En Mesa Lobo, en el número 65 de la calle Aribau, la cocina y la elaboración de los platos forma parte de la sala . Una barra abierta permite seguir la preparación de ostras, ceviches y otros platos fríos sin que los comensales se pierdan detalle gracias a un espejo inclinado que proyecta sobre ellos el trabajo de los cocineros. El espacio, de aire cercano y mesas dispuestas muy juntas, evoca el bistró francés en el que se inspiran sus promotores. Durante las cenas, el ambiente se antoja más íntimo y cercano gracias también a la luz de las velas y la música que acompaña sin molestar.Abierto en enero de 2025, el restaurante propone una cocina de autor singular que cruza técnicas y tradiciones sin adscribirse a una sola escuela . Alexandre Braz, chef con experiencia en restaurantes con estrella Michelin, lidera una propuesta que combina referencias francesas, catalanas y de otras cocinas. Destacan elaboraciones como el ceviche de vieira, la gamba azul con aguachile y aguacate, la berenjena a la brasa con salsa thai y yogur, o la corvina a la brasa.En la visita del cronista, el ágape comenzó con el servicio de pan del horno barcelonés Origo y mantequilla de hongo shiitake. Después llegaron las gambas azules crudas con aguachile y aguacate, que se comen con cuchara; una rillette de pato sobre tostada de masa madre y un cremoso de anacardos con vegetales en distintas texturas, entre ellos verduras a la brasa y encurtidas . Este último plato, que el restaurante mantiene en la carta desde hace tiempo y que suele mostrar en las colaboraciones que sus promotores realizan en sus recorridos por otros establecimientos de Europa, supone una opción para comensales vegetarianos y veganos. La degustación se completó con robellones, huevo frito de Calaf y nyàmera.La carta combina platos fríos, templados y calientes, y recurre a encurtidos, curados, ahumados, salsas y brasa . Algunas elaboraciones se sustituyen aproximadamente cada quince días, lo que es una seña de la identidad del restaurante. También presta atención a los vinos naturales, ecológicos y de baja intervención, con referencias de pequeñas bodegas.La sala refleja esa voluntad de acercar al cliente al trabajo del equipo. En uno de sus extremos, la barra de platos fríos convive con la exposición de las botellas de la bodega ; frente a la cocina hay una mesa del chef para quienes buscan una experiencia más próxima e interactiva. El interiorismo, desarrollado principalmente por el arquitecto barcelonés Oriol Gallart, se completa con pocas piezas decorativas, entre ellas un gran cuadro de un artista local y un busto integrado en la pared.El nombre también alude a un código de hostelería, ya que «Mesa Lobo» suele identificar las mesas que requieren una atención especial. En este restaurante, aseguran sus responsables, todas reciben ese trato. Pablo Arnal, encargado de la sala y con más de once años de experiencia en Londres y Barcelona, comparte el proyecto con Braz y Bruno Cosano. El precio medio por comensal oscila entre los 50 y los 60 euros , y la propuesta invita a compartir platos para probar más de una elaboración. En Mesa Lobo, en el número 65 de la calle Aribau, la cocina y la elaboración de los platos forma parte de la sala . Una barra abierta permite seguir la preparación de ostras, ceviches y otros platos fríos sin que los comensales se pierdan detalle gracias a un espejo inclinado que proyecta sobre ellos el trabajo de los cocineros. El espacio, de aire cercano y mesas dispuestas muy juntas, evoca el bistró francés en el que se inspiran sus promotores. Durante las cenas, el ambiente se antoja más íntimo y cercano gracias también a la luz de las velas y la música que acompaña sin molestar.Abierto en enero de 2025, el restaurante propone una cocina de autor singular que cruza técnicas y tradiciones sin adscribirse a una sola escuela . Alexandre Braz, chef con experiencia en restaurantes con estrella Michelin, lidera una propuesta que combina referencias francesas, catalanas y de otras cocinas. Destacan elaboraciones como el ceviche de vieira, la gamba azul con aguachile y aguacate, la berenjena a la brasa con salsa thai y yogur, o la corvina a la brasa.En la visita del cronista, el ágape comenzó con el servicio de pan del horno barcelonés Origo y mantequilla de hongo shiitake. Después llegaron las gambas azules crudas con aguachile y aguacate, que se comen con cuchara; una rillette de pato sobre tostada de masa madre y un cremoso de anacardos con vegetales en distintas texturas, entre ellos verduras a la brasa y encurtidas . Este último plato, que el restaurante mantiene en la carta desde hace tiempo y que suele mostrar en las colaboraciones que sus promotores realizan en sus recorridos por otros establecimientos de Europa, supone una opción para comensales vegetarianos y veganos. La degustación se completó con robellones, huevo frito de Calaf y nyàmera.La carta combina platos fríos, templados y calientes, y recurre a encurtidos, curados, ahumados, salsas y brasa . Algunas elaboraciones se sustituyen aproximadamente cada quince días, lo que es una seña de la identidad del restaurante. También presta atención a los vinos naturales, ecológicos y de baja intervención, con referencias de pequeñas bodegas.La sala refleja esa voluntad de acercar al cliente al trabajo del equipo. En uno de sus extremos, la barra de platos fríos convive con la exposición de las botellas de la bodega ; frente a la cocina hay una mesa del chef para quienes buscan una experiencia más próxima e interactiva. El interiorismo, desarrollado principalmente por el arquitecto barcelonés Oriol Gallart, se completa con pocas piezas decorativas, entre ellas un gran cuadro de un artista local y un busto integrado en la pared.El nombre también alude a un código de hostelería, ya que «Mesa Lobo» suele identificar las mesas que requieren una atención especial. En este restaurante, aseguran sus responsables, todas reciben ese trato. Pablo Arnal, encargado de la sala y con más de once años de experiencia en Londres y Barcelona, comparte el proyecto con Braz y Bruno Cosano. El precio medio por comensal oscila entre los 50 y los 60 euros , y la propuesta invita a compartir platos para probar más de una elaboración.
En Mesa Lobo, en el número 65 de la calle Aribau, la cocina y la elaboración de los platos forma parte de la sala. Una barra abierta permite seguir la preparación de ostras, ceviches y otros platos fríos sin que los comensales se pierdan … detalle gracias a un espejo inclinado que proyecta sobre ellos el trabajo de los cocineros. El espacio, de aire cercano y mesas dispuestas muy juntas, evoca el bistró francés en el que se inspiran sus promotores. Durante las cenas, el ambiente se antoja más íntimo y cercano gracias también a la luz de las velas y la música que acompaña sin molestar.
Abierto en enero de 2025, el restaurante propone una cocina de autor singular que cruza técnicas y tradiciones sin adscribirse a una sola escuela. Alexandre Braz, chef con experiencia en restaurantes con estrella Michelin, lidera una propuesta que combina referencias francesas, catalanas y de otras cocinas. Destacan elaboraciones como el ceviche de vieira, la gamba azul con aguachile y aguacate, la berenjena a la brasa con salsa thai y yogur, o la corvina a la brasa.
En la visita del cronista, el ágape comenzó con el servicio de pan del horno barcelonés Origo y mantequilla de hongo shiitake. Después llegaron las gambas azules crudas con aguachile y aguacate, que se comen con cuchara; una rillette de pato sobre tostada de masa madre y un cremoso de anacardos con vegetales en distintas texturas, entre ellos verduras a la brasa y encurtidas. Este último plato, que el restaurante mantiene en la carta desde hace tiempo y que suele mostrar en las colaboraciones que sus promotores realizan en sus recorridos por otros establecimientos de Europa, supone una opción para comensales vegetarianos y veganos. La degustación se completó con robellones, huevo frito de Calaf y nyàmera.
La carta combina platos fríos, templados y calientes, y recurre a encurtidos, curados, ahumados, salsas y brasa. Algunas elaboraciones se sustituyen aproximadamente cada quince días, lo que es una seña de la identidad del restaurante. También presta atención a los vinos naturales, ecológicos y de baja intervención, con referencias de pequeñas bodegas.
La sala refleja esa voluntad de acercar al cliente al trabajo del equipo. En uno de sus extremos, la barra de platos fríos convive con la exposición de las botellas de la bodega; frente a la cocina hay una mesa del chef para quienes buscan una experiencia más próxima e interactiva. El interiorismo, desarrollado principalmente por el arquitecto barcelonés Oriol Gallart, se completa con pocas piezas decorativas, entre ellas un gran cuadro de un artista local y un busto integrado en la pared.
El nombre también alude a un código de hostelería, ya que «Mesa Lobo» suele identificar las mesas que requieren una atención especial. En este restaurante, aseguran sus responsables, todas reciben ese trato. Pablo Arnal, encargado de la sala y con más de once años de experiencia en Londres y Barcelona, comparte el proyecto con Braz y Bruno Cosano. El precio medio por comensal oscila entre los 50 y los 60 euros, y la propuesta invita a compartir platos para probar más de una elaboración.
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