El presidente de Israel, Isaac Herzog, encargó el sábado a Gadi Eisenkot la formación de un nuevo gobierno, tras unas elecciones que han dejado el país en un bloqueo político sin una salida clara para ninguno de los dos aspirantes. El exjefe del Estado Mayor y líder de Yashar dispone de 28 días, prorrogables otros catorce, para presentar una coalición ante la knéset.
Los líderes de los partidos árabes, indignados por las políticas de Netanyahu y sus aliados de extrema derecha, propusieron a Eisenkot pese a haberse negado este a unir fuerzas con ellos
El presidente de Israel, Isaac Herzog, encargó el sábado a Gadi Eisenkot la formación de un nuevo gobierno, tras unas elecciones que han dejado el país en un bloqueo político sin una salida clara para ninguno de los dos aspirantes. El exjefe del Estado Mayor y líder de Yashar dispone de 28 días, prorrogables otros catorce, para presentar una coalición ante la knéset.
La decisión llega después de una maratoniana ronda de consultas en la que 67 diputados recomendaron a Eisenkot, frente a los 46 que respaldaron a Beniamin Netanyahu. El primer ministro que más tiempo ha gobernado en la historia de Israel lucha por conservar el poder después de que su coalición nacionalista y religiosa perdiera la mayoría en los comicios del 27 de octubre, aunque el Likud se mantiene como la primera fuerza del Parlamento.
Entre los apoyos de Eisenkot figuran los partidos árabes, indignados por las políticas de Netanyahu y de sus aliados de extrema derecha. Sin embargo, el bloque opositor se ha negado a sumarlos a una alianza formal, aunque sus escaños podrían haberle dado la mayoría.
La alternativa que Eisenkot defiende desde la campaña es un gobierno en minoría formado por las cuatro fuerzas judías de la oposición, Yashar, Beyajad, los Demócratas e Yisrael Beitenu, que suman 48 escaños. Para superar la votación de confianza le bastaría con obtener más votos a favor que en contra, lo que le obliga a contar con apoyos externos.
Pero sus socios no se ponen de acuerdo sobre de dónde deben llegar. Avigdor Lieberman, líder de Yisrael Beitenu, descarta un gobierno que dependa de los partidos árabes y se ha mostrado dispuesto a ceder en el servicio militar de los ultraortodoxos para atraer a los partidos haredíes.
Netanyahu, mientras tanto, ha cambiado de discurso. En un mensaje en vídeo, advirtió que un gobierno de Eisenkot apoyado por los partidos árabes “destruiría Israel desde dentro” y no combatiría a Hamas, y reclamó un gobierno de unidad nacional con sus socios ultranacionalistas y ultraortodoxos.
“El hombre que dividió, desgarró y sembró la discordia en la sociedad israelí sólo habla de unidad ahora que se da cuenta de que tiene los días contados”, replicó Yashar, que acusó a Netanyahu de hipocresía e invitó al Likud y “sus amigos” a unirse a un gobierno presidido por Eisenkot si rompen su alianza con “los extremistas”. La invitación, sin embargo, no menciona a Netanyahu, al que Eisenkot ha exigido en repetidas ocasiones que abandone la vida pública junto a todos los que ocupaban cargos de responsabilidad el 7 de octubre del 2023.
Quien quiera entrar en su gobierno de emergencia nacional deberá aceptar cuatro principios. Son el reconocimiento de Hamas como organización terrorista y el compromiso de destruir su poder militar y de gobierno, la definición de Israel como Estado judío y democrático, los valores de la Declaración de Independencia y el servicio obligatorio para todos.
Si Eisenkot fracasa, Herzog podrá encargar el mandato a un segundo candidato tras una nueva ronda de consultas. Y si tampoco este lo logra, cualquier diputado con el respaldo de 61 parlamentarios podrá intentarlo. De lo contrario, Israel volverá a las urnas.
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