A menudo asociamos las experiencias dolorosas con traumas. Una ruptura, un conflicto familiar o una despedida pueden causar un gran malestar pero no siempre producen un trauma psicológico. El sufrimiento, de hecho, es algo normal en la vida que todos acabamos viviendo de una manera u otra como, por ejemplo, este verano lo han tenido que vivir en primera persona los miles de afectados por los devastadores incendios en España . Ahora bien, ¿van a quedar las víctimas con un trauma? ¿Es algo que estas familias llevarán en su mochila de por vida?«El trauma es la herida que te queda después de vivir una experiencia que te supera completamente y desborda toda tu capacidad de afrontamiento», destaca a ABC Alicia Álvarez García, psicóloga especializada en trauma. Así, todos solemos tener malos recuerdos, que generan malestar pero que, por lo general, no hacen revivir literalmente las emociones físicas y psicológicas de ese momento. Los expertos inciden en que muchos asocian el trauma al dolor pero solo cuando, pasado un tiempo, se vuelve exactamente al dolor que generó ese momento, se puede hablar de trauma.Y esto ocurre independientemente del acontecimiento que lo causara. Cualquiera puede pasar un trauma, por diversas circunstancias, aunque es habitual asociarlo a abusos y violencia , negligencias, abandonos, pérdidas repentinas de seres queridos, accidentes graves o desastres naturales, por poner algunos ejemplos. Y aunque estas heridas no dependen de una edad sí que en la infancia pueden ser más frecuentes porque ésta es una época en el que el cerebro y la personalidad están en desarrollo. Existe la duda, además, de si un trauma nuestro puede afectar a las futuras generaciones. Si, por ejemplo, los efectos psicológicos que pueden haber dejado los incendios de este verano en quienes los han sufrido pueden tener impacto en sus descendientes «La ciencia nos demuestra que los traumas se heredan, aunque no es como el jarrón de tu tía abuela , que pasa de generación en generación y heredas tal cual», asegura Álvarez a ABC. Así, los expertos inciden en que no es que se transmita el trauma como tal, sino la mayor susceptibilidad a desarrollar un trastorno de estrés postraumático (TEPT), es decir dinámicas familiares o sociales y respuestas aprendidas en base a hechos traumáticos no vividos.Traumas individuales y colectivosEn los últimos tiempos, el trauma transgeneracional ha cobrado interés a partir de estudios sobre descendientes de supervivientes del Holocausto y de víctimas de genocidios, guerras o poblaciones desplazadas, es decir traumas sociales que acaban dejando formas colectivas de recordar, callar, reaccionar o interpretar una situación. A muchos les preocupa que exista esta herencia cuando hay un trauma a nivel personal o familiar: en estos casos es cuando pueden aparecer patologías como el TEPT. Sea por lo que sea, la ciencia apunta a que existe una combinación de mecanismos psicológicos, familiares, sociales y biológicos que llevan a estos traumas intergeneracionales. La epigenética tiene mucho peso. Álvarez resalta que algunas investigaciones han identificado factores neurobiofisiológicos, relacionados al tamaño de la amígdala, y que también influyen mecanismos conductuales. Además, recuerda que «durante la infancia adquirimos muchas cosas por aprendizaje vicario: si nuestras figuras de referencia tienen un trauma que no han integrado y debido a eso se comportan o tienen algunas reacciones traumáticas de evitación o de hiperalerta, puede ser que nosotros acabemos adquiriendo también esa forma de reaccionar o de comportarnos, con lo cual, y sin saberlo, estaremos adquiriendo esas respuestas traumáticas de nuestros padres», explica.«Si nuestras figuras de referencia tienen un trauma que no han integrado y tienen reacciones de evitación o hiperalerta puede que nosotros acabemos adquiriendo también esas formas» Alicia Álvarez«Que aparezca depende de cómo estemos nosotros, cómo se gestione lo que sea que pase, cuál es nuestro momento vital, si tenemos una patología de base, si nos han pasado otras cosas en la vida, cuál es nuestro nivel de resiliencia…», incide Álvarez, que es profesora colaboradora de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Ella, sin querer ser alarmista, avisa de que «todas las personas vamos a sufrir una media de unos diez acontecimientos potencialmente traumáticos a lo largo de nuestra vida», por lo que insta a seguir con cautela toda situación dolorosa que vivamos. ¿Pueden llegar a ser uno de ellos los terribles incendios de este verano en España? Álvarez cree que todavía es pronto para saberlo, pero tiene claro que «ha sido una situación potencialmente traumática porque es un estrés extraordinario» para los afectados. Las reacciones de estrés agudo, normales en un primer momento, no tienen porqué derivar en un trauma y el miedo ante estas situaciones es real y más si no sabemos lo que puede pasar, «pero no es una condición ‘sine qua non’ para generar trauma», sigue la experta en declaraciones a ABC, incidiendo en separar este sentimiento de la ansiedad , muy habitual pero que tiene que ver con miedos a algo que no existe y que puede no puede pasar. «Cada persona es un mundo y cada una tiene sus estrategias de afrontamiento y vivirá a nivel individual las pérdidas», remarca la psicóloga, que añade que «cuando la emergencia esté resuelta, si al cabo de unos meses todavía hay cierta sintomatología y afectación y esas reacciones de estrés no bajan y siguen generando mucho malestar, habrá que consultar a un especialista».Profesionales de emergencias, junto a desalojados hace unos días en Navalagamella. Belén Díaz La importancia de la atención temprana El miedo, la incertidumbre, la sensación de vulnerabilidad, las pérdidas sufridas o incluso el sentimiento de culpa pueden derivar en secuelas emocionales si no se interviene de forma precoz. Así lo destacaba recientemente la decana del Colegio Oficial de la Psicología en Madrid, Timanfaya Hernández, que era tajante con el hecho de que el estrés, ansiedad y angustia de los afectados por los incendios «no significa que vayan a desarrollar un trastorno psicológico como tal. Precisamente la intervención psicológica en estas situaciones de crisis y poder identificar de manera adecuada a las personas en estas fases tan vulnerables es absolutamente necesario y prioritario para evitar situaciones más complejas en un futuro», sentenciaba. MÁS INFORMACIÓN noticia Si El calor sube la temperatura de las discusiones de pareja, familia y trabajo noticia Si Las malas pasadas del apego ansioso, que cada vez está más normalizado noticia Si Nir Eyal, experto en liderazgo: «Tenemos creencias limitantes y nuestra responsabilidad es superarlas»Álvarez se acuerda, además, de los medios de comunicación y su papel crucial para conseguir que no se extienda una angustia y se pueda llegar a afectar a la sociedad en general. «En los atentados de agosto de 2017 en Barcelona estuve en un dispositivo tratando a la población afectada y acabé trabajando con mucha gente que no había estado en La Rambla pero que debido a la exposición continua de imágenes e informaciones acabó desarrollando una cierta sintomatología de estrés agudo», rememora. Por todo ello, insta a evitar la sobreexposición informativa y a priorizar canales oficiales. A menudo asociamos las experiencias dolorosas con traumas. Una ruptura, un conflicto familiar o una despedida pueden causar un gran malestar pero no siempre producen un trauma psicológico. El sufrimiento, de hecho, es algo normal en la vida que todos acabamos viviendo de una manera u otra como, por ejemplo, este verano lo han tenido que vivir en primera persona los miles de afectados por los devastadores incendios en España . Ahora bien, ¿van a quedar las víctimas con un trauma? ¿Es algo que estas familias llevarán en su mochila de por vida?«El trauma es la herida que te queda después de vivir una experiencia que te supera completamente y desborda toda tu capacidad de afrontamiento», destaca a ABC Alicia Álvarez García, psicóloga especializada en trauma. Así, todos solemos tener malos recuerdos, que generan malestar pero que, por lo general, no hacen revivir literalmente las emociones físicas y psicológicas de ese momento. Los expertos inciden en que muchos asocian el trauma al dolor pero solo cuando, pasado un tiempo, se vuelve exactamente al dolor que generó ese momento, se puede hablar de trauma.Y esto ocurre independientemente del acontecimiento que lo causara. Cualquiera puede pasar un trauma, por diversas circunstancias, aunque es habitual asociarlo a abusos y violencia , negligencias, abandonos, pérdidas repentinas de seres queridos, accidentes graves o desastres naturales, por poner algunos ejemplos. Y aunque estas heridas no dependen de una edad sí que en la infancia pueden ser más frecuentes porque ésta es una época en el que el cerebro y la personalidad están en desarrollo. Existe la duda, además, de si un trauma nuestro puede afectar a las futuras generaciones. Si, por ejemplo, los efectos psicológicos que pueden haber dejado los incendios de este verano en quienes los han sufrido pueden tener impacto en sus descendientes «La ciencia nos demuestra que los traumas se heredan, aunque no es como el jarrón de tu tía abuela , que pasa de generación en generación y heredas tal cual», asegura Álvarez a ABC. Así, los expertos inciden en que no es que se transmita el trauma como tal, sino la mayor susceptibilidad a desarrollar un trastorno de estrés postraumático (TEPT), es decir dinámicas familiares o sociales y respuestas aprendidas en base a hechos traumáticos no vividos.Traumas individuales y colectivosEn los últimos tiempos, el trauma transgeneracional ha cobrado interés a partir de estudios sobre descendientes de supervivientes del Holocausto y de víctimas de genocidios, guerras o poblaciones desplazadas, es decir traumas sociales que acaban dejando formas colectivas de recordar, callar, reaccionar o interpretar una situación. A muchos les preocupa que exista esta herencia cuando hay un trauma a nivel personal o familiar: en estos casos es cuando pueden aparecer patologías como el TEPT. Sea por lo que sea, la ciencia apunta a que existe una combinación de mecanismos psicológicos, familiares, sociales y biológicos que llevan a estos traumas intergeneracionales. La epigenética tiene mucho peso. Álvarez resalta que algunas investigaciones han identificado factores neurobiofisiológicos, relacionados al tamaño de la amígdala, y que también influyen mecanismos conductuales. Además, recuerda que «durante la infancia adquirimos muchas cosas por aprendizaje vicario: si nuestras figuras de referencia tienen un trauma que no han integrado y debido a eso se comportan o tienen algunas reacciones traumáticas de evitación o de hiperalerta, puede ser que nosotros acabemos adquiriendo también esa forma de reaccionar o de comportarnos, con lo cual, y sin saberlo, estaremos adquiriendo esas respuestas traumáticas de nuestros padres», explica.«Si nuestras figuras de referencia tienen un trauma que no han integrado y tienen reacciones de evitación o hiperalerta puede que nosotros acabemos adquiriendo también esas formas» Alicia Álvarez«Que aparezca depende de cómo estemos nosotros, cómo se gestione lo que sea que pase, cuál es nuestro momento vital, si tenemos una patología de base, si nos han pasado otras cosas en la vida, cuál es nuestro nivel de resiliencia…», incide Álvarez, que es profesora colaboradora de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Ella, sin querer ser alarmista, avisa de que «todas las personas vamos a sufrir una media de unos diez acontecimientos potencialmente traumáticos a lo largo de nuestra vida», por lo que insta a seguir con cautela toda situación dolorosa que vivamos. ¿Pueden llegar a ser uno de ellos los terribles incendios de este verano en España? Álvarez cree que todavía es pronto para saberlo, pero tiene claro que «ha sido una situación potencialmente traumática porque es un estrés extraordinario» para los afectados. Las reacciones de estrés agudo, normales en un primer momento, no tienen porqué derivar en un trauma y el miedo ante estas situaciones es real y más si no sabemos lo que puede pasar, «pero no es una condición ‘sine qua non’ para generar trauma», sigue la experta en declaraciones a ABC, incidiendo en separar este sentimiento de la ansiedad , muy habitual pero que tiene que ver con miedos a algo que no existe y que puede no puede pasar. «Cada persona es un mundo y cada una tiene sus estrategias de afrontamiento y vivirá a nivel individual las pérdidas», remarca la psicóloga, que añade que «cuando la emergencia esté resuelta, si al cabo de unos meses todavía hay cierta sintomatología y afectación y esas reacciones de estrés no bajan y siguen generando mucho malestar, habrá que consultar a un especialista».Profesionales de emergencias, junto a desalojados hace unos días en Navalagamella. Belén Díaz La importancia de la atención temprana El miedo, la incertidumbre, la sensación de vulnerabilidad, las pérdidas sufridas o incluso el sentimiento de culpa pueden derivar en secuelas emocionales si no se interviene de forma precoz. Así lo destacaba recientemente la decana del Colegio Oficial de la Psicología en Madrid, Timanfaya Hernández, que era tajante con el hecho de que el estrés, ansiedad y angustia de los afectados por los incendios «no significa que vayan a desarrollar un trastorno psicológico como tal. Precisamente la intervención psicológica en estas situaciones de crisis y poder identificar de manera adecuada a las personas en estas fases tan vulnerables es absolutamente necesario y prioritario para evitar situaciones más complejas en un futuro», sentenciaba. MÁS INFORMACIÓN noticia Si El calor sube la temperatura de las discusiones de pareja, familia y trabajo noticia Si Las malas pasadas del apego ansioso, que cada vez está más normalizado noticia Si Nir Eyal, experto en liderazgo: «Tenemos creencias limitantes y nuestra responsabilidad es superarlas»Álvarez se acuerda, además, de los medios de comunicación y su papel crucial para conseguir que no se extienda una angustia y se pueda llegar a afectar a la sociedad en general. «En los atentados de agosto de 2017 en Barcelona estuve en un dispositivo tratando a la población afectada y acabé trabajando con mucha gente que no había estado en La Rambla pero que debido a la exposición continua de imágenes e informaciones acabó desarrollando una cierta sintomatología de estrés agudo», rememora. Por todo ello, insta a evitar la sobreexposición informativa y a priorizar canales oficiales.
A menudo asociamos las experiencias dolorosas con traumas. Una ruptura, un conflicto familiar o una despedida pueden causar un gran malestar pero no siempre producen un trauma psicológico. El sufrimiento, de hecho, es algo normal en la vida que todos acabamos viviendo de una … manera u otra como, por ejemplo, este verano lo han tenido que vivir en primera persona los miles de afectados por los devastadores incendios en España. Ahora bien, ¿van a quedar las víctimas con un trauma? ¿Es algo que estas familias llevarán en su mochila de por vida?
«El trauma es la herida que te queda después de vivir una experiencia que te supera completamente y desborda toda tu capacidad de afrontamiento», destaca a ABC Alicia Álvarez García, psicóloga especializada en trauma. Así, todos solemos tener malos recuerdos, que generan malestar pero que, por lo general, no hacen revivir literalmente las emociones físicas y psicológicas de ese momento. Los expertos inciden en que muchos asocian el trauma al dolor pero solo cuando, pasado un tiempo, se vuelve exactamente al dolor que generó ese momento, se puede hablar de trauma.
Y esto ocurre independientemente del acontecimiento que lo causara. Cualquiera puede pasar un trauma, por diversas circunstancias, aunque es habitual asociarlo a abusos y violencia, negligencias, abandonos, pérdidas repentinas de seres queridos, accidentes graves o desastres naturales, por poner algunos ejemplos. Y aunque estas heridas no dependen de una edad sí que en la infancia pueden ser más frecuentes porque ésta es una época en el que el cerebro y la personalidad están en desarrollo.
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Existe la duda, además, de si un trauma nuestro puede afectar a las futuras generaciones. Si, por ejemplo, los efectos psicológicos que pueden haber dejado los incendios de este verano en quienes los han sufrido pueden tener impacto en sus descendientes «La ciencia nos demuestra que los traumas se heredan, aunque no es como el jarrón de tu tía abuela, que pasa de generación en generación y heredas tal cual», asegura Álvarez a ABC. Así, los expertos inciden en que no es que se transmita el trauma como tal, sino la mayor susceptibilidad a desarrollar un trastorno de estrés postraumático (TEPT), es decir dinámicas familiares o sociales y respuestas aprendidas en base a hechos traumáticos no vividos.
Traumas individuales y colectivos
En los últimos tiempos, el trauma transgeneracional ha cobrado interés a partir de estudios sobre descendientes de supervivientes del Holocausto y de víctimas de genocidios, guerras o poblaciones desplazadas, es decir traumas sociales que acaban dejando formas colectivas de recordar, callar, reaccionar o interpretar una situación. A muchos les preocupa que exista esta herencia cuando hay un trauma a nivel personal o familiar: en estos casos es cuando pueden aparecer patologías como el TEPT.
Sea por lo que sea, la ciencia apunta a que existe una combinación de mecanismos psicológicos, familiares, sociales y biológicos que llevan a estos traumas intergeneracionales. La epigenética tiene mucho peso. Álvarez resalta que algunas investigaciones han identificado factores neurobiofisiológicos, relacionados al tamaño de la amígdala, y que también influyen mecanismos conductuales.
Además, recuerda que «durante la infancia adquirimos muchas cosas por aprendizaje vicario: si nuestras figuras de referencia tienen un trauma que no han integrado y debido a eso se comportan o tienen algunas reacciones traumáticas de evitación o de hiperalerta, puede ser que nosotros acabemos adquiriendo también esa forma de reaccionar o de comportarnos, con lo cual, y sin saberlo, estaremos adquiriendo esas respuestas traumáticas de nuestros padres», explica.
«Si nuestras figuras de referencia tienen un trauma que no han integrado y tienen reacciones de evitación o hiperalerta puede que nosotros acabemos adquiriendo también esas formas»
Alicia Álvarez
«Que aparezca depende de cómo estemos nosotros, cómo se gestione lo que sea que pase, cuál es nuestro momento vital, si tenemos una patología de base, si nos han pasado otras cosas en la vida, cuál es nuestro nivel de resiliencia…», incide Álvarez, que es profesora colaboradora de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Ella, sin querer ser alarmista, avisa de que «todas las personas vamos a sufrir una media de unos diez acontecimientos potencialmente traumáticos a lo largo de nuestra vida», por lo que insta a seguir con cautela toda situación dolorosa que vivamos.
¿Pueden llegar a ser uno de ellos los terribles incendios de este verano en España? Álvarez cree que todavía es pronto para saberlo, pero tiene claro que «ha sido una situación potencialmente traumática porque es un estrés extraordinario» para los afectados. Las reacciones de estrés agudo, normales en un primer momento, no tienen porqué derivar en un trauma y el miedo ante estas situaciones es real y más si no sabemos lo que puede pasar, «pero no es una condición ‘sine qua non’ para generar trauma», sigue la experta en declaraciones a ABC, incidiendo en separar este sentimiento de la ansiedad, muy habitual pero que tiene que ver con miedos a algo que no existe y que puede no puede pasar.
«Cada persona es un mundo y cada una tiene sus estrategias de afrontamiento y vivirá a nivel individual las pérdidas», remarca la psicóloga, que añade que «cuando la emergencia esté resuelta, si al cabo de unos meses todavía hay cierta sintomatología y afectación y esas reacciones de estrés no bajan y siguen generando mucho malestar, habrá que consultar a un especialista».

(Belén Díaz)
La importancia de la atención temprana
El miedo, la incertidumbre, la sensación de vulnerabilidad, las pérdidas sufridas o incluso el sentimiento de culpa pueden derivar en secuelas emocionales si no se interviene de forma precoz. Así lo destacaba recientemente la decana del Colegio Oficial de la Psicología en Madrid, Timanfaya Hernández, que era tajante con el hecho de que el estrés, ansiedad y angustia de los afectados por los incendios «no significa que vayan a desarrollar un trastorno psicológico como tal. Precisamente la intervención psicológica en estas situaciones de crisis y poder identificar de manera adecuada a las personas en estas fases tan vulnerables es absolutamente necesario y prioritario para evitar situaciones más complejas en un futuro», sentenciaba.
Álvarez se acuerda, además, de los medios de comunicación y su papel crucial para conseguir que no se extienda una angustia y se pueda llegar a afectar a la sociedad en general. «En los atentados de agosto de 2017 en Barcelona estuve en un dispositivo tratando a la población afectada y acabé trabajando con mucha gente que no había estado en La Rambla pero que debido a la exposición continua de imágenes e informaciones acabó desarrollando una cierta sintomatología de estrés agudo», rememora. Por todo ello, insta a evitar la sobreexposición informativa y a priorizar canales oficiales.
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