario, conocido por su estilo directo y su protagonismo en Madrid, donde lleva 11 años ya en el Congreso pese a haber prometido que solo iba a estar 18 meses, ha ido marcando un perfil propio que en ocasiones ha incomodado a la dirección y al propio Junqueras. Sus posicionamientos, más enfocados en la política estatal y en la negociación pragmática con el Gobierno central, contrastan con los sectores del partido que abogan por reforzar el discurso independentista y la agenda estrictamente catalana. Su enfrentamiento directo con Junts tampoco gusta demasiado.Por todo eso, la decisión de Oriol Junqueras de mantenerle la confianza, aunque «ha dado motivos para haberle expulsado del partido en distintas ocasiones», señalan en las filas del partido separatista, ha causado un profundo malestar entre personas de mucho peso político. Ya la propia amenaza de Rufián, afirmando que solo aceptaría repetir si se aceptaban sus condiciones, causó un enorme enfado con varios afiliados invitándole a irse si no estaba cómodo. «Al final ha ganado la batalla» dicen algunos, con una crítica directa a Junqueras por permitírselo. «Es insoportable», decían algunos de los compañeros de grupo de ERC en el Congreso sobre Gabriel Rufián. Y varios de ellos, como Pilar Valluguera y Jordi Salvador, dos de los perfiles más fuertes dentro del equipo en Madrid, no le tendrán que aguantar más. Tras la disolución de las Cortes, ambos han comunicado, tal como quería el propio Rufián, que no repetirán en las listas. Es el final de una muerte anunciada tras meses de desencuentros y tensiones que habían dividido al grupo parlamentario. «Pido perdón por todas las veces que he callado, teniendo que hablar. El bien colectivo ha pasado demasiadas veces ante la verdad o la justicia» ha dicho Valluguera en un mensaje que todos creen que va dirigido a su ya excompañero, al que ha obviado en su despedida, citando sí a otros diputados de su partido. Salvador, en una carta dirigida a la militancia, ha reconocido que «ha habido decepciones personales, algunas muy profundas, no las quiero esconder». Pero dice tener «la conciencia muy tranquila».Aunque algunos en ERC apostaban por prescindir de Rufián, que había puesto varias condiciones para seguir encabezando la candidatura en las generales, entre ellas esa limpia de compañeros que llevaban menos tiempo que él en el Congreso o tener la última palabra en las decisiones que se tomen, Oriol Junqueras se ha decantado finalmente por mantener «a su protegido». Ese malestar con la candidatura de Rufián lo ha ejemplificado el ex diputado en el Parlament, Joan Puig, que ha iniciado una recogida de avales simbólica para que se visualice la falta de apoyos que tiene el ex concejal en Santa Coloma de Gramenet, cargo del que dimitió al poco de ser elegido en las elecciones municipales del año 2023. La gota que colmó el vaso, más allá de su cercanía con Sánchez, fue el impulsar un frente de izquierdas para el que se llegó a autoproclamar candidato. ERC lo desautorizó y, tras ver que no tenía apoyos ni dentro ni fuera, desistió en su empeño para asegurarse cuatro años más de sueldo en representación de Esquerra Republicana.Entre los compañeros de grupo parlamentario le afean a Rufián que con el paso de los años se ha vuelto «muy poco trabajador». El desentendimiento de sus funciones, apuntan, ha sido total, ejerciendo únicamente el papel, nunca mejor dicho, de portavoz en la refriega política, cuando se pone ante el micro del hemiciclo y «suelta su verborrea a modo de titular para que se haga viral en las redes». «Piensa en él, solo en él y en Twitter», decían en el grupo parlamentario. También condenaron que tenga «únicamente a su servicio personal» a varios asesores «pagados por el Congreso» para asistir a todo el grupo parlamentario.Al margen de esas tensiones internas con el resto de diputados en Madrid, el portavoz en el Congreso también ha protagonizado en los últimos meses varios desencuentros con la cúpula del partido que reflejan un choque de estrategias y de liderazgos. Aunque ambos se necesitan para seguir vivos en política. Tal vez más ERC a Rufián que al revés. De ahí que Junqueras, en contra de la opinión de muchos otros dirigentes, haya impuesto su criterio al mantenerle al frente de la candidatura de cara al 29 de noviembre.El parlamentario, conocido por su estilo directo y su protagonismo en Madrid, donde lleva 11 años ya en el Congreso pese a haber prometido que solo iba a estar 18 meses, ha ido marcando un perfil propio que en ocasiones ha incomodado a la dirección y al propio Junqueras. Sus posicionamientos, más enfocados en la política estatal y en la negociación pragmática con el Gobierno central, contrastan con los sectores del partido que abogan por reforzar el discurso independentista y la agenda estrictamente catalana. Su enfrentamiento directo con Junts tampoco gusta demasiado.Por todo eso, la decisión de Oriol Junqueras de mantenerle la confianza, aunque «ha dado motivos para haberle expulsado del partido en distintas ocasiones», señalan en las filas del partido separatista, ha causado un profundo malestar entre personas de mucho peso político. Ya la propia amenaza de Rufián, afirmando que solo aceptaría repetir si se aceptaban sus condiciones, causó un enorme enfado con varios afiliados invitándole a irse si no estaba cómodo. «Al final ha ganado la batalla» dicen algunos, con una crítica directa a Junqueras por permitírselo.
«Es insoportable», decían algunos de los compañeros de grupo de ERC en el Congreso sobre Gabriel Rufián. Y varios de ellos, como Pilar Valluguera y Jordi Salvador, dos de los perfiles más fuertes dentro del equipo en Madrid, no le tendrán que aguantar más. … Tras la disolución de las Cortes, ambos han comunicado, tal como quería el propio Rufián, que no repetirán en las listas. Es el final de una muerte anunciada tras meses de desencuentros y tensiones que habían dividido al grupo parlamentario.
«Pido perdón por todas las veces que he callado, teniendo que hablar. El bien colectivo ha pasado demasiadas veces ante la verdad o la justicia» ha dicho Valluguera en un mensaje que todos creen que va dirigido a su ya excompañero, al que ha obviado en su despedida, citando sí a otros diputados de su partido. Salvador, en una carta dirigida a la militancia, ha reconocido que «ha habido decepciones personales, algunas muy profundas, no las quiero esconder». Pero dice tener «la conciencia muy tranquila».
Aunque algunos en ERC apostaban por prescindir de Rufián, que había puesto varias condiciones para seguir encabezando la candidatura en las generales, entre ellas esa limpia de compañeros que llevaban menos tiempo que él en el Congreso o tener la última palabra en las decisiones que se tomen, Oriol Junqueras se ha decantado finalmente por mantener «a su protegido».
Ese malestar con la candidatura de Rufián lo ha ejemplificado el ex diputado en el Parlament, Joan Puig, que ha iniciado una recogida de avales simbólica para que se visualice la falta de apoyos que tiene el ex concejal en Santa Coloma de Gramenet, cargo del que dimitió al poco de ser elegido en las elecciones municipales del año 2023. La gota que colmó el vaso, más allá de su cercanía con Sánchez, fue el impulsar un frente de izquierdas para el que se llegó a autoproclamar candidato. ERC lo desautorizó y, tras ver que no tenía apoyos ni dentro ni fuera, desistió en su empeño para asegurarse cuatro años más de sueldo en representación de Esquerra Republicana.
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Entre los compañeros de grupo parlamentario le afean a Rufián que con el paso de los años se ha vuelto «muy poco trabajador». El desentendimiento de sus funciones, apuntan, ha sido total, ejerciendo únicamente el papel, nunca mejor dicho, de portavoz en la refriega política, cuando se pone ante el micro del hemiciclo y «suelta su verborrea a modo de titular para que se haga viral en las redes». «Piensa en él, solo en él y en twitter», decían en el grupo parlamentario. También condenaron que tenga «únicamente a su servicio personal» a varios asesores «pagados por el Congreso» para asistir a todo el grupo parlamentario.
Al margen de esas tensiones internas con el resto de diputados en Madrid, el portavoz en el Congreso también ha protagonizado en los últimos meses varios desencuentros con la cúpula del partido que reflejan un choque de estrategias y de liderazgos. Aunque ambos se necesitan para seguir vivos en política. Tal vez más ERC a Rufián que al revés. De ahí que Junqueras, en contra de la opinión de muchos otros dirigentes, haya impuesto su criterio al mantenerle al frente de la candidatura de cara al 29 de noviembre.
El parlamentario, conocido por su estilo directo y su protagonismo en Madrid, donde lleva 11 años ya en el Congreso pese a haber prometido que solo iba a estar 18 meses, ha ido marcando un perfil propio que en ocasiones ha incomodado a la dirección y al propio Junqueras. Sus posicionamientos, más enfocados en la política estatal y en la negociación pragmática con el Gobierno central, contrastan con los sectores del partido que abogan por reforzar el discurso independentista y la agenda estrictamente catalana. Su enfrentamiento directo con Junts tampoco gusta demasiado.
Por todo eso, la decisión de Oriol Junqueras de mantenerle la confianza, aunque «ha dado motivos para haberle expulsado del partido en distintas ocasiones», señalan en las filas del partido separatista, ha causado un profundo malestar entre personas de mucho peso político. Ya la propia amenaza de Rufián, afirmando que solo aceptaría repetir si se aceptaban sus condiciones, causó un enorme enfado con varios afiliados invitándole a irse si no estaba cómodo. «Al final ha ganado la batalla» dicen algunos, con una crítica directa a Junqueras por permitírselo.
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