El disputado abrazo con el sindicalista Martín . El emblemático hotel Alfonso XIII se erigía en epicentro de la guerra política electoral, con una batalla soterrada, simbólica. El secretario general de UGT Andalucía ofrecía una conferencia organizada por Nueva Economía Fórum y el espacio, ese rectangular salón principal, se transformaba en un cuadrilátero de mesas, sillas, café, cruasanes y pastas que nadie se atrevía a tocar. Por educación, dicen.Se confrontaban los dos grandes púgiles de este combate por el voto del 17 de mayo: el presidente Juanma Moreno (PP) y la aspirante María Jesús Montero (PSOE). Ambos compartían mesa presidencial y se situaban a apenas dos sillas de distancia, con el consejero Antonio Sanz y el gerente de Asisa Sevilla, Gregorio Medina, a modo de muralla humana. En ese duelo de gestos, miradas, saludos, besos y sonrisas, Juanma (así le llamaban todos) juega en casa. Aunque la capital hispalense es territorio natal de Montero, el político popular posee esa aura que destila el poder mayúsculo en la comunidad, una imagen más convincente y menos deteriorada que la de su oponente (que sufre el desgaste del Gobierno de Sánchez) y hasta la complicidad de los protagonistas: Alejandro Rojas-Marcos, declarado abiertamente ‘juanmista’ y convencido de que «en el PSOE me quieren muy poco», y el propio Oskar Martín, con quien coincide en sus formas moderadas, tranquilas y sosegadas, y de tanto roce (negociaciones) se ha hecho el cariño.Moreno juega en casaLos dos candidatos coincidían a su llegada. Tarde pero sin abusar, sus diez minutitos de cortesía. Moreno enfilaba su camino hacia la recepción y se encontraba con la tradicional nube de periodistas, que esquivaba Montero en ese primer término retirándose hacia una zona ajardinada junto a su compañero Antonio Muñoz. El presidente respondía a las cuestiones sobre la encuesta del Centra y la exministra conminaba a los informadores a su convocatoria posterior. En el recinto esperaba la consejera de Economía y Hacienda, Carolina España , y se unía el mencionado Sanz como representantes del PP. El presidente de Diputación de Sevilla, Javier Fernández, acompañaba como escudero a su secretaria general.Esos primeros encuentros y abrazos reflejaban el confort de Moreno y la incomodidad de su rival, cuyo papel se ha degradado una enormidad tras su salida de la Moncloa. Ella no pierde la sonrisa ni las formas , aunque esta vez más contenidas de lo habitual. No ayudaba esa sintonía entre ‘Juanma’ y Martín, tampoco las primeras palabras de Rojas-Marcos que eran una oda al ‘manual de convivencia’. «Andalucía es un remanso de paz», en contraposición a la política nacional y la internacional, «y eso hay que agradecérselo al presidente y a María Jesús Montero». Se alegra de la postura de Sánchez en la guerra de Irán y «¡qué voy a decir del presidente Juanma!, que llega un accidente ferroviario y, en lugar de enfrentarse al Gobierno central, renuncia a eso. Hasta el ministro Puente le tuvo que aplaudir. Eso es política».El discurso moderado de Oskar Martín aceptaba el aplauso desde los dos flancos. UGT es la prolongación sindical del PSOE si bien su figura en Andalucía muestra una particular afinidad con el presidente, que ocupa un ponderado espacio centrista. Le agradecía el diálogo y la participación, la lealtad gubernamental y lo que calificó como concertación social. Martín reconocía los problemas en la sanidad, pero nunca asegurando que estaba peor que antes, y siempre con mano tendida para aprovechar el margen de mejora. Y no se posicionó a favor de ninguno de los dos partidos pese a su origen socialista. «Nuestro papel es el de seguir exigiendo independientemente del Gobierno».El golpe más duro que se podía llevar Montero es la interpelación directa a Juanma Moreno como máximo mandatario. Y lo hizo en dos ocasiones. Para trasladarle, «aprovechando que está aquí el señor presidente», que «Andalucía necesita seguir (continuar) apostando por el diálogo social y la participación institucional» y para que el modelo sanitario «lo podamos mejorar (con vistas al futuro) en términos de calidad asistencial, listas de espera y las condiciones de trabajo de los profesionales del sistema sanitario. Exigiendo, con responsabilidad, prudencia, pero firmes». No era el día del PSOE, ni el lugar ni el momento.Al culminar su disertación, Montero se abrazaba a Martín, que segundos después mantenía una breve conversación con Moreno . Quedaba el saludo, frío, distante, correcto y protocolario entre los dos púgiles, que se medían en un breve instante, antes de correr para dar el siguiente paso en su agenda. Los dos tenían su fotografía con el abrazo al sindicalista. Objetivo conseguido, ahora a por otro. Y en la sala sólo se quedaron los cruasanes. El disputado abrazo con el sindicalista Martín . El emblemático hotel Alfonso XIII se erigía en epicentro de la guerra política electoral, con una batalla soterrada, simbólica. El secretario general de UGT Andalucía ofrecía una conferencia organizada por Nueva Economía Fórum y el espacio, ese rectangular salón principal, se transformaba en un cuadrilátero de mesas, sillas, café, cruasanes y pastas que nadie se atrevía a tocar. Por educación, dicen.Se confrontaban los dos grandes púgiles de este combate por el voto del 17 de mayo: el presidente Juanma Moreno (PP) y la aspirante María Jesús Montero (PSOE). Ambos compartían mesa presidencial y se situaban a apenas dos sillas de distancia, con el consejero Antonio Sanz y el gerente de Asisa Sevilla, Gregorio Medina, a modo de muralla humana. En ese duelo de gestos, miradas, saludos, besos y sonrisas, Juanma (así le llamaban todos) juega en casa. Aunque la capital hispalense es territorio natal de Montero, el político popular posee esa aura que destila el poder mayúsculo en la comunidad, una imagen más convincente y menos deteriorada que la de su oponente (que sufre el desgaste del Gobierno de Sánchez) y hasta la complicidad de los protagonistas: Alejandro Rojas-Marcos, declarado abiertamente ‘juanmista’ y convencido de que «en el PSOE me quieren muy poco», y el propio Oskar Martín, con quien coincide en sus formas moderadas, tranquilas y sosegadas, y de tanto roce (negociaciones) se ha hecho el cariño.Moreno juega en casaLos dos candidatos coincidían a su llegada. Tarde pero sin abusar, sus diez minutitos de cortesía. Moreno enfilaba su camino hacia la recepción y se encontraba con la tradicional nube de periodistas, que esquivaba Montero en ese primer término retirándose hacia una zona ajardinada junto a su compañero Antonio Muñoz. El presidente respondía a las cuestiones sobre la encuesta del Centra y la exministra conminaba a los informadores a su convocatoria posterior. En el recinto esperaba la consejera de Economía y Hacienda, Carolina España , y se unía el mencionado Sanz como representantes del PP. El presidente de Diputación de Sevilla, Javier Fernández, acompañaba como escudero a su secretaria general.Esos primeros encuentros y abrazos reflejaban el confort de Moreno y la incomodidad de su rival, cuyo papel se ha degradado una enormidad tras su salida de la Moncloa. Ella no pierde la sonrisa ni las formas , aunque esta vez más contenidas de lo habitual. No ayudaba esa sintonía entre ‘Juanma’ y Martín, tampoco las primeras palabras de Rojas-Marcos que eran una oda al ‘manual de convivencia’. «Andalucía es un remanso de paz», en contraposición a la política nacional y la internacional, «y eso hay que agradecérselo al presidente y a María Jesús Montero». Se alegra de la postura de Sánchez en la guerra de Irán y «¡qué voy a decir del presidente Juanma!, que llega un accidente ferroviario y, en lugar de enfrentarse al Gobierno central, renuncia a eso. Hasta el ministro Puente le tuvo que aplaudir. Eso es política».El discurso moderado de Oskar Martín aceptaba el aplauso desde los dos flancos. UGT es la prolongación sindical del PSOE si bien su figura en Andalucía muestra una particular afinidad con el presidente, que ocupa un ponderado espacio centrista. Le agradecía el diálogo y la participación, la lealtad gubernamental y lo que calificó como concertación social. Martín reconocía los problemas en la sanidad, pero nunca asegurando que estaba peor que antes, y siempre con mano tendida para aprovechar el margen de mejora. Y no se posicionó a favor de ninguno de los dos partidos pese a su origen socialista. «Nuestro papel es el de seguir exigiendo independientemente del Gobierno».El golpe más duro que se podía llevar Montero es la interpelación directa a Juanma Moreno como máximo mandatario. Y lo hizo en dos ocasiones. Para trasladarle, «aprovechando que está aquí el señor presidente», que «Andalucía necesita seguir (continuar) apostando por el diálogo social y la participación institucional» y para que el modelo sanitario «lo podamos mejorar (con vistas al futuro) en términos de calidad asistencial, listas de espera y las condiciones de trabajo de los profesionales del sistema sanitario. Exigiendo, con responsabilidad, prudencia, pero firmes». No era el día del PSOE, ni el lugar ni el momento.Al culminar su disertación, Montero se abrazaba a Martín, que segundos después mantenía una breve conversación con Moreno . Quedaba el saludo, frío, distante, correcto y protocolario entre los dos púgiles, que se medían en un breve instante, antes de correr para dar el siguiente paso en su agenda. Los dos tenían su fotografía con el abrazo al sindicalista. Objetivo conseguido, ahora a por otro. Y en la sala sólo se quedaron los cruasanes.
El disputado abrazo con el sindicalista Martín. El emblemático hotel Alfonso XIII se erigía en epicentro de la guerra política electoral, con una batalla soterrada, simbólica. El secretario general de UGT Andalucía ofrecía una conferencia organizada por Nueva Economía Fórum y el espacio, ese … rectangular salón principal, se transformaba en un cuadrilátero de mesas, sillas, café, cruasanes y pastas que nadie se atrevía a tocar. Por educación, dicen.
Se confrontaban los dos grandes púgiles de este combate por el voto del 17 de mayo: el presidente Juanma Moreno (PP) y la aspirante María Jesús Montero (PSOE). Ambos compartían mesa presidencial y se situaban a apenas dos sillas de distancia, con el consejero Antonio Sanz y el gerente de Asisa Sevilla, Gregorio Medina, a modo de muralla humana.
En ese duelo de gestos, miradas, saludos, besos y sonrisas, Juanma (así le llamaban todos) juega en casa. Aunque la capital hispalense es territorio natal de Montero, el político popular posee esa aura que destila el poder mayúsculo en la comunidad, una imagen más convincente y menos deteriorada que la de su oponente (que sufre el desgaste del Gobierno de Sánchez) y hasta la complicidad de los protagonistas: Alejandro Rojas-Marcos, declarado abiertamente ‘juanmista’ y convencido de que «en el PSOE me quieren muy poco», y el propio Oskar Martín, con quien coincide en sus formas moderadas, tranquilas y sosegadas, y de tanto roce (negociaciones) se ha hecho el cariño.
Moreno juega en casa
Los dos candidatos coincidían a su llegada. Tarde pero sin abusar, sus diez minutitos de cortesía. Moreno enfilaba su camino hacia la recepción y se encontraba con la tradicional nube de periodistas, que esquivaba Montero en ese primer término retirándose hacia una zona ajardinada junto a su compañero Antonio Muñoz. El presidente respondía a las cuestiones sobre la encuesta del Centra y la exministra conminaba a los informadores a su convocatoria posterior. En el recinto esperaba la consejera de Economía y Hacienda, Carolina España, y se unía el mencionado Sanz como representantes del PP. El presidente de Diputación de Sevilla, Javier Fernández, acompañaba como escudero a su secretaria general.
Esos primeros encuentros y abrazos reflejaban el confort de Moreno y la incomodidad de su rival, cuyo papel se ha degradado una enormidad tras su salida de la Moncloa. Ella no pierde la sonrisa ni las formas, aunque esta vez más contenidas de lo habitual. No ayudaba esa sintonía entre ‘Juanma’ y Martín, tampoco las primeras palabras de Rojas-Marcos que eran una oda al ‘manual de convivencia’. «Andalucía es un remanso de paz», en contraposición a la política nacional y la internacional, «y eso hay que agradecérselo al presidente y a María Jesús Montero». Se alegra de la postura de Sánchez en la guerra de Irán y «¡qué voy a decir del presidente Juanma!, que llega un accidente ferroviario y, en lugar de enfrentarse al Gobierno central, renuncia a eso. Hasta el ministro Puente le tuvo que aplaudir. Eso es política».
El discurso moderado de Oskar Martín aceptaba el aplauso desde los dos flancos. UGT es la prolongación sindical del PSOE si bien su figura en Andalucía muestra una particular afinidad con el presidente, que ocupa un ponderado espacio centrista. Le agradecía el diálogo y la participación, la lealtad gubernamental y lo que calificó como concertación social. Martín reconocía los problemas en la sanidad, pero nunca asegurando que estaba peor que antes, y siempre con mano tendida para aprovechar el margen de mejora. Y no se posicionó a favor de ninguno de los dos partidos pese a su origen socialista. «Nuestro papel es el de seguir exigiendo independientemente del Gobierno».
El golpe más duro que se podía llevar Montero es la interpelación directa a Juanma Moreno como máximo mandatario. Y lo hizo en dos ocasiones. Para trasladarle, «aprovechando que está aquí el señor presidente», que «Andalucía necesita seguir (continuar) apostando por el diálogo social y la participación institucional» y para que el modelo sanitario «lo podamos mejorar (con vistas al futuro) en términos de calidad asistencial, listas de espera y las condiciones de trabajo de los profesionales del sistema sanitario. Exigiendo, con responsabilidad, prudencia, pero firmes». No era el día del PSOE, ni el lugar ni el momento.
Al culminar su disertación, Montero se abrazaba a Martín, que segundos después mantenía una breve conversación con Moreno. Quedaba el saludo, frío, distante, correcto y protocolario entre los dos púgiles, que se medían en un breve instante, antes de correr para dar el siguiente paso en su agenda. Los dos tenían su fotografía con el abrazo al sindicalista. Objetivo conseguido, ahora a por otro. Y en la sala sólo se quedaron los cruasanes.
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