Cuatro chefs diminutos, cuatro países y un solo gorro dorado como trofeo. España, Italia, Francia y Japón se enfrentan cada noche en una desenfadada competición culinaria dentro de Le Petit Chef & Friends, la experiencia gastronómica inmersiva instalada en la tercera planta del Hyatt Regency Barcelona Tower , el hotel de cinco estrellas gran lujo que ocupa el emblemático edificio diseñado por Richard Rogers en la Gran Via de L’Hospitalet, junto al hospital de Bellvitge.La propuesta c ombina un menú degustación con animaciones tridimensionales proyectadas directamente sobre la mesa . Antes de que llegue cada elaboración, los comensales contemplan cómo un cocinero de apenas unos centímetros de altura prepara virtualmente el plato, se enfrenta a distintos contratiempos y rivaliza con sus compañeros por conquistar el aplauso en el concurso final por el gorro de chef dorado.La competición comienza con el plato de España, continúa en Italia y Francia y concluye con el postre japonés. Al finalizar, el público vota por su representante favorito y descubre al vencedor de una aventura que dura aproximadamente dos horas y está concebida tanto para adultos como para familias con niños.Mayor identidad españolaLa novedad llegará en otoño. Según fuentes del Hyatt Regency Barcelona Tower, el hotel trabaja en la sustitución de la elaboración que actualmente representa a España por un plato más reconocible y característico de la gastronomía nacional. El objetivo es reforzar la identidad española en una competición en la que Italia comparece con la pasta, Francia despliega toda la contundencia de su cocina clásica y Japón se reserva un final de repostería de inspiración asiática.Hasta ahora, la etapa española se concreta en una variante de ensalada dispuesta en una teja de patata con rúcula, crema de queso manchego, jamón ibérico y aceitunas rellenas de vermut, aderezado por un singular tubo que se asemeja al de pintura al óleo, pero con salsa de vinagreta de frutos rojos en su interior, todo ello acompañado de un frasco en forma de bola con gazpacho rojo. Es una suma de ingredientes inequívocamente locales, pero con una presentación más conceptual que popular de la gastronomía patria. La futura receta buscará expresar con mayor claridad y fuerza el recetario español ante unos rivales cuyas propuestas resultan inmediatamente identificables.Una mesa convertida en pantallaLa experiencia comienza antes de que aparezca la comida con un cóctel de zanahoria con o sin alcohol acompañado de humus. Una vez los comensales se aposentan en la sala del restaurante, a media luz, encima de cada mesa, en el techo, la estructura técnica individual proyecta el espectáculo respetando con precisión el espacio reservado para el plato, los cubiertos y las manos del comensal.El sistema de videomapping transforma el mantel en una pantalla animada . Los diminutos cocineros corren, cocinan, improvisan, discuten y se esfuerzan por presentar sus creaciones. Cada episodio funciona como introducción al plato real que los camareros sirven inmediatamente después. La sincronización es esencial. Cuando termina la escena, la animación pasa a un segundo plano y la gastronomía toma el relevo. No se trata simplemente de comer frente a una pantalla, sino de construir una narración inmersiva en la que la imagen anticipa los ingredientes, el origen y el carácter de cada elaboración.El concepto fue creado por Skullmapping , el estudio belga fundado por Filip Sterckx y Antoon Verbeeck, y se ha extendido a ciudades como Londres, Bruselas, Dubái y Singapur. En Barcelona se desarrolla mediante la colaboración entre Hyatt Regency Barcelona Tower y la compañía 2Spicy Entertainment.España abre la competiciónEl recorrido comienza con la cocinera española, encargada de ejercer como anfitriona. En el menú Gran Festín del Chef, el plato español reúne los ingredientes anteriormente descritos. La combinación concentra productos reconocibles, pero la dirección gastronómica considera que España puede competir en otoño con una receta aún más representativa . El cambio no afectará solamente al plato: la elaboración deberá encajar en la historia proyectada y adaptarse a los tiempos, movimientos y efectos visuales del pequeño chef.Ese condicionante convierte cualquier modificación en un proceso más complejo que el de renovar una carta convencional. Cocina y animación deben avanzar al mismo ritmo para que el plato visto sobre la mesa coincida con el que después recibe el comensal. La decisión supone también una oportunidad para reivindicar la amplitud de la cocina española . Frente a la identificación inmediata de Italia con la pasta, Francia con las salsas y un filete de Wagyu y Japón con el matcha o el yuzu, España reúne tradiciones muy diversas y difíciles de condensar en una sola elaboración.Italia se encomienda a la pastaTras el capítulo español llega el chef italiano, que apuesta por unos ravioli de setas y queso fresco. La pasta se acompaña con consomé de boletus, una bechamel ligera de trufa, yema de huevo curada, jamón crujiente, parmesano rallado y trufa en la versión más completa. Es probablemente la propuesta que mejor juega con una imagen universal de su país . La pasta fresca, el queso y la trufa conforman una combinación inmediatamente asociada a Italia, ejecutada desde los códigos de la alta cocina.En el espectáculo, el cocinero italiano exhibe el temperamento y la gestualidad que suelen acompañar a la caricatura amable de su gastronomía, mientras la representación española, encarnada por la única mujer del concurso, utiliza el marco de un coso taurino, con morlaco incluido. La rivalidad nunca abandona el tono humorístico : los cuatro personajes compiten, pero también colaboran y convierten los pequeños accidentes de cocina en parte de la diversión.La contundencia de FranciaFrancia se reserva el plato principal y comparece con un solomillo de ternera Wagyu acompañado por salsa Café de París, patatas Pont-Neuf y bearnesa. Es una elaboración clásica, contundente y técnicamente reconocible que concede al representante francés una posición privilegiada dentro del menú. Le Petit Chef, el protagonista original de la experiencia, ejerce precisamente como representante de Francia. Su condición de anfitrión internacional y la tradición gastronómica francesa le convierten en uno de los rivales a batir.La carne, las patatas cortadas en gruesos bastones y varias cocciones, y las dos salsas construyen un plato de apariencia deliberadamente clásica . Frente al componente vegetal y fresco del inicio español o la delicadeza de los ravioli italianos, Francia busca imponerse mediante la intensidad y el peso del plato principal.Japón se guarda el efecto finalEl chef japonés cierra el viaje con una cúpula de chocolate blanco y té matcha, rellena de yuzu y acompañada por perlas de wasabi. En el menú superior se añade polvo de oro de 24 quilates. El postre juega con los contrastes del dulzor, acidez cítrica, notas vegetales del té y un picante contenido que resulta muy agradable, además de presentarse con una espectacular niebla creada con hielo seco bajo el recipiente del plat o. También ofrece uno de los momentos visuales más llamativos, porque la forma de la cúpula y su ruptura permiten prolongar el juego entre la animación y el plato servido.Japón se aleja así de los tópicos del sushi y presenta una elaboración contemporánea construida alrededor de ingredientes que ya forman parte del vocabulario internacional de la pastelería.Cuatro menús y una misma películaLe Petit Chef ofrece cuatro alternativas. El Gran Festín del Chef cuesta actualmente 149 euros por persona ; Pequeño Chef, Grandes Sabores, 119 euros; la opción vegetariana Verde y Gourmet, 99 euros, y el menú infantil, dirigido a niños de entre seis y doce años, 59 euros. El menú se puede maridar con dos vinos de Raimat Vol d’Anima, blanco y tinto, o cualquier refresco o cerveza, mientras el café o infusiones se pueden degustar en el bar del hall del hotel, frente a la imponente y gigantesca pantalla de led que preside un impresionante espacio de tres pisos de altura y cúpula acristalada.Las animaciones son las mismas para todos los comensales, con una voz en off en español con acento afrancesado, y toman como referencia el menú más completo, aunque las elaboraciones reales se adaptan a cada modalidad. La experiencia requiere llegar aproximadamente media hora antes del inicio para organizar la distribución de los asistentes y explicar el funcionamiento del espectáculo.La propuesta se desarrolla en el entorno gastronómico del restaurante Terrum, bajo la supervisión culinaria del hotel. Su principal mérito consiste en que la tecnología no sustituye a la cocina, sino que genera expectación antes de cada servicio. El espectáculo funciona especialmente bien entre los niños , fascinados por los personajes que aparecen sobre la mesa, pero también entre adultos que aceptan participar en el desenfadado y delicioso juego. El tono evita solemnidades y convierte la alta cocina en una competición alegre, accesible y fotografiable.Gastronomía en un icono de L’HospitaletLa ubicación aporta una dimensión adicional. El Hyatt Regency Barcelona Tower ocupa uno de los edificios más reconocibles de L’Hospitalet, proyectado por Richard Rogers y visible desde buena parte de la entrada sur de Barcelona. Su silueta acristalada y la cúpula situada en la parte superior que se antoja un ovni, se han convertido en un símbolo del crecimiento hotelero y congresual asociado a la Gran Via y a Fira Barcelona .Le Petit Chef se instala en la tercera planta, con vistas abalconadas al espectacular hall de un hotel concebido como una pequeña ciudad vertical. La experiencia refuerza la voluntad del establecimiento de atraer no solo a huéspedes y visitantes profesionales, sino también a familias y residentes del entorno metropolitano .Su continuidad y la renovación prevista para otoño confirman que el formato ha encontrado público. Ahora queda por conocer con qué plato competirá la diminuta cocinera española. La misión no es menor: representar toda una gastronomía frente a la pasta italiana, la tradición francesa y la sofisticación japonesa, sin perder el humor ni la magia de una cena en la que los chefs del tamaño de pulgares caben, literalmente, dentro del plato. Cuatro chefs diminutos, cuatro países y un solo gorro dorado como trofeo. España, Italia, Francia y Japón se enfrentan cada noche en una desenfadada competición culinaria dentro de Le Petit Chef & Friends, la experiencia gastronómica inmersiva instalada en la tercera planta del Hyatt Regency Barcelona Tower , el hotel de cinco estrellas gran lujo que ocupa el emblemático edificio diseñado por Richard Rogers en la Gran Via de L’Hospitalet, junto al hospital de Bellvitge.La propuesta c ombina un menú degustación con animaciones tridimensionales proyectadas directamente sobre la mesa . Antes de que llegue cada elaboración, los comensales contemplan cómo un cocinero de apenas unos centímetros de altura prepara virtualmente el plato, se enfrenta a distintos contratiempos y rivaliza con sus compañeros por conquistar el aplauso en el concurso final por el gorro de chef dorado.La competición comienza con el plato de España, continúa en Italia y Francia y concluye con el postre japonés. Al finalizar, el público vota por su representante favorito y descubre al vencedor de una aventura que dura aproximadamente dos horas y está concebida tanto para adultos como para familias con niños.Mayor identidad españolaLa novedad llegará en otoño. Según fuentes del Hyatt Regency Barcelona Tower, el hotel trabaja en la sustitución de la elaboración que actualmente representa a España por un plato más reconocible y característico de la gastronomía nacional. El objetivo es reforzar la identidad española en una competición en la que Italia comparece con la pasta, Francia despliega toda la contundencia de su cocina clásica y Japón se reserva un final de repostería de inspiración asiática.Hasta ahora, la etapa española se concreta en una variante de ensalada dispuesta en una teja de patata con rúcula, crema de queso manchego, jamón ibérico y aceitunas rellenas de vermut, aderezado por un singular tubo que se asemeja al de pintura al óleo, pero con salsa de vinagreta de frutos rojos en su interior, todo ello acompañado de un frasco en forma de bola con gazpacho rojo. Es una suma de ingredientes inequívocamente locales, pero con una presentación más conceptual que popular de la gastronomía patria. La futura receta buscará expresar con mayor claridad y fuerza el recetario español ante unos rivales cuyas propuestas resultan inmediatamente identificables.Una mesa convertida en pantallaLa experiencia comienza antes de que aparezca la comida con un cóctel de zanahoria con o sin alcohol acompañado de humus. Una vez los comensales se aposentan en la sala del restaurante, a media luz, encima de cada mesa, en el techo, la estructura técnica individual proyecta el espectáculo respetando con precisión el espacio reservado para el plato, los cubiertos y las manos del comensal.El sistema de videomapping transforma el mantel en una pantalla animada . Los diminutos cocineros corren, cocinan, improvisan, discuten y se esfuerzan por presentar sus creaciones. Cada episodio funciona como introducción al plato real que los camareros sirven inmediatamente después. La sincronización es esencial. Cuando termina la escena, la animación pasa a un segundo plano y la gastronomía toma el relevo. No se trata simplemente de comer frente a una pantalla, sino de construir una narración inmersiva en la que la imagen anticipa los ingredientes, el origen y el carácter de cada elaboración.El concepto fue creado por Skullmapping , el estudio belga fundado por Filip Sterckx y Antoon Verbeeck, y se ha extendido a ciudades como Londres, Bruselas, Dubái y Singapur. En Barcelona se desarrolla mediante la colaboración entre Hyatt Regency Barcelona Tower y la compañía 2Spicy Entertainment.España abre la competiciónEl recorrido comienza con la cocinera española, encargada de ejercer como anfitriona. En el menú Gran Festín del Chef, el plato español reúne los ingredientes anteriormente descritos. La combinación concentra productos reconocibles, pero la dirección gastronómica considera que España puede competir en otoño con una receta aún más representativa . El cambio no afectará solamente al plato: la elaboración deberá encajar en la historia proyectada y adaptarse a los tiempos, movimientos y efectos visuales del pequeño chef.Ese condicionante convierte cualquier modificación en un proceso más complejo que el de renovar una carta convencional. Cocina y animación deben avanzar al mismo ritmo para que el plato visto sobre la mesa coincida con el que después recibe el comensal. La decisión supone también una oportunidad para reivindicar la amplitud de la cocina española . Frente a la identificación inmediata de Italia con la pasta, Francia con las salsas y un filete de Wagyu y Japón con el matcha o el yuzu, España reúne tradiciones muy diversas y difíciles de condensar en una sola elaboración.Italia se encomienda a la pastaTras el capítulo español llega el chef italiano, que apuesta por unos ravioli de setas y queso fresco. La pasta se acompaña con consomé de boletus, una bechamel ligera de trufa, yema de huevo curada, jamón crujiente, parmesano rallado y trufa en la versión más completa. Es probablemente la propuesta que mejor juega con una imagen universal de su país . La pasta fresca, el queso y la trufa conforman una combinación inmediatamente asociada a Italia, ejecutada desde los códigos de la alta cocina.En el espectáculo, el cocinero italiano exhibe el temperamento y la gestualidad que suelen acompañar a la caricatura amable de su gastronomía, mientras la representación española, encarnada por la única mujer del concurso, utiliza el marco de un coso taurino, con morlaco incluido. La rivalidad nunca abandona el tono humorístico : los cuatro personajes compiten, pero también colaboran y convierten los pequeños accidentes de cocina en parte de la diversión.La contundencia de FranciaFrancia se reserva el plato principal y comparece con un solomillo de ternera Wagyu acompañado por salsa Café de París, patatas Pont-Neuf y bearnesa. Es una elaboración clásica, contundente y técnicamente reconocible que concede al representante francés una posición privilegiada dentro del menú. Le Petit Chef, el protagonista original de la experiencia, ejerce precisamente como representante de Francia. Su condición de anfitrión internacional y la tradición gastronómica francesa le convierten en uno de los rivales a batir.La carne, las patatas cortadas en gruesos bastones y varias cocciones, y las dos salsas construyen un plato de apariencia deliberadamente clásica . Frente al componente vegetal y fresco del inicio español o la delicadeza de los ravioli italianos, Francia busca imponerse mediante la intensidad y el peso del plato principal.Japón se guarda el efecto finalEl chef japonés cierra el viaje con una cúpula de chocolate blanco y té matcha, rellena de yuzu y acompañada por perlas de wasabi. En el menú superior se añade polvo de oro de 24 quilates. El postre juega con los contrastes del dulzor, acidez cítrica, notas vegetales del té y un picante contenido que resulta muy agradable, además de presentarse con una espectacular niebla creada con hielo seco bajo el recipiente del plat o. También ofrece uno de los momentos visuales más llamativos, porque la forma de la cúpula y su ruptura permiten prolongar el juego entre la animación y el plato servido.Japón se aleja así de los tópicos del sushi y presenta una elaboración contemporánea construida alrededor de ingredientes que ya forman parte del vocabulario internacional de la pastelería.Cuatro menús y una misma películaLe Petit Chef ofrece cuatro alternativas. El Gran Festín del Chef cuesta actualmente 149 euros por persona ; Pequeño Chef, Grandes Sabores, 119 euros; la opción vegetariana Verde y Gourmet, 99 euros, y el menú infantil, dirigido a niños de entre seis y doce años, 59 euros. El menú se puede maridar con dos vinos de Raimat Vol d’Anima, blanco y tinto, o cualquier refresco o cerveza, mientras el café o infusiones se pueden degustar en el bar del hall del hotel, frente a la imponente y gigantesca pantalla de led que preside un impresionante espacio de tres pisos de altura y cúpula acristalada.Las animaciones son las mismas para todos los comensales, con una voz en off en español con acento afrancesado, y toman como referencia el menú más completo, aunque las elaboraciones reales se adaptan a cada modalidad. La experiencia requiere llegar aproximadamente media hora antes del inicio para organizar la distribución de los asistentes y explicar el funcionamiento del espectáculo.La propuesta se desarrolla en el entorno gastronómico del restaurante Terrum, bajo la supervisión culinaria del hotel. Su principal mérito consiste en que la tecnología no sustituye a la cocina, sino que genera expectación antes de cada servicio. El espectáculo funciona especialmente bien entre los niños , fascinados por los personajes que aparecen sobre la mesa, pero también entre adultos que aceptan participar en el desenfadado y delicioso juego. El tono evita solemnidades y convierte la alta cocina en una competición alegre, accesible y fotografiable.Gastronomía en un icono de L’HospitaletLa ubicación aporta una dimensión adicional. El Hyatt Regency Barcelona Tower ocupa uno de los edificios más reconocibles de L’Hospitalet, proyectado por Richard Rogers y visible desde buena parte de la entrada sur de Barcelona. Su silueta acristalada y la cúpula situada en la parte superior que se antoja un ovni, se han convertido en un símbolo del crecimiento hotelero y congresual asociado a la Gran Via y a Fira Barcelona .Le Petit Chef se instala en la tercera planta, con vistas abalconadas al espectacular hall de un hotel concebido como una pequeña ciudad vertical. La experiencia refuerza la voluntad del establecimiento de atraer no solo a huéspedes y visitantes profesionales, sino también a familias y residentes del entorno metropolitano .Su continuidad y la renovación prevista para otoño confirman que el formato ha encontrado público. Ahora queda por conocer con qué plato competirá la diminuta cocinera española. La misión no es menor: representar toda una gastronomía frente a la pasta italiana, la tradición francesa y la sofisticación japonesa, sin perder el humor ni la magia de una cena en la que los chefs del tamaño de pulgares caben, literalmente, dentro del plato.
Cuatro chefs diminutos, cuatro países y un solo gorro dorado como trofeo. España, Italia, Francia y Japón se enfrentan cada noche en una desenfadada competición culinaria dentro de Le Petit Chef & Friends, la experiencia gastronómica inmersiva instalada en la tercera planta del Hyatt Regency Barcelona … Tower, el hotel de cinco estrellas gran lujo que ocupa el emblemático edificio diseñado por Richard Rogers en la Gran Via de L’Hospitalet, junto al hospital de Bellvitge.
La propuesta combina un menú degustación con animaciones tridimensionales proyectadas directamente sobre la mesa. Antes de que llegue cada elaboración, los comensales contemplan cómo un cocinero de apenas unos centímetros de altura prepara virtualmente el plato, se enfrenta a distintos contratiempos y rivaliza con sus compañeros por conquistar el aplauso en el concurso final por el gorro de chef dorado.
La competición comienza con el plato de España, continúa en Italia y Francia y concluye con el postre japonés. Al finalizar, el público vota por su representante favorito y descubre al vencedor de una aventura que dura aproximadamente dos horas y está concebida tanto para adultos como para familias con niños.
Mayor identidad española
La novedad llegará en otoño. Según fuentes del Hyatt Regency Barcelona Tower, el hotel trabaja en la sustitución de la elaboración que actualmente representa a España por un plato más reconocible y característico de la gastronomía nacional. El objetivo es reforzar la identidad española en una competición en la que Italia comparece con la pasta, Francia despliega toda la contundencia de su cocina clásica y Japón se reserva un final de repostería de inspiración asiática.
Hasta ahora, la etapa española se concreta en una variante de ensalada dispuesta en una teja de patata con rúcula, crema de queso manchego, jamón ibérico y aceitunas rellenas de vermut, aderezado por un singular tubo que se asemeja al de pintura al óleo, pero con salsa de vinagreta de frutos rojos en su interior, todo ello acompañado de un frasco en forma de bola con gazpacho rojo. Es una suma de ingredientes inequívocamente locales, pero con una presentación más conceptual que popular de la gastronomía patria. La futura receta buscará expresar con mayor claridad y fuerza el recetario español ante unos rivales cuyas propuestas resultan inmediatamente identificables.
Una mesa convertida en pantalla
La experiencia comienza antes de que aparezca la comida con un cóctel de zanahoria con o sin alcohol acompañado de humus. Una vez los comensales se aposentan en la sala del restaurante, a media luz, encima de cada mesa, en el techo, la estructura técnica individual proyecta el espectáculo respetando con precisión el espacio reservado para el plato, los cubiertos y las manos del comensal.
El sistema de videomapping transforma el mantel en una pantalla animada. Los diminutos cocineros corren, cocinan, improvisan, discuten y se esfuerzan por presentar sus creaciones. Cada episodio funciona como introducción al plato real que los camareros sirven inmediatamente después. La sincronización es esencial. Cuando termina la escena, la animación pasa a un segundo plano y la gastronomía toma el relevo. No se trata simplemente de comer frente a una pantalla, sino de construir una narración inmersiva en la que la imagen anticipa los ingredientes, el origen y el carácter de cada elaboración.
El concepto fue creado por Skullmapping, el estudio belga fundado por Filip Sterckx y Antoon Verbeeck, y se ha extendido a ciudades como Londres, Bruselas, Dubái y Singapur. En Barcelona se desarrolla mediante la colaboración entre Hyatt Regency Barcelona Tower y la compañía 2Spicy Entertainment.
España abre la competición
El recorrido comienza con la cocinera española, encargada de ejercer como anfitriona. En el menú Gran Festín del Chef, el plato español reúne los ingredientes anteriormente descritos. La combinación concentra productos reconocibles, pero la dirección gastronómica considera que España puede competir en otoño con una receta aún más representativa. El cambio no afectará solamente al plato: la elaboración deberá encajar en la historia proyectada y adaptarse a los tiempos, movimientos y efectos visuales del pequeño chef.
Ese condicionante convierte cualquier modificación en un proceso más complejo que el de renovar una carta convencional. Cocina y animación deben avanzar al mismo ritmo para que el plato visto sobre la mesa coincida con el que después recibe el comensal. La decisión supone también una oportunidad para reivindicar la amplitud de la cocina española. Frente a la identificación inmediata de Italia con la pasta, Francia con las salsas y un filete de Wagyu y Japón con el matcha o el yuzu, España reúne tradiciones muy diversas y difíciles de condensar en una sola elaboración.
Italia se encomienda a la pasta
Tras el capítulo español llega el chef italiano, que apuesta por unos ravioli de setas y queso fresco. La pasta se acompaña con consomé de boletus, una bechamel ligera de trufa, yema de huevo curada, jamón crujiente, parmesano rallado y trufa en la versión más completa. Es probablemente la propuesta que mejor juega con una imagen universal de su país. La pasta fresca, el queso y la trufa conforman una combinación inmediatamente asociada a Italia, ejecutada desde los códigos de la alta cocina.
En el espectáculo, el cocinero italiano exhibe el temperamento y la gestualidad que suelen acompañar a la caricatura amable de su gastronomía, mientras la representación española, encarnada por la única mujer del concurso, utiliza el marco de un coso taurino, con morlaco incluido. La rivalidad nunca abandona el tono humorístico: los cuatro personajes compiten, pero también colaboran y convierten los pequeños accidentes de cocina en parte de la diversión.
La contundencia de Francia
Francia se reserva el plato principal y comparece con un solomillo de ternera Wagyu acompañado por salsa Café de París, patatas Pont-Neuf y bearnesa. Es una elaboración clásica, contundente y técnicamente reconocible que concede al representante francés una posición privilegiada dentro del menú. Le Petit Chef, el protagonista original de la experiencia, ejerce precisamente como representante de Francia. Su condición de anfitrión internacional y la tradición gastronómica francesa le convierten en uno de los rivales a batir.
La carne, las patatas cortadas en gruesos bastones y varias cocciones, y las dos salsas construyen un plato de apariencia deliberadamente clásica. Frente al componente vegetal y fresco del inicio español o la delicadeza de los ravioli italianos, Francia busca imponerse mediante la intensidad y el peso del plato principal.
Japón se guarda el efecto final
El chef japonés cierra el viaje con una cúpula de chocolate blanco y té matcha, rellena de yuzu y acompañada por perlas de wasabi. En el menú superior se añade polvo de oro de 24 quilates. El postre juega con los contrastes del dulzor, acidez cítrica, notas vegetales del té y un picante contenido que resulta muy agradable, además de presentarse con una espectacular niebla creada con hielo seco bajo el recipiente del plato. También ofrece uno de los momentos visuales más llamativos, porque la forma de la cúpula y su ruptura permiten prolongar el juego entre la animación y el plato servido.
Japón se aleja así de los tópicos del sushi y presenta una elaboración contemporánea construida alrededor de ingredientes que ya forman parte del vocabulario internacional de la pastelería.
Cuatro menús y una misma película
Le Petit Chef ofrece cuatro alternativas. El Gran Festín del Chef cuesta actualmente 149 euros por persona; Pequeño Chef, Grandes Sabores, 119 euros; la opción vegetariana Verde y Gourmet, 99 euros, y el menú infantil, dirigido a niños de entre seis y doce años, 59 euros. El menú se puede maridar con dos vinos de Raimat Vol d’Anima, blanco y tinto, o cualquier refresco o cerveza, mientras el café o infusiones se pueden degustar en el bar del hall del hotel, frente a la imponente y gigantesca pantalla de led que preside un impresionante espacio de tres pisos de altura y cúpula acristalada.
Las animaciones son las mismas para todos los comensales, con una voz en off en español con acento afrancesado, y toman como referencia el menú más completo, aunque las elaboraciones reales se adaptan a cada modalidad. La experiencia requiere llegar aproximadamente media hora antes del inicio para organizar la distribución de los asistentes y explicar el funcionamiento del espectáculo.
La propuesta se desarrolla en el entorno gastronómico del restaurante Terrum, bajo la supervisión culinaria del hotel. Su principal mérito consiste en que la tecnología no sustituye a la cocina, sino que genera expectación antes de cada servicio. El espectáculo funciona especialmente bien entre los niños, fascinados por los personajes que aparecen sobre la mesa, pero también entre adultos que aceptan participar en el desenfadado y delicioso juego. El tono evita solemnidades y convierte la alta cocina en una competición alegre, accesible y fotografiable.
Gastronomía en un icono de L’Hospitalet
La ubicación aporta una dimensión adicional. El Hyatt Regency Barcelona Tower ocupa uno de los edificios más reconocibles de L’Hospitalet, proyectado por Richard Rogers y visible desde buena parte de la entrada sur de Barcelona. Su silueta acristalada y la cúpula situada en la parte superior que se antoja un ovni, se han convertido en un símbolo del crecimiento hotelero y congresual asociado a la Gran Via y a Fira Barcelona.
Le Petit Chef se instala en la tercera planta, con vistas abalconadas al espectacular hall de un hotel concebido como una pequeña ciudad vertical. La experiencia refuerza la voluntad del establecimiento de atraer no solo a huéspedes y visitantes profesionales, sino también a familias y residentes del entorno metropolitano.
Su continuidad y la renovación prevista para otoño confirman que el formato ha encontrado público. Ahora queda por conocer con qué plato competirá la diminuta cocinera española. La misión no es menor: representar toda una gastronomía frente a la pasta italiana, la tradición francesa y la sofisticación japonesa, sin perder el humor ni la magia de una cena en la que los chefs del tamaño de pulgares caben, literalmente, dentro del plato.
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