Podría ser el primer pulso que Alberto Núñez Feijóo libra con los sindicatos antes de llegar al Gobierno. El mensaje está muy medido y si se confirman las estimaciones de la mayoría de las encuestas el día 29 de noviembre, los agentes sociales tendrán encima de la mesa un nuevo presidente como interlocutor. En este marco de fuerte tensión entre el PP y los dos grandes sindicatos , CC.OO. y UGT, se produce la petición del líder de la oposición para que ambos desconvoquen la huelga general del 11 de noviembre. Una petición que tiene mucho de aviso a navegantes: en Génova consideran un «inmenso error» mantener una convocatoria en las actuales circunstancias, tras la tragedia ferroviaria de Urda (Toledo) con 69 nuevos muertos en los trenes de la alta velocidad, y con la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez en absoluta cuestión.El PP rechazó desde el primer minuto la huelga general, que siempre se enfocó como una convocatoria contra la oposición. El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, respondió ayer a favor de mantenerla, considerando que no existen motivos para frustrar esta iniciativa y reiterando que se trata de una huelga «contra la patronal». En realidad, a los sindicatos ya les costó encajar en su momento la convocatoria, que surgió de la movilización de otras organizaciones como el Sindicato de Inquilinas por el desahucio tan mediático de Maricarmen Abascal y que derivó en un verdadero debate público sobre los problemas de acceso a la vivienda. De aquella situación llegaron los dos decretos ley del Ejecutivo y la falta de apoyos para sacarlos adelante culminó con la convocatoria electoral anticipada.El desencadenamiento de estos acontecimientos llevó a los grandes sindicatos a sumarse a una reivindicación que, en realidad, no cuadraba con sus capacidades. El Estatuto de los Trabajadores fija muy nítidamente las condiciones de una huelga general, y CC.OO. y UGT tuvieron que especificar que «las rentas de los trabajadores eran insuficientes» para poder hacer frente al coste de mantener una vivienda. Según reconocieron fuentes de UGT a este periódico en su momento, «hubo y existió debate» sobre cómo posicionarse al respecto, mientras colectivos como el Sindicato de Inquilinas supieron capitalizar el malestar y lanzaron la acampada en la Puerta del Sol que no se desmanteló hasta ayer mismo. Al final decidieron ir hacia adelante y en este momento la mantienen convocada.Los populares no compartían la convocatoria original, pero todo se complicó todavía más cuando el Gobierno apoyó activamente la huelga, como si esa convocatoria no tuviera que ver con la gestión del Ejecutivo, que acumula las mayores competencias sobre la situación de menoscabo económico que sufre la ciudadanía; y cuando María Jesús Montero –exvicepresidenta y actual responsable de la campaña electoral del PSOE– dejó claro que se trataba de una huelga contra la oposición. Esa afirmación no fue corregida ni por su partido, ni por el Ejecutivo ni por los sindicatos.Después llegó la tragedia ferroviaria de Urda y dirigentes del PP empezaron a barruntar lo inoportuno de esta convocatoria en las actuales circunstancias. Pero ayer Feijóo dio un paso más con una petición pública y expresa –lo hizo en un desayuno organizado por ‘Europa Press’– para desconvocarla . Advirtió de que si seguían adelante a tres semanas de la llamada con las urnas, «ligarán su imagen a Pedro Sánchez para siempre». En Génova no hay dudas: las organizaciones sindicales están defendiendo los objetivos políticos del Ejecutivo, manifestándose en contra de la oposición, lo que les llevará a «una crisis reputacional sin precedentes» y dificultará mucho la interlocución con un futuro Gobierno de la derecha. Existe un enfrentamiento que parece inevitable si los sindicatos no reculan.«Ya era incomprensible, pero 69 muertos después es un grave error. No la hagan. No la hicieron en ocho años de Gobierno. No la hagan ahora», expresó Feijóo sin dudar. Reconoció también haberle trasladado su opinión a algunos dirigentes sindicales con los que tiene relación –no a Unai Sordo y al propio Álvarez– y volvió a reiterar su voluntad de tener «interlocutores sindicales con los que pueda hablar, no agentes sociales débiles». La crítica fue evidente, pero el aviso a navegantes también. En el núcleo duro de Feijóo reconocían: « Mal empezamos si antes de unas elecciones me convocan una huelga en contra, siendo la oposición».Más tarde, en una entrevista en ‘La Sexta’, Feijóo reiteraba su posición: «Es mi deber dar mi opinión a los ciudadanos. Creo que es un grave error hacer una huelga ahora. Llueve sobre mojado. Todo el mundo se ha quedado sorprendido de una huelga general en contra de la oposición. Es momento de unir al país, valorar y reflexionar. No de crispar y dividir. Y creo que es un error de los sindicatos. Pretendo tener interlocutores sociales que tengan una reputación alta. Es un error sideral».Génova no hay dudas: los sindicatos defienden los objetivos políticos del Ejecutivo y afrontan «una crisis reputacional sin precedentes»El mensaje no pudo ser más claro. Algunos colaboradores de Feijóo reiteraban que es un dirigente político que siente «respeto» por los agentes sociales, que pretende negociar con sindicatos y también con la patronal cualquier asunto en materia laboral si gobierna, y que su propia trayectoria como gestor público ha estado muy vinculada a tener relación con los agentes sindicales. Por ese mismo motivo, reiteran, «avisa y explica lo que piensa».Feijóo: «Ya era incomprensible, pero 69 muertos después es un grave error. No la hagan. No la hicieron en ocho años de Gobierno. No la hagan ahora»Pero las fuentes consultadas por ABC no niegan que la relación está deteriorada y puede empeorar. En el PP creen que la huelga general tal y como está convocada «tiene objetivos políticos» y «toma partido claramente en favor del Gobierno» en un momento de conmoción en todo el país y que, de alguna manera, exonera al Ejecutivo de sus responsabilidades en un momento muy delicado. «Ellos sabrán», reiteran, sin esconder que se está librando el primer pulso preventivo entre un partido que puede gobernar en muy poco tiempo y los sindicatos.Dirigentes del PP consultados por ABC también apuntan a las diferencias que podrían existir dentro de las propias organizaciones sindicales sobre qué hacer. Feijóo dejó entrever esa posibilidad en su intervención ayer por la mañana: «Uno puede tomar decisiones en un momento adecuado que sean dudosas, pero en este momento no hay duda, dijo, mostrándose convencido de que los propios afiliados de los sindicatos tienen «muchas dudas» sobre esa convocatoria inicial. Para Feijóo, si optan por desconvocarla, los sindicatos «aciertan». «Yo siento la responsabilidad de ser un actor a favor de la unidad de mi país y no aprovechar la división del país para buscar un rédito político», zanjó. Podría ser el primer pulso que Alberto Núñez Feijóo libra con los sindicatos antes de llegar al Gobierno. El mensaje está muy medido y si se confirman las estimaciones de la mayoría de las encuestas el día 29 de noviembre, los agentes sociales tendrán encima de la mesa un nuevo presidente como interlocutor. En este marco de fuerte tensión entre el PP y los dos grandes sindicatos , CC.OO. y UGT, se produce la petición del líder de la oposición para que ambos desconvoquen la huelga general del 11 de noviembre. Una petición que tiene mucho de aviso a navegantes: en Génova consideran un «inmenso error» mantener una convocatoria en las actuales circunstancias, tras la tragedia ferroviaria de Urda (Toledo) con 69 nuevos muertos en los trenes de la alta velocidad, y con la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez en absoluta cuestión.El PP rechazó desde el primer minuto la huelga general, que siempre se enfocó como una convocatoria contra la oposición. El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, respondió ayer a favor de mantenerla, considerando que no existen motivos para frustrar esta iniciativa y reiterando que se trata de una huelga «contra la patronal». En realidad, a los sindicatos ya les costó encajar en su momento la convocatoria, que surgió de la movilización de otras organizaciones como el Sindicato de Inquilinas por el desahucio tan mediático de Maricarmen Abascal y que derivó en un verdadero debate público sobre los problemas de acceso a la vivienda. De aquella situación llegaron los dos decretos ley del Ejecutivo y la falta de apoyos para sacarlos adelante culminó con la convocatoria electoral anticipada.El desencadenamiento de estos acontecimientos llevó a los grandes sindicatos a sumarse a una reivindicación que, en realidad, no cuadraba con sus capacidades. El Estatuto de los Trabajadores fija muy nítidamente las condiciones de una huelga general, y CC.OO. y UGT tuvieron que especificar que «las rentas de los trabajadores eran insuficientes» para poder hacer frente al coste de mantener una vivienda. Según reconocieron fuentes de UGT a este periódico en su momento, «hubo y existió debate» sobre cómo posicionarse al respecto, mientras colectivos como el Sindicato de Inquilinas supieron capitalizar el malestar y lanzaron la acampada en la Puerta del Sol que no se desmanteló hasta ayer mismo. Al final decidieron ir hacia adelante y en este momento la mantienen convocada.Los populares no compartían la convocatoria original, pero todo se complicó todavía más cuando el Gobierno apoyó activamente la huelga, como si esa convocatoria no tuviera que ver con la gestión del Ejecutivo, que acumula las mayores competencias sobre la situación de menoscabo económico que sufre la ciudadanía; y cuando María Jesús Montero –exvicepresidenta y actual responsable de la campaña electoral del PSOE– dejó claro que se trataba de una huelga contra la oposición. Esa afirmación no fue corregida ni por su partido, ni por el Ejecutivo ni por los sindicatos.Después llegó la tragedia ferroviaria de Urda y dirigentes del PP empezaron a barruntar lo inoportuno de esta convocatoria en las actuales circunstancias. Pero ayer Feijóo dio un paso más con una petición pública y expresa –lo hizo en un desayuno organizado por ‘Europa Press’– para desconvocarla . Advirtió de que si seguían adelante a tres semanas de la llamada con las urnas, «ligarán su imagen a Pedro Sánchez para siempre». En Génova no hay dudas: las organizaciones sindicales están defendiendo los objetivos políticos del Ejecutivo, manifestándose en contra de la oposición, lo que les llevará a «una crisis reputacional sin precedentes» y dificultará mucho la interlocución con un futuro Gobierno de la derecha. Existe un enfrentamiento que parece inevitable si los sindicatos no reculan.«Ya era incomprensible, pero 69 muertos después es un grave error. No la hagan. No la hicieron en ocho años de Gobierno. No la hagan ahora», expresó Feijóo sin dudar. Reconoció también haberle trasladado su opinión a algunos dirigentes sindicales con los que tiene relación –no a Unai Sordo y al propio Álvarez– y volvió a reiterar su voluntad de tener «interlocutores sindicales con los que pueda hablar, no agentes sociales débiles». La crítica fue evidente, pero el aviso a navegantes también. En el núcleo duro de Feijóo reconocían: « Mal empezamos si antes de unas elecciones me convocan una huelga en contra, siendo la oposición».Más tarde, en una entrevista en ‘La Sexta’, Feijóo reiteraba su posición: «Es mi deber dar mi opinión a los ciudadanos. Creo que es un grave error hacer una huelga ahora. Llueve sobre mojado. Todo el mundo se ha quedado sorprendido de una huelga general en contra de la oposición. Es momento de unir al país, valorar y reflexionar. No de crispar y dividir. Y creo que es un error de los sindicatos. Pretendo tener interlocutores sociales que tengan una reputación alta. Es un error sideral».Génova no hay dudas: los sindicatos defienden los objetivos políticos del Ejecutivo y afrontan «una crisis reputacional sin precedentes»El mensaje no pudo ser más claro. Algunos colaboradores de Feijóo reiteraban que es un dirigente político que siente «respeto» por los agentes sociales, que pretende negociar con sindicatos y también con la patronal cualquier asunto en materia laboral si gobierna, y que su propia trayectoria como gestor público ha estado muy vinculada a tener relación con los agentes sindicales. Por ese mismo motivo, reiteran, «avisa y explica lo que piensa».Feijóo: «Ya era incomprensible, pero 69 muertos después es un grave error. No la hagan. No la hicieron en ocho años de Gobierno. No la hagan ahora»Pero las fuentes consultadas por ABC no niegan que la relación está deteriorada y puede empeorar. En el PP creen que la huelga general tal y como está convocada «tiene objetivos políticos» y «toma partido claramente en favor del Gobierno» en un momento de conmoción en todo el país y que, de alguna manera, exonera al Ejecutivo de sus responsabilidades en un momento muy delicado. «Ellos sabrán», reiteran, sin esconder que se está librando el primer pulso preventivo entre un partido que puede gobernar en muy poco tiempo y los sindicatos.Dirigentes del PP consultados por ABC también apuntan a las diferencias que podrían existir dentro de las propias organizaciones sindicales sobre qué hacer. Feijóo dejó entrever esa posibilidad en su intervención ayer por la mañana: «Uno puede tomar decisiones en un momento adecuado que sean dudosas, pero en este momento no hay duda, dijo, mostrándose convencido de que los propios afiliados de los sindicatos tienen «muchas dudas» sobre esa convocatoria inicial. Para Feijóo, si optan por desconvocarla, los sindicatos «aciertan». «Yo siento la responsabilidad de ser un actor a favor de la unidad de mi país y no aprovechar la división del país para buscar un rédito político», zanjó.
Podría ser el primer pulso que Alberto Núñez Feijóo libra con los sindicatos antes de llegar al Gobierno. El mensaje está muy medido y si se confirman las estimaciones de la mayoría de las encuestas el día 29 de noviembre, los agentes sociales tendrán encima … de la mesa un nuevo presidente como interlocutor. En este marco de fuerte tensión entre el PP y los dos grandes sindicatos, CC.OO. y UGT, se produce la petición del líder de la oposición para que ambos desconvoquen la huelga general del 11 de noviembre. Una petición que tiene mucho de aviso a navegantes: en Génova consideran un «inmenso error» mantener una convocatoria en las actuales circunstancias, tras la tragedia ferroviaria de Urda (Toledo) con 69 nuevos muertos en los trenes de la alta velocidad, y con la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez en absoluta cuestión.
El PP rechazó desde el primer minuto la huelga general, que siempre se enfocó como una convocatoria contra la oposición. El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, respondió ayer a favor de mantenerla, considerando que no existen motivos para frustrar esta iniciativa y reiterando que se trata de una huelga «contra la patronal». En realidad, a los sindicatos ya les costó encajar en su momento la convocatoria, que surgió de la movilización de otras organizaciones como el Sindicato de Inquilinas por el desahucio tan mediático de Maricarmen Abascal y que derivó en un verdadero debate público sobre los problemas de acceso a la vivienda. De aquella situación llegaron los dos decretos ley del Ejecutivo y la falta de apoyos para sacarlos adelante culminó con la convocatoria electoral anticipada.
El desencadenamiento de estos acontecimientos llevó a los grandes sindicatos a sumarse a una reivindicación que, en realidad, no cuadraba con sus capacidades. El Estatuto de los Trabajadores fija muy nítidamente las condiciones de una huelga general, y CC.OO. y UGT tuvieron que especificar que «las rentas de los trabajadores eran insuficientes» para poder hacer frente al coste de mantener una vivienda. Según reconocieron fuentes de UGT a este periódico en su momento, «hubo y existió debate» sobre cómo posicionarse al respecto, mientras colectivos como el Sindicato de Inquilinas supieron capitalizar el malestar y lanzaron la acampada en la Puerta del Sol que no se desmanteló hasta ayer mismo. Al final decidieron ir hacia adelante y en este momento la mantienen convocada.
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Los populares no compartían la convocatoria original, pero todo se complicó todavía más cuando el Gobierno apoyó activamente la huelga, como si esa convocatoria no tuviera que ver con la gestión del Ejecutivo, que acumula las mayores competencias sobre la situación de menoscabo económico que sufre la ciudadanía; y cuando María Jesús Montero –exvicepresidenta y actual responsable de la campaña electoral del PSOE– dejó claro que se trataba de una huelga contra la oposición. Esa afirmación no fue corregida ni por su partido, ni por el Ejecutivo ni por los sindicatos.
Después llegó la tragedia ferroviaria de Urda y dirigentes del PP empezaron a barruntar lo inoportuno de esta convocatoria en las actuales circunstancias. Pero ayer Feijóo dio un paso más con una petición pública y expresa –lo hizo en un desayuno organizado por ‘Europa Press’– para desconvocarla. Advirtió de que si seguían adelante a tres semanas de la llamada con las urnas, «ligarán su imagen a Pedro Sánchez para siempre». En Génova no hay dudas: las organizaciones sindicales están defendiendo los objetivos políticos del Ejecutivo, manifestándose en contra de la oposición, lo que les llevará a «una crisis reputacional sin precedentes» y dificultará mucho la interlocución con un futuro Gobierno de la derecha. Existe un enfrentamiento que parece inevitable si los sindicatos no reculan.
«Ya era incomprensible, pero 69 muertos después es un grave error. No la hagan. No la hicieron en ocho años de Gobierno. No la hagan ahora», expresó Feijóo sin dudar. Reconoció también haberle trasladado su opinión a algunos dirigentes sindicales con los que tiene relación –no a Unai Sordo y al propio Álvarez– y volvió a reiterar su voluntad de tener «interlocutores sindicales con los que pueda hablar, no agentes sociales débiles». La crítica fue evidente, pero el aviso a navegantes también. En el núcleo duro de Feijóo reconocían: «Mal empezamos si antes de unas elecciones me convocan una huelga en contra, siendo la oposición».
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Más tarde, en una entrevista en ‘La Sexta’, Feijóo reiteraba su posición: «Es mi deber dar mi opinión a los ciudadanos. Creo que es un grave error hacer una huelga ahora. Llueve sobre mojado. Todo el mundo se ha quedado sorprendido de una huelga general en contra de la oposición. Es momento de unir al país, valorar y reflexionar. No de crispar y dividir. Y creo que es un error de los sindicatos. Pretendo tener interlocutores sociales que tengan una reputación alta. Es un error sideral».
Génova no hay dudas: los sindicatos defienden los objetivos políticos del Ejecutivo y afrontan «una crisis reputacional sin precedentes»
El mensaje no pudo ser más claro. Algunos colaboradores de Feijóo reiteraban que es un dirigente político que siente «respeto» por los agentes sociales, que pretende negociar con sindicatos y también con la patronal cualquier asunto en materia laboral si gobierna, y que su propia trayectoria como gestor público ha estado muy vinculada a tener relación con los agentes sindicales. Por ese mismo motivo, reiteran, «avisa y explica lo que piensa».
Feijóo: «Ya era incomprensible, pero 69 muertos después es un grave error. No la hagan. No la hicieron en ocho años de Gobierno. No la hagan ahora»
Pero las fuentes consultadas por ABC no niegan que la relación está deteriorada y puede empeorar. En el PP creen que la huelga general tal y como está convocada «tiene objetivos políticos» y «toma partido claramente en favor del Gobierno» en un momento de conmoción en todo el país y que, de alguna manera, exonera al Ejecutivo de sus responsabilidades en un momento muy delicado. «Ellos sabrán», reiteran, sin esconder que se está librando el primer pulso preventivo entre un partido que puede gobernar en muy poco tiempo y los sindicatos.
Dirigentes del PP consultados por ABC también apuntan a las diferencias que podrían existir dentro de las propias organizaciones sindicales sobre qué hacer. Feijóo dejó entrever esa posibilidad en su intervención ayer por la mañana: «Uno puede tomar decisiones en un momento adecuado que sean dudosas, pero en este momento no hay duda, dijo, mostrándose convencido de que los propios afiliados de los sindicatos tienen «muchas dudas» sobre esa convocatoria inicial. Para Feijóo, si optan por desconvocarla, los sindicatos «aciertan». «Yo siento la responsabilidad de ser un actor a favor de la unidad de mi país y no aprovechar la división del país para buscar un rédito político», zanjó.
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