Dicen que somos fachas porque comemos cerdo”, susurra David, asistente fiel del Canon Français. Ha viajado desde el norte de Francia hasta Béziers, en el sudeste del país, para participar en uno de los banquetes pantagruélicos. Al más puro estilo Astérix y Obélix, el Canon reivindica la gastronomía francesa proponiendo, entre otros, cerdo asado, charcutería, queso y vino. Por 80 euros la entrada, la organización promete un kilogramo de comida por persona y música popular. Pero los opositores a esta cita creen que se utiliza la cultura como un instrumento de propaganda ideológica y que el encuentro caricaturiza la identidad francesa.
El banquete reivindica la gastronomía francesa, pero sus detractores ven un altavoz de la extrema derecha
Dicen que somos fachas porque comemos cerdo”, susurra David, asistente fiel del Canon Français. Ha viajado desde el norte de Francia hasta Béziers, en el sudeste del país, para participar en uno de los banquetes pantagruélicos. Al más puro estilo Astérix y Obélix, el Canon reivindica la gastronomía francesa proponiendo, entre otros, cerdo asado, charcutería, queso y vino. Por 80 euros la entrada, la organización promete un kilogramo de comida por persona y música popular. Pero los opositores a esta cita creen que se utiliza la cultura como un instrumento de propaganda ideológica y que el encuentro caricaturiza la identidad francesa.
David viste como lo que él considera un “verdadero” francés: polo blanco, tirantes y béret , boina tradicional. Me muestra orgulloso las 14 estrellas bordadas en la boina. El Canon que se celebra esta noche creará la decimoquinta y mostrará así las veces que ha formado parte del banquete. “Vengo por el ambiente. Aquí me siento en casa”, explica antes de añadir: “Y no soy racista, tengo muchos amigos árabes. Si vienen a trabajar y a integrarse, ningún problema”.
El Canon entró en el huracán mediático a través de dos sucesos. Por un lado, la venta del 30% de las acciones del negocio, a finales del 2024, al fondo de inversiones Odyssée Impact, dirigido por el multimillonario Pierre-Édouard Stérin. Cofundador de Smartbox y exiliado fiscal en Bélgica, Stérin encabeza Périclès, un proyecto que tiene como objetivo “luchar contra los males del país”, como “la inmigración” o “el islamismo”, según muestra un documento interno publicado por L’Humanité . Por otro, la difusión de un vídeo en que algunos de los asistentes al encuentro aparecían supuestamente haciendo el saludo nazi.
Más allá de la polémica, el Canon es un éxito. Alrededor de 1.600 personas comparten mesa esta noche en la plaza de toros de la ciudad. Los camareros se desplazan como hormigas mientras se asan seis cerdos, el plato principal. El Canon arranca y suena el himno nacional. Todos de pie, mano al pecho. De repente, la masa se rompe a gritos. Sube al escenario el alcalde de Béziers, Robert Ménard. Y entonces David, en un tono de confesión, susurra: “Este alcalde hace las cosas que tocan, ¿sabes?”. Ménard, una de las figuras más polémicas de la derecha francesa, fue juzgado el pasado 30 de septiembre por negar el matrimonio entre una francesa y un argelino en situación irregular. La Fiscalía pidió para él 7.500 euros de multa.
“Dicen que somos fachas porque comemos cerdo”, susurra David, un fiel de los encuentros
“Sí, nos gustan las mujeres; sí, nos gustan los toros; sí, nos gustan los policías”, aclama el político a un público que reafirma sus palabras con una ola de aplausos. Después del discurso, los comensales y los camareros se hacen fotos con la celebridad. “Es usted una superestrella”, le digo al alcalde. “¿Por qué cree que se ha creado tanta polémica alrededor del Canon?”. “Por intolerancia –responde–. La inteligencia está en aceptar al que es diferente a ti”.
Géraud de la Tour fundó el Canon Français junto a su socio en el 2021. Aunque confiesa que Reagrupación Nacional (RN), principal partido de extrema derecha, les ha llamado varias veces para organizar actos juntos, asegura que siempre han rechazado cualquier colaboración. “Si hubiese sabido que la entrada de Stérin provocaría tanto revuelo, no lo habríamos escogido como accionista. Nuestro grupo es apolítico desde el inicio”, zanja.
Nos quedamos mirando a la gente. Le digo que el público me parece homogéneo. “Desde el estallido de la polémica ha cambiado el perfil. Estoy seguro de que hay gente a quien le gustaría venir y no viene por lo que sale en los medios”, explica.
“Si pones a los políticos dentro de una bolsa y luego la sacudes, todo lo que sale de ahí es lo mismo”, narra entre risas Lillo, hijo de sicilianos que toca en la banda del Canon. En las próximas elecciones votará a RN. “Estamos sufriendo. ¿Has visto los precios de la gasolina? Habrá una revolución”, pronostica.
El Canon entró en el huracán mediático con la entrada en el capital del magnate Pierre-Édouard Stérin
“¡El cerdo, el cerdo, el cerdo!”, aclama la masa mientras un tipo vestido de Obélix se pasea con el animal. Entre los participantes, la mayoría de los cuales viste con los colores de la bandera francesa, llama la atención una joven vestida con colores oscuros. Anaïs viene de los Alpes. Es su primera vez en el Canon. “Me gusta la buena vida y no me interesa la política”, explica con una sonrisa. Aun así, reconoce que la victoria de RN podría cambiar algunas leyes que le incomodan, como la obligación de vacunar al ganado bovino cuando se detectan enfermedades.
La noche avanza. Suena en la plaza “Llévame a la otra punta de la Tierra, llévame al país de las maravillas”, rememorando un clásico de Aznavour de los sesenta. David insiste en que la bailemos. “¡Ves qué buen ambiente! Aquí nadie se mete con nadie”, dice eufórico antes de parar a tres chicas y decirles: “¿Cómo es posible que anden solas? Son muy bellas, mademoiselles ”.
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