Tiene diversas formas, Madring , de aparecer por la capital. Las carreteras que rodean el recinto delatan su presencia cuando los paneles avisan de lo que en Ifema acontecerá el fin de semana. Y anuncian La Monumental banderolas publicitarias que cuelgan a ambos lados de las farolas. En Colón, con su habitual tráfico y los vaivenes del Teatro Fernán Gómez, el tumulto en torno a un monoplaza se suma a ese caos ordenado que caracteriza la glorieta. A unas cuantas paradas de Metro, en Callao, Madrid ya está acostumbrada al bullicio, pues no es extraño ver el lugar tomado por la publicidad de diversas marcas . La última aparición se intuye al subir las escaleras del suburbano, hasta donde alcanza la música de unos altavoces que revelan que algo ocurre en el exterior. Y ese algo es otra de las diversas zonas que se han habilitado para los aficionados de la Fórmula 1.Son dispares, unas y otras, como lo son también las partes de la ciudad en la que se instalan. El recogimiento corresponde a la plaza de Colón mientras que, frente al Edificio Capitol, hace tiempo que se olvidó la tranquilidad. Ambos cuentan con sendas exposiciones gratuitas y en la primera, en una mañana laboral, una treintena de personas se congrega en rigurosa fila. Los hay solitarios, pero también familias, parejas y grupos de amigos que acuden a ver o se topan de improviso con el espacio de exposición de vehículos históricos organizado por la marca Audi. En el mismo lugar pero en la parte exterior, otros fotografían la curva sobre la que se aposenta un coche. «Es más un sitio de paso», cuenta un vigilante de seguridad, situado frente a la maqueta del vehículo para que nadie sobrepase un límite no dibujado pero sí impuesto. Un padre y su hijo rozan la imitación del asfalto con la palma de su mano. Y mientras se atengan a eso, apunta el trabajador, nada pasa. «Por la noche es más complicado», añade, porque los ánimos de quienes se acercan no son los mismos que durante el día, cuando prevalece la curiosidad. El tiempo que los aficionados pasan en el exterior de las zonas no excede un par de minutos, lo suficiente para fotografiar el vehículo, o para girar la cámara y que aparezca, flotando inmóvil sobre un trozo de curva, como fondo del propio retrato. «Pues me ha parecido pequeño», comenta, frente al vehículo, una señora junto a sus amigos, que no se aventuran al interior de la exposición porque «hay mucha cola». Sí que entran turistas, «porque ya de por sí es una zona que se presta al turismo», añade el trabajador. Y lo hacen también otros madrileños, quienes sí reúnen la paciencia para esperar. «Mañana volvemos a pasar en el descanso, a ver si podemos entrar», comentan dos jóvenes.En Callao son más numerosos los que sí se deciden a entrar. Destinadas están sus filas, conformadas por varias decenas de personas, a la exposición de Atlassian Williams, con simuladores, una muestra de coches y demás actividades. Un azul eléctrico inunda la plaza mientras corre la música y los aficionados posan frente a un panel con el rostro de los pilotos Carlos Sainz y Alex Albon. El pasado miércoles paso por allí el primero. Habló entonces de sus días en Madrid antes de trazar La Monumental. «Estoy durmiendo en casa de mis padres y se hace raro. La rutina no cambia, pero con un ambiente familiar. Igual me llevo algún coche al circuito por puro placer, aunque hoy he venido en mi Golf, el que nunca muere», dijo, frente a una gran cantidad de congregados que acudieron a escuchar sus palabras.Otras zonas habilitadasHace ya tiempo que en la plaza asoman móviles y cámaras por doquier, que nada parece privado. Incluso un anciano que sube las escaleras del suburbano, al percatarse de las cámaras de un ‘influencer’ se da la vuelta durante unos instantes. «Es que ha visto a alguien grabando y se ha escondido», se ríe su mujer. Síntoma y consecuencia de lo que allí hace tiempo que ocurre. Lo avisa, en esta ocasión y con motivo de la ‘fan zone’, un discreto cartel colgado en un lateral a la salida del Metro. «Al entrar en el recinto del evento (plaza de Callao y Cines Callao), usted consiente la realización de entrevistas, grabaciones de audio y de video, así como su publicación, exhibición o reproducción para fines informativos, retransmisiones web, fines promocionales…», y continúa la enumeración. Exposición en el interior de los Cines Callao. Belén DíazEn esta plaza es todo más voluminoso, casi magnificado. Pero este fin de semana se añadirán también una exhibición de monoplazas de Alpine F1 frente al Edificio Metrópolis y un ‘pop-up’ en El Corte Inglés de Nuevos Ministerios. Ya operativo, en el paseo de la Castellana, 103, la zona de aficionados es tan discreta que, desde la otra acera, por unos instantes es difícil reparar en ella. Se detienen quienes transitan la calle pero también otros que acuden solo para ver el monoplaza, que lo examinan con ahínco y comentan sobre el caucho, los detalles. El coche, aparcado en la carretera, es vigilado por la atenta mirada de dos jóvenes que comprueban que nadie se acerque de más, o que un despistado no lleve sus pasos demasiado cerca del circular paralelo de los coches. Un color excepcional, dicen algunos antes de marchar, que «en la tele no se aprecia». Porque nada como la realidad. Tiene diversas formas, Madring , de aparecer por la capital. Las carreteras que rodean el recinto delatan su presencia cuando los paneles avisan de lo que en Ifema acontecerá el fin de semana. Y anuncian La Monumental banderolas publicitarias que cuelgan a ambos lados de las farolas. En Colón, con su habitual tráfico y los vaivenes del Teatro Fernán Gómez, el tumulto en torno a un monoplaza se suma a ese caos ordenado que caracteriza la glorieta. A unas cuantas paradas de Metro, en Callao, Madrid ya está acostumbrada al bullicio, pues no es extraño ver el lugar tomado por la publicidad de diversas marcas . La última aparición se intuye al subir las escaleras del suburbano, hasta donde alcanza la música de unos altavoces que revelan que algo ocurre en el exterior. Y ese algo es otra de las diversas zonas que se han habilitado para los aficionados de la Fórmula 1.Son dispares, unas y otras, como lo son también las partes de la ciudad en la que se instalan. El recogimiento corresponde a la plaza de Colón mientras que, frente al Edificio Capitol, hace tiempo que se olvidó la tranquilidad. Ambos cuentan con sendas exposiciones gratuitas y en la primera, en una mañana laboral, una treintena de personas se congrega en rigurosa fila. Los hay solitarios, pero también familias, parejas y grupos de amigos que acuden a ver o se topan de improviso con el espacio de exposición de vehículos históricos organizado por la marca Audi. En el mismo lugar pero en la parte exterior, otros fotografían la curva sobre la que se aposenta un coche. «Es más un sitio de paso», cuenta un vigilante de seguridad, situado frente a la maqueta del vehículo para que nadie sobrepase un límite no dibujado pero sí impuesto. Un padre y su hijo rozan la imitación del asfalto con la palma de su mano. Y mientras se atengan a eso, apunta el trabajador, nada pasa. «Por la noche es más complicado», añade, porque los ánimos de quienes se acercan no son los mismos que durante el día, cuando prevalece la curiosidad. El tiempo que los aficionados pasan en el exterior de las zonas no excede un par de minutos, lo suficiente para fotografiar el vehículo, o para girar la cámara y que aparezca, flotando inmóvil sobre un trozo de curva, como fondo del propio retrato. «Pues me ha parecido pequeño», comenta, frente al vehículo, una señora junto a sus amigos, que no se aventuran al interior de la exposición porque «hay mucha cola». Sí que entran turistas, «porque ya de por sí es una zona que se presta al turismo», añade el trabajador. Y lo hacen también otros madrileños, quienes sí reúnen la paciencia para esperar. «Mañana volvemos a pasar en el descanso, a ver si podemos entrar», comentan dos jóvenes.En Callao son más numerosos los que sí se deciden a entrar. Destinadas están sus filas, conformadas por varias decenas de personas, a la exposición de Atlassian Williams, con simuladores, una muestra de coches y demás actividades. Un azul eléctrico inunda la plaza mientras corre la música y los aficionados posan frente a un panel con el rostro de los pilotos Carlos Sainz y Alex Albon. El pasado miércoles paso por allí el primero. Habló entonces de sus días en Madrid antes de trazar La Monumental. «Estoy durmiendo en casa de mis padres y se hace raro. La rutina no cambia, pero con un ambiente familiar. Igual me llevo algún coche al circuito por puro placer, aunque hoy he venido en mi Golf, el que nunca muere», dijo, frente a una gran cantidad de congregados que acudieron a escuchar sus palabras.Otras zonas habilitadasHace ya tiempo que en la plaza asoman móviles y cámaras por doquier, que nada parece privado. Incluso un anciano que sube las escaleras del suburbano, al percatarse de las cámaras de un ‘influencer’ se da la vuelta durante unos instantes. «Es que ha visto a alguien grabando y se ha escondido», se ríe su mujer. Síntoma y consecuencia de lo que allí hace tiempo que ocurre. Lo avisa, en esta ocasión y con motivo de la ‘fan zone’, un discreto cartel colgado en un lateral a la salida del Metro. «Al entrar en el recinto del evento (plaza de Callao y Cines Callao), usted consiente la realización de entrevistas, grabaciones de audio y de video, así como su publicación, exhibición o reproducción para fines informativos, retransmisiones web, fines promocionales…», y continúa la enumeración. Exposición en el interior de los Cines Callao. Belén DíazEn esta plaza es todo más voluminoso, casi magnificado. Pero este fin de semana se añadirán también una exhibición de monoplazas de Alpine F1 frente al Edificio Metrópolis y un ‘pop-up’ en El Corte Inglés de Nuevos Ministerios. Ya operativo, en el paseo de la Castellana, 103, la zona de aficionados es tan discreta que, desde la otra acera, por unos instantes es difícil reparar en ella. Se detienen quienes transitan la calle pero también otros que acuden solo para ver el monoplaza, que lo examinan con ahínco y comentan sobre el caucho, los detalles. El coche, aparcado en la carretera, es vigilado por la atenta mirada de dos jóvenes que comprueban que nadie se acerque de más, o que un despistado no lleve sus pasos demasiado cerca del circular paralelo de los coches. Un color excepcional, dicen algunos antes de marchar, que «en la tele no se aprecia». Porque nada como la realidad.
Tiene diversas formas, Madring, de aparecer por la capital. Las carreteras que rodean el recinto delatan su presencia cuando los paneles avisan de lo que en Ifema acontecerá el fin de semana. Y anuncian La Monumental banderolas publicitarias que cuelgan a ambos lados de … las farolas. En Colón, con su habitual tráfico y los vaivenes del Teatro Fernán Gómez, el tumulto en torno a un monoplaza se suma a ese caos ordenado que caracteriza la glorieta. A unas cuantas paradas de Metro, en Callao, Madrid ya está acostumbrada al bullicio, pues no es extraño ver el lugar tomado por la publicidad de diversas marcas. La última aparición se intuye al subir las escaleras del suburbano, hasta donde alcanza la música de unos altavoces que revelan que algo ocurre en el exterior. Y ese algo es otra de las diversas zonas que se han habilitado para los aficionados de la Fórmula 1.
Son dispares, unas y otras, como lo son también las partes de la ciudad en la que se instalan. El recogimiento corresponde a la plaza de Colón mientras que, frente al Edificio Capitol, hace tiempo que se olvidó la tranquilidad. Ambos cuentan con sendas exposiciones gratuitas y en la primera, en una mañana laboral, una treintena de personas se congrega en rigurosa fila. Los hay solitarios, pero también familias, parejas y grupos de amigos que acuden a ver o se topan de improviso con el espacio de exposición de vehículos históricos organizado por la marca Audi.
En el mismo lugar pero en la parte exterior, otros fotografían la curva sobre la que se aposenta un coche. «Es más un sitio de paso», cuenta un vigilante de seguridad, situado frente a la maqueta del vehículo para que nadie sobrepase un límite no dibujado pero sí impuesto. Un padre y su hijo rozan la imitación del asfalto con la palma de su mano. Y mientras se atengan a eso, apunta el trabajador, nada pasa. «Por la noche es más complicado», añade, porque los ánimos de quienes se acercan no son los mismos que durante el día, cuando prevalece la curiosidad.
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Gran Premio de España de F1
Amina Ould
El tiempo que los aficionados pasan en el exterior de las zonas no excede un par de minutos, lo suficiente para fotografiar el vehículo, o para girar la cámara y que aparezca, flotando inmóvil sobre un trozo de curva, como fondo del propio retrato. «Pues me ha parecido pequeño», comenta, frente al vehículo, una señora junto a sus amigos, que no se aventuran al interior de la exposición porque «hay mucha cola». Sí que entran turistas, «porque ya de por sí es una zona que se presta al turismo», añade el trabajador. Y lo hacen también otros madrileños, quienes sí reúnen la paciencia para esperar. «Mañana volvemos a pasar en el descanso, a ver si podemos entrar», comentan dos jóvenes.
En Callao son más numerosos los que sí se deciden a entrar. Destinadas están sus filas, conformadas por varias decenas de personas, a la exposición de Atlassian Williams, con simuladores, una muestra de coches y demás actividades. Un azul eléctrico inunda la plaza mientras corre la música y los aficionados posan frente a un panel con el rostro de los pilotos Carlos Sainz y Alex Albon. El pasado miércoles paso por allí el primero. Habló entonces de sus días en Madrid antes de trazar La Monumental. «Estoy durmiendo en casa de mis padres y se hace raro. La rutina no cambia, pero con un ambiente familiar. Igual me llevo algún coche al circuito por puro placer, aunque hoy he venido en mi Golf, el que nunca muere», dijo, frente a una gran cantidad de congregados que acudieron a escuchar sus palabras.
Otras zonas habilitadas
Hace ya tiempo que en la plaza asoman móviles y cámaras por doquier, que nada parece privado. Incluso un anciano que sube las escaleras del suburbano, al percatarse de las cámaras de un ‘influencer’ se da la vuelta durante unos instantes. «Es que ha visto a alguien grabando y se ha escondido», se ríe su mujer. Síntoma y consecuencia de lo que allí hace tiempo que ocurre. Lo avisa, en esta ocasión y con motivo de la ‘fan zone’, un discreto cartel colgado en un lateral a la salida del Metro. «Al entrar en el recinto del evento (plaza de Callao y Cines Callao), usted consiente la realización de entrevistas, grabaciones de audio y de video, así como su publicación, exhibición o reproducción para fines informativos, retransmisiones web, fines promocionales…», y continúa la enumeración.

(Belén Díaz)
En esta plaza es todo más voluminoso, casi magnificado. Pero este fin de semana se añadirán también una exhibición de monoplazas de Alpine F1 frente al Edificio Metrópolis y un ‘pop-up’ en El Corte Inglés de Nuevos Ministerios. Ya operativo, en el paseo de la Castellana, 103, la zona de aficionados es tan discreta que, desde la otra acera, por unos instantes es difícil reparar en ella. Se detienen quienes transitan la calle pero también otros que acuden solo para ver el monoplaza, que lo examinan con ahínco y comentan sobre el caucho, los detalles. El coche, aparcado en la carretera, es vigilado por la atenta mirada de dos jóvenes que comprueban que nadie se acerque de más, o que un despistado no lleve sus pasos demasiado cerca del circular paralelo de los coches. Un color excepcional, dicen algunos antes de marchar, que «en la tele no se aprecia». Porque nada como la realidad.
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